Espectáculos
26.10.2011
Es difícil hacer entender lo que realmente queremos que suceda
Entrevista a Pichón Baldinú. Podría decirse que ya está hecho: una sala del Recoleta, donde monta su nuevo espectáculo, lleva el nombre del gran Villa Villa que hizo con De La Guarda. Pero si se ve Hombre vertiente queda claro que no: la búsqueda del hecho artístico parece ser una picazón que no se calma más. Al punto que por más que fabricantes y especialistas le digan que no, con su equipo de Ojalá se las rebusca para que sea sí. Y por lo visto en el show, tienen razón.
Por:
INFOnews
Por Jorge Belaunzarán
¿Te imaginás si viene Roger Waters? Y, el tipo me va a decir que lo copié. Y sí, pero no lo copié. Vos estás ahí y las cosas te vienen, no es que las copiás, están ahí, como la música de Floyd estaba ahí y ellos la hicieron mejor que nadie. Claro que la tela detrás de la que está uno de los personajes se parece, pero es otra cosa. Waters impuso un montón de cosa, mostró un montón de ideas; sin dejar de ser un genio esas cosas se te pegan, van formando parte de vos, de lo que imaginás y se te ocurre.
-¿Le gustaría que fuera a ver uno de sus shows?
La cara de Pichón Baldinú se ilumina. Sí, como la de un chico, ¿hay alguna otra forma en que se iluminan las caras? La nota termina. Al menos en la formalidad. Qué ganas de preguntar si por esa cara le dicen Pichón. Pero aún no se sabe bien por qué los periodistas son lo suficientemente íntimos como para recibir determinadas confesiones, pero no para hacer determinadas preguntas. Acaso tenga que ver con la propia vergüenza. Se habrá de saber. Con esa fe, la de un niño, es de suponer que Baldinú se enfrentó al desafío que lo llenó de orgullo: el que los organizadores de la Feria de Zaragoza 2008, le propusieron para que hiciera un espectáculo referente al agua; debía crear conciencia sobre su importancia y su uso.
"Para nosotros fue una oportunidad enorme, porque una oportunidad como una Feria del Agua tiene por un lado, más allá de que te puedas a poner a crear un show y encontrar la facilidad para, digamos: estás tocado con la varita, porque te dicen, flaco, creá el show que quieras. Todos querían hacerlo muy Villa Villa, muy del estilo De La Guarda, lo que querían hacer a la intemperie, etc, etc, y yo les propuse otra cosa diferente. Diseñar un teatro, hacer en un espacio cerrado para poder manejar las atmósferas y todo eso. Y por otro lado se me presentaba la oportunidad de poder decir cosas sobre el tema del agua. Una Expo del Agua en un momento como el que estamos viviendo tiene una importancia política y social grosa, con gran alcance, puedo llegar a mucha gente. De hecho vinieron esta pelota de gente: un millón ochos cientos mil espectadores. Es mucha gente a la que le hablás en muy poco tiempo. Entonces se me ocurrió lo de crear una historia, basada en tres actos, y armar estos tres personajes que son como héroes y antihéroes, que se van reemplazando a medida que se van destruyendo de alguna forma; y ese personaje inicial es el hombre. Estaba bueno. A mí me gustó mucho armar una historia, nunca había hecho un espectáculo con un guión lineal. Siempre los trabajos en La Organización Negro o en De la Guarda tenían un lenguaje muy abstracto, más sostenido por la idea la de excitar, provocar, hacer que el espectador se entregue como a un mundo que lo lleve por las emociones. Y acá se me ocurría que podía estar bueno poder hablarles del tema del agua, decirles: loco, estamos en la lona, y vamos a estar en la lona; imaginensé lo que podría llegar a pasar si... Y así fue el origen de esto."
Baldinú habla con muchos puntos suspensivos. Así es la comunicación: lo que llega; y en el cara a cara, los puntos suspensivos siempre llegan. No es que el cronista esté particularmente preocupado por las nuevas formas de comunicación que fomentan y formatean las redes sociales, pero ante cualquier entrevistado siempre se está pensando en la nota, en la manera de encararla, en cómo será. Y frente a Baldinú, mejor dicho, frente a su entusiasmo y una gesticulación eficaz para comunicar, se le ocurren ciertas cosas como esa, la de los puntos suspensivos.
"En la versión de Buenos Aires lo que hice fue sacarle al guión la preponderancia de hablar del agua y hablar más de la existencia de un artista. Y con esta historia pude entrar en un relato que es muy excitante: cómo vive el artista, o los artistas cómo pueden vivir ese proceso de creación que lo llevan intuitivamente por zonas muy oscuras de sí mismo, zonas que pueden ser muy autodestructivas."
-¿Y cómo lo vive?
Explicar lo que gusta suele no resultar tan sencillo como se supone cuando se está haciendo lo que gusta. "Es como algo que te viene, o lo tenés un poco ahí, poco claro", empieza su intento de explicación. Con los puntos suspensivos, por supuesto, que más de una vez anuncia la llegada de la claridad: "Empezás a probar, intentás de una manera, de otra, y eso te va resolviendo acciones, a veces escenas, es como que la prueba y el concepto de lo que vas queriendo decir se van formando a la vez. En el caso de Hombre Vertiente, además del texto, que fue un desafío, teníamos que encontrar la forma de que los personajes lanzaran agua por todos lados. O por varios. El tema de la apertura estaba más claro, porque la sorpresa que queríamos producir, el impacto, sabíamos cómo logarlo. Aunque ahí viene el otro gran problema que siempre tuvimos desde La Organización Negra en adelante: cómo hacerle entender a otras personas lo que realmente queremos hacer que suceda.
Podría decirse, y más en tiempos de desencuentro como a simple vista parecen ser los actuales, que es un tema de la humanidad toda. Pero en el caso de Baldinu y su gente, los problemas, como mínimo, son más concretos. "Lo primero que hicimos, porque había que tirar agua por el aire pero con dirección, fue hablar con los fabricantes de fuentes. Tratamos de explicarle, y para nosotros lo hacíamos, pero no era lo que queríamos. Estuvimos unos cuantos meses..."
Lo que quería Baldinú era que los personajes extendieran sus extremidades y lanzaran agua, que les brotara agua a la altura del cuello para que pareciera que le salía por la boca, que los invadiera por la espalda, que abrieran el sobretodo que portaban y el agua brotara como de una fuente desorganizada. "Finalmente nos dijeron que no, que no podían. La última vez que los llamamos nos dijeron no, no se puede. Ya no nos querían escuchar más jaja. Lo resolvimos nosotros, y nos salió bien. Fue otro desafío. Pero en realidad es algo que nos pasó siempre.
-Desde afuera parece que encuentran "locos" como ustedes.
-No, es más complicado. Cuando hicimos Doma en el Velódromo de Palermo terminó viniendo directamente Gas del Estado.
Era 1998, y si bien Gas del Estado ya no existía debido a su privatización, una de las dos mayores empresas de gas se tuvo que hacer cargo de la seguridad de la enorme bola de fuego que se desplazaba a cielo abierto y que parecía prender la Luna, por pretender algo que explique poéticamente, mientras un avión surcaba el cielo con su ruido; la bola de fuego era apagada por una ráfaga de agua y todo se ponía de azul violáceo; la bola luego se volvía anaranjada; la bola se desplazaba hacia el centro del Velódromo, se hacía fosforescente; en ella un tipito abría una puerta pequeña y empezaba a caminar alrededor de la bola, que seguía encendida. Increíble. Pero real. Para ese show, que se repitió por algunos días, trabajaron 150 personas entre arquitectos, ingenieros, proyectistas, calculistas y el conductor de la grúa (que luego tiene una parte central en el espectáculo), por describir los trabajos y oficios de algunos.
Los puntos suspensivos vuelven, esta vez en forma de interrogación: la duda de poder comunicar aquello que se quiere, una duda sobre lo que se explica en sí, no sobra las capacidades del receptor o el emisor. Después de todo hubo una serie de empresarios de una industria a los que les apareció una dificultad y en vez de hacer de eso una oportunidad creativa, hicieron de ello un impedimento. Pero bueh, ese no es el asunto de Baldinu.
“El teatro aéreo se desarrolló y creció. Se fue interrelacionando con otros géneros. Pero podría crecer mucho más. No tiene el apoyo que tendría que tener. La dificultad sobre cómo hacer la bola de fuego, sobre cómo hacer que te salga agua del brazo sería menor si hubiera una política estatal hacia el arte. No digo de la plata, sino de una estructura que permita pensar cosas, espectáculos, shows, intervenciones, relacionarnos con otras partes de la vida de la gente. Es como que tu idea pueda crecer a partir de que a un tipo que se dedica a que el agua salga del suelo hacia arriba, se le ocurra proponerte algo para hacer que el agua te salga del brazo. Y eso no sólo pasa con los espectáculos de teatro aéreo, pasa en general con la actividad artística.”
Y es la parte en que los puntos suspensivos se convierten en introspección para explicar que la búsqueda no se detiene. Sin decirlo, da a entender que sería el fin. “Por eso tenemos Ojalá con Gabriela Baldini, para pensar proyectos que pueden parecer dementes o imposibles y encontrar la forma de llevarlos adelante, que no son sólo financiarlos, sino buscar la gente adecuada, capacitar a otras, asociarte con otros más. Ahí es donde digo que con una estructura que se pueda formar con el Estado se podría producir más y mejor y no que todo dependiera de la iniciativa de particulares, que no siempre pueden. Y no se puede a veces porque ves que todo depende de vos y no te da.”
Y ahí viene la parte de Waters a partir de cómo se trabaja en otros lugares, cómo el arte circula a través de otros canales que la integran a la vida social y no resultan tanto de las explosiones creativas individuales, que como se desprende del “¿Te imaginás si viene Roger Waters? Y, el tipo me va a decir que lo copié” de Baldinú, no es tan individual como se cree. Después de todo aunque al morir se haya llevado elogios que jamás en vida habrá escuchado, el bueno de Steve Jobs también reconoció públicamente hace varios años que para hacer el exitoso sistema operativo de la Mac II (1987) convocó al mismísimo Bill Gates y su equipo. Acaso Waters lo felicite. *
¿Te imaginás si viene Roger Waters? Y, el tipo me va a decir que lo copié. Y sí, pero no lo copié. Vos estás ahí y las cosas te vienen, no es que las copiás, están ahí, como la música de Floyd estaba ahí y ellos la hicieron mejor que nadie. Claro que la tela detrás de la que está uno de los personajes se parece, pero es otra cosa. Waters impuso un montón de cosa, mostró un montón de ideas; sin dejar de ser un genio esas cosas se te pegan, van formando parte de vos, de lo que imaginás y se te ocurre.
-¿Le gustaría que fuera a ver uno de sus shows?
La cara de Pichón Baldinú se ilumina. Sí, como la de un chico, ¿hay alguna otra forma en que se iluminan las caras? La nota termina. Al menos en la formalidad. Qué ganas de preguntar si por esa cara le dicen Pichón. Pero aún no se sabe bien por qué los periodistas son lo suficientemente íntimos como para recibir determinadas confesiones, pero no para hacer determinadas preguntas. Acaso tenga que ver con la propia vergüenza. Se habrá de saber. Con esa fe, la de un niño, es de suponer que Baldinú se enfrentó al desafío que lo llenó de orgullo: el que los organizadores de la Feria de Zaragoza 2008, le propusieron para que hiciera un espectáculo referente al agua; debía crear conciencia sobre su importancia y su uso.
"Para nosotros fue una oportunidad enorme, porque una oportunidad como una Feria del Agua tiene por un lado, más allá de que te puedas a poner a crear un show y encontrar la facilidad para, digamos: estás tocado con la varita, porque te dicen, flaco, creá el show que quieras. Todos querían hacerlo muy Villa Villa, muy del estilo De La Guarda, lo que querían hacer a la intemperie, etc, etc, y yo les propuse otra cosa diferente. Diseñar un teatro, hacer en un espacio cerrado para poder manejar las atmósferas y todo eso. Y por otro lado se me presentaba la oportunidad de poder decir cosas sobre el tema del agua. Una Expo del Agua en un momento como el que estamos viviendo tiene una importancia política y social grosa, con gran alcance, puedo llegar a mucha gente. De hecho vinieron esta pelota de gente: un millón ochos cientos mil espectadores. Es mucha gente a la que le hablás en muy poco tiempo. Entonces se me ocurrió lo de crear una historia, basada en tres actos, y armar estos tres personajes que son como héroes y antihéroes, que se van reemplazando a medida que se van destruyendo de alguna forma; y ese personaje inicial es el hombre. Estaba bueno. A mí me gustó mucho armar una historia, nunca había hecho un espectáculo con un guión lineal. Siempre los trabajos en La Organización Negro o en De la Guarda tenían un lenguaje muy abstracto, más sostenido por la idea la de excitar, provocar, hacer que el espectador se entregue como a un mundo que lo lleve por las emociones. Y acá se me ocurría que podía estar bueno poder hablarles del tema del agua, decirles: loco, estamos en la lona, y vamos a estar en la lona; imaginensé lo que podría llegar a pasar si... Y así fue el origen de esto."
Baldinú habla con muchos puntos suspensivos. Así es la comunicación: lo que llega; y en el cara a cara, los puntos suspensivos siempre llegan. No es que el cronista esté particularmente preocupado por las nuevas formas de comunicación que fomentan y formatean las redes sociales, pero ante cualquier entrevistado siempre se está pensando en la nota, en la manera de encararla, en cómo será. Y frente a Baldinú, mejor dicho, frente a su entusiasmo y una gesticulación eficaz para comunicar, se le ocurren ciertas cosas como esa, la de los puntos suspensivos.
"En la versión de Buenos Aires lo que hice fue sacarle al guión la preponderancia de hablar del agua y hablar más de la existencia de un artista. Y con esta historia pude entrar en un relato que es muy excitante: cómo vive el artista, o los artistas cómo pueden vivir ese proceso de creación que lo llevan intuitivamente por zonas muy oscuras de sí mismo, zonas que pueden ser muy autodestructivas."
-¿Y cómo lo vive?
Explicar lo que gusta suele no resultar tan sencillo como se supone cuando se está haciendo lo que gusta. "Es como algo que te viene, o lo tenés un poco ahí, poco claro", empieza su intento de explicación. Con los puntos suspensivos, por supuesto, que más de una vez anuncia la llegada de la claridad: "Empezás a probar, intentás de una manera, de otra, y eso te va resolviendo acciones, a veces escenas, es como que la prueba y el concepto de lo que vas queriendo decir se van formando a la vez. En el caso de Hombre Vertiente, además del texto, que fue un desafío, teníamos que encontrar la forma de que los personajes lanzaran agua por todos lados. O por varios. El tema de la apertura estaba más claro, porque la sorpresa que queríamos producir, el impacto, sabíamos cómo logarlo. Aunque ahí viene el otro gran problema que siempre tuvimos desde La Organización Negra en adelante: cómo hacerle entender a otras personas lo que realmente queremos hacer que suceda.
Podría decirse, y más en tiempos de desencuentro como a simple vista parecen ser los actuales, que es un tema de la humanidad toda. Pero en el caso de Baldinu y su gente, los problemas, como mínimo, son más concretos. "Lo primero que hicimos, porque había que tirar agua por el aire pero con dirección, fue hablar con los fabricantes de fuentes. Tratamos de explicarle, y para nosotros lo hacíamos, pero no era lo que queríamos. Estuvimos unos cuantos meses..."
Lo que quería Baldinú era que los personajes extendieran sus extremidades y lanzaran agua, que les brotara agua a la altura del cuello para que pareciera que le salía por la boca, que los invadiera por la espalda, que abrieran el sobretodo que portaban y el agua brotara como de una fuente desorganizada. "Finalmente nos dijeron que no, que no podían. La última vez que los llamamos nos dijeron no, no se puede. Ya no nos querían escuchar más jaja. Lo resolvimos nosotros, y nos salió bien. Fue otro desafío. Pero en realidad es algo que nos pasó siempre.
-Desde afuera parece que encuentran "locos" como ustedes.
-No, es más complicado. Cuando hicimos Doma en el Velódromo de Palermo terminó viniendo directamente Gas del Estado.
Era 1998, y si bien Gas del Estado ya no existía debido a su privatización, una de las dos mayores empresas de gas se tuvo que hacer cargo de la seguridad de la enorme bola de fuego que se desplazaba a cielo abierto y que parecía prender la Luna, por pretender algo que explique poéticamente, mientras un avión surcaba el cielo con su ruido; la bola de fuego era apagada por una ráfaga de agua y todo se ponía de azul violáceo; la bola luego se volvía anaranjada; la bola se desplazaba hacia el centro del Velódromo, se hacía fosforescente; en ella un tipito abría una puerta pequeña y empezaba a caminar alrededor de la bola, que seguía encendida. Increíble. Pero real. Para ese show, que se repitió por algunos días, trabajaron 150 personas entre arquitectos, ingenieros, proyectistas, calculistas y el conductor de la grúa (que luego tiene una parte central en el espectáculo), por describir los trabajos y oficios de algunos.
Los puntos suspensivos vuelven, esta vez en forma de interrogación: la duda de poder comunicar aquello que se quiere, una duda sobre lo que se explica en sí, no sobra las capacidades del receptor o el emisor. Después de todo hubo una serie de empresarios de una industria a los que les apareció una dificultad y en vez de hacer de eso una oportunidad creativa, hicieron de ello un impedimento. Pero bueh, ese no es el asunto de Baldinu.
“El teatro aéreo se desarrolló y creció. Se fue interrelacionando con otros géneros. Pero podría crecer mucho más. No tiene el apoyo que tendría que tener. La dificultad sobre cómo hacer la bola de fuego, sobre cómo hacer que te salga agua del brazo sería menor si hubiera una política estatal hacia el arte. No digo de la plata, sino de una estructura que permita pensar cosas, espectáculos, shows, intervenciones, relacionarnos con otras partes de la vida de la gente. Es como que tu idea pueda crecer a partir de que a un tipo que se dedica a que el agua salga del suelo hacia arriba, se le ocurra proponerte algo para hacer que el agua te salga del brazo. Y eso no sólo pasa con los espectáculos de teatro aéreo, pasa en general con la actividad artística.”
Y es la parte en que los puntos suspensivos se convierten en introspección para explicar que la búsqueda no se detiene. Sin decirlo, da a entender que sería el fin. “Por eso tenemos Ojalá con Gabriela Baldini, para pensar proyectos que pueden parecer dementes o imposibles y encontrar la forma de llevarlos adelante, que no son sólo financiarlos, sino buscar la gente adecuada, capacitar a otras, asociarte con otros más. Ahí es donde digo que con una estructura que se pueda formar con el Estado se podría producir más y mejor y no que todo dependiera de la iniciativa de particulares, que no siempre pueden. Y no se puede a veces porque ves que todo depende de vos y no te da.”
Y ahí viene la parte de Waters a partir de cómo se trabaja en otros lugares, cómo el arte circula a través de otros canales que la integran a la vida social y no resultan tanto de las explosiones creativas individuales, que como se desprende del “¿Te imaginás si viene Roger Waters? Y, el tipo me va a decir que lo copié” de Baldinú, no es tan individual como se cree. Después de todo aunque al morir se haya llevado elogios que jamás en vida habrá escuchado, el bueno de Steve Jobs también reconoció públicamente hace varios años que para hacer el exitoso sistema operativo de la Mac II (1987) convocó al mismísimo Bill Gates y su equipo. Acaso Waters lo felicite. *







