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05.12.2008

Las claves históricas del primer peronismo, según Felipe Pigna

El famoso historiador presentó el tomo cuatro de Mitos de la historia argentina en La Plata, dentro del ciclo de charlas públicas en el club Estudiantes. La clase obrera, el poder, la Iglesia y el bombardeo de Plaza de Mayo

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Felipe Pigna presentó el tomo cuatro de Mitos de la historia argentina en La Plata, dentro del ciclo de charlas públicas en el club Estudiantes. La charla tuvo como eje, al igual que su nuevo libro, uno de los temas más complejos, polémicos y apasionantes de la historia argentina: el peronismo. Muchas cosas se ocultan entre los pliegues de la palabra "peronismo". Saber qué es el peronismo no es sólo una pregunta, sino muchas. Y Pigna brindó algunas claves para acceder a la comprensión de este fenómeno abrumadoramente presente en la historia argentina.
–El libro se abre con el año 1943, que fue el de la aparición pública del GOU. ¿Quiénes eran?
–Era un grupo de oficiales que empezó su vida política en Mendoza, cuando Perón fue trasladado a su regreso de Europa. Militares que querían terminar con el fraude de la década infame que llevaba al conflicto social y, de paso, contener al movimiento obrero para que no terminara "desviándose" hacia la izquierda. Perón entendió que había que ocuparse de ese movimiento obrero emergente que crecía al calor de las migraciones internas de los años 30 y del desarrollo de la industria.
–¿Qué se proponía "la logia de los coroneles", como también se lo conocía al GOU?
–Transformar los resortes del poder a partir de lecturas muy nacionalistas y unas indisimulables simpatías por el fascismo. Pero conscientes de que ese fascismo no era aplicable a la Argentina.
–¿Cuál era la formación político-ideológica de Perón?
–Perón era un profesor de estrategia. Su discurso político estaba cargado del lenguaje de un estratega. Hay que recordar la expresión "formaciones especiales", utilizada por él en la década del 70, y que remite a un texto de Clausewitz: grupos tácticos operativos militares que, cumplida su misión en el tiempo y en el espacio, deben desarmarse automáticamente. Si se hubiera leído a Clausewitz en esos años quizá la historia hubiera sido distinta.
–¿El acta de nacimiento del peronismo fue la labor de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión o el 17 de octubre?
–El 17 de octubre sería inexplicable sin la labor en la Secretaría. Lo interesante del 17 de octubre es que surge del interior profundo de la Argentina. La primera reacción fue el 15 de octubre, en los ingenios azucareros tucumanos y las fincas salteñas. Después baja hasta el cordón industrial de Berisso y Ensenada. Fue de la periferia al centro en un movimiento imparable de los ninguneados por los partidos políticos.
–¿Cuáles fueron las líneas maestras de la política económica y social del peronismo de entonces?
–El Estado asumió un rol de financiamiento y conducción del proceso de industrialización e incorporación masiva al consumo. El primer plan quinquenal tenía mucho del New Deal, pero le agregó un contenido social, con la presencia de la pata sindical, que le dio una dinámica propia que desbordaba, por momentos, al propio Perón.
–Había políticas de Estado activa y estratégicamente concebidas...
–En muchas áreas fue así. Por ejemplo, la disfuncionalidad de los transportes ferroviarios en Argentina complicaba y encarecía la economía; por eso, la estatización de los ferrocarriles era una necesidad, aunque se puede discutir cómo se hizo. Era indispensable manejar una política de fletes que en vez de desalentar la producción, la estimulara. La política sanitaria también tuvo que ver con un modelo productivo. El plan social y médico del peronismo llevado adelante por Evita era funcional a un modelo de Estado productivo. Fue el cambio más impresionante de sistema distributivo en el país del siglo XX: ingresaron tres millones de personas al consumo en uno o dos años. El segundo plan quinquenal enfrió la economía. Coincidió con la muerte de Evita. La economía había empezado a dar signos preocupantes, y a eso se sumó el boicot norteamericano. Es una crisis que tuvo que ver con el alto nivel de consumo, no provocada por los factores de poder sino por el incremento masivo del consumo.
–¿Se puede hablar de política de salud del primer peronismo sin mencionar a Ramón Carrillo, el mayor sanitarista argentino del siglo pasado?
–Carrillo era un hombre que tenía muy en claro que la medicina no eran los remedios, sino las políticas sociales que bajaban las causas de las enfermedades evitables. Avanzó con un criterio que aún hoy sigue siendo revolucionario: el consultorio externo. Evitar la internación, ejercer la medicina preventiva, ir hacia donde están los enfermos que no tienen atención primaria, crear el tren sanitario. Un tipo notable que tuvo sus disidencias con Perón al final de su ejercicio.
–¿Y cuál era la relación de Perón con la Iglesia?
–De mutua conveniencia en sus inicios. En un principio, Perón le otorgó grandes privilegios: la educación religiosa obligatoria, susbsidios a la educación católica primaria, presencia muy fuerte en las áreas de comunicación y educación. Luego, la relación se resintió por la dinámica que adquiere el peronismo, que provoca alarmas dentro de la jerarquía eclesiástica; sobre todo con la aparición de Evita, enorme competencia a la histórica "beneficencia" de la Iglesia Católica. Ese choque de intereses explota cuando la estrategia del Vaticano y el Departamento de Estado traza en el mundo la idea de crear partidos demócrata cristianos que enfrente a las ideas de izquierda. Perón decía que el peronismo era democrático y cristiano, y que no hacía falta una democracia cristiana en Argentina.
–¿Cuál fue el punto más álgido de ese enfrentamiento?
–Sin dudas, el bombardeo de Plaza de Mayo y la quema de los templos. La excomunión a Perón llegó la mañana del 16 de junio, en el momento que se están produciendo los bombardeos, no, como se dijo falsamente, después de la quema de los templos. Fue una excomunión fulminante, haciendo uso de una prerrogativa prevista en el derecho canónico, que rigió hasta 1983, que dice que cualquiera que atacara, aunque sea de palabra, a un integrante de la Iglesia, puede ser excomulgado. Esto ocurrió de una manera muy acelerada en la mañana del 16 de junio. Es interesante ver cómo esa excomunión automática no se aplicó nunca durante la dictadura frente a las agresiones, ya no de palabra, sino de asesinatos de obispos como monseñor Ponce de León y monseñor Angelelli. Lejos de ser excomulgado, Videla y sus esbirros comulgaban todos los días. La Iglesia jamás excomulgó ningún miembro de la dictadura militar.
–¿Cuáles fueron las causas del golpe del 55?
–Múltiples, pero se podrían sintetizar en dos: el agotamiento del modelo y la soledad del Poder que era advertida por Carrillo, Scalabrini, Mercader, Jauretche y Cooke. Hay una maravillosa frase de Jauretche que dice: "Suena la calle Perón, la ciudad Perón, la provincia Perón; tengo miedo que de tanto sonar Perón, termine sonando Perón". Jauretche se va del Banco Provincia a plantar árboles, lo mismo pasa con Scalabrini, a pesar de lo cual el 15 de setiembre a la noche estaban en la Casa Rosada, no eran traidores, sabían lo que se venía. El contraalmirante Rial, uno de los ejecutores de la Revolución Libertadora, le dice a un grupo de trabajadores municipales: "La Revolución Libertadora se hizo para que el hijo del barrendero muera barrendero". Ese es el revanchismo social que los militares vinieron a imponer.






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