Espectáculos
29.10.2010
El sueño de la Patria Grande
Como secretario general del bloque, intervino en emergencias naturales, intentos de golpe de Estado y disputas entre países. Sus pares lo recordaron como “un líder clave en la construcción de una región sin exclusiones”.
Por:
INFOnews
Por Franco Mizrahi
Los vientos de cambio soplaron fuerte en la región en la última década y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) el 23 de mayo de 2008 fue una de sus más importantes consecuencias. La Argentina, principalmente Néstor Kirchner, fue un actor fundamental en ese proceso. El patagónico fue uno de los cerebros que constituyeron este bloque político regional. Durante toda su gestión como presidente de la Nación, Kirchner se preocupó por cohesionar a los países latinoamericanos en pos de crear una herramienta política que permitiera destrabar los conflictos regionales y discutir de igual a igual con las potencias mundiales. Así, Kirchner siguió de cerca cada uno de los cambios políticos que atravesaron los países latinoamericanos y festejó las elecciones de Evo Morales en Bolivia, de José Mujica en Uruguay, de Fernando Lugo en Paraguay y de Hugo Chávez en Venezuela. La titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, recordó entre lágrimas una anécdota que grafica los deseos del santacruceño: “Luego de la elección de (Rafael) Correa en Ecuador, Kirchner me llamó y me dijo: ‘¿Viste, Hebe? ¡Ganamos!’”.
Kirchner ya había dado muestras de su interés por la situación latinoamericana en diciembre de 2007, cuando viajó como parte de una comitiva regional a la selva colombiana para negociar la frustrada entrega de tres rehenes por parte de las FARC.
Por esos motivos, cuando el martes 4 de mayo de este año, en una ceremonia que se celebró en Los Cardales, provincia de Buenos Aires, los presidentes de los doce países de la Unasur lo eligieron por unanimidad como secretario general de la unión –el cargo político más alto de esa estructura–, pocos se sorprendieron. En aquella oportunidad, Lula celebró la designación del patagónico: “Tiene experiencia, conoce el continente. Sabe de las diferencias y dificultades que tenemos. Está cien por ciento apto para ser un extraordinario secretario general de la Unasur. Queremos expresar nuestra fuerte aceptación del compañero Kirchner”.
Apenas asumió, el secretario general puso manos a la obra. Entonces, resonaban en la región las terribles consecuencias que generaron los terremotos de Chile –ocurrido el último 27 de febrero– y de Haití –que tuvo lugar el 12 de enero–, e incomodaba el antecedente del golpe de Estado en Honduras.
Su primer viaje como secretario de la Unasur fue a Madrid, para presenciar las cumbres de América latina y Caribe, Unión Europea y Mercosur-Unión Europea. En poco más de treinta días, completaría su hoja de ruta viajando a Paraguay y Ecuador.
Con menos de un año al frente del bloque, Kirchner acumuló logros históricos. Entre ellos, el acercamiento entre Venezuela y Colombia, luego de que rompieran relaciones el 22 de julio de 2010 cuando Colombia denunció ante la Organización de Estados Americanos (OEA) la presencia de guerrilleros de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional en territorio venezolano.
Con la asunción de Juan Manuel Santos, que reemplazó a Álvaro Uribe como presidente de Colombia, Kirchner vislumbró la posibilidad de reconciliar a los dos países. El ex mandatario argentino aprovechó una serie de eventos regionales para pulir su estrategia, que concluyó el 8 de agosto en una larga reunión que mantuvo con los cancilleres María Angela Holguín, de Colombia, y Nicolás Maduro, de Venezuela. Tras ese encuentro, Kirchner fue el encargado de dar a conocer la futura reunión entre los dos presidentes enfrentados. El patagónico dijo sentir “una profunda satisfacción por haber asistido a una reunión ejemplar por parte de los cancilleres y que es un ejemplo de responsabilidad de los dos gobiernos”. Dos días más tarde, el 10 de agosto, se concretó la reunión privada entre Chávez y Santos donde ambos mandatarios destacaron el rol de Unasur como “un espacio de gran importancia para fomentar la unidad de los pueblos en todos los ámbitos”.
Un mes y medio después, el 30 de septiembre, a Kirchner le tocó enfrentar el momento más crítico de su gestión al frente del bloque latinoamericano: el intento de golpe en Ecuador y el secuestro del presidente Rafael Correa. Y, otra vez, el patagónico se convirtió en un actor clave para responder con firmeza a la cuestión. Desde Buenos Aires coordinó una reunión de urgencia, y en cuestión de horas la mayoría de los presidentes del bloque –con excepción de Lula, con cierre de campaña en su país, y Lugo, en plena recuperación tras una internación– aterrizaron en la capital porteña para emitir un comunicado conjunto de repudio a los acontecimientos que se sucedían en el país de Correa.
La impronta K se leyó en el primero de los seis puntos de la declaración: “(Los países miembros) reafirman su fuerte compromiso con la preservación de la institucionalidad democrática, el estado de derecho, el orden constitucional, la paz social y el irrestricto respeto a los derechos humanos, condiciones esenciales del proceso de integración regional”.
En la IV Reunión Cumbre Ordinaria de Unasur, que se iba a realizar el 26 de noviembre en Guyana, estaba previsto que se firmara una Cláusula Democrática –instrumento clave para evitar cualquier golpe de Estado– para agregarse al Tratado Constitutivo del bloque regional. Lamentablemente, uno de los creadores de la medida no podrá ver su idea realizada.
Pero hubo más. El sábado 9 de octubre, cuando trascendió que Gran Bretaña había realizado ejercicios militares en las Islas Malvinas –que incluyeron lanzamientos de misiles que surcaron el cielo argentino–, los Estados miembros de la Unión emitieron una declaración de rechazo a la realización de prácticas militares británicas en las islas y reiteraron “su firme respaldo a los legítimos derechos de la Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”. Una acción que también gestó el diputado desde su cargo al frente del bloque.
La última declaración de Kirchner como jefe regional la efectuó la tarde del martes 26 de octubre –día previo a su fallecimiento–, cuando manifestó “la firme voluntad solidaria” de la Unasur para ayudar a Haití en su pelea contra el brote de cólera que se desencadenó en ese país. Todos los presidentes habían acordado enviar asistencia médica a la región damnificada el miércoles 27 de octubre: el último acto que tuvo a K como secretario general de la Unasur.
Pocas horas después del fallecimiento del santacruceño, desde el bloque regional los doce mandatarios latinoamericanos se despidieron del líder del Sur. “Los Estados Miembros de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) manifiestan su profundo pesar por el fallecimiento repentino hoy del doctor Néstor Kirchner, secretario general de la Unión y ex Presidente de la República Argentina. Kirchner –continúa la declaración– fue un convencido de la unidad de los pueblos latinoamericanos y luchó durante su vida por profundos cambios en su país y América latina. Trabajó desde distintas instancias por la justicia social, la equidad, la democracia y la integración, y su fallecimiento priva a América latina de un líder clave en la construcción de una región sin exclusiones”, firmaron.
Los vientos de cambio soplaron fuerte en la región en la última década y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) el 23 de mayo de 2008 fue una de sus más importantes consecuencias. La Argentina, principalmente Néstor Kirchner, fue un actor fundamental en ese proceso. El patagónico fue uno de los cerebros que constituyeron este bloque político regional. Durante toda su gestión como presidente de la Nación, Kirchner se preocupó por cohesionar a los países latinoamericanos en pos de crear una herramienta política que permitiera destrabar los conflictos regionales y discutir de igual a igual con las potencias mundiales. Así, Kirchner siguió de cerca cada uno de los cambios políticos que atravesaron los países latinoamericanos y festejó las elecciones de Evo Morales en Bolivia, de José Mujica en Uruguay, de Fernando Lugo en Paraguay y de Hugo Chávez en Venezuela. La titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, recordó entre lágrimas una anécdota que grafica los deseos del santacruceño: “Luego de la elección de (Rafael) Correa en Ecuador, Kirchner me llamó y me dijo: ‘¿Viste, Hebe? ¡Ganamos!’”.
Kirchner ya había dado muestras de su interés por la situación latinoamericana en diciembre de 2007, cuando viajó como parte de una comitiva regional a la selva colombiana para negociar la frustrada entrega de tres rehenes por parte de las FARC.
Por esos motivos, cuando el martes 4 de mayo de este año, en una ceremonia que se celebró en Los Cardales, provincia de Buenos Aires, los presidentes de los doce países de la Unasur lo eligieron por unanimidad como secretario general de la unión –el cargo político más alto de esa estructura–, pocos se sorprendieron. En aquella oportunidad, Lula celebró la designación del patagónico: “Tiene experiencia, conoce el continente. Sabe de las diferencias y dificultades que tenemos. Está cien por ciento apto para ser un extraordinario secretario general de la Unasur. Queremos expresar nuestra fuerte aceptación del compañero Kirchner”.
Apenas asumió, el secretario general puso manos a la obra. Entonces, resonaban en la región las terribles consecuencias que generaron los terremotos de Chile –ocurrido el último 27 de febrero– y de Haití –que tuvo lugar el 12 de enero–, e incomodaba el antecedente del golpe de Estado en Honduras.
Su primer viaje como secretario de la Unasur fue a Madrid, para presenciar las cumbres de América latina y Caribe, Unión Europea y Mercosur-Unión Europea. En poco más de treinta días, completaría su hoja de ruta viajando a Paraguay y Ecuador.
Con menos de un año al frente del bloque, Kirchner acumuló logros históricos. Entre ellos, el acercamiento entre Venezuela y Colombia, luego de que rompieran relaciones el 22 de julio de 2010 cuando Colombia denunció ante la Organización de Estados Americanos (OEA) la presencia de guerrilleros de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional en territorio venezolano.
Con la asunción de Juan Manuel Santos, que reemplazó a Álvaro Uribe como presidente de Colombia, Kirchner vislumbró la posibilidad de reconciliar a los dos países. El ex mandatario argentino aprovechó una serie de eventos regionales para pulir su estrategia, que concluyó el 8 de agosto en una larga reunión que mantuvo con los cancilleres María Angela Holguín, de Colombia, y Nicolás Maduro, de Venezuela. Tras ese encuentro, Kirchner fue el encargado de dar a conocer la futura reunión entre los dos presidentes enfrentados. El patagónico dijo sentir “una profunda satisfacción por haber asistido a una reunión ejemplar por parte de los cancilleres y que es un ejemplo de responsabilidad de los dos gobiernos”. Dos días más tarde, el 10 de agosto, se concretó la reunión privada entre Chávez y Santos donde ambos mandatarios destacaron el rol de Unasur como “un espacio de gran importancia para fomentar la unidad de los pueblos en todos los ámbitos”.
Un mes y medio después, el 30 de septiembre, a Kirchner le tocó enfrentar el momento más crítico de su gestión al frente del bloque latinoamericano: el intento de golpe en Ecuador y el secuestro del presidente Rafael Correa. Y, otra vez, el patagónico se convirtió en un actor clave para responder con firmeza a la cuestión. Desde Buenos Aires coordinó una reunión de urgencia, y en cuestión de horas la mayoría de los presidentes del bloque –con excepción de Lula, con cierre de campaña en su país, y Lugo, en plena recuperación tras una internación– aterrizaron en la capital porteña para emitir un comunicado conjunto de repudio a los acontecimientos que se sucedían en el país de Correa.
La impronta K se leyó en el primero de los seis puntos de la declaración: “(Los países miembros) reafirman su fuerte compromiso con la preservación de la institucionalidad democrática, el estado de derecho, el orden constitucional, la paz social y el irrestricto respeto a los derechos humanos, condiciones esenciales del proceso de integración regional”.
En la IV Reunión Cumbre Ordinaria de Unasur, que se iba a realizar el 26 de noviembre en Guyana, estaba previsto que se firmara una Cláusula Democrática –instrumento clave para evitar cualquier golpe de Estado– para agregarse al Tratado Constitutivo del bloque regional. Lamentablemente, uno de los creadores de la medida no podrá ver su idea realizada.
Pero hubo más. El sábado 9 de octubre, cuando trascendió que Gran Bretaña había realizado ejercicios militares en las Islas Malvinas –que incluyeron lanzamientos de misiles que surcaron el cielo argentino–, los Estados miembros de la Unión emitieron una declaración de rechazo a la realización de prácticas militares británicas en las islas y reiteraron “su firme respaldo a los legítimos derechos de la Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”. Una acción que también gestó el diputado desde su cargo al frente del bloque.
La última declaración de Kirchner como jefe regional la efectuó la tarde del martes 26 de octubre –día previo a su fallecimiento–, cuando manifestó “la firme voluntad solidaria” de la Unasur para ayudar a Haití en su pelea contra el brote de cólera que se desencadenó en ese país. Todos los presidentes habían acordado enviar asistencia médica a la región damnificada el miércoles 27 de octubre: el último acto que tuvo a K como secretario general de la Unasur.
Pocas horas después del fallecimiento del santacruceño, desde el bloque regional los doce mandatarios latinoamericanos se despidieron del líder del Sur. “Los Estados Miembros de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) manifiestan su profundo pesar por el fallecimiento repentino hoy del doctor Néstor Kirchner, secretario general de la Unión y ex Presidente de la República Argentina. Kirchner –continúa la declaración– fue un convencido de la unidad de los pueblos latinoamericanos y luchó durante su vida por profundos cambios en su país y América latina. Trabajó desde distintas instancias por la justicia social, la equidad, la democracia y la integración, y su fallecimiento priva a América latina de un líder clave en la construcción de una región sin exclusiones”, firmaron.







