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19.11.2008

“Está bien que Lanata sea capocómico”

El actor convirtió un exitoso blog en obra y traslada una famosa webnovela al teatro. Más respeto que soy tu madre lo tiene como guionista, director y protagonista. Mientras ensaya, dispara contra el Gobierno, la tinellización de la tevé y los críticos de espectáculos. Nadie se salva de su lengua filosa.

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Por Luis Mazas

Antonio Gasalla está en pleno ensayo de Más respeto que soy tu madre, adaptación teatral propia del blog del argentino Hernán Casciari, Diario de una mujer gorda, también publicado como libro. La nota con Veintitrés se da arriba del escenario impregnado por el vértigo de un work-in-progress tan atractivo como lo que luego se verá terminado, se estima, a partir del próximo 15 de enero en el teatro Metropolitan. ¿En qué consiste esta nueva propuesta para el verano porteño? “Es una serie de monólogos de una señora disparatada, Mirtha, que cuenta pedazos de su vida. Yo interpreto a esta madre de una familia alucinada y disfuncional –arrima el creador de “Mamá Cora”–. Es una obra con muchísimo humor, llena de personajes pintorescos y con un montón de complicaciones. Son pobres y viven rebuscándoselas. No es un grotesco de gran exageración, lo que tiene son vaivenes, sentimientos y emociones en juego. Y mucho disparate, ya desde lo escrito. Creo que el público se va a sentir muy identificado”, advierte.

–El blog de Casciari se publicó en España durante casi dos años. Tenía actualización diaria, con gran repercusión y en Europa ganó premios. Y después vino el libro. ¿Cómo le llegó la idea de trasladar el texto al teatro?

–La primera adaptación me la trajo el productor español. No me convenció y todo quedó stand by. El verano pasado nos encontramos de nuevo y le propuse adaptarla yo mismo. Lo demás consistió en poner el texto en clave de teatro, dirigirlo y quedarme con el protagónico. Desde enero que estoy con el tema.

–¿Cómo vivió la escritura del guión?

–Fue como un laberinto. Convertir un blog en teatro es muy complicado porque para el género es algo medio desmembrado y con saltos todo el tiempo. Tuve que buscar situaciones equivalentes, enhebrar un párrafo de aquí y otro de allá, para que tenga continuidad lógica. El libro es gordo, tuve que armar la historia como un rompecabezas de a pedacitos. Creo que se ha logrado.

–¿Qué ajustes hizo para adaptar la obra al público local?

–Como el autor es argentino, oriundo de Mercedes, es lógico que la versión esté escrita en argentino. Casciari mira lo que pasaba en la Argentina del 2004 y 2005, o sea, plena época de Néstor Kirchner, donde figura la internación de Maradona. La data de los personajes está muy ligada al momento. Por ejemplo, Mirtha cumple 52 y se le está retirando la menstruación. Hoy tendría casi 60 y se desdibujaría un poco la instantánea. Por eso, las situaciones se mantienen en la época en la que fueron pensadas. Creo que esto tendremos que aclararlo en el programa.

–¿Este proyecto le propone nuevos desafíos?

–Adaptar un texto ajeno, dirigir, protagonizar fue algo distinto a lo que acostumbro a hacer, y me atrae. Para ponerlo en marcha, apliqué mi sistema de trabajo. Siempre hago una mirada integral de la historia y de los personajes. Por eso, de la ropa y del casting me ocupé personalmente.

–Como la producción es española bien podría ir pensando en pasar una temporada en Europa...

–No, ¡ya soy grande! Esas cosas las pensás hasta los 49, ya no me lo planteo.

–¿Su salida repentina del Maipo tuvo que ver con que ya estaba trabajando en Más respeto...?

–Para nada. Esto lo tenía firmado mucho antes. Y yo no me fui del Maipo: cumplí los tres meses que especifica el contrato. Hay una cláusula que habilita a la empresa a decirle al actor “bueno, terminaste”, pero también se lo permite al actor. Yo dije: “Bueno, terminé”. En cincuenta años no me había pasado nunca esto de tener que irme antes de terminar la temporada. Pero con algunos proyectos, a veces, pasan cosas especiales que no hay por qué salir a contarlas porque son como la intimidad de uno. Sentí que no había diálogo. Creo que cumplí mi parte. Y quiero aclarar que cuando yo dije “me voy”, nadie me dijo “quedate”.

–¿Cómo ve a Jorge Lanata que lo reemplaza en el rol de capocómico en la nueva revista del Maipo?

–No fui a verlo, pero está bien que Lanata sea capocómico. Hay gente que tiene vida en la mente y capacidad para llegar a la revista, pasa con Lanata y también con Pettinato. La revista siempre recibió la entrada y la salida de gente que no era del palo. Si Lanata tiene información como para hacer humor político, adelante. Que tiene ironía lo ha demostrado mil veces. La cosa es que además de humor es necesario saber hacer la rutina del capocómico. Por eso, no sé si Lanata tiene humor arriba del escenario. En televisión dio muestras de manejar el timing y además, al leer Crítica se encuentra mucha ironía. Las tapas son como las del viejo Satiricón. Lanata domina la ironía. Convertir eso en un monólogo es otra cosa, porque el teatro tiene reglas propias. Hay que pasar de la política periodística al humor político. De todos modos, creo que con un primer intento no se puede vaticinar cómo va a ser el futuro de un nuevo capo de humor político. Supongo que es para Lanata otra faceta de su profesión.

–Los dos capocómicos consagrados de humor político son Enrique Pinti y usted. ¿En qué se diferencian?

–Yo hago más humor político y de costumbres, y Enrique tiene más la cosa específica de la política. Él lucha mucho por cambiar la realidad. Yo no lucho por cambiarla: la muestro. Me parece que la realidad es lo que es. Uno por ahí la puede corroer un poco con el humor, pero yo no quiero dar una clase de lo que los políticos deberían hacer.

–La cosa se pone compleja ahora que este mundo globalizado nos trae tantos problemas...

–¡Pero cuándo estuvimos bien! Cuando nos va bien siempre hay alguien encargado de ver cómo lo complica. Si hubieran dejado entrar toda la plata que iba a entrar por la soja, a lo mejor... Pero allá en el Norte también tienen sus cositas. Empezaron a aparecer tipos haciendo la misma mierda de bicicleta que se suele hacer acá. Llegó un momento en el que, con tanta guita en el aire, se cayó todo. Incluso en un país que tiene otra cultura, que es la del crédito y no la del ahorro. Lo que veo medio alucinante es que en las crisis siempre se ayude a los bancos. Con la cantidad de dinero que les han dado podría haberse alimentado a todos los pobres del mundo por lo menos durante una semana. ¡Para mí esa plata no existe! Los norteamericanos tienen un modo muy diferente de ver las cosas respecto de los argentinos: ellos se manejan con el plástico como si fuera guita real. Yo fui una vez, hace un siglo, a Estados Unidos con intención de alquilar una salita chiquita y ¡me dieron tal patada en el culo! En esos países del primer mundo no hay autogestión. En los países de Latinoamérica y del subdesarrollo, si te esforzás, conseguís un laburito, una changuita. Acá, un actor o un escritor a la larga arma algo para salvarse. Allá si no tenés alguien que te gerencie, la carrera de los artistas no existe.

–Desde lo internacional y tras la caída de Wall Street, ¿piensa que los norteamericanos ya no tienen nada para criticarnos?

–¿Te referís al “efecto jazz” del que habló Cristina? ¡Allá la odiaron por eso! Cuando vivimos de inflación en inflación, es ridículo salir a reírnos de un conflicto que ni siquiera sabemos cómo nos a va golpear de rebote. Pero esa es la manera que tiene la Presidenta. De la Rúa tenía la suya, que consistía en no hablar y el estilo de Menem era jugar al golf. Nosotros los elegimos. Las ideologías en la Argentina son raras, si hasta en algún momento en el peronismo entró ¡María Julia Alsogaray!

–¿Puede definir el momento político que vive la Argentina?

–Creo que hay que comprometerse. Incluso comprometerse desde el trabajo que elegiste en la vida, y eso hasta excede lo político. Si te subís a un escenario, lo mismo: a la larga estás tirando algún mensaje. Ahora, si querés participar en política, ¿cómo hacés? Tenés que afiliarte a un partido, chuparle las medias a alguien, por ahí te dan un puestito y si lo mantenés tres años ya tenés chapa de político. ¡Mirá a todos los que inventó Menem! Daniel Scioli va a ser pronto candidato a presidente. La política da la mejor salida laboral. A mí me divierte cuando hablan de la quinta de Palito. La quinta de Palito tiene ¡150 hectáreas! Yo no sé cómo hizo para llegar a eso. No tengo pruebas de nada, entonces no me atrevo a acusar. Pero en la política hay grandes repartijas de plata.

–Un grupo de artistas prestigiosos fueron puestos falsamente en la picota por haber actuado en la
Casa Rosada. Se armó, incluso, una carta abierta de solidaridad con ellos donde se observa con preocupación una campaña periodística que ha acusado a Mercedes Sosa, León Gieco, Teresa Parodi, Adriana Varela y Litto Nebbia, entre otros del campo popular, de haber sido “comprados” para brindar apoyo político al Gobierno. ¿Qué opinión tiene al respecto?

–Los sueldos de esos artistas que cantan en la Casa de Gobierno son altos pero todos ellos se lo merecen. Bueno, en cuanto a aceptar presentarse... cada uno sabrá. Todos los representantes de los que participaron salieron a decir que las sumas denunciadas eran las justas, y que si los contratan en otra parte hubieran ganado eso. Esto de que si los contrata el Gobierno es ético o no, ya se desdibujó. Creo que, de alguna manera, ellos están dando la cara para la propaganda. Si a mí me llegan a llamar agarro, y pediría más o menos la misma plata. Si no, quedás como un boludo que te encerrás en tu casa al pedo. A mí no me van a llamar seguramente. Eso es porque no canto. Ellos cantan.

–¿Cómo ve a la Presidenta?

–Como se la ve en las fotos: ocupada en cambiarse de ropa todos los días. Eso es algo maravilloso que inventó Evita en su momento y consiste en devolverle al pueblo la imagen con la que, se supone, quiere verse reflejado. Evita vivía regalando dentaduras postizas, camas, cosas. Fue una mujer distinta, tocada por el destino. Y murió muy joven, lo que hizo que se llevara el mito a la tumba. Pero, por lo menos, cada vez que abría la boca pedía por la doctrina, por el pueblo. En aquel momento había un matrimonio político. Ahora, por casualidad, hay otro matrimonio gobernando. Él (Kirchner) gobierna y ella (Cristina) sale a explicar. Al ver a esta Eva de hoy el contraste se logra de inmediato. Y si encima observás esa Eva que hace Nacha Guevara, atendiendo a la gente en el despacho vestida de Dior, sacándoles plata a los ministros para dársela a la gente, claro, se ve muy fuerte el contrasentido. En la obra Eva se duerme y los jubilados van y le agradecen. ¡Ahora se le está sacando la jubilación a la gente! El contraste es espantoso. Que el musical de Nacha le sirva a este gobierno como propaganda también es extraño (N. de R.: la obra está producida con fondos de la provincia de Buenos Aires). Es un espectáculo impresionante con un presupuesto sobrenatural.

–¿En la tele de hoy existe espacio para el humor político?

–Creo que no dejan que haya tanto. A todos los que tenemos la lengua larga nos rajaron. Me dijeron en su momento que a mí me había sacado Inés Pertiné, la mujer de De la Rúa. Lo cierto es que nadie que quiera hablar un poquito claro puede estar hoy en la tele. No es casual que tengamos una televisión tan aniñada, tan “adolescentada”. La televisión se achicó en lo económico y los artistas resultamos carísimos de solventar. El resultado es esta tele del panelismo. Los programas se arman con un animador, que en general es nada, junto a cinco personas que se pelean. Si algún panelista dice “¡Callate estúpida! ¡Puta!”, lo llaman seguro para participar en otro panel. Existe una cultura de generar peleas entre la gente frente a la cámara, y hasta muchos consagrados caen en eso.

–El mal de la televisión “tinellizada”.

–Tinelli lo legitima todo. Como dije en mi monólogo del Maipo: si existe una figura excluyente en la tele es él. El argentino adora a los que tienen plata y él es una especie de golden boy millonario. Hay como un culto a eso. Uno tampoco puede desautorizar a los que aparecen instalados en la tele, porque si están ahí es porque venden. No sé qué venden, pero lo venden. Hay todo un engranaje que no se puede desconocer. Yo no soy de los que creen que el pasado fue mejor; la vida es así y pese a todo se va modificando, aparecerán nuevas cosas. Al final, yo soy sólo un cómico. Muy profesional, eso sí, pero un cómico de los saben que trabajan para darle alegría a la gente. 






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