Espectáculos
26.09.2011
Una jornada cultural para hacer visible el trabajo de los cartoneros de La Plata
Artistas y fileteadores, junto a los vecinos, pintaron los carros en la plaza de La Unión
Por:
INFOnews
La placita de los carreros, ubicada entre el barrio La Unión (122 y 521), uno de los núcleos del Plan Federal de Viviendas, y la autopista Buenos Aires La Plata, se convirtió ayer en escenario de dignidad, cuando cartoneros de ese lugar, y otros que llegaron desde barriadas populares vecinas y no tanto, se acercaron para pintar sus carros, herramientas fundamentales para ganarse la vida a diario.
Y los chicos se convirtieron en protagonistas fundamentales de la jornada. Empuñaron pinceles y rodillos, se llenaron de pintura hasta a la cabeza y disfrutaron, al final, de una buena chocolatada, servida por las distintas organizaciones convocadas por el Galpón de Tolosa, promotora de la actividad.
Los integrantes del Galpón de Tolosa bautizaron la movida como una Jornada Artístico Cultural. El objetivo fue intervenir con creatividad “sobre los problemas de las personas y las familias que están detrás de cada carro”.
“La idea es ayudarlos a visibilizarse”, dice Federico Pérez Aznar, y los colores ayudan. De a poco, el marrón opaco de las maderas adquiere atractivos colores, con la mano precisa de los artistas plásticos, muralistas, y grafiteros.
Entre los artistas plásticos estuvieron los miembros de la Comisión de Artística del Galpón de Tolosa, incluido su grupo de circo social, y se sumaron Chempes, el fileteador Yapan, el colectivo artístico La Olla, el Centro Cultural Ojo Abierto, y el artista Requecho.
SER VISIBLES. “Son miles, invisibles, que recorren la ciudad, recibiendo solidaridad, pero también hostilidades y discriminación. Ellos no tienen obra social, ni jubilación, y su salario lo pelean hora a hora, de lunes a lunes”, decía la convocatoria, y lo ratifica Gabriel Silva, uno de los jóvenes carreros.
Junto a él estaban Kevin, de 6 años; y su hermanito Germán, de 2, orgulloso con su camiseta de Boca. Gabriel es un joven de gesto adusto y frente alta, y oficio de anfitrión de la movida. “Yo vivo ahí enfrente”, dice, y señala una de las casas de dos plantas, esas que se ven en serie, todas igualitas, desde los autos que llegan a la ciudad por la Autopista, a 120 kilómetros por hora.
“No mires mi pobreza, sino mirá mi esfuerzo”, cita Silva una frase de su propia autoría, y adelanta que será lo que pintará en la parte trasera de su carro, que de a poco empieza a adquirir tonalidades brillantes que van del celeste al blanco, con detalles en amarillo y rojo.
El hombre tiene un trabajo “más formal” de mañana, pero no le alcanza. Por la tarde gana las calles del centro en busca del material que el resto de la comunidad descarta. “Ahora estamos un poco cascoteados, porque nosotros respetamos el trabajo de todo el mundo, pero queremos que también no respeten a nosotros”, dice.
Se refiere sin decirlo, a la idea de que los cartoneros empiecen a circular después de las ocho de la noche, o a los planteos de quienes cuestionan la utilización de la “tracción a sangre”.
“Yo nací para el carro”, dice Gabriel, seguro de sí mismo. Pero reconoce que no es lo que quiere para sus pequeños que corretean a su alrededor, llenos de pintura. Tiene un hijo de 15, que a veces sale a cartonear con él. “Para ellos, primero está la escuela, quiero que tengan un estudio, porque el carro no es el futuro que quiero darles”, afirma.







