Espectáculos
18.05.2011
Una escuela que lucha contra la homofobia
El proyecto “Educar para la diversidad sexual” funciona con talleres, visitas a boliches gay y concurrencia a marchas para disipar prejuicios
Por:
INFOnews
Hace casi cuarenta años, un 17 de mayo de 1973, la homosexualidad era eliminada de las listas de enfermedades mentales en la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ayer, se conmemoró por ello el Día Mundial de la lucha contra la Homofobia aunque, con un largo camino recorrido después del preludio del siglo XXI, la discriminación y los prejuicios de género sigan vigentes, en ciertos ámbitos, tanto como en décadas pasadas.
El “Proyecto Educar en la Diversidad sexual sin Homofobia, Lesbofobia, Bifobia ni Transfobia” funciona desde 2006 en el bachillerato para adultos de la Escuela Media Nº 20 (71 nº 275 entre 115 y 116) intentando despojarse de esos prejuicios que continúan en pie alrededor de la orientación sexual. Desde el entorno áulico, se trabaja entre docentes y alumnos a través de talleres y vivencias prácticas, como concurrir anualmentea las Marchas por el Orgullo Gay, al Mundial de Fútbol Gay o a boliches gay. Ayer proyectaron en la escuela la película argentina “Plan B”, que trata la temática de la homosexualidad.
“En todos estos años tuvimos que sortear muchas trabas impuestas por las propias autoridades de la escuela, que en algún momento prohibieron nuestro proyecto. Hubo docentes que nos acusaron de impulsar una ‘escuela gay’”, mencionó a Diagonales Daniel Gustavo Benavides, profesor de Historia y uno de sus mentores.
Junto con Silvia Realini (profesora de Geografía) y Jésica Amann (docente de Bioseguridad), los factores que los impulsaron a forjar esta idea fueron principalmente dos. Por un lado, el caso de una alumna trans, que cada vez que era nombrada desde la lista de estudiantes era llamada por el nombre masculino, lo cual “era violento y molesto para ella”. Con trabajo e insistencia, se logró que se la incluyera en el listado de alumnos con su nombre en femenino y que también figure su identidad en su diploma de graduación. El otro factor que los motivó fue el uso del calificativo “puto” como un insulto muy frecuente entre los alumnos del establecimiento.
A partir de allí, a través de una encuesta temática, los docentes, en conjunto con alumnos interesados, identificaron los principales prejuicios instalados en esa comunidad educativa. “Si bien salió una predisposición favorable al casamiento igualitario y a la adopción de parejas del mismo sexo, descubrimos que la postura era la de ser políticamente correcto pero sin ir hasta el fondo, ya que cuando se les consultó si concurrirían a un boliche gay por el cumpleaños de un amigo, la mayor parte se negó rotundamente a concurrir a ese tipo de lugares”, detalló Benavides.
Así fue que en 2006 decidieron ir por ellos mismos a un boliche gay, para desmitificar esos supuestos que sobrevolaban en la escuela. Siempre en carácter voluntario, alumnos de entre 18 y 65 años concurrieron al ahora desaparecido boliche “Yulo”, que se emplazaba en 5 entre 49 y 50. Así también, en 2007, cubrieron el Mundial de Fútbol Gay en Buenos Aires. Desde 2008, concurrieron a las Marchas por el Orgullo Gay en Capital Federal y en La Plata, y en 2010, durante la sanción del Matrimonio Igualitario, concurrieron a los actos realizados en la Plaza Congreso, en Capital Federal.
Viendo en retrospectiva el camino que recorrieron desde que comenzaron hace cinco años, los responsables del Proyecto “Homofobia” distinguen una gran variación hacia una postura mucho más flexible por parte de directores, profesores y alumnos en torno a las temáticas de género.
El proyecto fue premiado por la Dirección General de Cultura y Educación en el marco del concurso “Escuelas por el bicentenario”, quedando preseleccionados como los 36 mejores de entre más de 1.000 trabajos, lo que les reportó sus primeros ingresos: 3.000 pesos para destinar al proyecto.
El dato
80 Son los países que aún consideran a la homo-sexualidad como enfermedad, con penas de prisión.
Educación
El análisis de Cecilia Bolech
Desde el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), estamos en contra de todas las formas de discriminación, sea a grupos pequeños o grandes. Todos somos distintos y debemos respetar esas diferencias.
Muchas ramas de la medicina, como la Psiquiatría, sigue llamando a la homosexualidad como una patología, cuando es lisa y llanamente una dirección en la vida.
En el INADI recibimos varias denuncias por discriminación, pero lo que más nos preocupa es la falta de prevención que existe sobre el tema. Falta educar por la diversidad sexual.
La discriminación está presente en la mayoría de los lugares, pero en donde nosotros más la registramos es en los ámbitos laborales. Allí es donde más se ve.
Delegada del INADI Regional La Plata
Un cambio en los corazones y en las mentes
El análisis de Ariel Álvarez
Hoy (ayer) 17 de mayo se celebra el día internacional de la lucha contra la homofobia y la transfobia y es casi inevitable, como en toda conmemoración, mirar un poco hacía atrás, por sobre el camino recorrido, para recordar los logros obtenidos y seguir trazando las herramientas necesarias para continuar en la lucha por el reconocimiento y los derechos que aún faltan, que por desgracia son muchos.
Al hablar de homofobia y transfobia las entendemos como un crimen, un crimen en contra de todos los seres humanos, el miedo al otro que se manifiesta en su forma más violenta.
Podríamos aventurar que la homofobia hace su aparición en la historia quizá al mismo tiempo que lo hace la homosexualidad. Ya los antiguos griegos que toleraban cierta forma de homosexualidad (no como la entendemos hoy en día) también condenaban a los que se salían de las prácticas sociales convenidas para ese “amor entre hombres”. Y de eso se trata de lo que no encaja, de lo que altera los valores sociales tan arraigados en la mayoría, y eso es lo que asusta tanto. Porque lamentablemente hay una costumbre humana más antigua que la época clásica griega y es esa necesidad de, directamente, eliminar todo aquello que no se comprende. El amor no es solamente entre un varón y una mujer, como nos enseñaron durante siglos. La cosa se complejiza más si hablamos de personas travestis o trans que revierten el “orden de lo naturalmente establecido”, con sus propios cuerpos. La multiplicidad de identidades sexuales se abre paso en este día de lucha.
Por suerte muchas cosas han cambiado en nuestro país. En los 80, luego de la cruenta dictadura en la cual los gays eran obligados a la clandestinidad y al exilio, comenzaron las primeras marchas y se cumplía el primer objetivo: La visibilidad “estamos entre ustedes”. Los primeros boliches, las primeras agrupaciones y muchos personajes (sería injusto no nombrarlos a todos) que hicieron posible la obtención de derechos tan importantes como la ley de matrimonio igualitario. Pero todavía falta: las travestis condenadas a la prostitución, que son uno de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad, con una expectativa de vida que apenas llega a los 40 años. O la población transexual que debe reconocerse enferma (el mito de la disforia de género) para luego tener que esperar la decisión de un juez para poder operarse (si es que así lo decide); todo esto si consigue el dinero para hacerlo. Cada logro se celebra como una fiesta dentro de la comunidad gay, dentro de la comunidad toda, o así debería de ser. Pero todavía falta: la ley de identidad de género, la despatologización de la transexualidad como trastorno mental. Hablamos de un cambio en los corazones y las mentes de la mayoría de las personas y sí, todavía queda camino por recorrer. Pero la llama de la lucha también fue encendida hace tiempo.
Periodista. Colaborador del suplemento Soy de Página/12
Ayer, se conmemoró por ello el Día Mundial de la lucha contra la Homofobia aunque, con un largo camino recorrido después del preludio del siglo XXI, la discriminación y los prejuicios de género sigan vigentes, en ciertos ámbitos, tanto como en décadas pasadas.
El “Proyecto Educar en la Diversidad sexual sin Homofobia, Lesbofobia, Bifobia ni Transfobia” funciona desde 2006 en el bachillerato para adultos de la Escuela Media Nº 20 (71 nº 275 entre 115 y 116) intentando despojarse de esos prejuicios que continúan en pie alrededor de la orientación sexual. Desde el entorno áulico, se trabaja entre docentes y alumnos a través de talleres y vivencias prácticas, como concurrir anualmentea las Marchas por el Orgullo Gay, al Mundial de Fútbol Gay o a boliches gay. Ayer proyectaron en la escuela la película argentina “Plan B”, que trata la temática de la homosexualidad.
“En todos estos años tuvimos que sortear muchas trabas impuestas por las propias autoridades de la escuela, que en algún momento prohibieron nuestro proyecto. Hubo docentes que nos acusaron de impulsar una ‘escuela gay’”, mencionó a Diagonales Daniel Gustavo Benavides, profesor de Historia y uno de sus mentores.
Junto con Silvia Realini (profesora de Geografía) y Jésica Amann (docente de Bioseguridad), los factores que los impulsaron a forjar esta idea fueron principalmente dos. Por un lado, el caso de una alumna trans, que cada vez que era nombrada desde la lista de estudiantes era llamada por el nombre masculino, lo cual “era violento y molesto para ella”. Con trabajo e insistencia, se logró que se la incluyera en el listado de alumnos con su nombre en femenino y que también figure su identidad en su diploma de graduación. El otro factor que los motivó fue el uso del calificativo “puto” como un insulto muy frecuente entre los alumnos del establecimiento.
A partir de allí, a través de una encuesta temática, los docentes, en conjunto con alumnos interesados, identificaron los principales prejuicios instalados en esa comunidad educativa. “Si bien salió una predisposición favorable al casamiento igualitario y a la adopción de parejas del mismo sexo, descubrimos que la postura era la de ser políticamente correcto pero sin ir hasta el fondo, ya que cuando se les consultó si concurrirían a un boliche gay por el cumpleaños de un amigo, la mayor parte se negó rotundamente a concurrir a ese tipo de lugares”, detalló Benavides.
Así fue que en 2006 decidieron ir por ellos mismos a un boliche gay, para desmitificar esos supuestos que sobrevolaban en la escuela. Siempre en carácter voluntario, alumnos de entre 18 y 65 años concurrieron al ahora desaparecido boliche “Yulo”, que se emplazaba en 5 entre 49 y 50. Así también, en 2007, cubrieron el Mundial de Fútbol Gay en Buenos Aires. Desde 2008, concurrieron a las Marchas por el Orgullo Gay en Capital Federal y en La Plata, y en 2010, durante la sanción del Matrimonio Igualitario, concurrieron a los actos realizados en la Plaza Congreso, en Capital Federal.
Viendo en retrospectiva el camino que recorrieron desde que comenzaron hace cinco años, los responsables del Proyecto “Homofobia” distinguen una gran variación hacia una postura mucho más flexible por parte de directores, profesores y alumnos en torno a las temáticas de género.
El proyecto fue premiado por la Dirección General de Cultura y Educación en el marco del concurso “Escuelas por el bicentenario”, quedando preseleccionados como los 36 mejores de entre más de 1.000 trabajos, lo que les reportó sus primeros ingresos: 3.000 pesos para destinar al proyecto.
El dato
80 Son los países que aún consideran a la homo-sexualidad como enfermedad, con penas de prisión.
Educación
El análisis de Cecilia Bolech
Desde el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), estamos en contra de todas las formas de discriminación, sea a grupos pequeños o grandes. Todos somos distintos y debemos respetar esas diferencias.
Muchas ramas de la medicina, como la Psiquiatría, sigue llamando a la homosexualidad como una patología, cuando es lisa y llanamente una dirección en la vida.
En el INADI recibimos varias denuncias por discriminación, pero lo que más nos preocupa es la falta de prevención que existe sobre el tema. Falta educar por la diversidad sexual.
La discriminación está presente en la mayoría de los lugares, pero en donde nosotros más la registramos es en los ámbitos laborales. Allí es donde más se ve.
Delegada del INADI Regional La Plata
Un cambio en los corazones y en las mentes
El análisis de Ariel Álvarez
Hoy (ayer) 17 de mayo se celebra el día internacional de la lucha contra la homofobia y la transfobia y es casi inevitable, como en toda conmemoración, mirar un poco hacía atrás, por sobre el camino recorrido, para recordar los logros obtenidos y seguir trazando las herramientas necesarias para continuar en la lucha por el reconocimiento y los derechos que aún faltan, que por desgracia son muchos.
Al hablar de homofobia y transfobia las entendemos como un crimen, un crimen en contra de todos los seres humanos, el miedo al otro que se manifiesta en su forma más violenta.
Podríamos aventurar que la homofobia hace su aparición en la historia quizá al mismo tiempo que lo hace la homosexualidad. Ya los antiguos griegos que toleraban cierta forma de homosexualidad (no como la entendemos hoy en día) también condenaban a los que se salían de las prácticas sociales convenidas para ese “amor entre hombres”. Y de eso se trata de lo que no encaja, de lo que altera los valores sociales tan arraigados en la mayoría, y eso es lo que asusta tanto. Porque lamentablemente hay una costumbre humana más antigua que la época clásica griega y es esa necesidad de, directamente, eliminar todo aquello que no se comprende. El amor no es solamente entre un varón y una mujer, como nos enseñaron durante siglos. La cosa se complejiza más si hablamos de personas travestis o trans que revierten el “orden de lo naturalmente establecido”, con sus propios cuerpos. La multiplicidad de identidades sexuales se abre paso en este día de lucha.
Por suerte muchas cosas han cambiado en nuestro país. En los 80, luego de la cruenta dictadura en la cual los gays eran obligados a la clandestinidad y al exilio, comenzaron las primeras marchas y se cumplía el primer objetivo: La visibilidad “estamos entre ustedes”. Los primeros boliches, las primeras agrupaciones y muchos personajes (sería injusto no nombrarlos a todos) que hicieron posible la obtención de derechos tan importantes como la ley de matrimonio igualitario. Pero todavía falta: las travestis condenadas a la prostitución, que son uno de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad, con una expectativa de vida que apenas llega a los 40 años. O la población transexual que debe reconocerse enferma (el mito de la disforia de género) para luego tener que esperar la decisión de un juez para poder operarse (si es que así lo decide); todo esto si consigue el dinero para hacerlo. Cada logro se celebra como una fiesta dentro de la comunidad gay, dentro de la comunidad toda, o así debería de ser. Pero todavía falta: la ley de identidad de género, la despatologización de la transexualidad como trastorno mental. Hablamos de un cambio en los corazones y las mentes de la mayoría de las personas y sí, todavía queda camino por recorrer. Pero la llama de la lucha también fue encendida hace tiempo.
Periodista. Colaborador del suplemento Soy de Página/12
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