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23.09.2012 | 05:06 |

Un militante para hacer cumplir la ley

Martín Sabbatella, eI hombre propuesto para dirigir la AFSCA es un político puro, de esos que comenzaron en la secundaria y no pararon nunca más. El fundador de un partido político que nació en Morón y encontró un espacio de representación nacional de la mano del kirchnerismo.

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En el principio de la vida política de Martín Sabbatella estuvieron el proyecto colectivo y la militancia. Dos ejemplos que heredó de su padre. Luego, con el correr de los años, llegaron las luchas estudiantiles, la disputa política en su adoptada Morón, las elecciones, la conducción del municipio, el cargo de diputado nacional y, todo indica, en poco tiempo más el regreso a su mundo preferido, la gestión. Esta vez será la dirección de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), cargo al que lo nominó la presidenta Cristina Fernández para hacer cumplir la Ley de Medios o "la madre de las batallas", como traducen sus compañeros.

A Sabbatella suele relacionárselo con la Federación Juvenil Comunista (FJC) y él no reniega de ello, pero siempre aclara que el peronismo no le es extraño. Y es allí donde aparece por primera vez la figura de su padre. Ese hombre de clase media trabajadora, que llegó a militar en el peronismo de izquierda en los años setenta, fue quien le inculcó esa pasión por la política. Sabbatella, que había nacido en abril de 1970 en la Ciudad de Buenos Aires, dejará su lugar natal en 1978 cuando los amigos de su padre comienzan a vivir la persecución, la desaparición y el exilio forzado por la dictadura. Así, la familia se radica en Castelar.

La transición a la democracia encuentra a Sabbatella en el primer año de la secundaria que realiza en la escuela Manuel Dorrego. La integración del centro de estudiantes, las primeras asambleas, las movilizaciones por una definitiva democracia, derivaron en dos hechos que marcarían su vida. Por un lado, el grupo de estudiantes peronistas de la escuela no congeniaba con la idea de Sabbatella de reivindicar a Evita y el Che. Eso lo lleva a acercarse a experiencias partidarias más de izquierda y la definitiva incorporación a la FJC. El otro hito importante es la lucha por el boleto estudiantil que se motoriza a través de la Federación de Estudiantes Secundarios de Morón, donde participa junto a su amigo Adrián Grana, su actual mano derecha en Nuevo Encuentro y diputado provincial.

En esos días de la lucha por el boleto estudiantil, Sabbatella participa de la toma del Concejo Deliberante y se cruza por primera vez en su vida la figura de Juan Carlos Rousselot, a quien logra arrancarle la reivindicación exigida por los secundarios. Poco después y con apenas 17 años, la militancia lo lleva a participar de unas jornadas clandestinas de solidaridad en el sur de Chile, que todavía era gobernada por el dictador Augusto Pinochet. La actividad, que incluía el mejoramiento de escuelas en barriadas populares de Temuco, termina con una redada realizada por los carabineros. Fueron cuatro días en un calabozo, junto al resto de los argentinos que habían llegado en nombre de la FES a solidarizarse con sus pares trasandinos. La embajada argentina los libera y sus padres se enteran por los diarios de la verdadera razón del regreso anticipado a Morón.

En los noventa hay otro vuelco en la vida de Sabbatella. Abandona la FJC, se suma luego al Frente Grande, y se identifica con Luis Brunatti, el más peronista de todos, a los ojos de Sabbatella. El 30 de diciembre de 1990 se realiza la gran marcha contra el indulto de Menem. Allí conoce a Mónica Macha, se van a vivir muy pronto juntos y en 1993 nace Camila, su hija. 

A partir de allí comienza un tiempo veloz y de mucha actividad. En el año '95 será secretario parlamentario del bloque del Frepaso, pero ahí nomás llega la candidatura a concejal de Morón, la conducción del bloque y, otra vez, el enfrentamiento contra el hombre fuerte de Morón. Antes, tuvo que jurar como edil en medio de una batalla campal con los acólitos del entonces intendente menemista de fuertes lazos con la Triple A en los setenta. Tenía 27 años cuando preside la comisión investigadora con la que terminará eyectando a Rousselot del municipio y de la vida política. Todavía recuerda cómo los ojos se inyectaban de odio cada vez que Sabbatella decía: "Yo acuso a Rousselot."

En 1999, cuando la Alianza se acercaba a conducir el país, Sabbatella juraba como intendente de Morón. Centró su gestión en la transparencia, la rendición de cuentas, la participación ciudadana y, por supuesto, la lucha contra la corrupción. Época de reconocimientos de Poder Ciudadano (presidida en esos años por la ahora diputada macrista Laura Alonso), del Grupo Clarín, de la fundación Konex y hasta del Wall Street Journal, que le dedicó una extensa nota. El fracaso de la Alianza lo devuelve nuevamente a su terruño, donde lanza el partido Nuevo Morón y desde allí resiste la crisis de 2001 y los cinco presidentes. 

El acercamiento de Sabbatella al flamante gobierno de Néstor Kirchner no fue inmediato. Poco a poco fueron conociéndose. En Nuevo Encuentro suele tomarse el respaldo a la Resolución 125 como el hecho que los juntó. Por aquellos tiempos, Sabbatella solía decir que el kirchnerismo representaba una gran autopista nacional y popular, donde Nuevo Encuentro transitaba con su pequeño auto. Esa autonomía la mantuvo hasta los comicios de 2009. El día después de esas elecciones, Sabbatella tenía un sabor agridulce en la boca. Por un lado, estaba feliz porque había logrado ingresar como diputado, pero había sido derrotado el FPV. Mientras pensaba eso, recibió una llamada telefónica. Era Kirchner. Quería felicitarlo y decirle que la pelea no había finalizado, que era preciso aunar esfuerzos para que no hubiera más derrotas. A partir de allí, los caminos comenzaron a unirse. 

Esa integración al kirchnerismo comenzó a hacerse realidad con el acto del 27 de abril pasado, donde CFK lanza Unidos y Organizados. Allí Nuevo Encuentro se convirtió en una de las patas de esa mesa de trabajo y militancia que busca abroquelar a todas las organizaciones que acompañan el proyecto. El vínculo comenzó a fortalecerse con la designación de un hombre de Nuevo Encuentro, Ariel Basteiro, como embajador argentino en Bolivia, y se selló, según sus amigos y compañeros, con la postulación y el desafío que implica dirigir la AFSCA. Ahora Sabbatella goza con que lo definan como ultra K porque, como confesó a sus allegados, "el kirchnerismo es el nuevo nombre del campo nacional y popular".

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