CN23
En vivo

info news

JUE 24.05.2012  |  Buenos Aires + T 13.6° H 97%

Infonews

02.09.2010

Extrañar

Info News
Info News

Por:
INFOnews

No es que sea necesariamente bueno, o malo. Pero es lo que es. No sé cuándo ocurrió. Pero ocurrió. A uno le puedo gustar o disgustar, pero no puede negar los hechos más evidentes. Si el kirchnerismo se define por la suma de sus componentes, por sus trayectorias, por la ideología de sus miembros, el confuso acto en el que la Presidenta presentó sus denuncias sobre Papel Prensa es toda una revelación: muy compacta, muy sólida, de las características ideológicas que ha adquirido el proyecto que conduce al país.

El dato más revelador lo aportó, inesperadamente, Alejandro Borensztein, el talentoso productor televisivo hijo de Tato Bores: junto al ex presidente Néstor Kirchner se sentó Osvaldo Papaleo, un hombre clave en la estructura de medios que construyó José López Rega luego de la muerte de Juan Domingo Perón, y que produjo la prohibición o el exilio de decenas de artistas, mientras comenzaban a desaparecer argentinos. Al otro lado de Kirchner se sentó Hugo Moyano. Ese día, Moyano acababa de asumir como presidente del PJ bonaerense y Kirchner se abrazó con Pablo Moyano, quien estrenaba una remera de la Juventud Sindical. En los setenta, uno de los grupos de choque contra la izquierda peronista se llamaba Juventud Sindical Peronista. En Mar del Plata, lo comandaba nada menos que Hugo Moyano, quien es acusado por varias personas –incluida Hebe de Bonafini– de haber tenido vínculos con la Triple A. En la mesa central estaba uno de los referentes del peronismo de derecha de Quilmes, el cada vez más agresivo jefe de Gabinete Aníbal Fernández, viejo cuadro político de la hiperduhaldista Liga Federal, alineado en los noventa con Alberto Pierri. Junto a él, el alumno brillante del ultraliberal Centro de Estudios Macroeconómicos, el ministro de Economía Amado Boudou, un amante de las motos y los autos caros, residente en el lujosísimo barrio de Puerto Madero. El anfitrión, el redactor del informe “La Verdad”, la estrella de ese atardecer, era Guillermo Moreno, la mano de obra calificada que destruyó el Indec y lo llenó de barras bravas, algunos de los cuales han intentado romper violentamente actos donde se presentaban libros que molestaban al poder político.

Es difícil no percibir, en ese acto, el regreso triunfal de la derecha peronista, pero no de la ultraliberal de los años noventa, sino de la otra. Un grupo de hombres ricos, oscuros, cuyos valores no son difíciles de percibir. No está entre ellos, como hubiera estado en su momento, Graciela Ocaña, porque no se sentiría, por decirlo de alguna manera, cómoda. Ni Luis Juez o Romina Picolotti. Ni Aníbal Ibarra o Miguel Bonasso. Salvo Hebe de Bonafini, no había representantes de los organismos de derechos humanos, justamente en un acto donde se pretendía hacer honor a la memoria histórica. No estaban los ministros de la Corte, ni los gobernadores más importantes. No había radicales disidentes ni oficialistas. No estaba ni el sector más cercano de la CTA, para no hablar de uno de los ejemplos que tiene el país que es Víctor De Gennaro. No estaba Victoria Donda.

De aquellos polvos, estos lodos, como quien diría.

Al día siguiente, Kirchner dijo que su organización es lo único progresista que existe en el país. Ejem: Aníbal, Boudou, Moyano, Papaleo, Moreno, Timerman.

Digo yo: ¿no será demasiado pedirle al crecimiento económico que resuelva por sí solo los problemas electorales que genera la imagen de semejante dream team? Lo cierto es que difícilmente alguien pueda recriminarle a otra persona que se siente junto a Hugo Biolcati si se da el lujo de tener tan buenas compañías.

Para muestra basta un botón.

Esto es un fragmento del texto inolvidable que escribió Borensztein en, perdón, el diario Clarín:
“Mientras me morfaba algunos de los miles de canapés que sobraron por el faltazo de empresarios y embajadores, descubrí que al lado suyo, más precisamente a su derecha, estaba sentado Osvaldo Papaleo, el secretario de Prensa y Difusión del gobierno de Isabelita y uno de los alfiles de López Rega. En aquella época, desde ese cargo, se controlaban radios, canales, gráfica, cine y expresiones culturales en general.

“No sabe la emoción que me dio verlo. Tantos recuerdos. Fue hace mucho, pero como yo era un adolescente, son recuerdos marcados a fuego. Literalmente a fuego. En 1974, los amigos de Papaleo entraron a los canales y les explicaron a sus dueños que era mejor que se fueran a sus casas. Goar Mestre (Canal 13), García (Canal 11) y Romay (Canal 9), entendieron inmediatamente la sugerencia, sobre todo porque les pusieron un revólver en la cabeza a cada uno. Una vez que ocuparon los canales ¿a que no sabe a quién echaron primero? Exactamente: a mi viejo, Tato. Le prohibieron pisar un canal acusado de hacer “humor elitista”. Mi papá reclamó que al menos le pagaran su contrato. La respuesta fue una ráfaga de ametralladora en el frente de casa. Nos vino muy bien, porque el hall del edificio ya estaba viejo y había que reciclarlo. Para que mi viejo no se sienta solo, empezaron a prohibir a muchos otros artistas, así le hacían compañía y no se aburría. A algunos más afortunados, los mandaron a pasear al exterior a través de una agencia de viajes que, creo que era de primera clase porque se llamaba Triple A. Entre mediados del ’74 y fines del ’75, hizo furor. Viajaban todos: Luis Brandoni; Héctor Alterio; Mercedes Sosa; Norman Briski; Luis Politti; Tomás Eloy Martínez; David Stivel, y tantos más. Un éxito.

“Los que no viajaban se quedaban paseando por Buenos Aires. No iban mucho al cine porque tampoco había demasiado para ver. En esa época existía el Ente de Calificación Cinematográfica, dirigido por Miguel Paulino Tato (imposible olvidar ese nombre), bajo la batuta de López Rega y Papaleo. Prohibieron tantas películas que en todos los cines daban la misma: ‘Lo que el viento se llevó’, pero sin los besos de Clark Gable. Incluso prohibieron ‘La Patagonia rebelde’, donde dicen que usted hizo de extra. Sin saberlo, estos paladines de la libertad, frustraron su carrera artística... Con las radios tampoco había problemas. Salvo Continental, y un par más, las demás eran todas del Estado, pero hay que reconocer que se podía elogiar al gobierno con absoluta libertad. La única radio donde el gobierno permitía que lo critiquen, era Radio Colonia.

“Los medios gráficos también andaban fenómeno. Había tantos diarios y revistas que, para hacer un poco de lugar en los kioscos, decidieron prohibir algunos: entre muchos otros, prohibieron el diario Noticias con Bonasso y Verbitsky; el diario Crónica de García; la revista Satiricón con Blotta, Cascioli, Mactas, Dolina, Fontanarrosa, Osky, Guinzburg, Abrevaya, y tantos más. ¿A que no sabe qué diario clausuró Papaleo por 10 días, para coronar la faena? No me lo va a creer: La Opinión. El decreto de clausura preparado por la Secretaría de Prensa y Difusión acusaba al diario de Jacobo Timerman de pertenecer “a la subversión antinacional y buscar, no sólo deteriorar la imagen del gobierno, sino destruir sus instituciones, provocar la guerra entre hermanos y sumir la nación en el caos”. Lindo, ¿no? Por eso, cuando el martes vi que nuestro canciller aplaudía y se abrazaba con este buen señor, me caían lágrimas de emoción”.

Igual, hay que sospechar. Alejandro publicó eso en Clarín. Su padre, Tato, trabajó durante años en Canal 13 –en los terribles noventa, cuando todavía existía el humor político en la tele–. Si uno hace eso y el otro hizo lo otro, seguro que los Borensztein fueron cómplices de la dictadura.
La cosa es sencilla: de un lado están los buenos –que estaban en la Casa Rosada el otro martes– y del otro todos los demás, que están conducidos por Héctor Magnetto.
Igual, yo a Tato lo extraño.

Si viviera, ¿los Kirchner lo odiarían tanto como a Hermenegildo Sábat?

¿Cómo lo tratarían en los dos canales de aire oficialistas?

¿Lo decodificarían?

Mejor ni pensarlo.

Paqué.






INFOnews EN FACEBOOK



INFOnews EN TWITTER