Espectáculos
14.09.2011
Una ilusión riesgosa
Los aparatos hoy gozan de mayor credibilidad que el buen juicio de los médicos.
Por:
INFOnews
Por Daniel Flichtentrei
Es mala toda medicina que no tome en cuenta las necesidades de un enfermo o que le ocasione daño. La descontrolada proliferación de recursos tecnológicos alteró la valoración del acto médico, un vínculo esencialmente humano, así como del juicio clínico. Se sabe que algunas intervenciones resultan más riesgosas que sus beneficios esperables. Los exámenes complementarios nos permitieron reconocer y tratar enfermedades hasta no hace mucho incurables. Pero ¿qué ocurre cuando dejan de funcionar como auxiliares del criterio clínico para convertirse en el acto médico mismo?
Nada de esto sería posible sin el cambio cultural que le da sustento y lo legitima. Las personas hemos convertido la tecnología en nuestra segunda naturaleza. La confianza que generan los resultados de los estudios se ubica por encima del criterio que debería orientarlos. Todos reclaman que la imagen o la cifra les dé garantías de que lo que sienten fue por fin encontrado. Los aparatos hablan la lengua que hoy goza de la mayor credibilidad. La frenética búsqueda de la certeza es un intento desesperado por conjurar la incertidumbre intrínseca al ejercicio de la medicina. No se trata únicamente de que los médicos prescriban estudios innecesarios, sino también de que esa multiplicación de exámenes es considerada por muchos profesionales, pero también por sus pacientes, como el único modo de ejercer la medicina.
La nota completa, en la edición impresa de Newsweek
Es mala toda medicina que no tome en cuenta las necesidades de un enfermo o que le ocasione daño. La descontrolada proliferación de recursos tecnológicos alteró la valoración del acto médico, un vínculo esencialmente humano, así como del juicio clínico. Se sabe que algunas intervenciones resultan más riesgosas que sus beneficios esperables. Los exámenes complementarios nos permitieron reconocer y tratar enfermedades hasta no hace mucho incurables. Pero ¿qué ocurre cuando dejan de funcionar como auxiliares del criterio clínico para convertirse en el acto médico mismo?
Nada de esto sería posible sin el cambio cultural que le da sustento y lo legitima. Las personas hemos convertido la tecnología en nuestra segunda naturaleza. La confianza que generan los resultados de los estudios se ubica por encima del criterio que debería orientarlos. Todos reclaman que la imagen o la cifra les dé garantías de que lo que sienten fue por fin encontrado. Los aparatos hablan la lengua que hoy goza de la mayor credibilidad. La frenética búsqueda de la certeza es un intento desesperado por conjurar la incertidumbre intrínseca al ejercicio de la medicina. No se trata únicamente de que los médicos prescriban estudios innecesarios, sino también de que esa multiplicación de exámenes es considerada por muchos profesionales, pero también por sus pacientes, como el único modo de ejercer la medicina.
La nota completa, en la edición impresa de Newsweek







