Chavela Vargas: el alma existe
El 5 de agosto se fue a los paraísos con rosales que le preparon en el cielo, según cantó. Se puede decir que provocó para la canción en lengua española el mismo efecto que Ella Fitzgerald produjo en la cantada en inglés. Un canto que resulta un espacio infinito, un lugar como dejarse llevar y descubrir, aunque sea por un instante, de qué se trata la maravillosa criatura humana.
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INFOnews
Por Belauza
@jbautentico
Dicen que el alma no existe. Debe ser que no escucharon a Chavela Vargas. Ella, al cantar, no sólo descubrió que el alma tenía voz, sino también formas, siempre imaginarias: nada más real que lo imaginario; la vista engaña. Y a diferencia de otros artistas, en las grabaciones a Chavela también se le veía el alma. Para no faltar a la verdad, a Chavela toda la vida se le vio el alma.
Chavela llegó a México cuando tenía 17 años. Había nacido en Costa Rica, y a poco de nacer sus padres se separaron y ya poco se interesaron en ella. Quién puede saber lo que una nena puede sufrir. Es difícil imaginar en la Centro América de principios del Siglo XX que una nena prácticamente sola no haya sido víctima de diversos abusos. Pero no a todos le pega igual el mismo abuso, ni todos tienen la dicha de un resquicio de luz en lo que se anuncia como la penumbra hasta el fin.
En la vida de Chavela ese resquicio se llamó México, el país que había hecho una revolución enorme: la de volver a dotar de vitalidad y creatividad a su pueblo. Si París era una fiesta, en los 30-40 México era el paraíso. Un país que daba vida a sus gentes y a sus visitantes. Nadie que no apreciara la vida, no en su forma pretendida, sino en su forma real, dejaba de admirar a México por esos años. Allí llegó Chavela. Tan grande era la vida en México que el dolor y la humillación que trajo de Costa Rica allí era reconocido, atendido, no discriminado. No tratado, nadie en esa época, ni en Méxihttp://asterisco.infonews.com/nota-186222-Chavela-Vargas-el-alma-existe.htmlco ni en el mundo, trataba los asuntos como los que traía consigo Chavela. Pero sí eran aceptados. Cualquiera reconocía el dolor ajeno, porque no negaba el propio. Ante semejante situación, Chavela fue de a poco desarropando su alma, sacándole todo tipo de resguardo para que los demás la disfrutaran y ella sintiera las duras caricias ajenas. No por rústicas, más no persistir en ese camino de libertad que emprendió Chavela y la llevó a decir: “Yo soy la misma libertad/ (…) libertad en lo alto, libertad verdadera, encienda para mí tus estrellas distantes/ (…) Yo soy la libertad, porque el amor lo quiso, yo soy la libertad herida por los hombres/ amor, amor, amor y eternas soledades”.
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