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23.06.2011

El triángulo tiene eso de la geometría

Entrevista a Carajo. El viernes 1 de julio tocan por primera vez en el Luna Park. Sirve para festejar diez años de carrera. y también como nuevo desafío: no es sencillo presentarse en el mítico estadio. Las formaciones conocidas como power trío no son comunes en argentina, y tampoco lo es que, cuando dan notas, hablen todos por igual, aportándose. Y sin corregirse, como si fuera parte del asunto errar en conjunto. Tan natural como el acierto.

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Por Jorge Belaunzarán

Como esas situaciones de embriaguez en la que se pierde el control, el período 2000/01 parece algo que le pasó a otro. Siquiera un extraño deja vú sólo convocado por alguna imagen que llega de Grecia y refresca lo que, tan solo por la salud que impone la obligación de sobrevivir, se vivió como si fuera parte del asunto. En ese escenario casi imposible de recordar en sensaciones, Marcelo “Corvata” Corvalán (bajo), Andrés “Andy” Vilanova (batería) y Hernán “Tery” Langer (guitarra) formaban una banda que, el día de la Patria de 2001, se presentaba por primera vez y decía, entre otras cosas, “Sacate la mierda”. Carajo le dieron por nombre, expresión popular como pocas: fuerte pero no soez, no llega a ser un insulto ni una mala palabra; sus dobleces permiten descubrir un estado de ánimo exigente pero al mismo tiempo considerado: se dice carajo cuando no sale aquello que se supone se sabe hacer o no sale como se planificó. Y se dice, también, como grito de victoria al conseguir aquello por lo que tanto se luchó. En el 2001 argentino, salir a escena con lo que se llama power trío (bajo, batería y guitarra), con un género saturado de propuestas como el rock cercano al hardcore y al metal y en medio de una crisis económica descomunal no parecía lo más recomendable. Pero quién puede recomendar algo cuando todo se va al carajo.

Vilanova: Originalmente no íbamos a ser un trío. La idea siempre era sumar un guitarrista. De hecho el primer tema que compusimos lo llegamos a ensayar con Juanito, que tiró un par de arreglos. Y también buscamos algunos percusionistas, porque la idea era ser más que un trío. Y ahí quedamos porque fuimos los que no faltamos. Ahí arrancó el trío. Se dio. Y realmente no había muchos tríos. Un poco eso también definía el estilo de nuestra música, el hecho de no encontrar un estilo muy particular y saber que somos power trío, que es lo que somos en escena.

Langer: Somos tres y nos gusta eso. Se dio porque era difícil juntarnos todos. Pero esta idea de que se diera el formato también influyó. La cosa terminó yendo por ese lado y la afrontamos.

Vilanova: Hemos tocado en varias oportunidades con algún guitarrista invitado. Cuando hicimos “Electroroto” salió un cuarto integrante en lo musical, con Marcelo que entró el teclado y la compu; siempre estuvimos con cosas. Son un poquito como te decía medio en joda de que éramos los que no faltábamos. No fue tan conciente.

Langer: El trío tiene una actitud muy marcada. Todas las bandas tienen algo, pero al trío se le da una atención especial. Son tres los que logran eso. Entonces te pone en un lugar que te exige resolver un sonido al que le tenés que poner cosas a partir de los instrumentos que tenés. Por ejemplo, yo no cantaba, empecé a cantar más, sentía que lo que se me ocurrió en la cabeza en cuanto a las melodías, por el solo hecho de estar, tenía que hacerlo. Y Andy (Villanova) empezó a grabar más percusiones. Y por ahí en vivo con la batería no hace todo pero eso lo llevó a investigar, buscar. Está bueno eso del trío: te exige y te pone la atención en algo muy puntual. Cada uno tiene un rol muy marcado.

Corvalán: Es un buen equilibrio. El triángulo tiene eso de la geometría y la cosa física del universo: la triangulación. En todos lados el triángulo funciona. Al ser impar parecería que no, pero creo que sí. Hay una rotación constante pese a que cada uno ocupa su lugar, y tiene que dar todo en ese lugar. No tenés desde donde apoyarte, es como que te toca una parte y ahí te podés manejar libremente. Nosotros también aprendimos a componer así. Y ahora estamos cómodos así. Pero es verdad que al principio en nuestra cabeza la música la imaginábamos con más instrumentos, con más sonidos. Ahora estamos más atentos a la tecnología, hasta violines nos aparecieron. Entonces disparás algunos sonidos de percusión, baterías filtradas, algunas cosas locas. Están buenas, formaron parte del sonido de una canción y ahora tratamos de llevarla de una forma virtual. Pero tratamos de no cerrarnos a eso. Si hay cosas que nos gustan en la cabeza, las grabamos. También tomamos conciencia de no zarparnos e irnos de tema y que sea todo mentira. No, somos un power trío, y el 80, 90 por ciento de la música está ahí.

Corvalán: Podría estar saturado, pero en eso influyó mucho Ale Vázquez. Y nosotros en el afán de no tener un techo musical, de jugarnos, experimentar. La idea, antes de grabar un disco, siempre fue tirar todas las canciones, tener canciones demás sabiendo que no van a estar en el disco; eso nos da libertad. Metamos todo en la bolsa, y después veamos qué tenemos adentro para escapar de la comparación y de todo tipo de plagio; quedar en un lugar que se pueda decir: este es un sonido Carajo.

Vilanova: Un poco tuvimos esa misión y nos juntamos con gente que nos ayudaba a cumplir eso de aprender a hacer una buena canción. Más allá del estilo y de que éramos tres, siempre la idea fue hacer una canción que esté buena, más allá de que sea súper pesada, rockera. Y durante estos diez años tratamos de aprender. Por ahí este disco (El Mar de las almas, el último) puede estar más logrado que el primero o el segundo, pero la misión era esa. Y creo que eso fue importante para no caer en si el estilo, no el estilo, si el momento o no el momento. Es una poco la clave. Uno va aprendiendo y cada disco es como una foto discográfica. Es en ese momento. Te doy los cuatro discos y casi seguro que el que suena como más te gustaría es el último. Pero tardamos diez años en encontrar lo que nos hubiese gustado mostrar en el primero.

Corvalán: Todos son como viajes. Imaginate como que salís a recorrer el mundo, vas por latinoamérica, Estados Unidos, China, y después llega un momento que decís: ¿adónde vamos? Y, de todos los viajes me gustó éste, entonces vamos de vuelta ahí. Terminás en esa playa que más te gustó, acá nos sentimos cómodos. Igual es lo que escuchan ustedes, porque si escuchás las 30 canciones que hicimos podríamos haber hecho un disco totalmente diferente, pero esas son las que nos gustaron a todos por igual. Con que con uno estuviera en duda de los tres, olvidate. Creo que son lo más representativo hoy en día de la historia de Carajo. Y está bueno. Teníamos ganas de mostrar eso, un disco potente, que tenga toda la energía que como power trío tenemos y también jugamos muchos con el concepto que es algo que a partir de Atrapasueños tratábamos de entender y de aplicar: el concepto; desde la tapa, la música, el mensaje, el sonido, que todo tenga que ver, y que sea una misma idea. Y creo que en El Mar de las almas está claro.

Langer: Un poco uno va puliendo, tallando, definiendo un criterio. Más allá de las cosas que hagas, uno se va armando de ese criterio musical, sonoro, y eso después te lleva a que hagas una canción tranquila, un tema pesado. La situación nos pone en esos lugares, y lo que fuimos laburando nosotros es el criterio para esas cosas. Eso fue lo que fuimos aprendiendo. Siempre pienso que somos más músicos ahora, pero justamente por entender mejor cómo hacer las cosas. Acortar ese camino que te lleva donde querés.

Vilanova: Y eso tiene que ver con el entorno, por eso siempre lo mencionamos. Nosotros nos volamos cada uno en su barrilete y viene Ale y agarra las tres tiras y dice: no, pará, mirá, mirá. Siempre hablando de lo musical como ejemplo, quizás escuchamos discos americanos ,y bueno, ellos tienen otro mercado, otra historia, y una canción para la gente de acá tiene que ser de otra manera para que le llegue; nos da datos que nos ayudan. En cuanto al sonido, a cómo salir, a cómo nos manejamos con el público. Nos rodeamos con gente que nos ayuda a canalizarnos en nuestras ideas. Yo no tengo ni Facebook, pero quizás el tipo organizó un twitcam de media hora y la gente disfrutó de eso a morir, y yo por ahí no lo entiendo. Ahora con el Luna estamos tratando de meternos con las luces, la pantalla y aprender. En la mochila tenemos herramientas de esos años que venimos.

Corvalán: Es como no quedarse en lo cómodo. Podríamos haber hecho un show sencillo como veníamos haciendo y quisimos jugarnos, hacer algo más que tal vez nos resulta más difícil. Pero sabemos que de acá va a salir algo rebueno y la gente va a ver algo mejor de lo que vio la última vez en Capital. Para nosotros eso ya es superarse, progresar.

Langer: También está bueno ese espíritu crítico de la gente. Así como uno trata de ser crítico con uno y de dar algo mejor que lo anterior, está bueno que la gente se acostumbre a eso. Es lo que sentimos del otro lado viendo una banda. Cuando veo una banda que me rompe la cabeza me voy a mi casa diciendo: me pongo un maxi kiosco. Pero después decís: ok, con lo que hago tengo que tratar de hacer eso, que a nuestra manera también le rompamos la cabeza al público.

Corvalán: Con el tiempo pudimos sacarle el jugo a lo que cada uno tenía en mente. Porque a veces cuando una banda más se conoce más se aleja. Con la fama, el crecimiento y toda la vorágine de logros las bandas a veces perdemos la originalidad, como esa inocencia natural de cuando empiezan las cosas, que uno no tiene nada que perder y entonces arriesga todo. Siempre está ese cliché como que los primeros discos son los mejores. Y en esa idea lo que se deja ver que es que los primeros discos son irrepetibles: es un momento de la banda que es como la virginidad, cuando algo nace. Uno después medio que se acostumbra y hace las cosas por inerecia. Tratamos de seguir renovándonos en ese sentido.

Vilanova: Y nos dimos tiempo. Por ejemplo el primer disco tuvimos la posibilidad de masterizarlo en Estados Unidos, y todos en el afán de hacerlo, dijimos sí. Y volvió y no estaba bueno. Había que entregarlo y tuvimos que decir: no está bueno, no podemos sacarlo así después de todo este laburo; y se buscó la manera de hacerlo mejor que eso.

Langer: Siempre los tiempos nos corren, y más como somos nosotros. Pero la gente entiende, que si hiciste todo esto y te falta un poquitito, saben que es para que quede mejor. Nos conocen y confían en nuestro criterio para decir si está o no.

Corvalán: El arte es así, tiene su tiempo de maduración. Es como una mina que sale con las uñas recién pintadas sin secarse: no puede tocar nada; tiene que esperar que se sequen. Y eso justamente no es perder el tiempo.

Vilanova: Por ejemplo, en El Mar de las almas queríamos una intro orquestada, ya que el disco tenía tres temas que tenían una carga importante de cuerdas. Y cuando la estábamos escuchando el bebé de Kika, que es la voz femenina que está en unos temas, lloró, y estaba muy tentadora la situación. ¿Te molesta? No. Y pusimos ahí al bebé.

Corvalán: Se puso a llorar justo porque tenía hambre. Le estaba por dar la teta antes de hacer la toma y le pedimos que lo dejara llorar un poquito y lo grabamos.

Langer: Me acuerdo que lo pusimos y era como hasta desgarrador, bastante extremo. Y adentrarse en el disco era como nacer. Y esa cuestión tan primaria, cuando uno no tiene nada de este mundo. Y El Mar de las almas es un poco eso también.

Marcelo: Y después también estábamos grabando unos coros y se largó una tormenta, cayó un rayo terrible y grabamos un trueno. Había como un juego de sonidos del mundo. Y estaban asfaltando la calle y había un chabón con el taladro y sacábamos los micrófonos para grabarlo. Era como tener siempre todo listo. Jugar un poco con eso: nuestro arte, los sonidos del mundo y de todo lo que nos pasaba alrededor, que todo fuera parte del momento. Quizás tenía que ver más con algo que nos pasaba a nosotros, íntimo, pero que terminó teniendo que ver con el concepto del disco, que un poco era eso: los momentos, las cosas que van pasando, las relaciones, millones, millones de almas, de corazones viviendo, sintiendo, queriendo un lugar en el mundo, expresándose, todo eso que es un inmenso mar que no se puede ni tocar, nada; uno lo imagina y es una energía terrible. *






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