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20.05.2012 | 01:52 |

El euro ya no garpa

Crisis europea. Desde el economista Paul Krugman hasta el premier David Cameron coinciden en advertir que Grecia abandonará la moneda regional. La salida de Atenas le causaría al bloque pérdidas de hasta 1 billón de dólares.

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Es una salida más que anunciada. Grecia podría convertirse, en breve, en el primer país en salirse de la eurozona. El Premio Nobel de Economía Paul Krugman prevé, en un artículo en The New York Times, que la salida podría producirse en junio, y no descarta incluso que colapse la eurozona. En términos similares lo planteó el premier británico, David Cameron, cuyo país no comparte el euro. “Grecia está al límite y la supervivencia del euro en juego”, dijo.

Ante la incertidumbre sobre las consecuencias prácticas que podría suponer ese nuevo escenario, miles de griegos se han abalanzado sobre los bancos para retirar sus ahorros. Desde el pasado 7 de Mayo se han retirado más de 2.000 millones de euros.

Cuando un grupo de países de la Unión Europea (UE) comenzó a utilizar el euro como moneda común, en 2002, sólo se veían ventajas y ni siquiera se previó qué mecanismo se utilizarían si alguno quería abandonar el club. Parecía tan inimaginable como abandonar la UE.

Pero diez años después, cuando 17 de los 27 países miembro de la UE –unas 330 millones de personas– utilizan el euro tanto para su vida económica, comercial y financiera interior como exterior, uno de los socios se encuentra con un pie casi afuera.

“Tanto el Banco Central Europeo (BCE) como la Comisión Europea –órgano ejecutivo de la UE– están trabajando en diferentes escenarios de emergencia por si finalmente Grecia no logra seguir en el euro”. Éste es el primer reconocimiento oficial de la dirección europea de que no descarta esa posibilidad. Son palabras de un alto directivo comunitario, el comisario de Comercio belga Karel de Gucht.

Gucht ha dicho que la “única opción razonable” que tiene Grecia para salir de la crisis es “cumplir con sus actuales compromisos” con el BCE, la Comisión Europea y el FMI, para poder recibir el segundo rescate, de 130.000 millones de euros. Gucht aclaró que los acreedores ayudarán a Grecia sólo “si el pueblo griego actúa racionalmente en las próximas elecciones” del 17 de junio.

La fragmentación del voto en las legislativas del 6 de mayo impidió que algún partido político pudiera formar Gobierno y de ahí la repetición de los mismos. En medios políticos y financieros europeos se considera más que probable que Syriza (Coalición de Izquierda), que con su 16,8% se convirtió en la segunda fuerza más votada, sólo por detrás de los conservadores de Nueva Democracia (18,9%), gane las próximas elecciones. El joven líder de esta formación de la izquierda radical, Alexis Tsipras, aseguró que no respetará esos compromisos por considerar que ponen de rodillas a su país, lo hipotecan por décadas e imponen unos ajustes sociales brutales e injustos. Tsipras se comprometió durante su campaña a impulsar una auditoría ciudadana de la deuda griega, que considera ilegítima.

Tanto el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, como el presidente de la CE, el portugués José Manuel Barroso, rechazan sin embargo renegociar las condiciones del rescate.

La única esperanza de Ángela Merkel, el FMI y el BCE, es que el gobierno de transición griego o un hipotético futuro Gobierno encabezado por Syriza –y del que podrían formar parte los comunistas del KKE, que obtuvo el 8,5%, y la izquierda moderada del Dimar, que consiguió el 6%– convoquen a un referéndum para que los griegos decidan si quieren ser rescatados aún con las condiciones draconianas actuales, o deciden arriesgarse a la incertidumbre de una salida del euro.

Esa última opción, que no sólo tendría consecuencias para Grecia, sino también para el resto de socios de la eurozona, para la UE, para Estados Unidos y otras economías, ha centrado buena parte del primer encuentro entre Merkel y el nuevo presidente francés, el socialista François Hollande, y ha irrumpido de lleno también en la agenda de la cumbre del G-8 –los ocho países más ricos del mundo– reunidos este fin de semana en Camp David, residencia de verano de Barack Obama.

Hollande condiciona la ratificación del Pacto Fiscal –cuyo borrador fue apoyado por 25 de los 27 miembros de la UE– a que éste sea asociado a un pacto de crecimiento, algo a lo que se resiste tenazmente la canciller alemana. Hollande intenta sumar apoyos a su propuesta no sólo entre esos 25 socios. También hace un guiño a Obama, quien ve con buenos ojos esa iniciativa, más acorde con su propia política económica.

El mandatario estadounidense ha mostrado estos días su gran preocupación por el fracaso de los ajustazos en Europa, a cuya economía está tan ligado Estados Unidos.

España, en primer lugar, y luego Italia, son los eslabones más vulnerables de la cadena europea que podrían verse afectados por la salida de Grecia del euro. El presidente español, Mariano Rajoy, pidió a las autoridades comunitarias europeas que den un apoyo más explícito a su política de recortes, a fin de calmar a los mercados y a las agencias de calificación de riesgo, que no cesan de transmitir inquietud sobre la economía de España.

El déficit público está en 8,51 puntos, la prima de riesgo llegó a 507 puntos por primera vez desde los años ’90 y la agencia Moody’s ha rebajado la calificación a 16 bancos españoles, entre ellos Caixabank –socio mayoritario de Repsol–, el Santander y el BBVA.

Para más inri, la nacionalización parcial del cuarto banco en importancia de España, Bankia, seriamente afectado por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, ha provocado que sus clientes retiraran en pocos días más de mil millones de euros. Krugman asegura que no es descabellado pensar que en breve se produzca una suerte de corralito en España.

Al Movimiento 15-M, a los indignados de esta España golpeada y de incierto futuro, que el martes pasado celebraron masivamente en la calle su primer año de vida, dedicó Bruce Springsteen días atrás su concierto en Sevilla al presentar su nuevo disco, Wrecking ball. Tras denunciar a “los buitres avariciosos de Wall Street”, el boss dijo en castellano: “Demasiada gente ha perdido sus trabajos y sus casas. Nuestro corazón está con vosotros”.

 

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