Ser docente en la Ciudad de Buenos Aires
En el Día del Trabajador, INFOnews compartió un día de trabajo con una docente de escuela primaria pública. El desafío de enseñar y contener con un salario que no alcanza y un gobierno de la ciudad que busca cerrar cursos.
Por:
INFOnews
A pesar de que vive a dos cuadras de su lugar de trabajo, Claudia se levanta una hora antes para prepararse para una jornada que la dejará disfónica. No es cantante ni locutora. No vende gaseosas en la cancha, ni diarios en la esquina. Tampoco dirige un equipo de fútbol. Claudia es docente de una escuela primaria.
Es profesora de inglés en la Escuela Nº 5 del barrio porteño de Villa Crespo y tiene a cargo nada menos que once cursos diferentes, distribuidos entre 1º, 2º, 3º, 4º y 5º grado. Los lunes, martes y miércoles trabaja en dos turnos: de 8 a 12.15 y de 13 a 16.30. Los jueves lo hace de 8 a 11.30 y los viernes de 8 a 10.30. En total, son 34 horas cátedra semanales.
Por trabajar esa cantidad de horas, tiene tres cargos diferentes. Es decir, tres recibos de sueldo. Sin embargo, aun así, alcanza justo para llegar a fin de mes. “Con uno no podría vivir. Con dos arañaba. Recién este año tengo tres, y estoy más cómoda”.
La escuela en la que trabaja Claudia se destaca por recibir a chicos de diferentes nacionalidades y culturas. “Se trabaja con la diversidad. Hay chicos peruanos, bolivianos, chinos, paraguayos; he llegado a tener japoneses, ucranianos. Algunos no saben hablar ni una palabra en español, como un alumno chino que tuve el año pasado, o chicos que vienen de Paraguay y hablan en guaraní”, cuenta.
En ese sentido, explica el “desarraigo” que implica para un nene de 6, 7 u 8 años que sus compañeros no hablen el mismo idioma y no compartan tu cultura. “Es casi como si fuera un recién nacido –compara Claudia– Hay que darle tiempo para que escuche, se adapte y se incorpore”.
A diferencia de otras épocas, hoy la escuela, además de enseñar y aprender, es un lugar de contención, y el docente tiene que suplir, cada vez con más frecuencia, el rol paternal. Y eso, asegura Claudia, no es nada fácil. “Como docente tenés que enseñar, corregir y contener, con todo lo que eso implica. Los alumnos tienen realidades muy diversas: hay padres separados, madres solteras, familias ensambladas. El docente tiene que ser muy hábil para saber captar lo que necesita uno y lo que necesita otro y, además, estar atento a no descuidar a uno cuando se ayuda al otro. Es algo muy trabajoso, pero ese es mi desafío, que los chicos no tengan barreras para aprender. Hay que generar un clima de cooperación, tolerancia y respeto”.
Este esfuerzo suele repercutir en su voz, que al final del día resulta un leve susurro. Para colmo, cuando vuelve a su casa no puede descansar inmediatamente. “Cuando llego, corrijo, aunque en general prefiero corregir con ellos, para que reconozcan su errores. Después planifico la clase del día siguiente. Busco ejercitación, pienso juegos, canciones. Eso lleva un tiempo bastante largo, si es que te tomás tu trabajo con responsabilidad. En general intento hacerlo los jueves y viernes a la tarde o los sábados, cuando tengo algo de tiempo”.
Cierre de cursos
Este año, la decisión del gobierno porteño de “unificar” cursos (un eufemismo para explicar que se cerrarán otros) generó un fuerte rechazo en la comunidad educativa. Y el colegio en el que trabaja Claudia no fue la excepción.
“Todavía no tenemos la certeza de cuáles son los cursos que se van a cerrar, ni cómo se van a juntar. Porque es cierto que hay grados que tienen menos alumnos, pero nuestra escuela, que es integradora, necesita espacios de contención del alumno. En ese sentido, para ayudar a integrar chicos de diferentes culturas, es mejor que sean pocos. Porque vos tenés que adaptar lo que estás haciendo y muchas veces trabajar en particular sobre cada uno. Seguramente no suceda en mi área, pero hay muchas en las que sí va a haber ajustes”.































