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16.09.2012 | 02:26 |

Las huellas de Néstor Kirchner en Venezuela

A tres semanas del casi seguro triunfo de Hugo Chávez y a 51 días de las elecciones estadounidenses, las alianzas en Latinoamérica dejan aisladas a las derechas más duras. Miradas al Sur analiza el devenir de los últimos años de la patria bolivariana en relación con la región.

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El 31 de diciembre de 2007, Néstor Kirchner cumplía tres semanas de haber dejado la Presidencia de la Nación. Ese último día del año, por la tarde, vestía sus clásicos mocasines negros y vestía una camisa verde clara con bolsillos y charreteras que hacía juego con unos pantalones livianos. Muy para la ocasión de lo que había sido su primera misión internacional por su propia voluntad. Se trataba del Operativo Emmanuel, tal como el venezolano Hugo Chávez había bautizado el intento de que las Farc liberaran una cantidad de secuestrados colombianos, entre los que se encontraba un niño, Emmanuel, hijo de Clara Rojas y uno de los guerrilleros del movimiento armado más antiguo de América latina que todavía estaba en pie. Chávez contaba con la mediación de una senadora colombiana, Piedad Córdoba, y de la mayoría de los familiares de los colombianos –militares y dirigentes políticos– que estaban en manos de las Farc. Pero el astuto presidente colombiano Álvaro Uribe no veía peligrar su frente interno siquiera con un intento pacifista y humanitario como el del Operativo Emmanuel. Uribe recibía desde hacía muchos años los fondos del Comando Sur norteamericano destinados a la llamada guerra de las drogas y estaba al frente de un Estado militarizado que combinaba un fuerte respaldo electoral con prácticas de tierra arrasada y aniquilamiento de adversarios políticos. La guerra verbal entre Chávez y Uribe no bajó los decibeles ni siquiera en ese fin de año en el que, además de Kirchner, llegaban enviados de la Cruz Roja Internacional, y el asesor del presidente Lula para asuntos internacionales Marco Aurelio García.

Después de varios días de intrigas, con la presencia de todos los medios del mundo, ni el mismísimo Chávez podía dar crédito sobre si las Farc liberarían o no a sus prisioneros; en el mediodía tórrido del último día del año, Uribe anunciaba que el niño Emmanuel no estaba en manos de la guerrilla. Fue en una base militar, flanqueado por su entonces ministro de Defensa Juan Manuel Santos y sus jefes militares. Caía la tarde y los aviones de las delegaciones que participaban de ese intento de abrir una cuota de distensión en la militarizada Colombia partían con la frente marchita. Uribe había ganado la partida: sus datos de inteligencia le habían permitido confirmar que Emmanuel estaba en un orfanato en las afueras de Bogotá. Esperó hasta que todos estuvieran en su propio territorio y se sentía el gato que jugaba con los ratones. Por esos días, los drones norteamericanos zumbaban por los hoteles donde estaban Kirchner, Marco Aurelio y otros tantos.

Leé la nota completa en el sitio de Miradas al Sur - Las huellas de Néstor Kirchner en Venezuela

 

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