La minería a cielo abierto es una actividad industrial de alto impacto ambiental, social y cultural. Regulada, mayoritariamente, por los paradigmas de los ’90 y bajo el control de empresas multinacionales, esa explotación supone un enorme desafío que tensiona las posturas asumidas por quienes la cuestionan y quienes la defienden. La resistencia del pueblo de Famatina en La Rioja al proyecto de explotación minera a cargo de una empresa canadiense revalida las diferentes miradas del debate. Para abordar sus complejas aristas, Tiempo Argentino dialogó con Horacio Machado Aráoz, magíster en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Catamarca, docente de la Facultad de Humanidades de Catamarca, integrante de la Asamblea Socio Ambiental del NOA (ASANOA), y autor de diversas publicaciones sobre el tema.
– ¿Qué es la explotación minera a cielo abierto?
– Es un tipo de minería que aplica una tecnología extractiva consistente en la voladura de enormes extensiones de montaña, que luego es triturada y sometida a procesos hidroquímicos de lixiviación, para separar los metales objetos de la explotación del resto de los minerales que se encuentran en toda formación geológica. Implica grandes “impactos” y pasivos ambientales, muchos de ellos inevitables e irreversibles como la destrucción de importantes extensiones de tierra y ecosistemas enteros; el consumo a gran escala de bienes ambientales críticos, como el agua y la energía; y el uso de sustancias químicas altamente tóxicas y contaminantes como el ácido sulfúrico, el cianuro de sodio, el mercurio. También la generación y emisión de grandes cantidades de desechos y efluentes altamente tóxicos y contaminantes que quedan como “pasivos ambientales” prácticamente a perpetuidad. Esto compromete varios cientos de hectáreas y de millones de toneladas de desechos, con alto poder contaminante porque los minerales residuales quedan expuestos y, más tarde o más temprano, provocan drenajes ácidos y diseminación de metales pesados que afectan sobre todo las fuentes y cursos de agua, y los suelos, es decir, la flora, la fauna y la base biótica de la vida humana.
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