Ladrillo sobre ladrillo
Por Bernardo Stamateas. Con las convicciones puestas al servicio de nuestros proyectos, no necesitaremos que nadie nos adivine el futuro: lo sabremos.
Por:
Bernardo Stamateas
Revisando algunos obstáculos internos entre nuestro presente y el futuro deseado, quizá nos encontremos con emociones que necesitamos trabajar y restaurar para que nada estorbe los resultados que queremos alcanzar.

Tal vez el orgullo por resultados satisfactorios del pasado nos haga pensar que ya llegamos a la cima, y por ello podemos cometer el error de subestimar a los demás; pero recordemos que la arrogancia anula la capacidad de aprendizaje. Por otra parte, entre nuestro presente y nuestro futuro deseado muchas veces se esconde la falta de acción: al futuro hay que trabajarlo y sembrarlo día a día con ideas creativas, tiempo, estudio y perfeccionamiento, para que la cosecha sea abundante. Muchas veces la baja estima puede ser otro obstáculo.
Necesitamos comenzar a pensar correctamente sobre nosotros mismos y nuestras propias capacidades porque, como dice el dicho, a creencias correctas, resultados extraordinarios. Cuando los obstáculos son externos, es muy posible que en el camino surjan las malas lenguas: personas sin objetivos claros y precisos que, como tales, ocupan su tiempo tirando abajo el futuro de otros y criticando cada cosa que hacemos. No pierdas tiempo convenciendo a tu entorno del sueño que hay dentro tuyo. Los amigos no necesitan explicaciones y tus enemigos no se las merecen. No desvíes tu mirada de la meta y recordá que quienes han alcanzado sus objetivos son los únicos que podrán ayudarte.
Columna publicada en Tiempo Argentino































