15.11.2010
La “guerra de divisas” en números: ganadores y perdedores de esta batalla
Desde junio, mes en que los EE.UU. se percataban de que la recuperación iba a ser más dura, el dólar se devaluó frente a todas las divisas, un movimiento que benefició a ese país. Del otro lado, perdieron el euro y las divisas emergentes. En tanto, China siguió controlando al yuan.
Por Sofía Bustamante
Aunque la “guerra de divisas” está en su apogeo, bajo este escenario y sin cambios concretos a la vista después de la Cumbre del G-20, los ganadores y perdedores ya se perfilan. El dólar barato favorece las exportaciones de los Estados Unidos; mientras que los países emergentes sufren las consecuencias en sus propias ventas al exterior producto de apreciaciones de hasta un 15,6% entre las monedas más importantes en un período de menos de seis meses. No obstante, en lo que respecta a la región, los países latinoamericanos fueron los menos golpeados, exceptuando a Chile.
Desde junio, el valor del euro y del yen se incrementó 11,67% y 9,93% respectivamente frente al dólar; mientras que el yuan se refugio en el control de cambios y sólo se apreció 2,82 por ciento. En tanto, en Oceanía, las divisas de Nueva Zelanda y Australia se apreciaron 13,09% y 15,6% cada una desde el 1º de junio, momento en que el mundo se percataba de que los Estados Unidos no iban a salir de la crisis a la velocidad esperada y el euro perforaba el nivel de 1,20 dólar.
Por su parte, las monedas latinoamericanas mostraron un aumento promedio de 5 por ciento. En el caso de Brasil, el enorme apetito de los inversores por el crecimiento de la economía, que es considerada casi una potencia, hizo que el real se apreciara fuertemente. Sin embargo, la administración de Lula da Silva incrementó dos veces el impuesto a los inversores extranjeros que compraban bonos, lo que frenó la apreciación de su moneda: el alza contra el dólar fue de 5,57 por ciento. En tanto, el sol peruano y el peso mexicano crecieron 2,79% y 5,19% respectivamente, mientras que el peso chileno padeció una revalorización de 10,68 por ciento. Salvo Chile, el resto de los países aplicaron diversas medidas, como intervenir en el mercado de cambios, para evitar una apreciación mayor de sus divisas.
Todo lo contrario sucedió con el peso argentino, que en los últimos meses se depreció 1,16% aprovechando la competitividad habilitada por la revalorización del real.
“Es común que en América latina se intervenga, por eso sus monedas no se apreciaron tanto. Existe el fear floating, lo que significa miedo a la volatilidad, básicamente porque los países latinos tienen en claro que si dejan el tipo de cambio libre, la volatilidad es tan alta que afecta a la economía”, explico el economista jefe de Orlando Ferreres, Fausto Spotorno. Ya sea mediante una baja de la tasa de interés –si es que no existe riesgo de inflación–, impuestos a las inversiones externas o sino directamente mediante la participación del Banco Central en el mercado de cambios de cada país, los mandatarios latinoamericanos tienen un mayor control de su tipo de cambio.
Por otra parte, Alfredo Oubiña, de Oubiña Cambios, señaló que si bien son las economías que dependen de sus exportaciones las más afectadas, aquellas que venden commodities están en una mejor situación que los que venden productos del sector industrial. “Si son commodities, el efecto no es tan pronunciado porque en plena guerra de divisas también se van revaluando”, señaló.
Recién comienza. Lejos de mejorar el conflicto por la volatilidad de las divisas, la situación empeoró. La preocupación por la salud de la economía de la principal potencia económica obligó al presidente estadounidense Barack Obama?a redoblar la apuesta. Así, la Reserva Federal (FED) anunció la compra de bonos del Tesoro por u$s600.000 millones para activar la economía, un hecho que promueve la continuidad del conflicto de divisas.
“En la última década, los Estados Unidos eran el principal importador de productos y el resto del mundo, gracias a esto, tenía superávit. Ahora esto cambió, el dólar barato le permite exportar a los Estados Unidos y los países originalmente vendedores todavía no se acomodaron a estas nuevas reglas”, comentó Spotorno. Precisamente, fue el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que fomentaba a los países de América latina a que dejaran apreciar su moneda, para que los EE.UU. tuvieran mayor competitividad. Sin embargo, el mundo no es el mismo, y aunque el FMI tenga cierto poder, surgieron nuevas potencias que también tienen voz y voto en esta disputa.
Por su parte la Cumbre del G-20 sólo ofreció un comunicado en el que convocó a la “armonía cambiaria” y a reducir los desequilibrios globales, acorde con sus últimas conclusiones en reuniones pasadas. De esta manera, y tal cual sospechaban algunos analistas de la city porteña, sin normas ni metas proveniente del G-20, la “guerra” sigue abierta.