Con las turbulencias que afectan a la zona euro como telón de fondo, la Cumbre del G-20 que concluyó ayer en el balneario de Los Cabos, en México, fue sede de diversas reuniones multilaterales, así como también de numerosas declaraciones enmarcadas en polémicas de distinta índole y con el caso español en el centro de la escena.
Mientras el presidente estadounidense Barack Obama se mostró confiado en las medidas adoptadas para la resolución de los problemas de la región, varios dirigentes mostraron su preocupación por países que pagan altos intereses en su deuda. “No es aceptable que países que están haciendo esfuerzos como Italia, enderezando sus cuentas públicas, tengan que pagar intereses del 7 por ciento. Lo mismo para España”, dijo ayer a la prensa el presidente francés, François Hollande.
La “confianza” de Obama no fue tomada en el mismo registro por otros dirigentes, como el portugués Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea (el Ejecutivo comunitario), quien protagonizó un cruce de posiciones con el demócrata, cuando le planteó que el bloque “no vino a recibir lecciones de nadie” en relación a declaraciones del estadounidense. Obama se había mostrado interesado en regresar a su país con un principio de acuerdo sobre la forma en que se hará frente a la crisis europea y remarcó la “importancia de tomar medidas para promover la estabilidad financiera y aumentar la integración europea”, lo que le valió la respuesta de Barroso, quién agregó que “esta crisis no se originó en Europa” sino “en Estados Unidos y muchos de nuestros sistemas financieros fueron contaminados por prácticas no ortodoxas de algunos sectores (de ese país) en el mercado financiero”.
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