Espectáculos
22.09.2011
"El arte es una mentira que sirve para decir verdades"
Mirta Kupferminc celebra sus 30 años de docencia con "Malabares" (Ciclo de exposiciones y charlas) en la Galería Objeto A.
Por:
INFOnews
Por Eugenio Palma Genovés
Entrar al taller de un artista dice mucho. El espacio en donde se mueve tiene su impronta, objetos y energía. Por lo general se ven lienzos en distintas instancias de acabado. Piezas chicas en atriles, telas gigantes, fotos familiares y recuerdos. Todo eso encontré en el estudio de Mirta Kupferminc. Todo eso y sus tablones. Si, grandes tablones en donde sus alumnos trabajan regularmente en sus clases. “Hora del recambio” me dice una asistente, que se encuentra rodeada de alumnos que se despiden y saludan a una mujer con besos y abrazos. Esa mujer en el centro de la escena es Mirta, artista, docente, pisciana, atractiva y magnética. Una de de esas personas que inmediatamente te dan ganas de conocer.
Y así sin mas, café mediante, nos sentamos a charlar ella y yo. Empezamos por el final y terminamos por el principio. Eso nos lleva a la actualidad y el ciclo de exposiciones y charlas bajo el nombre de “Malabares” que presenta en la “Galería Objeto A” hasta el mes de Diciembre.
“Esto surgió espontáneamente con motivo de celebrar 30 años del taller. En donde hay tres primeras muestras de ex alumnos formados acá. Y la última muestra se compone de 26 alumnos actuales.”
Me nombra a Vivi Romay, curadora y ex alumna, como su “mano derecha” y me cuenta que la idea no es hacer una retrospectiva u homenaje sino celebrar la manera en que un profesor puede acompañar, aún a la distancia y en el tiempo, a quienes se formaron en ese lugar. “Los ex alumnos son hijos que ahora viven en otras casas, y ya están todos trabajando como artistas”.
Largar a los “hijos” al ruedo pero con la mirada protectora de Mirta, quien es muy posesiva, y entre risas lo reconoce. Bromea con que siempre los deja ir pero nunca dejan de ser suyos.
La consigna de unificación para el ciclo de exposiciones es la diversidad y el respeto por la misma. Aclara que no es una muestra colectiva sino una suma de muestras individuales. La idea es ver como cada uno es diferente y genera su propia identidad aunque provenga del mismo lugar. “A mi no me interesa el alumno pegote que hace lo mismo que yo. En una clase con 15 personas digo una consigna que a mi me parece unívoca, clarísima, y las 15 personas hacen un producto diferente”.
En palabras de Picasso: “el arte es una mentira que sirve para decir verdades”, y eso nos enfoca en la labor social, no del docente en este caso si no del artista. El mismo tiene un arma de comunicación muy fuerte y, mediante su trabajo, permite a la gente acercarse a lugares que tal vez de otra manera sea demasiado doloroso. Decir que el arte es una mentira es reconocer su capacidad representativa: “yo como artista tengo una función social de transmisión, no puedo dejar de estar atravesada por la historia de mis padres porque crecí abrazada por brazos numerados, son historias que siempre escuche y me enseñaron a tener la sonrisa que tengo a pesar de todo, esto atraviesa no solo mi obra sino también mi vida y la de mis hijos”.
A lo que Mirta se refiere es al escape de sus padres del campo de concentración de Auswichtz y eso nos lleva a reconocer temas puntuales en su obra como son: la memoria, el exilio, las migraciones y las marcas internas y externas. “Yo soy una trabajadora, pinto todo el tiempo y de pronto mientras hago voy entendiendo lo que estoy haciendo, no es que me propongo antes, a posteriori reconozco temas puntuales en mi obra, que son los que constituyen lo que soy y lo que siento”.
De vuelta a la docencia le pregunto sobre su legado, “las técnicas se aprenden pero lo importante es entender quién sos y que querés hacer”. Reconoce y marca lo que se repite en la obra de sus alumnos. El hilo conductor. Potencia las fortalezas y descarta las limitaciones. Trata de no dar soluciones, sino mostrar los problemas. Y en sus clases no solo se pinta, también se ven otros aspectos del mundo del arte, como es la relación con el mercado, los galeristas y medios de comunicación.
Nos despedimos hablando de su familia, su marido quien se desempeña como Director de la Fundación Huésped y de sus hijos también activos en el tema social. Y si bien Mirta pasa sus horas en el taller, le encanta recibir gente en su casa, “no me hago problemas por alegrías, yo no soy cocinera y siempre digo que el próximo cacerolazo salgo con los imanes del delivery”. Mientras me marcho, una nueva camada de alumnos entra al taller.
MALABARES
Mirta Kupferminc
celebra sus 30 años de docencia.
Ciclo de exposiciones y charlas.
Galería Objeto A (Niceto Vega 5181)
Martes a sabados de 16 a 20 hs.
+ info: www.objeto-a.com.ar
Entrar al taller de un artista dice mucho. El espacio en donde se mueve tiene su impronta, objetos y energía. Por lo general se ven lienzos en distintas instancias de acabado. Piezas chicas en atriles, telas gigantes, fotos familiares y recuerdos. Todo eso encontré en el estudio de Mirta Kupferminc. Todo eso y sus tablones. Si, grandes tablones en donde sus alumnos trabajan regularmente en sus clases. “Hora del recambio” me dice una asistente, que se encuentra rodeada de alumnos que se despiden y saludan a una mujer con besos y abrazos. Esa mujer en el centro de la escena es Mirta, artista, docente, pisciana, atractiva y magnética. Una de de esas personas que inmediatamente te dan ganas de conocer.
Y así sin mas, café mediante, nos sentamos a charlar ella y yo. Empezamos por el final y terminamos por el principio. Eso nos lleva a la actualidad y el ciclo de exposiciones y charlas bajo el nombre de “Malabares” que presenta en la “Galería Objeto A” hasta el mes de Diciembre.
“Esto surgió espontáneamente con motivo de celebrar 30 años del taller. En donde hay tres primeras muestras de ex alumnos formados acá. Y la última muestra se compone de 26 alumnos actuales.”
Me nombra a Vivi Romay, curadora y ex alumna, como su “mano derecha” y me cuenta que la idea no es hacer una retrospectiva u homenaje sino celebrar la manera en que un profesor puede acompañar, aún a la distancia y en el tiempo, a quienes se formaron en ese lugar. “Los ex alumnos son hijos que ahora viven en otras casas, y ya están todos trabajando como artistas”.
Largar a los “hijos” al ruedo pero con la mirada protectora de Mirta, quien es muy posesiva, y entre risas lo reconoce. Bromea con que siempre los deja ir pero nunca dejan de ser suyos.
La consigna de unificación para el ciclo de exposiciones es la diversidad y el respeto por la misma. Aclara que no es una muestra colectiva sino una suma de muestras individuales. La idea es ver como cada uno es diferente y genera su propia identidad aunque provenga del mismo lugar. “A mi no me interesa el alumno pegote que hace lo mismo que yo. En una clase con 15 personas digo una consigna que a mi me parece unívoca, clarísima, y las 15 personas hacen un producto diferente”.
En palabras de Picasso: “el arte es una mentira que sirve para decir verdades”, y eso nos enfoca en la labor social, no del docente en este caso si no del artista. El mismo tiene un arma de comunicación muy fuerte y, mediante su trabajo, permite a la gente acercarse a lugares que tal vez de otra manera sea demasiado doloroso. Decir que el arte es una mentira es reconocer su capacidad representativa: “yo como artista tengo una función social de transmisión, no puedo dejar de estar atravesada por la historia de mis padres porque crecí abrazada por brazos numerados, son historias que siempre escuche y me enseñaron a tener la sonrisa que tengo a pesar de todo, esto atraviesa no solo mi obra sino también mi vida y la de mis hijos”.
A lo que Mirta se refiere es al escape de sus padres del campo de concentración de Auswichtz y eso nos lleva a reconocer temas puntuales en su obra como son: la memoria, el exilio, las migraciones y las marcas internas y externas. “Yo soy una trabajadora, pinto todo el tiempo y de pronto mientras hago voy entendiendo lo que estoy haciendo, no es que me propongo antes, a posteriori reconozco temas puntuales en mi obra, que son los que constituyen lo que soy y lo que siento”.
De vuelta a la docencia le pregunto sobre su legado, “las técnicas se aprenden pero lo importante es entender quién sos y que querés hacer”. Reconoce y marca lo que se repite en la obra de sus alumnos. El hilo conductor. Potencia las fortalezas y descarta las limitaciones. Trata de no dar soluciones, sino mostrar los problemas. Y en sus clases no solo se pinta, también se ven otros aspectos del mundo del arte, como es la relación con el mercado, los galeristas y medios de comunicación.
Nos despedimos hablando de su familia, su marido quien se desempeña como Director de la Fundación Huésped y de sus hijos también activos en el tema social. Y si bien Mirta pasa sus horas en el taller, le encanta recibir gente en su casa, “no me hago problemas por alegrías, yo no soy cocinera y siempre digo que el próximo cacerolazo salgo con los imanes del delivery”. Mientras me marcho, una nueva camada de alumnos entra al taller.
MALABARES
Mirta Kupferminc
celebra sus 30 años de docencia.
Ciclo de exposiciones y charlas.
Galería Objeto A (Niceto Vega 5181)
Martes a sabados de 16 a 20 hs.
+ info: www.objeto-a.com.ar







