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03.11.2008

El juez y los buitres

Flaco, extremadamente lento para hablar y con el ceño siempre fruncido, el juez neoyorquino Thomas Griesa, es el magistrado que concentra todas las demandas de los tenenedores de bonos contra la Argentina.

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Desde este jueves, se convirtió en el superhéroe de los fondos buitres, al congelar u$s553 millones de las AFJP. En total son u$s930 de acreencias que cuentan con fallo favorable a los tenedores de bonos públicos argentinos en el juzgado de Griesa.

“Los hombres no son ángeles”, es una de sus frases de cabecera, aunque en estos días alguien lo ha escuchado mascullar “los argentinos no son ángeles”. La actitud de Griesa, agresiva, errática y sobre todo polémica, contrasta con la de centenares de jueces y fiscales que no han movido un dedo frente al desfalco y vaciamiento de bancos, aseguradoras y fondos de pensión estadounidenses que han provocado la actual crisis financiera global.

En otras causas resonantes, Griesa ha condenado al FBI por espionaje, al poderoso sindicato de camioneros por desvío de fondos y a sus propios colegas por tráfico de influencias. Ha juzgado al ex hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega y ha entrado en la historia del rock porque tuvo que lidiar con John Lennon en su juzgado.

“Sé que los argentinos tienen carne”, le dijo hace un par de años el parco Griesa a los representantes legales de los acreedores, durante una audiencia celebrada en la Corte de Distrito de Nueva York. “Lo que tengo en mente es un proceso en el que ustedes y los abogados de los otros demandantes puedan encontrar si la Argentina tiene un alter ego, un gran distribuidor de carne, por ejemplo”, subrayó en aquel momento el juez que ahora encontró en la propuesta de estatización de las AFJP el alter ego que buscaba.

Para poder recuperar los u$s553 millones, el Gobierno podría presentar una denuncia judicial contra las AFJP por no proteger adecuadamente los fondos de sus afiliados. Como se trata de un delito, en caso de comprobarse la pena, podría ser efectiva con cárcel, además de la respuesta patrimonial que se exigirá a las empresas.

Griesa nunca se sentó a esperar la cooperación del Gobierno argentino: desde hace más de cuatro años, dos agencias estadounidenses especializadas en inteligencia bancaria trabajan bajo contrato de acreedores de la Argentina en un relevamiento de los activos públicos en los EE.UU., Europa, Japón y América latina, para rastrear activos embargables. Los sabuesos sospechan que después del default declarado por Adolfo Rodríguez Saá en el 2001, la Argentina tenía alrededor de u$s2.400 millones en reservas, que estaban depositadas en los EE.UU. y que luego habrían salido de éstos.

En la mira del magistrado estuvieron la sucursal del Banco Nación en Nueva York; los pagos de los BODEN en Bruselas; el dinero a los tenedores de bonos que llegaron a un arreglo de deuda negociada con el Gobierno; el dinero que el Estado obtiene por exportaciones, y los bienes en el exterior de cualquier empresa bajo control de la Nación.

NOMBRADO POR NIXON. Griesa no es neoyorkino, sino que nació en 1930 en Kansas City, Missouri. Egresó de Harvard en 1952. Hizo su servicio militar en el Servicio de Guardacostas y luego de doctorarse en Stanford trabajó en varios estudios de renombre. Fue nominado juez en junio de 1972 por el presidente Richard Nixon, quien luego tuvo que renunciar como consecuencia del escándalo Watergate.

A pesar de haber sido nombrado por Nixon, este juez del distrito de Nueva York es demócrata y hay quienes aseguran que tiene aspiraciones políticas. En ese sentido, el congelamiento de fondos de las AFJP, una semana antes de que se produzca un triunfo demócrata, abona esa hipótesis.

FALLO CONTRA EL FBI. Entre quienes elogian al juez Griesa se encuentra el lingüista Noam Chomsky, que es un reconocido defensor de los derechos civiles y un implacable crítico de la sociedad norteamericana. Según Chomsky, en agosto de 1986, el juez Griesa condenó al FBI en una acción de clase impulsada por el Partido Socialista de los Trabajadores, que reivindicaba sus derechos a desarrollar actividades políticas sin ser espiados e infiltrados por agentes-provocadores, ni que les pincharan los teléfonos o los incluyeran en listas negras.

Después de una batalla legal de 13 años, Griesa falló que el uso de agentes encubiertos contra el Partido Socialista violaba los derechos constitucionales de éste y sus miembros. Durante el juicio, Griesa ordenó al FBI entregar los legajos de 18 infiltrados en la organización política. A pesar de las objeciones del Ministerio de Justicia, el tribunal superior se negó a revocar la orden del juez. Griesa tuvo que enfrentarse abiertamente con el fiscal general Griffin Bell para conseguir que la orden se cumpliera: “El fiscal general no tiene derecho a desafiar la autoridad de una Corte”, declaró el juez. “La Corte posee y debe poseer bajo nuestro sistema de justicia, la autoridad para hacer cumplir una orden para producir evidencias para la causa”.

JUECES Y CAMIONEROS. Griesa es un tipo que no arruga: en 1999 declaró culpable de los cargos de fraude y conspiración para delinquir a uno de los dirigentes de los Teamsters, el poderoso sindicato de camioneros de los EE.UU. El magistrado concluyó que William Hamilton había desviado u$s885.000 del sindicato para financiar la campaña de reelección del ex titular del sindicato, Ron Carey, y lo condenó a tres años de cárcel.

También ha sido extremadamente duro con sus pares: en abril del 2000, el diario Daily News reveló que había jueces federales estadounidenses que tenían acciones de empresas que, a su vez, estaban involucradas en casos que ellos tenían en sus juzgados. Griesa fue implacable con sus colegas, y dijo que no podía tolerarse que magistrados mantuvieran causas en la que tenían intereses financieros directos o indirectos. “No hay ninguna instancia en la que un juez puede hacer lo que le está prohibido por los estatutos, como por ejemplo, actuar en un caso sabiendo que él o ella tienen un interés financiero”, declaró el juez.

APUESTAS POR INTERNET. En el 2003, tres ex corredores de Bolsa pusieron un sitio en Internet y aplicaron su tecnología para derivativos en las apuestas de fútbol americano y luego en todo tipo de apuestas. Fue un éxito: WorldSportsExchange.com. Sin embargo, los ex corredores violaron todas las normas sobre juegos de azar. Pero como tenían su servidor en la isla de Antigua, se mudaron a ese paraíso fiscal y se hicieron millonarios. Uno de ellos, Jay Cohen, decidió regresar a los EE.UU. porque se proponía demostrar que era necesario modificar las leyes para adaptarlas a Internet. Griesa lo terminó condenando a 21 meses de prisión.

En noviembre del 2002, también sentenció a prisión a Mazyar Gavidel y a su empresa, Homa International Trading Corp., por lavado de dinero, conspiración, transacciones financieras irregulares y violación de la legislación norteamericana sobre embargo comercial contra Irán.

Tal vez no sepa demasiado sobre la Argentina, pero es evidente que de tanto convivir con los buitres, para perseguirlos o defenderlos, terminó pareciéndose a ellos.

LENNON & GRIESA

El polémico juez figura en varios artículos de la revista Rolling Stone y ha ingresado en la historia del rock porque tuvo que lidiar con John Lennon en su juzgado. Incluso, hay una fotografía famosa de Lennon en la corte de Griesa.

En 1976 John Lennon llegó a su corte como querellante: el productor Morris Levy había editado el album, John Lennon Sings The Great Rock & Roll Hits/Roots, sin el permiso del Beatle ni de Apple y transfiriendo el sonido de una grabación de baja calidad.

Durante el juicio, Lennon pidió que se compararan las versiones y el tumulto fue tan grande que finalmente el juez Griesa se ofreció de voluntario para escuchar las dos versiones de la grabación en la casa de uno de sus asistentes.

Lennon también criticaba la foto de tapa del álbum, argumentando que el largo de pelo podía dañar su credibilidad. La defensa de Levy argumentó que se lo acababa de cortar para el juicio.

“Basura”, exclamó Lennon, “me lo corto cada 18 meses”, agregó el músico haciendo que el juez perdiera la seriedad.

El juicio fue declarado nulo, cuando uno de los abogados le pidió a Lennon que le autografiara la tapa de Two Virgins –en la que John y Yoko aparecen desnudos–, en medio de la audiencia.

Durante el segundo juicio, el magistrado le concedió a Lennon una indemnización de 35.000 dólares.






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