Espectáculos
03.11.2011
Soy mi mismo libro de autoayuda
Entrevista a Cecilia Milone. Cinco de siete días de la semana da un espectáculo de dos horas. Al mismo tiempo, graba un disco. Y da notas sin pruritos. Dice que eso no afecta su voz ni su momento del show: es un todo activo que descansa ocho horas por día. Esas horas de sueño son su único requisito. Ni siquiera se queja si alguien se desconcentra mientras canta: se siente anfitriona, y como tal, en el deber de hacerle recuperar la atención.
Por:
INFOnews
Por Jorge Belaunzarán
Una experiencia. Al estilo de un viaje. ¿Cómo contar un viaje? No por dónde se anduvo, si no el viaje, lo que sucede dentro, que para que suceda dentro, es necesario estar afuera. Fuera de uno, la mirada lejos del radio de detección del ombligo, bien hacia el horizonte. Parte de las condiciones sine qua non de la empatía, fenómeno que permite reconocerse a los humanos, protegerse, cuidarse, realizar actos de amor. Fenómeno que al producirse, además de manifestar un mundo, aclara que puede suceder en cualquier momento y lugar; y que entre los pocos requisitos que exige si se quiere volver a disfrutar es el esfuerzo de transmitirlo sin complejos.
Así que a Cecilia Milone se le pregunta lo básico, como a cualquier entrevistado. Pero Milone se aburre un poco con lo básico: “A mí me hace mucha gracia porque algunas veces algún hombre -algún hombre que no te conoce, o que no es del medio- siente que es un piropazo que te diga: a mí me gusta la mujer, no la artista. ¡A mí ya me aburrió ese hombre! jajaja. Porque la artista y la mujer son la misma. Yo jugaba de chica con esto que hago ahora. Yo soy esta. Soy la misma, no es un personaje para participar en el Show Match y que estoy jugando a hacer. Acá no hay ningún personaje. Llego temprano al teatro porque amo estar acá. Y si no tuviera tantos compromisos me tenés dos horas antes sentada en el camarín sin saber muy bien por qué. Me gusta, me divierte, me hace feliz (enfatiza pero sin llegar al signo de admiración). No porque necesito concentrarme.
Bien. Se necesitan otro tipo de preguntas.
-Produce, dirige y protagoniza su propio espectáculo, algo que ya hizo. ¿Se considera independiente? ¿Cuándo cree que consiguió su independencia?
-Creo que cuando pude empezar a generar mis propias cosas. En el 99, cuando presento el disco Besos brujos con la Universal y me atrevo a producir mi propio espectáculo y a presentarlo en un lugar como el complejo La Plaza, que era un lugar importante con toda la movida que eso significaba: estaba haciendo Gasoleros en ese momento y tranquilamente me podía haber quedado en ese lugar y fui a apostar y a generar mi proyecto teatral y a generar mi propia empresa. Esa fue una jugada que me dio todo lo que te tienen que dar las grandes jugadas: miedo, coraje, porque si no tenés miedo después no podés tener coraje; ahí empecé a darme cuenta de que podía ser más dueña de mi propia creación (esto lo digo sin ser ampulosa, no: ¡mi propia creación!), y eso me dio una enorme libertad. Es parte de la apuesta cuando sos creadora y protagonista y directora, es parte de la libertad; es el precio que uno paga por ser libre. En la profesión, ya que puedo elegir más tranquilamente, sin que sea sólo lo económico la continuidad laboral, ya sé que me genero mis propias cosas; y también me tranquilizó como persona. Porque tengo muy mezclada la persona y la artista, tengo una enorme vocación, y la verdad es que la vocación cuando la tenés tan mezclada...
No apela a la falsa modestia, tampoco se da aires. Habla de vocación antes que de profesión. Y dice que aquella, la vocación, la tiene mezclada con su persona. Milone sedujo por el lugar obvio: el periodista es curioso, o al menos lo debería ser, así que ese aire final a modo de suspiro en “ y la verdad es que la vocación cuando la tenés tan mezclada...” es una clara invitación a preguntar… lo obvio.
-Dice que se mezclan los ámbitos, ¿alguna vez se sintió medio rara en el medio?
-Siempre tuve esa manera de moverme. Me sentí original, no rara. Nunca fui una persona de tirarme para abajo. Nunca necesité leer libros de autoayuda: yo soy mi mismo libro de autoayuda. Nunca voy a decir que soy rara, voy a decir que soy muy original jaja. Es muy diferente la palabra. El raro te atormenta y te tira para abajo y el original te hace sentir diferente y te tira para adelante. Me parece que hay como una mirada como optimista. Nunca tuve problemas con mi autoestima. Probablemente no soy modesta pero tampoco soy fanfarrona.
-Entonces es original: debuta con un musical como Drácula, que casi en breve se convierte en clásico; luego aparece en la televisión, se va de la televisión, hace su propio espectáculo, canta a Tita Merello, Libertad Lamarque.
-La respuesta creo que está en que la vocación y la profesión están muy mezcladas. Yo siempre jugué; siempre jugué con mi vocación. Creo que simplemente trasladé al escenario los juegos que hacía de chica. De chica imitaba a Libertad Lamarque y jugaba con Besos brujos, que era mi rutina de humor en las fiestas en mi adolescencia. Es algo que trasladé al escenario, y ya la tenía ensayada esa rutina jaja. Y por eso a mí este espectáculo me resulta tan entrañable y tan natural al mismo tiempo: recorro mis propias emociones y cuento el origen de mi propia vocación, más que el origen de mi carrera, que es conocido. Por eso conseguí este espectáculo que conseguí. Quería que fuera una fiesta, que cada función tuviera la sensación de ser la animadora de mi propia fiesta, y que los agasajados la pasen bien, se sientan así, agasajados. La verdad que lo conseguí porque es algo que lo tengo en las tripas: lo hago desde que soy chica esto de arengar y jugar con mis propias experiencias. Además cuando jugás con vos, al otro le es muy fácil animarse a jugar luego. Este ejercicio lo tengo de la vida. Hoy en día se me hizo profesión y hasta a veces me pagan para animar un espectáculo o un evento privado. Pero la verdad que lo aprendí en la mejor escuela, que es la vida. Toda la vida hice esto con mis amigas y mis parientes. Cuando te animás a jugar con tu ridículo y a payasear, eso genera que el otro se ponga más descarado. Cuando hice Morocha y pasional tenía un número de tangos cursis, que los hacía como cómicos, y me ponía a cantar y bailar de una manera medio maricona; tenía un vestido de tajo y una cola así de femme fatal y saltaba como una energúmena haciendo Clavelito. Y así no hace falta que le pidas al público que participe, participan solos cuando te ven como una loca, jugando sobre un escenario. Eso los anima mucho. Y eso es lo que uno termina consiguiendo, ese sueño que quería lograr.
Hay un pregunta sobre quién la festejaba más cuando era chica, una forma de chequear al entrevistado, si está en sintonía y responde en consecuencia o si está tratando de decir lo que el periodista espera escuchar. Ella dice que Papá, y que Mamá no. Pero dice tener espíritu optimista, y un espíritu optimista reconoce cosas positivas donde en apariencia no las hay: “No era que mi mamá no me festejaba porque atacaba mi autoestima, sino porque le parecía que era artista y que eso era natural: era alta y cantaba. Esa reacción fue muy buena porque por otro lado fue la que más entusiasmo puso para que fuera artista. Y mi papá, que me festejaba más, al mismo tiempo era el que me decía que le gustaría que tuviera una profesión más segura, donde fuera más dueña de mis proyectos, donde no tuviera que depender siempre de jefes. Y la verdad que le di el gusto a los dos jaja: soy mi propia jefa y al mismo tiempo soy artista.
Hay sintonía: ninguna ocasión mejor que la sintonía para preguntar lo propio, las cuestiones en las que la vocación se mezclan con la persona; en sus palabras, la misma cosa.
-Dice que siempre jugó, ¿nunca tuvo problemas de que no la tomaran en serio?
-No. Porque juego cuando hay que jugar. Muchos artistas dicen que en francés y en inlgés se usa el verbo jugar para designar la actuación. A mí eso no me gusta nada porque soy muy profesional, y era muy profesional desde chica: cuando cantaba había que hacer silencio en mi casa, y dejaba de cantar si alguien caminaba; y no me enojaba ni me ofendía. Y todos lo entendían así. También si alguien de la familia se ponía a recitar yo hacía silencio, no es que lo hacía de nena narcisista. Cuando se produce el hecho artístico uno tiene que estar en silencio. Hacía un programa de mano, estudiaba, no leía la letras; no me ponía a cantar una canción leyendo. Se usa mucho hoy, artistas que hacen un recital íntimo y leen; me muero de vergüenza si tengo que hacer eso. Me refiero a estos pibes que empiezan y no se aprenden una canción. No presentaba una canción en la familia si no estaba estudiada, si no sabía la tonalidad. Carta de un león a otro, ponele, que la habré estrenado a los 12, yo la estudié, si no, no había manera que la cantara. Excepto que fuera un momento de juego, y estábamos todos jugando. Estaba muy separado eso. Así que obligaba a que me tomaran muy en serio.
-¿Qué es lo que le "paga" cada función?
-Si bien definitivamente el aplauso es el alimento del artista, creo que lo que me paga es la verdad en mi vocación, la verdad de mi amor. Sólo estoy dando amor cuando estoy arriba de un escenario. Y el acto de dar siempre es muy placentero. Decía Jacinto Benavente que el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos los demás estén bien para estar uno mejor. Y creo que eso me paga cada función. En el fondo es un acto de generosidad, no estoy queriendo que la pasen bien sólo por un acto de egoísmo, estoy queriendo que la pasen bien sinceramente. Y eso es como un acto de generosidad y de egoísmo al mismo tiempo, es considerar mucho placer en el arte. Por eso lo comparo con la infancia. Si hay una fiesta, y vos estás preocupado porque no te sale, yo te la organizo, te la arengo y te la levanto. Tengo como alma de juglar, como esa necesidad intrínseca. Por eso no estoy muy de acuerdo cuando dicen que los artistas tienen un enorme egocentrismo. Habrá varios, pero también hay artistas a los que no les pasa eso, es la vocación lo que los mueve.
-¿Habría algo que no se podría superar?
-No. Hay una frase de mi papá que siempre uso: todos podemos hacer todo; y otra es: si querés algo y no lo conseguís es porque no supiste pagar tu precio o porque no lo quisiste lo suficiente. Y la verdad es que teniendo ese punto de partida desde la cuna me parece que los obstáculos son ni más ni menos que presencia de pruebas que uno tiene que hacerse para seguir en su camino. Si no es que no tenés claro tu camino, si en cada obstáculo cambiás de camino es que no lo tenés muy claro.
-¿Y cuál es su camino?
-Mantenerme lo más parecido a lo que era de chica. Ser una vieja con todos los sueños cumplidos y feliz. Cumplirle los sueños a esa niña. Eso también lo digo en el espectáculo: de ahora en más voy a procurarme la tranquilidad para la vieja que voy a ser y cumplirle los sueños a la niña que fui; con eso te asegurás no ser una vieja mala.
-¿Y qué sueños le quedan a esa niña?
-Los que están a la vista tienen que ver con seguir manteniendo la misma pasión. La veo a la China (Zorrilla), que no está haciendo teatro y sigue yendo a ver teatro todas las noches. Creo que eso es que elegiste el camino certero. Después los sueños que no puedo compartir tienen que ver más con los sueños que todavía no llegaron, con eso que soñó alguna vez niña y yo todavía no me enteré. Uno se va enterando también de lo que soñó a medida que va escuchando esa voz de la infancia. El problema es cuando uno desconecta. Uno se encuentra haciendo algo que le da mucha alegría ahora y cuando mirás para atrás en realidad ya lo deseabas de chica, pero por ahí no le habías prestado tanta atención. *
Una experiencia. Al estilo de un viaje. ¿Cómo contar un viaje? No por dónde se anduvo, si no el viaje, lo que sucede dentro, que para que suceda dentro, es necesario estar afuera. Fuera de uno, la mirada lejos del radio de detección del ombligo, bien hacia el horizonte. Parte de las condiciones sine qua non de la empatía, fenómeno que permite reconocerse a los humanos, protegerse, cuidarse, realizar actos de amor. Fenómeno que al producirse, además de manifestar un mundo, aclara que puede suceder en cualquier momento y lugar; y que entre los pocos requisitos que exige si se quiere volver a disfrutar es el esfuerzo de transmitirlo sin complejos.
Así que a Cecilia Milone se le pregunta lo básico, como a cualquier entrevistado. Pero Milone se aburre un poco con lo básico: “A mí me hace mucha gracia porque algunas veces algún hombre -algún hombre que no te conoce, o que no es del medio- siente que es un piropazo que te diga: a mí me gusta la mujer, no la artista. ¡A mí ya me aburrió ese hombre! jajaja. Porque la artista y la mujer son la misma. Yo jugaba de chica con esto que hago ahora. Yo soy esta. Soy la misma, no es un personaje para participar en el Show Match y que estoy jugando a hacer. Acá no hay ningún personaje. Llego temprano al teatro porque amo estar acá. Y si no tuviera tantos compromisos me tenés dos horas antes sentada en el camarín sin saber muy bien por qué. Me gusta, me divierte, me hace feliz (enfatiza pero sin llegar al signo de admiración). No porque necesito concentrarme.
Bien. Se necesitan otro tipo de preguntas.
-Produce, dirige y protagoniza su propio espectáculo, algo que ya hizo. ¿Se considera independiente? ¿Cuándo cree que consiguió su independencia?
-Creo que cuando pude empezar a generar mis propias cosas. En el 99, cuando presento el disco Besos brujos con la Universal y me atrevo a producir mi propio espectáculo y a presentarlo en un lugar como el complejo La Plaza, que era un lugar importante con toda la movida que eso significaba: estaba haciendo Gasoleros en ese momento y tranquilamente me podía haber quedado en ese lugar y fui a apostar y a generar mi proyecto teatral y a generar mi propia empresa. Esa fue una jugada que me dio todo lo que te tienen que dar las grandes jugadas: miedo, coraje, porque si no tenés miedo después no podés tener coraje; ahí empecé a darme cuenta de que podía ser más dueña de mi propia creación (esto lo digo sin ser ampulosa, no: ¡mi propia creación!), y eso me dio una enorme libertad. Es parte de la apuesta cuando sos creadora y protagonista y directora, es parte de la libertad; es el precio que uno paga por ser libre. En la profesión, ya que puedo elegir más tranquilamente, sin que sea sólo lo económico la continuidad laboral, ya sé que me genero mis propias cosas; y también me tranquilizó como persona. Porque tengo muy mezclada la persona y la artista, tengo una enorme vocación, y la verdad es que la vocación cuando la tenés tan mezclada...
No apela a la falsa modestia, tampoco se da aires. Habla de vocación antes que de profesión. Y dice que aquella, la vocación, la tiene mezclada con su persona. Milone sedujo por el lugar obvio: el periodista es curioso, o al menos lo debería ser, así que ese aire final a modo de suspiro en “ y la verdad es que la vocación cuando la tenés tan mezclada...” es una clara invitación a preguntar… lo obvio.
-Dice que se mezclan los ámbitos, ¿alguna vez se sintió medio rara en el medio?
-Siempre tuve esa manera de moverme. Me sentí original, no rara. Nunca fui una persona de tirarme para abajo. Nunca necesité leer libros de autoayuda: yo soy mi mismo libro de autoayuda. Nunca voy a decir que soy rara, voy a decir que soy muy original jaja. Es muy diferente la palabra. El raro te atormenta y te tira para abajo y el original te hace sentir diferente y te tira para adelante. Me parece que hay como una mirada como optimista. Nunca tuve problemas con mi autoestima. Probablemente no soy modesta pero tampoco soy fanfarrona.
-Entonces es original: debuta con un musical como Drácula, que casi en breve se convierte en clásico; luego aparece en la televisión, se va de la televisión, hace su propio espectáculo, canta a Tita Merello, Libertad Lamarque.
-La respuesta creo que está en que la vocación y la profesión están muy mezcladas. Yo siempre jugué; siempre jugué con mi vocación. Creo que simplemente trasladé al escenario los juegos que hacía de chica. De chica imitaba a Libertad Lamarque y jugaba con Besos brujos, que era mi rutina de humor en las fiestas en mi adolescencia. Es algo que trasladé al escenario, y ya la tenía ensayada esa rutina jaja. Y por eso a mí este espectáculo me resulta tan entrañable y tan natural al mismo tiempo: recorro mis propias emociones y cuento el origen de mi propia vocación, más que el origen de mi carrera, que es conocido. Por eso conseguí este espectáculo que conseguí. Quería que fuera una fiesta, que cada función tuviera la sensación de ser la animadora de mi propia fiesta, y que los agasajados la pasen bien, se sientan así, agasajados. La verdad que lo conseguí porque es algo que lo tengo en las tripas: lo hago desde que soy chica esto de arengar y jugar con mis propias experiencias. Además cuando jugás con vos, al otro le es muy fácil animarse a jugar luego. Este ejercicio lo tengo de la vida. Hoy en día se me hizo profesión y hasta a veces me pagan para animar un espectáculo o un evento privado. Pero la verdad que lo aprendí en la mejor escuela, que es la vida. Toda la vida hice esto con mis amigas y mis parientes. Cuando te animás a jugar con tu ridículo y a payasear, eso genera que el otro se ponga más descarado. Cuando hice Morocha y pasional tenía un número de tangos cursis, que los hacía como cómicos, y me ponía a cantar y bailar de una manera medio maricona; tenía un vestido de tajo y una cola así de femme fatal y saltaba como una energúmena haciendo Clavelito. Y así no hace falta que le pidas al público que participe, participan solos cuando te ven como una loca, jugando sobre un escenario. Eso los anima mucho. Y eso es lo que uno termina consiguiendo, ese sueño que quería lograr.
Hay un pregunta sobre quién la festejaba más cuando era chica, una forma de chequear al entrevistado, si está en sintonía y responde en consecuencia o si está tratando de decir lo que el periodista espera escuchar. Ella dice que Papá, y que Mamá no. Pero dice tener espíritu optimista, y un espíritu optimista reconoce cosas positivas donde en apariencia no las hay: “No era que mi mamá no me festejaba porque atacaba mi autoestima, sino porque le parecía que era artista y que eso era natural: era alta y cantaba. Esa reacción fue muy buena porque por otro lado fue la que más entusiasmo puso para que fuera artista. Y mi papá, que me festejaba más, al mismo tiempo era el que me decía que le gustaría que tuviera una profesión más segura, donde fuera más dueña de mis proyectos, donde no tuviera que depender siempre de jefes. Y la verdad que le di el gusto a los dos jaja: soy mi propia jefa y al mismo tiempo soy artista.
Hay sintonía: ninguna ocasión mejor que la sintonía para preguntar lo propio, las cuestiones en las que la vocación se mezclan con la persona; en sus palabras, la misma cosa.
-Dice que siempre jugó, ¿nunca tuvo problemas de que no la tomaran en serio?
-No. Porque juego cuando hay que jugar. Muchos artistas dicen que en francés y en inlgés se usa el verbo jugar para designar la actuación. A mí eso no me gusta nada porque soy muy profesional, y era muy profesional desde chica: cuando cantaba había que hacer silencio en mi casa, y dejaba de cantar si alguien caminaba; y no me enojaba ni me ofendía. Y todos lo entendían así. También si alguien de la familia se ponía a recitar yo hacía silencio, no es que lo hacía de nena narcisista. Cuando se produce el hecho artístico uno tiene que estar en silencio. Hacía un programa de mano, estudiaba, no leía la letras; no me ponía a cantar una canción leyendo. Se usa mucho hoy, artistas que hacen un recital íntimo y leen; me muero de vergüenza si tengo que hacer eso. Me refiero a estos pibes que empiezan y no se aprenden una canción. No presentaba una canción en la familia si no estaba estudiada, si no sabía la tonalidad. Carta de un león a otro, ponele, que la habré estrenado a los 12, yo la estudié, si no, no había manera que la cantara. Excepto que fuera un momento de juego, y estábamos todos jugando. Estaba muy separado eso. Así que obligaba a que me tomaran muy en serio.
-¿Qué es lo que le "paga" cada función?
-Si bien definitivamente el aplauso es el alimento del artista, creo que lo que me paga es la verdad en mi vocación, la verdad de mi amor. Sólo estoy dando amor cuando estoy arriba de un escenario. Y el acto de dar siempre es muy placentero. Decía Jacinto Benavente que el único egoísmo aceptable es el de procurar que todos los demás estén bien para estar uno mejor. Y creo que eso me paga cada función. En el fondo es un acto de generosidad, no estoy queriendo que la pasen bien sólo por un acto de egoísmo, estoy queriendo que la pasen bien sinceramente. Y eso es como un acto de generosidad y de egoísmo al mismo tiempo, es considerar mucho placer en el arte. Por eso lo comparo con la infancia. Si hay una fiesta, y vos estás preocupado porque no te sale, yo te la organizo, te la arengo y te la levanto. Tengo como alma de juglar, como esa necesidad intrínseca. Por eso no estoy muy de acuerdo cuando dicen que los artistas tienen un enorme egocentrismo. Habrá varios, pero también hay artistas a los que no les pasa eso, es la vocación lo que los mueve.
-¿Habría algo que no se podría superar?
-No. Hay una frase de mi papá que siempre uso: todos podemos hacer todo; y otra es: si querés algo y no lo conseguís es porque no supiste pagar tu precio o porque no lo quisiste lo suficiente. Y la verdad es que teniendo ese punto de partida desde la cuna me parece que los obstáculos son ni más ni menos que presencia de pruebas que uno tiene que hacerse para seguir en su camino. Si no es que no tenés claro tu camino, si en cada obstáculo cambiás de camino es que no lo tenés muy claro.
-¿Y cuál es su camino?
-Mantenerme lo más parecido a lo que era de chica. Ser una vieja con todos los sueños cumplidos y feliz. Cumplirle los sueños a esa niña. Eso también lo digo en el espectáculo: de ahora en más voy a procurarme la tranquilidad para la vieja que voy a ser y cumplirle los sueños a la niña que fui; con eso te asegurás no ser una vieja mala.
-¿Y qué sueños le quedan a esa niña?
-Los que están a la vista tienen que ver con seguir manteniendo la misma pasión. La veo a la China (Zorrilla), que no está haciendo teatro y sigue yendo a ver teatro todas las noches. Creo que eso es que elegiste el camino certero. Después los sueños que no puedo compartir tienen que ver más con los sueños que todavía no llegaron, con eso que soñó alguna vez niña y yo todavía no me enteré. Uno se va enterando también de lo que soñó a medida que va escuchando esa voz de la infancia. El problema es cuando uno desconecta. Uno se encuentra haciendo algo que le da mucha alegría ahora y cuando mirás para atrás en realidad ya lo deseabas de chica, pero por ahí no le habías prestado tanta atención. *







