Espectáculos
15.09.2011
Tiene que haber un canto que te despeine
Entrevista a Raúl Castro. Hace 30 años creó, junto a otros compañeros de ruta, Falta y Resto, una murga que con el tiempo conquistó el espacio del mito más que el del reconocimiento. El sábado 17, cuando se suban al escenario del Luna Park, la historia estará dando su giro. Seguirán siendo una murga, con todas las letras, pero ya en pie de igualdad con otras expresiones musicales. Como se lo reconoció ese otro género poco bien tratado, el rap, de la mano de Malena D’Alessio.
Por:
INFOnews
Por Jorge Belaunzarán
Desde que es tal, el mundo cambia. Más que en su esencia, está en su modo de funcionamiento: difícilmente seguiría siendo mundo si no cambiara. Y si, como dice Raúl Castro, uno de los fundadores de la ya mítica murga uruguaya Falta y Resto, no fuera una nave que “nos lleva a miles de kilómetros por hora, girando y alrededor de un sol”, tal vez se podría evitar su conclusión: “¿Y estamos boludeando? ¡Muchachos, vamo arriba!”. Tal vez tan solo eso queda por hacer, ponerle onda, como explica luego. Porque si lo único que se puede es quedarse en ese bólido por más que se sepa que poco de lo que se haga servirá para algo, entonces hay que quedarse con onda.
-¿Alguna vez tuvieron una aceptación tan grande como la que están teniendo ahora en Argentina?
-No. Ha ido creciendo poco a poco, acompañado con el crecimiento del movimiento murguero, que es como un mar que hace subir a todos los barcos. Siento que todos los integrantes lo hacemos por él. Concretamente la Falta ha dado sus pasos importantes con y para el movimiento murguero, y tiene un reconocimiento muy grande. Es como que todos nos potenciamos cada uno desde su identidad. Me parece muy bien que la murga crezca dentro de un movimiento mayor de murgas. Cada uno con sus individualidades, pero todos potenciando a los demás. La palabra hasta hace muy poco tiempo era casi como una mala palabra desde el punto de vista artístico. En el diccionario de la Real Academia, hasta hace pocos años decía grupo de malos músicos para definir la palabra murga. Hoy cambió, pero sobre todo que el género tenga un espacio en el corazón de los latinoamericanos, que es un desafío grande.
-¿Le encuentra relación con el acercamiento de todos los géneros al groove, a algo más rítmico?
-A la murga por suerte le ha tocado estar a favor del tiempo en este momento. Siempre fue igual, pero ahora hay como una conjunción de géneros; es Mano Negra dentro del Cirque du Solei. Pero a la uruguaya. Con dos pesos. Y con las voces. Inventar mil ideas para la cabeza de la gente, con ese sonido y esa música y esa rítmica que empieza a ser ya continental, diría, de Calle 13 a los Chalchaleros; y está bueno. Y está bueno que cada uno se diferencia de acuerdo a las características que tiene el género. La murga por ejemplo incorpora la comedia, la risa, la alegría, tiene que haber carcajada, un momento desopilante, instantes de afloje, porque después viene el mazazo. Y para estar abierto para el mazazo tenés que estar flojito, y eso lo logra la carcajada. Además sin escenografía prácticamente. Aunque esta vez en el Luna vamos a tener una pantalla con un laburo especial de Soledad Castro, que es mi hija y es cineasta. Pero normalmente la murga es un género que es como el fútbol: puede funcionar con una pelota jabulani en el Monumental, y con una pelotita de papel en la oficina. La murga es un poco eso. Tiene que haber buenas ideas, una buena poética y un canto que te despeine. Qué bien cantan estos tipos, pero qué polenta tienen cuando cantan todos juntos y cuando cantan solos. Tiene que ser asombroso. Y desde ahí, apuesto a que cambia la realidad.
-En el imaginario la murga es abierta, libre, anda por las calles, y en Luna Park hay una puesta en escena. ¿Cómo es ese cambio?
-La murga nace en el Uruguay y se propaga porque se propaga el canto de las esquinas. Antes de los años 60, cuando se populariza la televisión en el Uruguay, y sobre todo abonado por las épocas de bonanza de la Segunda Guerra Mundial, la gente tiene un buen vivir, los lugares de diversión no abundan, y sale a las esquinas a convivir su vida social en lo que son los tablados de Montevideo, que llegaron a ser más de 200. Durante un mes y medio había 300 escenarios en la Capital. Iban caminando los grupos de tablado al otro durante 30, 40 noches que es lo que duraba el carnaval. Pero eso también fomentaba que en las esquinas hubiera canto, que cuatro, cinco, diez muchachos cantaran: boleros, tangos; se cantaba en común. Hay toda una cultura por eso. Entonces no nos queda mal. No nos chinga la sisa cuando nosotros tratamos de cantar como si fuera en la esquina cosas que parecen ser del mundo entero. Lo que se ha ido mejorando es esa puesta en escena. En un momento fuimos a bucear en el trabajo teatral de las grandes escuelas. Hoy estamos en un momento de gran austeridad y de gran anarquía del grupo, donde lo único que importa es respetar el espacio del otro, pero en la mayor de las libertades coreográficas. No hay nada marcado. Esa puesta en escena que parece tan trabajada proviene solamente de la puesta en escena musical. Y se van y vienen los tipos de escena cuando les parece a ellos, no hay ningún director que diga: acá va a pasar tal cosa, no hay un puestita en escena; la hay desde lo grupal. Es un momento de mucha madurez en ese sentido, de expresividad del grupo. Así como la libertad te da determinados beneficios, te da determinadas obligaciones. A ver cómo entendés el espectáculo, y cómo lo vas a representar físicamente. Y está bueno, porque pasan cosas muy interesantes, muy cómicas, muy amables, otras shockeantes, y todas muy para arriba. Desde ese lugar está buena esa transformación que tuvo de canto esquinero en puesta en escena. La Falta tiene 30 años. Se ha propagado, y la murga también se ha propagado, y nunca tuvo un video clip. Vamos a hacerlo por primera vez ahora. También es un milagro jajaja. ¿Cómo llegamos nosotros acá? ¿Quién nos trajo en este coche? Y bueno ahora hay que seguir. Aprovechar y seguir: sube un pibe al ómnibus a cantar y te canta una canción tuya. ¡Epa! ¡Qué es esto!
-¿Y cómo llegaron hasta acá?
-Y, amigos. Creo que amigos. Como Alberto Felice, nuestro productor, que hace 15 años nos trae a la Argentina, que apostó, se la jugó en momentos muy difíciles, cuando la murga era una mala palabra. Y antes, a la formación, al país, a la chance que nos dio tener que luchar contra una dictadura, la chance que nos dio la vida de darnos el instrumento de la murga. Los amigos que nos dieron manija y aliento, y alojamiento. Y comida.
-¿La dictadura les dio una chance?
-No sabía que era una oportunidad, pero al final terminó siendo. A mí me pusieron una bomba en mi casa. Me echaron del Uruguay, me echaron de España los milicos de Franco, volví al Uruguay, no pude hacer murga hasta el año 80. Y ese año sacamos la Falta. Y la sacamos con el oscuro derrotero de ayudar, en un movimiento cultural, a voltear la dictadura. Y ahí en ese camino nos fuimos enterando de los desaparecidos, fuimos denunciando. El primer lugar que se denunció el tema de Elena Quintero, que fue la primer desaparecida denunciada en Uruguay, fue desde la despedida (momento en que la murga se va) de la Falta. La madre me contó la historia a mí en una mesa de boliche como esta y yo le pedí permiso y la conté en la despedida de Falta y Resto. La gente no sabía que había desaparecido. Después que cayó la dictadura estábamos con el instrumento en la mano: ¿y qué hacemos ahora? También puede servir para construir, y reconstruir, y para aprender en el grupo, que te enseña, te hace más paciente, más comprensivo, que no todo es tan tremendo como cuando está viviendo las cosas, ni para bien ni para mal. Eso no quiere decir perder la pasión, al contrario; pero hay que mantener la calma, disfrutar lo lindo mucho más que sufrir lo feo.
-¿Le llama la atención que este mundo tan diferente al que se proponía su generación, la generación que creó Falta y Resto, resulte ser el que los acepta con mayor agrado?
-Decía (Daniel) Viglietti: las cosas que están pasando es cosa de no creerlo/ y eso que estuve toda mi vida pa' verlo/ voy a sacarme el antojo cuando se hayan realizado/ de verle a muchos los ojos como botines cambiados. Yo en un momento determinado de la historia pensé que eso no iba a suceder nunca. Y resulta que ahora soy yo el que tiene los ojos como botines cambiados. Por ejemplo: el Pepe Mujica (presidente de Uruguay), hace 30 años, cuando la Falta empezó, estaba metido adentro de un calabozo en condiciones infrahumanas; estuvo 14 años preso. Hoy es el presidente de la República. Y el Ñato Huidobro, que era el otro cabecilla Tupamaro, estaba en el calabozo de al lado, y hoy es el Ministro de Defensa, al cual le hacen la veña todos los militares; inclusive aquellos que probablemente lo torturaron. En Uruguay no hay todavía justicia ni verdad. Esa figurita falta en el álbum. Parece raro, pero la realidad supera la imaginación. Nunca pensé, hace 10 años, que esta sería la realidad de hoy, pero es. El artista tiene un poco la obligación de tratar de anticiparse a la realidad. A veces le pegás y a veces no. No creí que iba a ser tan rápido el cambio político, y tal vez tan lento el económico, que es lo que la gente muchas veces piensa: los Tupamaros llegaron al poder; bueno, vamos a hacer la reforma agraria y no sé qué más. No, no es tan sencillo. También hay que ver que lo que se está tratando de hacer nunca se hizo, es prueba error también. Porque en los libros somos todos crack, pero cuando hay que ir a jugar el partido...
-¿Y tiene miedo de creérsela?
-Y, tenés que tener cuidado. Es Atahualpa (Yupanqui): La vanidad es yuyo malo que envenena toda huerta/ es preciso estar alerta manejando el asadón/ pero no falta el varón que la riegue hasta en su puerta. Y es verdad. Hay que tener un cuidado bárbaro porque... no le ganamos a nadie muchachos jajaja. Uno tiene que estar atento. Es un riesgo, pero prefiero correr este riesgo, tener estas responsabilidades, tratando de no creertelá y haciendo cosas cada vez más importantes. No está todo bien, hay un muro que divide el Uruguay y uno que divide la Argentina. Es un muro económico. Hay gente que vive adentro, que somos nosotros, y hay gente fuera del mundo y ve la parte de adentro como si fuera un Gran Hermano; y ansía estar ahí adentro y ver cómo puede hacer para tener lo que tienen esos tipos. Yo con la murga lo hago con la palabra cantada, con alegría teatralizada, y ahí me parece que tengo un lindo laburito para hacer. Tirar onda, bah. De última nuestra tarea es tirar onda.
-¿Cómo imagina el futuro de la Falta?
-Como si fuera un pequeño barquito ágil y trotamundos, que sin muchas estructuras burocráticas pudiera seguir propagando la murga por todo el mundo, haciendo algún taller y dentro de cinco años habiendo avanzado bastante en la comunicación, en la extensión del género sobre todo en los países de habla hispana. Me gustaría llegara Colombia, Ecuador, Venezuela con temporadas como hacemos en Argentina.
-De hecho en el Luna van a tocar con Malena D’ Alessio, de Actitud María Marta.
-La fusión que hicimos entre rap y murga dio un resultado bárbaro este último año. Y justamente, al Luna traemos un folclorista de Cosquín, y vamos a hacer un tema tratando de mezclar el coro murguero con el folclore, y viene Francis Andreu que es una cantante de tango, haciendo una prueba más desde lo textual, ahí, que desde lo genérico musical. Y D’ Alessio va por corte, hay un parte de murga y otra en la que ella rapea. Y la parte de ella se la escribió ella. Y quise que sea así: tenés que estar cómoda en tus palabras, porque tu arte no es el mío; golpea y acaricia a su forma, y nosotros a la nuestra. Queda bien, como el verde al lado del rojo. Raro, pero está bueno. Al murguero clásico le costó mucho, y eso que hicimos adaptaciones de distintos géneros. Como me dijo un borracho en el Malvino, uno de los tablados de Montevideo: sos un fenómeno flaco, metiste una vedete adelante de una murga y la gente te aplaude jaja.
-¿Cómo fue el encuentro con D’ Alessio?
-Estábamos en México conviviendo juntos en una casa del Colegio Salesiano con músicos de todas las nacionalidades que participaban en el Festival de Ollin Kan, que es un festival muy grande de música de todo el mundo. Y los muchachos de la murga se pusieron a cantar. Y modestia aparte son todos muy buenos cantores, y empezaron a cantar todos los ritmos. Y de repente se pusieron a cantar murga y los músicos empiezan a bajar de las habitaciones. Lo nuevo, ¿no? Y entre las que aparecieron estaban Malena y la otra cantante de Actitud. Y en un momento estamos en el estribillo de un tema y ella se pone a rapear arriba, nos fuimos contestando. Y cuando se corta eso, viene la Malena y le dice al Mono: ¿y vos que hacés? Yo hago escrache, ¿y vos? Yo también le dice Malena, mirá qué casualidad (Malena es hija de desparecidos y formó parte de la agrupación Hijos). *
Desde que es tal, el mundo cambia. Más que en su esencia, está en su modo de funcionamiento: difícilmente seguiría siendo mundo si no cambiara. Y si, como dice Raúl Castro, uno de los fundadores de la ya mítica murga uruguaya Falta y Resto, no fuera una nave que “nos lleva a miles de kilómetros por hora, girando y alrededor de un sol”, tal vez se podría evitar su conclusión: “¿Y estamos boludeando? ¡Muchachos, vamo arriba!”. Tal vez tan solo eso queda por hacer, ponerle onda, como explica luego. Porque si lo único que se puede es quedarse en ese bólido por más que se sepa que poco de lo que se haga servirá para algo, entonces hay que quedarse con onda.
-¿Alguna vez tuvieron una aceptación tan grande como la que están teniendo ahora en Argentina?
-No. Ha ido creciendo poco a poco, acompañado con el crecimiento del movimiento murguero, que es como un mar que hace subir a todos los barcos. Siento que todos los integrantes lo hacemos por él. Concretamente la Falta ha dado sus pasos importantes con y para el movimiento murguero, y tiene un reconocimiento muy grande. Es como que todos nos potenciamos cada uno desde su identidad. Me parece muy bien que la murga crezca dentro de un movimiento mayor de murgas. Cada uno con sus individualidades, pero todos potenciando a los demás. La palabra hasta hace muy poco tiempo era casi como una mala palabra desde el punto de vista artístico. En el diccionario de la Real Academia, hasta hace pocos años decía grupo de malos músicos para definir la palabra murga. Hoy cambió, pero sobre todo que el género tenga un espacio en el corazón de los latinoamericanos, que es un desafío grande.
-¿Le encuentra relación con el acercamiento de todos los géneros al groove, a algo más rítmico?
-A la murga por suerte le ha tocado estar a favor del tiempo en este momento. Siempre fue igual, pero ahora hay como una conjunción de géneros; es Mano Negra dentro del Cirque du Solei. Pero a la uruguaya. Con dos pesos. Y con las voces. Inventar mil ideas para la cabeza de la gente, con ese sonido y esa música y esa rítmica que empieza a ser ya continental, diría, de Calle 13 a los Chalchaleros; y está bueno. Y está bueno que cada uno se diferencia de acuerdo a las características que tiene el género. La murga por ejemplo incorpora la comedia, la risa, la alegría, tiene que haber carcajada, un momento desopilante, instantes de afloje, porque después viene el mazazo. Y para estar abierto para el mazazo tenés que estar flojito, y eso lo logra la carcajada. Además sin escenografía prácticamente. Aunque esta vez en el Luna vamos a tener una pantalla con un laburo especial de Soledad Castro, que es mi hija y es cineasta. Pero normalmente la murga es un género que es como el fútbol: puede funcionar con una pelota jabulani en el Monumental, y con una pelotita de papel en la oficina. La murga es un poco eso. Tiene que haber buenas ideas, una buena poética y un canto que te despeine. Qué bien cantan estos tipos, pero qué polenta tienen cuando cantan todos juntos y cuando cantan solos. Tiene que ser asombroso. Y desde ahí, apuesto a que cambia la realidad.
-En el imaginario la murga es abierta, libre, anda por las calles, y en Luna Park hay una puesta en escena. ¿Cómo es ese cambio?
-La murga nace en el Uruguay y se propaga porque se propaga el canto de las esquinas. Antes de los años 60, cuando se populariza la televisión en el Uruguay, y sobre todo abonado por las épocas de bonanza de la Segunda Guerra Mundial, la gente tiene un buen vivir, los lugares de diversión no abundan, y sale a las esquinas a convivir su vida social en lo que son los tablados de Montevideo, que llegaron a ser más de 200. Durante un mes y medio había 300 escenarios en la Capital. Iban caminando los grupos de tablado al otro durante 30, 40 noches que es lo que duraba el carnaval. Pero eso también fomentaba que en las esquinas hubiera canto, que cuatro, cinco, diez muchachos cantaran: boleros, tangos; se cantaba en común. Hay toda una cultura por eso. Entonces no nos queda mal. No nos chinga la sisa cuando nosotros tratamos de cantar como si fuera en la esquina cosas que parecen ser del mundo entero. Lo que se ha ido mejorando es esa puesta en escena. En un momento fuimos a bucear en el trabajo teatral de las grandes escuelas. Hoy estamos en un momento de gran austeridad y de gran anarquía del grupo, donde lo único que importa es respetar el espacio del otro, pero en la mayor de las libertades coreográficas. No hay nada marcado. Esa puesta en escena que parece tan trabajada proviene solamente de la puesta en escena musical. Y se van y vienen los tipos de escena cuando les parece a ellos, no hay ningún director que diga: acá va a pasar tal cosa, no hay un puestita en escena; la hay desde lo grupal. Es un momento de mucha madurez en ese sentido, de expresividad del grupo. Así como la libertad te da determinados beneficios, te da determinadas obligaciones. A ver cómo entendés el espectáculo, y cómo lo vas a representar físicamente. Y está bueno, porque pasan cosas muy interesantes, muy cómicas, muy amables, otras shockeantes, y todas muy para arriba. Desde ese lugar está buena esa transformación que tuvo de canto esquinero en puesta en escena. La Falta tiene 30 años. Se ha propagado, y la murga también se ha propagado, y nunca tuvo un video clip. Vamos a hacerlo por primera vez ahora. También es un milagro jajaja. ¿Cómo llegamos nosotros acá? ¿Quién nos trajo en este coche? Y bueno ahora hay que seguir. Aprovechar y seguir: sube un pibe al ómnibus a cantar y te canta una canción tuya. ¡Epa! ¡Qué es esto!
-¿Y cómo llegaron hasta acá?
-Y, amigos. Creo que amigos. Como Alberto Felice, nuestro productor, que hace 15 años nos trae a la Argentina, que apostó, se la jugó en momentos muy difíciles, cuando la murga era una mala palabra. Y antes, a la formación, al país, a la chance que nos dio tener que luchar contra una dictadura, la chance que nos dio la vida de darnos el instrumento de la murga. Los amigos que nos dieron manija y aliento, y alojamiento. Y comida.
-¿La dictadura les dio una chance?
-No sabía que era una oportunidad, pero al final terminó siendo. A mí me pusieron una bomba en mi casa. Me echaron del Uruguay, me echaron de España los milicos de Franco, volví al Uruguay, no pude hacer murga hasta el año 80. Y ese año sacamos la Falta. Y la sacamos con el oscuro derrotero de ayudar, en un movimiento cultural, a voltear la dictadura. Y ahí en ese camino nos fuimos enterando de los desaparecidos, fuimos denunciando. El primer lugar que se denunció el tema de Elena Quintero, que fue la primer desaparecida denunciada en Uruguay, fue desde la despedida (momento en que la murga se va) de la Falta. La madre me contó la historia a mí en una mesa de boliche como esta y yo le pedí permiso y la conté en la despedida de Falta y Resto. La gente no sabía que había desaparecido. Después que cayó la dictadura estábamos con el instrumento en la mano: ¿y qué hacemos ahora? También puede servir para construir, y reconstruir, y para aprender en el grupo, que te enseña, te hace más paciente, más comprensivo, que no todo es tan tremendo como cuando está viviendo las cosas, ni para bien ni para mal. Eso no quiere decir perder la pasión, al contrario; pero hay que mantener la calma, disfrutar lo lindo mucho más que sufrir lo feo.
-¿Le llama la atención que este mundo tan diferente al que se proponía su generación, la generación que creó Falta y Resto, resulte ser el que los acepta con mayor agrado?
-Decía (Daniel) Viglietti: las cosas que están pasando es cosa de no creerlo/ y eso que estuve toda mi vida pa' verlo/ voy a sacarme el antojo cuando se hayan realizado/ de verle a muchos los ojos como botines cambiados. Yo en un momento determinado de la historia pensé que eso no iba a suceder nunca. Y resulta que ahora soy yo el que tiene los ojos como botines cambiados. Por ejemplo: el Pepe Mujica (presidente de Uruguay), hace 30 años, cuando la Falta empezó, estaba metido adentro de un calabozo en condiciones infrahumanas; estuvo 14 años preso. Hoy es el presidente de la República. Y el Ñato Huidobro, que era el otro cabecilla Tupamaro, estaba en el calabozo de al lado, y hoy es el Ministro de Defensa, al cual le hacen la veña todos los militares; inclusive aquellos que probablemente lo torturaron. En Uruguay no hay todavía justicia ni verdad. Esa figurita falta en el álbum. Parece raro, pero la realidad supera la imaginación. Nunca pensé, hace 10 años, que esta sería la realidad de hoy, pero es. El artista tiene un poco la obligación de tratar de anticiparse a la realidad. A veces le pegás y a veces no. No creí que iba a ser tan rápido el cambio político, y tal vez tan lento el económico, que es lo que la gente muchas veces piensa: los Tupamaros llegaron al poder; bueno, vamos a hacer la reforma agraria y no sé qué más. No, no es tan sencillo. También hay que ver que lo que se está tratando de hacer nunca se hizo, es prueba error también. Porque en los libros somos todos crack, pero cuando hay que ir a jugar el partido...
-¿Y tiene miedo de creérsela?
-Y, tenés que tener cuidado. Es Atahualpa (Yupanqui): La vanidad es yuyo malo que envenena toda huerta/ es preciso estar alerta manejando el asadón/ pero no falta el varón que la riegue hasta en su puerta. Y es verdad. Hay que tener un cuidado bárbaro porque... no le ganamos a nadie muchachos jajaja. Uno tiene que estar atento. Es un riesgo, pero prefiero correr este riesgo, tener estas responsabilidades, tratando de no creertelá y haciendo cosas cada vez más importantes. No está todo bien, hay un muro que divide el Uruguay y uno que divide la Argentina. Es un muro económico. Hay gente que vive adentro, que somos nosotros, y hay gente fuera del mundo y ve la parte de adentro como si fuera un Gran Hermano; y ansía estar ahí adentro y ver cómo puede hacer para tener lo que tienen esos tipos. Yo con la murga lo hago con la palabra cantada, con alegría teatralizada, y ahí me parece que tengo un lindo laburito para hacer. Tirar onda, bah. De última nuestra tarea es tirar onda.
-¿Cómo imagina el futuro de la Falta?
-Como si fuera un pequeño barquito ágil y trotamundos, que sin muchas estructuras burocráticas pudiera seguir propagando la murga por todo el mundo, haciendo algún taller y dentro de cinco años habiendo avanzado bastante en la comunicación, en la extensión del género sobre todo en los países de habla hispana. Me gustaría llegara Colombia, Ecuador, Venezuela con temporadas como hacemos en Argentina.
-De hecho en el Luna van a tocar con Malena D’ Alessio, de Actitud María Marta.
-La fusión que hicimos entre rap y murga dio un resultado bárbaro este último año. Y justamente, al Luna traemos un folclorista de Cosquín, y vamos a hacer un tema tratando de mezclar el coro murguero con el folclore, y viene Francis Andreu que es una cantante de tango, haciendo una prueba más desde lo textual, ahí, que desde lo genérico musical. Y D’ Alessio va por corte, hay un parte de murga y otra en la que ella rapea. Y la parte de ella se la escribió ella. Y quise que sea así: tenés que estar cómoda en tus palabras, porque tu arte no es el mío; golpea y acaricia a su forma, y nosotros a la nuestra. Queda bien, como el verde al lado del rojo. Raro, pero está bueno. Al murguero clásico le costó mucho, y eso que hicimos adaptaciones de distintos géneros. Como me dijo un borracho en el Malvino, uno de los tablados de Montevideo: sos un fenómeno flaco, metiste una vedete adelante de una murga y la gente te aplaude jaja.
-¿Cómo fue el encuentro con D’ Alessio?
-Estábamos en México conviviendo juntos en una casa del Colegio Salesiano con músicos de todas las nacionalidades que participaban en el Festival de Ollin Kan, que es un festival muy grande de música de todo el mundo. Y los muchachos de la murga se pusieron a cantar. Y modestia aparte son todos muy buenos cantores, y empezaron a cantar todos los ritmos. Y de repente se pusieron a cantar murga y los músicos empiezan a bajar de las habitaciones. Lo nuevo, ¿no? Y entre las que aparecieron estaban Malena y la otra cantante de Actitud. Y en un momento estamos en el estribillo de un tema y ella se pone a rapear arriba, nos fuimos contestando. Y cuando se corta eso, viene la Malena y le dice al Mono: ¿y vos que hacés? Yo hago escrache, ¿y vos? Yo también le dice Malena, mirá qué casualidad (Malena es hija de desparecidos y formó parte de la agrupación Hijos). *







