Espectáculos
27.08.2010
El otro testimonio de Isidoro Graiver
En una entrevista con periodistas de Tiempo Argentino, apuntó contra Clarín y La Nación
Por:
INFOnews
La publicación de una solicitada de Isidoro Graiver en Clarín y La Nación el miércoles pasado, donde aseguraba que no existieron presiones de la dictadura para que se firmara el traspaso de Papel Prensa, de los Graiver, a Clarín, La Nación y La Razón, derivó ayer en la publicación de una entrevista que periodistas del diario Tiempo Argentino mantuvieron con el hermano de David Graiver, el 11 de junio pasado, donde afirmaba totalmente lo contrario. A continuación, un resumen del artículo:
“En los tres meses que duró la investigación periodística, insistimos telefónicamente para entrevistarlo. Pero Isidoro –una víctima de la masacre y el latrocinio que impuso a sangre y fuego la última dictadura y sus socios civiles–, se negó con gentileza. No nos conocía. Dijo que tenía miedo por sus hijos. Le creímos. Se excusó en que había sellado un pacto familiar, que incluía sepultar los fantasmas de un pasado que los acorraló y los dejó solos. También le creímos.
“Todo cambió con la publicación de nuestro trabajo, nos dijo, mucho antes de que el Estado confirmara el despojo de Papel Prensa. Cambió para bien. Explicó Isidoro, entonces: ‘No se equivocaron en casi nada’. Y decidió sentarse con nosotros. Con la campera puesta y sin dejar de fumar. Unos 40 minutos después, aceptó entrar a la redacción de Tiempo Argentino y tomar un café en la sala de editores, esta vez con un puro entre los dedos. La noticia corrió como reguero de pólvora. Isidoro reiteró su postura cautelosa de contarnos la verdad de la tragedia que azotó a su familia, bajo una condición: que no le atribuyéramos lo que decía. Quería cooperar con la verdad, pero sin aparecer. Otra vez usó el argumento familiar. Y se largó a hablar: ‘La de Papel Prensa fue una operación que era a todas luces un afano, lisa y llanamente un afano. Los diarios nos humillaron’, así comenzó.
“Por eso, cuando leímos la solicitada a página completa en Clarín y La Nación, y conocimos el contenido de la carta que le escribió a su sobrina María Sol Graiver –ante escribano público– publicada en la tapa coordinada de los dos diarios que lo humillaron hace 34 años, lo primero que nos sorprendió fue que accediera a una exigencia de sus antiguos victimarios. Ayer (por el miércoles), cuando Isidoro Graiver se contradijo, cediendo a las presiones de los diarios acusados de cometer delitos de lesa humanidad en el despojo de Papel Prensa, nosotros, periodistas de este diario (Tiempo Argentino), quedamos automáticamente relevados del acuerdo de confidencialidad con él. Mantenerlo sería faltar a la verdad. O peor aun: contribuir a la operación de Clarín y La Nación para garantizarse la impunidad con falsedades en un caso que hoy es asunto de interés público.
“Esa tarde fría de junio, Isidoro explicó a Tiempo su posición sobre Papel Prensa y la alianza de los tres diarios con las tres armas. Dijo que las presiones para arrebatarles Papel Prensa "eran permanentes". Y nos dio una pista fundamental: que buscáramos los artículos periodísticos de Clarín y La Nación de octubre de 1976, un mes antes de que se concretara la venta trucha de las acciones a los diarios, el 2 de noviembre. Y nos dijo, textual: ‘Nos dedicaban las primeras planas todos los días, la familia Graiver, los chorros. Había un tema de intereses, que obviamente también existían, y además el tema de la humillación. En su momento fue casi una capitulación de la Unión Industrial Argentina (UIA) frente a la Confederación General Económica (CGE), en la época de José Ber Gelbard, y se debían la revancha. La revancha de las familias patricias o de las grandes empresas o bancos en la que estábamos insertados con fuerza. Nos destruyeron como grupo económico, porque ese era el objetivo, sacarnos de pista. Antes de la muerte de mi hermano, era uno de los grupos económicos más fuertes’.
“–Algo así como ‘no los vamos a dejar crecer más’– le preguntamos.
“–No le quepa la menor duda –nos contestó–. En algún momento, alguien dijo: ‘hagamos esto’. Por eso, nada fue espontáneo ni casual.
“–Y entre los cerebros estuvo el mismo José Alfredo Martínez de Hoz.
“–No tengo dudas.
“En su propio relato, Isidoro reconoció que, tras la muerte de su hermano, fue Jorge Rubinstein, el abogado de la familia y hombre de ‘máxima confianza de David’, quien quedó ‘al frente de todos los negocios en Buenos Aires’.
“A pesar de que en la carta personal a su sobrina, Isidoro Graiver asegura que no le ‘consta que los diarios hayan actuado de acuerdo con las autoridades militares de ese momento para la compra de la compañía’, en sede judicial, donde nos dijo que fuéramos a buscar su testimonio (cosa que hicimos), dejó asentado lo contrario. Ante el fiscal Ricardo Molinas, el 6 de noviembre de 1985, declaró: ‘En octubre de 1976, el doctor Miguel de Anchorena, en ese entonces apoderado de la sucesión de Graiver, se puso en contacto con su cuñada (Lidia) para informarle que había recibido una información de Francisco Manrique cuyo contenido era, sintéticamente, que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón’. El gobierno nacional, vale aclararlo, eran Videla y Martínez de Hoz. Y los beneficiarios, los que dijo Isidoro en sede judicial, no ante un escribano: Magnetto, Mitre y Herrera de Noble.
“‘El precio que recibimos fue el mejor que pudimos obtener’, afirmó Isidoro en la insólita solicitada publicada por Clarín y La Nación. A nosotros nos dijo otra cosa. Hacemos una cita textual, nuevamente: ‘La presión era permanentemente. Los aprietes eran permanentes’. También en sede judicial, en plena democracia, Isidoro aseguró que en una reunión a la que lo convocó Guillermo Gainza Paz, del diario La Prensa, le hicieron ‘una oferta que consideraba totalmente inadecuada, quedando así suspendidas las tratativas. La situación quedó así hasta el día anterior al previsto para la asamblea en la cual debía autorizarse la transferencia de los paquetes accionarios comprados por el Grupo Graiver a los originales dueños, ante la certeza que esa transferencia no iba a ser autorizada (dado que el señor Manrique en el ínterin había ratificado lo adelantado por Anchorena) y se produciría el grave riesgo de no obtener el reintegro del precio abonado, más los intereses y lo invertido, ese día al efectuarse la asamblea en horas del mediodía tomó contacto el doctor Anchorena para decirles que los tres diarios mencionados proponían una reunión urgente con el propósito de hacer una oferta para la compra de las acciones’.
“Los habían acorralado. Los diarios Clarín, La Nación y La Razón operaron con información confidencial, sabiendo que ese día la Junta Militar no le aprobaría la compra al Grupo Graiver y, por ende, lo descapitalizaría. ‘No tuvimos una oferta mejor que la aceptada por lo exiguo del tiempo de acuerdo’, aseguró Isidoro ante una autoridad judicial de la democracia. No les dejaron tiempo. ‘Nosotros perdíamos como mínimo los derechos políticos sobre las acciones, es decir, todo, y con el riesgo de tener que devolver las acciones, es decir una cosa asquerosa. Nos humillaron’, le aseguró a Tiempo.
“‘Cuando estábamos secuestrados, la venta de Papel Prensa ya estaba concluida’, sostiene Isidoro Graiver en la solicitada. A decir verdad, las acciones vendidas por los padres de David (Juan y Eva) y Lidia Papaleo tenían que ser aprobadas por el juez que llevaba adelante la sucesión. En otras palabras: todos estaban secuestrados cuando el juez aún no había aprobado la operación. De hecho, nunca lo hizo.
“Por otra parte, el otro paquete accionario que todos reconocen, incluido Isidoro, a nombre de Rafael Ianover, el testaferro de los Graiver, también debió integrar el acervo sucesorio. Pero esto no pasó. Los tres diarios le compraron las acciones a Ianover sin decirle cuánto le pagaban. Le dijeron que si firmaba no le iba a pasar nada, es decir que no lo secuestrarían: sabían que no eran de él, sino de David Graiver. Lo secuestraron igual.
“Lo resuelve la justicia de la democracia. O Clarín y La Nación que hoy, como ayer, mienten desde sus tapas y usan de manera siniestra, en su beneficio, un conflicto familiar.”
“En los tres meses que duró la investigación periodística, insistimos telefónicamente para entrevistarlo. Pero Isidoro –una víctima de la masacre y el latrocinio que impuso a sangre y fuego la última dictadura y sus socios civiles–, se negó con gentileza. No nos conocía. Dijo que tenía miedo por sus hijos. Le creímos. Se excusó en que había sellado un pacto familiar, que incluía sepultar los fantasmas de un pasado que los acorraló y los dejó solos. También le creímos.
“Todo cambió con la publicación de nuestro trabajo, nos dijo, mucho antes de que el Estado confirmara el despojo de Papel Prensa. Cambió para bien. Explicó Isidoro, entonces: ‘No se equivocaron en casi nada’. Y decidió sentarse con nosotros. Con la campera puesta y sin dejar de fumar. Unos 40 minutos después, aceptó entrar a la redacción de Tiempo Argentino y tomar un café en la sala de editores, esta vez con un puro entre los dedos. La noticia corrió como reguero de pólvora. Isidoro reiteró su postura cautelosa de contarnos la verdad de la tragedia que azotó a su familia, bajo una condición: que no le atribuyéramos lo que decía. Quería cooperar con la verdad, pero sin aparecer. Otra vez usó el argumento familiar. Y se largó a hablar: ‘La de Papel Prensa fue una operación que era a todas luces un afano, lisa y llanamente un afano. Los diarios nos humillaron’, así comenzó.
“Por eso, cuando leímos la solicitada a página completa en Clarín y La Nación, y conocimos el contenido de la carta que le escribió a su sobrina María Sol Graiver –ante escribano público– publicada en la tapa coordinada de los dos diarios que lo humillaron hace 34 años, lo primero que nos sorprendió fue que accediera a una exigencia de sus antiguos victimarios. Ayer (por el miércoles), cuando Isidoro Graiver se contradijo, cediendo a las presiones de los diarios acusados de cometer delitos de lesa humanidad en el despojo de Papel Prensa, nosotros, periodistas de este diario (Tiempo Argentino), quedamos automáticamente relevados del acuerdo de confidencialidad con él. Mantenerlo sería faltar a la verdad. O peor aun: contribuir a la operación de Clarín y La Nación para garantizarse la impunidad con falsedades en un caso que hoy es asunto de interés público.
“Esa tarde fría de junio, Isidoro explicó a Tiempo su posición sobre Papel Prensa y la alianza de los tres diarios con las tres armas. Dijo que las presiones para arrebatarles Papel Prensa "eran permanentes". Y nos dio una pista fundamental: que buscáramos los artículos periodísticos de Clarín y La Nación de octubre de 1976, un mes antes de que se concretara la venta trucha de las acciones a los diarios, el 2 de noviembre. Y nos dijo, textual: ‘Nos dedicaban las primeras planas todos los días, la familia Graiver, los chorros. Había un tema de intereses, que obviamente también existían, y además el tema de la humillación. En su momento fue casi una capitulación de la Unión Industrial Argentina (UIA) frente a la Confederación General Económica (CGE), en la época de José Ber Gelbard, y se debían la revancha. La revancha de las familias patricias o de las grandes empresas o bancos en la que estábamos insertados con fuerza. Nos destruyeron como grupo económico, porque ese era el objetivo, sacarnos de pista. Antes de la muerte de mi hermano, era uno de los grupos económicos más fuertes’.
“–Algo así como ‘no los vamos a dejar crecer más’– le preguntamos.
“–No le quepa la menor duda –nos contestó–. En algún momento, alguien dijo: ‘hagamos esto’. Por eso, nada fue espontáneo ni casual.
“–Y entre los cerebros estuvo el mismo José Alfredo Martínez de Hoz.
“–No tengo dudas.
“En su propio relato, Isidoro reconoció que, tras la muerte de su hermano, fue Jorge Rubinstein, el abogado de la familia y hombre de ‘máxima confianza de David’, quien quedó ‘al frente de todos los negocios en Buenos Aires’.
“A pesar de que en la carta personal a su sobrina, Isidoro Graiver asegura que no le ‘consta que los diarios hayan actuado de acuerdo con las autoridades militares de ese momento para la compra de la compañía’, en sede judicial, donde nos dijo que fuéramos a buscar su testimonio (cosa que hicimos), dejó asentado lo contrario. Ante el fiscal Ricardo Molinas, el 6 de noviembre de 1985, declaró: ‘En octubre de 1976, el doctor Miguel de Anchorena, en ese entonces apoderado de la sucesión de Graiver, se puso en contacto con su cuñada (Lidia) para informarle que había recibido una información de Francisco Manrique cuyo contenido era, sintéticamente, que el gobierno nacional vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver como tal, para lo cual sería necesario la venta de los paquetes accionarios de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón’. El gobierno nacional, vale aclararlo, eran Videla y Martínez de Hoz. Y los beneficiarios, los que dijo Isidoro en sede judicial, no ante un escribano: Magnetto, Mitre y Herrera de Noble.
“‘El precio que recibimos fue el mejor que pudimos obtener’, afirmó Isidoro en la insólita solicitada publicada por Clarín y La Nación. A nosotros nos dijo otra cosa. Hacemos una cita textual, nuevamente: ‘La presión era permanentemente. Los aprietes eran permanentes’. También en sede judicial, en plena democracia, Isidoro aseguró que en una reunión a la que lo convocó Guillermo Gainza Paz, del diario La Prensa, le hicieron ‘una oferta que consideraba totalmente inadecuada, quedando así suspendidas las tratativas. La situación quedó así hasta el día anterior al previsto para la asamblea en la cual debía autorizarse la transferencia de los paquetes accionarios comprados por el Grupo Graiver a los originales dueños, ante la certeza que esa transferencia no iba a ser autorizada (dado que el señor Manrique en el ínterin había ratificado lo adelantado por Anchorena) y se produciría el grave riesgo de no obtener el reintegro del precio abonado, más los intereses y lo invertido, ese día al efectuarse la asamblea en horas del mediodía tomó contacto el doctor Anchorena para decirles que los tres diarios mencionados proponían una reunión urgente con el propósito de hacer una oferta para la compra de las acciones’.
“Los habían acorralado. Los diarios Clarín, La Nación y La Razón operaron con información confidencial, sabiendo que ese día la Junta Militar no le aprobaría la compra al Grupo Graiver y, por ende, lo descapitalizaría. ‘No tuvimos una oferta mejor que la aceptada por lo exiguo del tiempo de acuerdo’, aseguró Isidoro ante una autoridad judicial de la democracia. No les dejaron tiempo. ‘Nosotros perdíamos como mínimo los derechos políticos sobre las acciones, es decir, todo, y con el riesgo de tener que devolver las acciones, es decir una cosa asquerosa. Nos humillaron’, le aseguró a Tiempo.
“‘Cuando estábamos secuestrados, la venta de Papel Prensa ya estaba concluida’, sostiene Isidoro Graiver en la solicitada. A decir verdad, las acciones vendidas por los padres de David (Juan y Eva) y Lidia Papaleo tenían que ser aprobadas por el juez que llevaba adelante la sucesión. En otras palabras: todos estaban secuestrados cuando el juez aún no había aprobado la operación. De hecho, nunca lo hizo.
“Por otra parte, el otro paquete accionario que todos reconocen, incluido Isidoro, a nombre de Rafael Ianover, el testaferro de los Graiver, también debió integrar el acervo sucesorio. Pero esto no pasó. Los tres diarios le compraron las acciones a Ianover sin decirle cuánto le pagaban. Le dijeron que si firmaba no le iba a pasar nada, es decir que no lo secuestrarían: sabían que no eran de él, sino de David Graiver. Lo secuestraron igual.
“Lo resuelve la justicia de la democracia. O Clarín y La Nación que hoy, como ayer, mienten desde sus tapas y usan de manera siniestra, en su beneficio, un conflicto familiar.”







