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04.05.2011

Es la hora de la calidad

A pesar de la alta inversión, la Argentina ocupa el puesto 58 de 65 países evaluados por su calidad educativa.

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Por Esteban Bullrich y Gabriel Sánchez Zinny

La publicación del último informe PISA (que mide el desempeño en lectura, ciencia y matemática) volvió un hecho de público conocimiento que los resultados obtenidos por los países de América Latina se sitúan muy por debajo del promedio general.

En particular, la Argentina se ubica en el puesto 58 de entre 65 países evaluados. El puntaje final del país cayó de 418 a 398 durante los últimos diez años, un resultado que está tanto por debajo del promedio general (496 puntos), como del obtenido por el resto de los países latinoamericanos que forman parte de la prueba, con la excepción de Panamá y Perú (que ocuparon los puestos 62 y 63, respectivamente). Chile es el país mejor calificado de la región (44), seguido de Uruguay (47), México (48), Colombia (52) y Brasil (53).

En contraste, como señalamos en nuestro recientemente publicado libro "Ahora… CALIDAD", mientras el desempeño educativo es bajo, el gasto promedio en educación en América Latina se incrementó sensiblemente durante las últimas décadas, incluso alcanzando un nivel similar al de los países más avanzados. Por ejemplo, en 2009 la Argentina invirtió aproximadamente un 6,45 por ciento de su PBI en educación, mientras que los miembros de la OCDE invirtieron, en promedio, un 6,3 por ciento.

Pero "Más de lo mismo", repetir una y otra vez las mismas fórmulas, no será suficiente para mejorar el sistema. Admitidos los logros alcanzados en términos de inclusión educativa, el foco del debate hoy debe volverse hacia el mejoramiento de la calidad de la enseñanza.

Para recuperar el terreno perdido, la Argentina necesita implementar mecanismos de evaluación permanente del desempeño de sus escuelas y docentes a fin de redireccionar esfuerzos allí donde sea necesario y mantener las prácticas que se prueben exitosas; poner un mayor énfasis en las políticas que estimulan el desarrollo temprano de los niños; mejorar el entrenamiento docente; y actualizar los contenidos de la enseñanza media, para asegurar que los estudiantes estén preparados para superar los desafíos que enfrentarán en el futuro en el mundo laboral.

Muchas de estas reformas ya demostraron ser exitosas en otros países.

Por ejemplo, la Evaluación Nacional de Progreso Educativo -NAEP, por sus siglas en inglés- es una evaluación bianual llevada adelante entre los estudiantes norteamericanos para medir su rendimiento en distintas materias. Esta evaluación es ejecutada por un órgano independiente del Departamento de Educación, y permite comparar periódicamente los resultados entre Estados y distritos y entre grupos étnicos, raciales y de género, identificando quiénes lo están haciendo bien y quienes necesitan apoyo adicional; y además propiciando la influencia en la definición de la política educativa nacional.

Por otro lado, es fundamental para la calidad educativa el enfocarse en los alumnos desde la edad temprana, ya que es en esos momentos cuando desarrollan sus facultades cognitivas. La mejora nutricional y sanitaria también cumple un rol en mejorar las habilidades cognitivas, habiendo demostrando estar ligada a un desempeño optimizado de los niños en la escuela. En este sentido, el popular programa Bolsa Familia de Brasil logró incrementar en un 14 por ciento la escolaridad de los niños de familias con bajos recursos, a la par de asegurar su nivel nutricional.

Finalmente, el Gobierno de Polonia emprendió en 2008 un programa de largo plazo de reforma de los contenidos de la currícula escolar con el fin de mejorar su calidad y establecer la "sociedad del conocimiento" en el país. Estas reformas incluyen la obligación de la formación preescolar para los niños de 5 años, así como un mayor énfasis en matemática, ciencia y tecnología como conocimientos prácticos y experimentales, por encima de los teóricos.

La transformación educativa es principalmente urgente para sus principales beneficiarios, los estudiantes argentinos que en un futuro cercano deberán competir por puestos de trabajo en un mundo cada vez más demandante y en el que competirán no sólo con sus vecinos latinoamericanos, sino también con otros provenientes de India, China o Turquía.

La Argentina debe aprender de estas experiencias exitosas de otros países e implementar los cambios adecuados a sus necesidades y a su realidad. Podemos volver a la calidad educativa que hizo famoso a nuestro país. Pero para eso, es hora de enfocarnos en la calidad.






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