Espectáculos
28.07.2010
La crisis creativa
El sistema educativo imparte conocimientos en lugar de fomentar el ingenio. Y las consecuencias de ese déficit pueden ser devastadoras.
Por:
INFOnews
Por Matías Loewy, Po Bronson y Ashley Merryman
Este lunes 26, gabriela Krumm terminó de cargar los datos en una computadora y ahora se dispone a procesarlos. No ha sido una tarea fácil. Licenciada en Ciencias de la Educación y candidata a doctora en Psicología de la UCA, durante un año y medio Krumm analizó y puso puntaje a los dibujos que hicieron 360 alumnos de 9 a 12 años, de escuelas primarias de Libertador San Martín y Crespo, en la Provincia de Entre Ríos. En una hoja que contenía la ilustración de una especie de poroto negro, los chicos tenían que imaginar cómo incluirla en un dibujo. “Armaron desde bacterias y hormigas hasta naves espaciales, autos, vacas y nubes”, ejemplifica Krumm. El resto de los desafíos incluía completar dibujos en cuadros y ponerles títulos, o montar círculos dentro de una imagen. La mayoría de los participantes suele responder de manera similar, pero, a veces, cuenta la especialista, “te das cuenta de que un chico es distinto. Que es original, que hace algo, imagina o escribe cosas que a ningún otro se le ocurrieron”.
La detección y ponderación de esa “infrecuencia estadística” representa una de las bases del test que aplicó Krumm: una serie de tareas creativas diseñadas hace más de medio siglo por el profesor E. Paul Torrance, en Estados Unidos, para medir la “capacidad creativa” individual. Millones de personas en el mundo tomaron la prueba de Torrance, en 50 idiomas, pero es la primera vez que se la administra en gran escala en la Argentina. “(Técnicas de este tipo) son muy costosas en cuanto al tiempo, recursos humanos y económicos que involucran”, apunta una de las directoras del proyecto, la investigadora del CONICET Viviana Lemos, quien lidera el Centro de Investigaciones en Psicología y Ciencias Afines de la Universidad Adventista del Plata, en Entre Ríos.
Pero lo que revelan estas pruebas es muy valioso. Demasiado valioso para no justificar la inversión y el esfuerzo. Aunque cualquier herramienta de medición puede tener defectos, el índice de Torrance demostró predecir los logros creativos de los chicos una vez que son adultos. Quienes elaboraron mejores ideas en las tareas de Torrance terminaron siendo empresarios, inventores, presidentes de universidades, escritores, doctores, diplomáticos y desarrolladores de software. Jonathan Plucker, de la Universidad de Indiana, reanalizó recientemente los datos de Torrance. La correlación de los éxitos creativos era más de tres veces mayor para la creatividad infantil que para el coeficiente intelectual (CI).
Resulta alarmante, entonces, que el ingenio y la habilidad de desarrollar ideas originales parezcan ir en baja. Kyung Hee Kim, del College of William & Mary, en Williamsburg, Virginia, analizó casi 300.000 puntuaciones Torrance de niños y adultos en EE. UU. y descubrió que los escores de creatividad habían aumentado a ritmo constante, igual que las puntuaciones de CI, hasta 1990. Desde entonces, las puntuaciones de creatividad decrecieron de forma lenta y consistente. “El declive es muy significativo”, dice Kim, especialmente entre el jardín de infantes y el sexto grado. Y aunque no hay datos firmes de la Argentina, los expertos temen que el fenómeno se reproduzca en nuestro país. “La sensación es que la creatividad infantil se incentiva cada vez menos”, lamenta Krumm.
Una definición de creatividad es la producción de algo original y útil, y eso es lo que refleja el test de Torrance. Para ser creativo, se requiere de pensamiento divergente (generar muchas ideas únicas) y luego un pensamiento convergente (combinar esas ideas en el mejor resultado). “Es un juego de cantidad, como ocurre con el torbellino de ideas, y de calidad: usar el pensamiento convergente para elegir la mejor de esas alternativas”, grafica María Luisa Porcar, coautora y miembro del comité científico de la Licenciatura en Creatividad Educativa de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCu), en Mendoza.
*La nota completa, en la edición impresa de Newsweek.
Este lunes 26, gabriela Krumm terminó de cargar los datos en una computadora y ahora se dispone a procesarlos. No ha sido una tarea fácil. Licenciada en Ciencias de la Educación y candidata a doctora en Psicología de la UCA, durante un año y medio Krumm analizó y puso puntaje a los dibujos que hicieron 360 alumnos de 9 a 12 años, de escuelas primarias de Libertador San Martín y Crespo, en la Provincia de Entre Ríos. En una hoja que contenía la ilustración de una especie de poroto negro, los chicos tenían que imaginar cómo incluirla en un dibujo. “Armaron desde bacterias y hormigas hasta naves espaciales, autos, vacas y nubes”, ejemplifica Krumm. El resto de los desafíos incluía completar dibujos en cuadros y ponerles títulos, o montar círculos dentro de una imagen. La mayoría de los participantes suele responder de manera similar, pero, a veces, cuenta la especialista, “te das cuenta de que un chico es distinto. Que es original, que hace algo, imagina o escribe cosas que a ningún otro se le ocurrieron”.
La detección y ponderación de esa “infrecuencia estadística” representa una de las bases del test que aplicó Krumm: una serie de tareas creativas diseñadas hace más de medio siglo por el profesor E. Paul Torrance, en Estados Unidos, para medir la “capacidad creativa” individual. Millones de personas en el mundo tomaron la prueba de Torrance, en 50 idiomas, pero es la primera vez que se la administra en gran escala en la Argentina. “(Técnicas de este tipo) son muy costosas en cuanto al tiempo, recursos humanos y económicos que involucran”, apunta una de las directoras del proyecto, la investigadora del CONICET Viviana Lemos, quien lidera el Centro de Investigaciones en Psicología y Ciencias Afines de la Universidad Adventista del Plata, en Entre Ríos.
Pero lo que revelan estas pruebas es muy valioso. Demasiado valioso para no justificar la inversión y el esfuerzo. Aunque cualquier herramienta de medición puede tener defectos, el índice de Torrance demostró predecir los logros creativos de los chicos una vez que son adultos. Quienes elaboraron mejores ideas en las tareas de Torrance terminaron siendo empresarios, inventores, presidentes de universidades, escritores, doctores, diplomáticos y desarrolladores de software. Jonathan Plucker, de la Universidad de Indiana, reanalizó recientemente los datos de Torrance. La correlación de los éxitos creativos era más de tres veces mayor para la creatividad infantil que para el coeficiente intelectual (CI).
Resulta alarmante, entonces, que el ingenio y la habilidad de desarrollar ideas originales parezcan ir en baja. Kyung Hee Kim, del College of William & Mary, en Williamsburg, Virginia, analizó casi 300.000 puntuaciones Torrance de niños y adultos en EE. UU. y descubrió que los escores de creatividad habían aumentado a ritmo constante, igual que las puntuaciones de CI, hasta 1990. Desde entonces, las puntuaciones de creatividad decrecieron de forma lenta y consistente. “El declive es muy significativo”, dice Kim, especialmente entre el jardín de infantes y el sexto grado. Y aunque no hay datos firmes de la Argentina, los expertos temen que el fenómeno se reproduzca en nuestro país. “La sensación es que la creatividad infantil se incentiva cada vez menos”, lamenta Krumm.
Una definición de creatividad es la producción de algo original y útil, y eso es lo que refleja el test de Torrance. Para ser creativo, se requiere de pensamiento divergente (generar muchas ideas únicas) y luego un pensamiento convergente (combinar esas ideas en el mejor resultado). “Es un juego de cantidad, como ocurre con el torbellino de ideas, y de calidad: usar el pensamiento convergente para elegir la mejor de esas alternativas”, grafica María Luisa Porcar, coautora y miembro del comité científico de la Licenciatura en Creatividad Educativa de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCu), en Mendoza.
*La nota completa, en la edición impresa de Newsweek.







