Espectáculos
19.08.2010
“Siempre fui maradoniano”
El periodista publicó “La tenés adentro”, el libro en el que describe su conflictiva relación con Maradona. Su narrativa confusa y el alivio luego de la eliminación.
Por:
INFOnews
Por Cristian H. Savio
"'Revancha' no es una mala palabra”. Concretada la eliminación argentina en Sudáfrica 2010 con el 0-4 ante Alemania, Juan Carlos “Toti” Pasman sintió “cierto alivio”, confiesa. Y puso en marcha aquel 3 de julio su “revancha” personal contra Diego Maradona, materializada en su primer libro: “La tenés adentro”. No podía haber sido otro el título. Abogado y periodista deportivo, Pasman se apropió de la frase que Maradona le espetó en aquella conferencia de prensa en el Centenario de Montevideo en octubre pasado y, tras sufrirla en carne propia durante 9 meses, bautizó con ella a su flamante criatura: más de 200 páginas en las que, con un registro más propio de la oralidad, una narrativa confusa y muchos errores de puntuación que el autor atribuye a cuestiones de impresión —“lo releí varias veces antes de que se imprimiera”, asegura— recorre el ciclo de Maradona al frente del Seleccionado.
El libro, editado por Pluma & Papel, salió la semana pasada y agotó sus 8.000 ejemplares, por lo cual habrá una segunda edición. Pasman no sólo usufructuó su rol de “enemigo” del técnico durante el Mundial, con un protagonismo inusitado en la cobertura del canal América: con gran oportunismo, ahora le saca el jugo a la derrota del equipo. Pero no solamente ataca al astro, sino también a Julio Grondona y al Gobierno, en tiempos en los que el empresario mendocino Daniel Vila, propietario de América, planea ir por la presidencia de la AFA.
Pasman asegura que siempre fue un maradoniano, que de chico no se perdía un solo partido del 10 que se televisara, tenía sus pósteres en la habitación y que la tarde del gol a los ingleses en México ‘86 se fue con su padre y su mejor amigo a celebrar al Obelisco. “Después vinieron cosas que hicieron que la imagen de ídolo se me empezara a derrumbar un poco. Está bien que no tiene que ser un modelo, pero cuando idealizás tanto a alguien y ves la otra faceta, no te gusta”, señala. Y recuerda que en sus primeros años de periodista deportivo soportó más de una guardia sin lograr que Maradona lo atendiera.
¿Cuándo surgió la idea del libro?
En enero, de vacaciones con mi hija, tomando sol en Pinamar. Estaba muy fresco todavía lo del Centenario, y sentía mucha repercusión en la gente de lo que había pasado en aquella conferencia de prensa, para bien o para mal. Me dije: “¿Cómo aprovecho toda esta energía producida mediáticamente?”. Porque sin quererlo me convertí en un protagonista importante. Siempre tuve el sueño de escribir un libro, ahora tenía qué contar: la etapa Maradona, un proyecto que no podría terminar bien por cómo había empezado. Como técnico no me convencía, y el equipo menos. Durante 6 meses busqué datos y hablé con mucha gente. No digo que hice una “investigación” porque después me reprochan como a (Luis) Majul. Antes del Mundial tenía escrita toda la primera parte, y cada día en Sudáfrica volvía del entrenamiento y escribía.
En el libro dice que no lo hace con ánimo de revanchismo, pero ese título, y la frase final, “Esta vez, Diego, la tenés adentro”, se orientan en ese sentido.
Es mi respuesta a Maradona. Decirle claramente: “El que la ‘tiene adentro’ sos vos”. Si querés ponerle la palabra “revancha”, bueno, ponésela. Hay una diferencia sutil entre “respuesta” y “revancha”. Pero “revancha” tampoco me parece mala palabra.
¿Considera que hay un antes y un después de su vida tras del exabrupto de Maradona?
Sí y no. En el Mundial 2006, Mariana Fabbiani me hizo sacar la remera y tuvo repercusión en ese momento; más positiva, porque volví de Alemania convertido en sex symbol de RSM. Eso me hizo más conocido en un ambiente donde no me conocía nadie. Yo laburaba desde 1996. Esto de Maradona me dio más notoriedad. Está claro que fue más fuerte y que va a ser una bisagra en mi carrera. Pero, a la larga, va a quedar como una anécdota. Ahora terminó, Maradona no es más técnico y yo sigo laburando de periodista, y me di el gusto de escribir un libro.
¿Usted puede llegar a entender por qué Maradona le dijo eso?
Lo tengo muy claro: yo había sido duro, me hago cargo de cada cosa que dije de la Selección, nunca vi una Selección jugar tan horriblemente de local como con Colombia, y lo sostengo. Y las hijas me apuntaron, Dalma y Gianinna le contaban quiénes lo criticaban, y como fui el primer periodista conocido que preguntó en la conferencia del Centenario, me dijo aquello.
¿Le pidió disculpas?
Nunca, y me hubiese gustado ese gesto.
¿Disfrutó, padeció o usufructuó el rol de “enemigo” de Maradona?
El rol periodístico lo disfruté. No voy a ser hipócrita: yo sabía que tenía un lugar importante en la cobertura del Mundial, me pareció que debía seguir preguntando lo que creyera justo, no por cumplir el rol de enemigo. Esa parte la disfruté. Padecí en el Mundial con muchos hinchas, no era grato, me “comía” puteadas, gastadas. Ser el antipatria, el hereje, pero no me siento así, amo la Selección. Es el laburo de periodista ir más allá del hincha.
¿Qué hubiera pasado si ganábamos el Mundial?
Hubiese quedado como el hazmerreír del país. Pero hubiese seguido laburando de periodista. Los resultados me dieron la razón. Claro que si se destapaba como gran entrenador lo hubiese reconocido, le habría dicho: “Me tapaste la boca”.
Tras la primera rueda, con tres victorias, usted tuvo cierta actitud de reconocimiento.
Sí, no voy a ser necio. Le reconocí algunas cosas, como el ingreso de Agüero contra Corea del Sur, que cambió el partido; y su trabajo en jugadas preparadas como el gol de Heinze a Nigeria. No da para decir que es un fenómeno, pero reconocí esos aciertos, y hubiese reconocido otras cosas.
En el fondo, ¿no se sintió aliviado después de la derrota contra Alemania?
Debo reconocer que, por todo lo que estaba viviendo, que me pegaban de todos lados, me gastaba la mayoría, sentí alivio, tranquilidad. Lo reconozco. No me parece mal, soy un ser humano con emociones, sentimientos. Pero nunca quiero que pierda la Selección, y menos como perdió. Se puede perder más dignamente, pero lo de Ciudad del Cabo fue humillante.
"'Revancha' no es una mala palabra”. Concretada la eliminación argentina en Sudáfrica 2010 con el 0-4 ante Alemania, Juan Carlos “Toti” Pasman sintió “cierto alivio”, confiesa. Y puso en marcha aquel 3 de julio su “revancha” personal contra Diego Maradona, materializada en su primer libro: “La tenés adentro”. No podía haber sido otro el título. Abogado y periodista deportivo, Pasman se apropió de la frase que Maradona le espetó en aquella conferencia de prensa en el Centenario de Montevideo en octubre pasado y, tras sufrirla en carne propia durante 9 meses, bautizó con ella a su flamante criatura: más de 200 páginas en las que, con un registro más propio de la oralidad, una narrativa confusa y muchos errores de puntuación que el autor atribuye a cuestiones de impresión —“lo releí varias veces antes de que se imprimiera”, asegura— recorre el ciclo de Maradona al frente del Seleccionado.
El libro, editado por Pluma & Papel, salió la semana pasada y agotó sus 8.000 ejemplares, por lo cual habrá una segunda edición. Pasman no sólo usufructuó su rol de “enemigo” del técnico durante el Mundial, con un protagonismo inusitado en la cobertura del canal América: con gran oportunismo, ahora le saca el jugo a la derrota del equipo. Pero no solamente ataca al astro, sino también a Julio Grondona y al Gobierno, en tiempos en los que el empresario mendocino Daniel Vila, propietario de América, planea ir por la presidencia de la AFA.
Pasman asegura que siempre fue un maradoniano, que de chico no se perdía un solo partido del 10 que se televisara, tenía sus pósteres en la habitación y que la tarde del gol a los ingleses en México ‘86 se fue con su padre y su mejor amigo a celebrar al Obelisco. “Después vinieron cosas que hicieron que la imagen de ídolo se me empezara a derrumbar un poco. Está bien que no tiene que ser un modelo, pero cuando idealizás tanto a alguien y ves la otra faceta, no te gusta”, señala. Y recuerda que en sus primeros años de periodista deportivo soportó más de una guardia sin lograr que Maradona lo atendiera.
¿Cuándo surgió la idea del libro?
En enero, de vacaciones con mi hija, tomando sol en Pinamar. Estaba muy fresco todavía lo del Centenario, y sentía mucha repercusión en la gente de lo que había pasado en aquella conferencia de prensa, para bien o para mal. Me dije: “¿Cómo aprovecho toda esta energía producida mediáticamente?”. Porque sin quererlo me convertí en un protagonista importante. Siempre tuve el sueño de escribir un libro, ahora tenía qué contar: la etapa Maradona, un proyecto que no podría terminar bien por cómo había empezado. Como técnico no me convencía, y el equipo menos. Durante 6 meses busqué datos y hablé con mucha gente. No digo que hice una “investigación” porque después me reprochan como a (Luis) Majul. Antes del Mundial tenía escrita toda la primera parte, y cada día en Sudáfrica volvía del entrenamiento y escribía.
En el libro dice que no lo hace con ánimo de revanchismo, pero ese título, y la frase final, “Esta vez, Diego, la tenés adentro”, se orientan en ese sentido.
Es mi respuesta a Maradona. Decirle claramente: “El que la ‘tiene adentro’ sos vos”. Si querés ponerle la palabra “revancha”, bueno, ponésela. Hay una diferencia sutil entre “respuesta” y “revancha”. Pero “revancha” tampoco me parece mala palabra.
¿Considera que hay un antes y un después de su vida tras del exabrupto de Maradona?
Sí y no. En el Mundial 2006, Mariana Fabbiani me hizo sacar la remera y tuvo repercusión en ese momento; más positiva, porque volví de Alemania convertido en sex symbol de RSM. Eso me hizo más conocido en un ambiente donde no me conocía nadie. Yo laburaba desde 1996. Esto de Maradona me dio más notoriedad. Está claro que fue más fuerte y que va a ser una bisagra en mi carrera. Pero, a la larga, va a quedar como una anécdota. Ahora terminó, Maradona no es más técnico y yo sigo laburando de periodista, y me di el gusto de escribir un libro.
¿Usted puede llegar a entender por qué Maradona le dijo eso?
Lo tengo muy claro: yo había sido duro, me hago cargo de cada cosa que dije de la Selección, nunca vi una Selección jugar tan horriblemente de local como con Colombia, y lo sostengo. Y las hijas me apuntaron, Dalma y Gianinna le contaban quiénes lo criticaban, y como fui el primer periodista conocido que preguntó en la conferencia del Centenario, me dijo aquello.
¿Le pidió disculpas?
Nunca, y me hubiese gustado ese gesto.
¿Disfrutó, padeció o usufructuó el rol de “enemigo” de Maradona?
El rol periodístico lo disfruté. No voy a ser hipócrita: yo sabía que tenía un lugar importante en la cobertura del Mundial, me pareció que debía seguir preguntando lo que creyera justo, no por cumplir el rol de enemigo. Esa parte la disfruté. Padecí en el Mundial con muchos hinchas, no era grato, me “comía” puteadas, gastadas. Ser el antipatria, el hereje, pero no me siento así, amo la Selección. Es el laburo de periodista ir más allá del hincha.
¿Qué hubiera pasado si ganábamos el Mundial?
Hubiese quedado como el hazmerreír del país. Pero hubiese seguido laburando de periodista. Los resultados me dieron la razón. Claro que si se destapaba como gran entrenador lo hubiese reconocido, le habría dicho: “Me tapaste la boca”.
Tras la primera rueda, con tres victorias, usted tuvo cierta actitud de reconocimiento.
Sí, no voy a ser necio. Le reconocí algunas cosas, como el ingreso de Agüero contra Corea del Sur, que cambió el partido; y su trabajo en jugadas preparadas como el gol de Heinze a Nigeria. No da para decir que es un fenómeno, pero reconocí esos aciertos, y hubiese reconocido otras cosas.
En el fondo, ¿no se sintió aliviado después de la derrota contra Alemania?
Debo reconocer que, por todo lo que estaba viviendo, que me pegaban de todos lados, me gastaba la mayoría, sentí alivio, tranquilidad. Lo reconozco. No me parece mal, soy un ser humano con emociones, sentimientos. Pero nunca quiero que pierda la Selección, y menos como perdió. Se puede perder más dignamente, pero lo de Ciudad del Cabo fue humillante.







