Espectáculos
09.11.2010
Logística en Tierra del Fuego: vivir en una isla
Por:
INFOnews
El bar de la posada mantenía un ambiente cálido, calefaccionado, contrario al frío viento que, pese a estar finalizando el mes de octubre, soplaba a más de 80 kilómetros por hora en el exterior; una ciudad baja, rodeada de nada, sin árboles, sin montañas, con pocos, de sus casi cien mil habitantes, caminando por sus calles pavimentadas con ladrillos de hormigón. Rio Grande se muestra así dura, durísima, bien patagónica. Nada que ver con Ushuaia, tan pintoresca, turística y acogedora.
Pero nuestra ciudad anfitriona tiene lo suyo. Ha crecido enormemente en los últimos años y gracias a normas de promoción industrial que desde la década de los ‘70 fomentan las inversiones y crean fuentes de trabajo, ha ido absorbiendo al antiguo parque industrial de la capital provincial, concentrando su fuerza productiva y de servicios.
La población de esta ciudad de Tierra del Fuego posee cerca de 37.000 vehículos empadronados en su registro y casi 1.500 camiones de carga integran su parque local. Es de hacer notar que Río Grande, como casi toda “la Isla”, como la llaman sus residentes, es “camión dependiente”, pues su producción, como los insumos para la industria y para la vida en sus habitantes, ingresa por este modo de transporte de carga.
“Hoy día nos sentimos aislados de todo…”, se señala y se suman al coro de lamentos la totalidad de los empresarios convocados informalmente por el presidente de la CEFAC, Cámara Empresaria Fueguina de Autotransporte de Cargas. No es que estos curtidos empresarios sepan únicamente llorar, es que su situación parece kafkiana.
Diariamente pasan por la Aduana unos 75 camiones promedio, lo que nada dice contra los 1.000 que atraviesan por jornada Paso de los Libres o los 1.200 que pueden llegar a cruzar Cristo Redentor, si las condiciones meteorológicas ayudan. Ni que hablar de los 10.000 diarios del paso de Laredo, entre México y los Estados Unidos.
Ocurre que estamos escribiendo sobre una provincia argentina. Sí, Tierra del Fuego es una de las 23 provincias que, junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, forman la Argentina, que ha adoptado una forma de gobierno republicana, representativa y federal. Hasta aquí la Constitución. Veamos qué ocurre en la realidad.
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su denominación oficial) está separada del continente por el estrecho de Magallanes. Para cruzar a “la Isla”, los vehículos de todo tipo, incluye los camiones de carga y los buses de pasajeros, deben transitar sí o sí por la Ruta Nacional Nº 3 y alcanzar, al sur, la localidad de Río Gallegos, unos 2.900 kilómetros de Buenos Aires; luego dirigirse a través de 70 kilómetros más por la misma ruta hasta Monte Aymond donde presentarán la documentación aduanera con el mismo detalle y forma que para cruzar por Cristo Redentor o por Paso de los Libres.
Hará lo propio con el personal del retén chileno del mismo punto, proceso que insumirá en el mejor de los casos unos 30 minutos y normalmente, unas 2 horas. A continuación habrá que transitar 43 kilómetros por la pavimentada ruta chilena 255 y torcer 15 kilómetros por la ruta, también chilena, 257. Este último tramo está tan abovedado por la máquina que quita el hielo de la calzada (en esta región nieva muy poco, pero hay hielo la mayor parte del año), que es habitual que los equipos con carga, tractor y semirremolque, vuelquen por la propia inclinación de la traza, aun detenidos.
Arribados a Primera Angostura, se aguarda el transbordador que tras 40 minutos de navegación, a veces moviditos, nos dejarán en Bahía Azul, costa chilena de Tierra del Fuego. El cruce se halla condicionado por la bajamar y por las condiciones meteorológicas, hallándose restringido en época invernal. La barcaza cuenta con capacidad para 10 camiones y algunos autos particulares. Los camiones que transportan cargas peligrosas deben realizar el cruce en forma exclusiva. En los meses estivales, la prioridad de cruce la tienen los autos particulares.
Cuando uno ya ha sorteado todas estas barreras, tiene dos opciones: o toma la antigua Ruta Internacional (chilena) Nº 257 a lo largo de 148 kilómetros en pésimo estado, o por la nueva Ruta Internacional (también chilena), transitando por Onaisin, donde lo esperan 178 kilómetros de ripio, mejor conservada que la anterior, pero muy angosta y con el peligro latente de sus lados abovedados y congelados. Así se llegará a San Sebastián chileno y argentino, donde se harán las dos aduanas nuevamente, con todas las formalidades y ritos descriptos.
Cumplidos estos trámites, restan 81 kilómetros por la Ruta Nacional Nº 3, Argentina, hasta alcanzar alguno de los dos depósitos fiscales existentes en Río Grande, o seguir viaje hacia el de Usuhaia, si el destino final del viaje es la capital provincial. En cualquiera de los casos, intervendrán invariablemente las aduanas de destino.
Cuando los colegas fueguinos terminaron los relatos de sus peripecias y aventuras, condimentadas por la anécdota contada por un entrerriano de enorme humanidad y sonrisa franca, que sin perder el buen humor recordaba aquel atardecer en que un gendarme argentino discutió con él sobre lo tirante o no de las cuerdas que sujetaban la lona de su camión, terminando el entredicho quitando nuestro amigo y volviendo a colocar el toldo con una temperatura exterior de -11º C; cuando terminaron, decía, uno ya no sentía más frío. Sentía calor. Un calor interior, que emergía como fuego desde la usina más íntima de la indignación, la bronca y la injusticia.
“Ni siquiera participamos de las reuniones del Comité de Fronteras”, remató un dirigente que lleva 30 años en “la Isla”.
En Río Grande hay industrias de todo tipo. Nos enteramos en nuestra visita que todo el material de envases que se consume en la región del Mercosur tiene su origen en Tierra del Fuego. Que cada 30 segundos se arma un celular nuevo en las plantas de tecnología. Que para el 2011 se prevén la fabricación de un millón de equipos de aire acondicionado para rodados. Que hay grandes centros de producción de textiles.
Realmente hay que estar en Río Grande unos días, para entender qué es lo que provoca que sus habitantes no suelan andar mucho por las calles y sus arrugas prematuras oculten la sonrisa que habitantes de otras latitudes suelen mostrar casi automáticamente. No todas son promociones, beneficios y quitas. Desde el Comandante Piedrabuena a la fecha, es muy duro hacer logística, transporte y comercio exterior desde estos confines del mundo.
Presidente de la Fundación Profesional para el Transporte y subsecretario general de la Cámara Interamericana de Transportes
Pero nuestra ciudad anfitriona tiene lo suyo. Ha crecido enormemente en los últimos años y gracias a normas de promoción industrial que desde la década de los ‘70 fomentan las inversiones y crean fuentes de trabajo, ha ido absorbiendo al antiguo parque industrial de la capital provincial, concentrando su fuerza productiva y de servicios.
La población de esta ciudad de Tierra del Fuego posee cerca de 37.000 vehículos empadronados en su registro y casi 1.500 camiones de carga integran su parque local. Es de hacer notar que Río Grande, como casi toda “la Isla”, como la llaman sus residentes, es “camión dependiente”, pues su producción, como los insumos para la industria y para la vida en sus habitantes, ingresa por este modo de transporte de carga.
“Hoy día nos sentimos aislados de todo…”, se señala y se suman al coro de lamentos la totalidad de los empresarios convocados informalmente por el presidente de la CEFAC, Cámara Empresaria Fueguina de Autotransporte de Cargas. No es que estos curtidos empresarios sepan únicamente llorar, es que su situación parece kafkiana.
Diariamente pasan por la Aduana unos 75 camiones promedio, lo que nada dice contra los 1.000 que atraviesan por jornada Paso de los Libres o los 1.200 que pueden llegar a cruzar Cristo Redentor, si las condiciones meteorológicas ayudan. Ni que hablar de los 10.000 diarios del paso de Laredo, entre México y los Estados Unidos.
Ocurre que estamos escribiendo sobre una provincia argentina. Sí, Tierra del Fuego es una de las 23 provincias que, junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, forman la Argentina, que ha adoptado una forma de gobierno republicana, representativa y federal. Hasta aquí la Constitución. Veamos qué ocurre en la realidad.
Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su denominación oficial) está separada del continente por el estrecho de Magallanes. Para cruzar a “la Isla”, los vehículos de todo tipo, incluye los camiones de carga y los buses de pasajeros, deben transitar sí o sí por la Ruta Nacional Nº 3 y alcanzar, al sur, la localidad de Río Gallegos, unos 2.900 kilómetros de Buenos Aires; luego dirigirse a través de 70 kilómetros más por la misma ruta hasta Monte Aymond donde presentarán la documentación aduanera con el mismo detalle y forma que para cruzar por Cristo Redentor o por Paso de los Libres.
Hará lo propio con el personal del retén chileno del mismo punto, proceso que insumirá en el mejor de los casos unos 30 minutos y normalmente, unas 2 horas. A continuación habrá que transitar 43 kilómetros por la pavimentada ruta chilena 255 y torcer 15 kilómetros por la ruta, también chilena, 257. Este último tramo está tan abovedado por la máquina que quita el hielo de la calzada (en esta región nieva muy poco, pero hay hielo la mayor parte del año), que es habitual que los equipos con carga, tractor y semirremolque, vuelquen por la propia inclinación de la traza, aun detenidos.
Arribados a Primera Angostura, se aguarda el transbordador que tras 40 minutos de navegación, a veces moviditos, nos dejarán en Bahía Azul, costa chilena de Tierra del Fuego. El cruce se halla condicionado por la bajamar y por las condiciones meteorológicas, hallándose restringido en época invernal. La barcaza cuenta con capacidad para 10 camiones y algunos autos particulares. Los camiones que transportan cargas peligrosas deben realizar el cruce en forma exclusiva. En los meses estivales, la prioridad de cruce la tienen los autos particulares.
Cuando uno ya ha sorteado todas estas barreras, tiene dos opciones: o toma la antigua Ruta Internacional (chilena) Nº 257 a lo largo de 148 kilómetros en pésimo estado, o por la nueva Ruta Internacional (también chilena), transitando por Onaisin, donde lo esperan 178 kilómetros de ripio, mejor conservada que la anterior, pero muy angosta y con el peligro latente de sus lados abovedados y congelados. Así se llegará a San Sebastián chileno y argentino, donde se harán las dos aduanas nuevamente, con todas las formalidades y ritos descriptos.
Cumplidos estos trámites, restan 81 kilómetros por la Ruta Nacional Nº 3, Argentina, hasta alcanzar alguno de los dos depósitos fiscales existentes en Río Grande, o seguir viaje hacia el de Usuhaia, si el destino final del viaje es la capital provincial. En cualquiera de los casos, intervendrán invariablemente las aduanas de destino.
Cuando los colegas fueguinos terminaron los relatos de sus peripecias y aventuras, condimentadas por la anécdota contada por un entrerriano de enorme humanidad y sonrisa franca, que sin perder el buen humor recordaba aquel atardecer en que un gendarme argentino discutió con él sobre lo tirante o no de las cuerdas que sujetaban la lona de su camión, terminando el entredicho quitando nuestro amigo y volviendo a colocar el toldo con una temperatura exterior de -11º C; cuando terminaron, decía, uno ya no sentía más frío. Sentía calor. Un calor interior, que emergía como fuego desde la usina más íntima de la indignación, la bronca y la injusticia.
“Ni siquiera participamos de las reuniones del Comité de Fronteras”, remató un dirigente que lleva 30 años en “la Isla”.
En Río Grande hay industrias de todo tipo. Nos enteramos en nuestra visita que todo el material de envases que se consume en la región del Mercosur tiene su origen en Tierra del Fuego. Que cada 30 segundos se arma un celular nuevo en las plantas de tecnología. Que para el 2011 se prevén la fabricación de un millón de equipos de aire acondicionado para rodados. Que hay grandes centros de producción de textiles.
Realmente hay que estar en Río Grande unos días, para entender qué es lo que provoca que sus habitantes no suelan andar mucho por las calles y sus arrugas prematuras oculten la sonrisa que habitantes de otras latitudes suelen mostrar casi automáticamente. No todas son promociones, beneficios y quitas. Desde el Comandante Piedrabuena a la fecha, es muy duro hacer logística, transporte y comercio exterior desde estos confines del mundo.
Presidente de la Fundación Profesional para el Transporte y subsecretario general de la Cámara Interamericana de Transportes







