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07.01.2009

“Son lo peor de nosotros”

El escritor dispara contra Gardel, Evita, el “Che” y Maradona.

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Por Sebastián Catalano

Como una suerte de Quijote, el sociólogo y filósofo Juan José Sebreli arremete contra los molinos de viento de la cultura popular argentina. Los gigantes, los de aspas más grandes: Carlos Gardel, Eva Duarte de Perón, el “Che” Guevara y Diego Maradona. 

En “Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos”, la obra de reciente publicación que recibió el premio Debate Casamérica, en España, Sebreli va directo al grano. Y arremete con todo. No analiza los mitos vernáculos, ni se detiene a cuestionarlos. No los valora ni los juzga. Los destruye. O por lo menos lo intenta. Cada palabra es un cañonazo disparado contra las estatuas que más brillan en el panteón criollo.

Es que para el autor el mito es un proceso maniqueo de divinización y demonización. Así, los mitos argentinos muestran sus dos caras: Gardel fue la voz del pueblo, pero también un lumpen y un gigoló. Evita la protectora de los pobres y también la “dama del látigo”. Guevara, el mismo que luchaba por un mundo mejor, pero además el delirante que se sacrificaba a sí mismo y a los demás en aventuras absurdas. Maradona, el jugador más grande, y también el dopado y el tramposo. Ácido y reflexivo, el desgarbado escritor de 78 años, un verdadero provocador profesional, no duda: “Estas cuatro personalidades muestran lo peor de los argentinos. Nos representan en los peores aspectos. Además, estoy en contra del culto a los héroes. Eso en democracia no tendría que pasar”.

- ¿Hay algún rasgo que le hubiera gustado tener, de alguno de los cuatro personajes míticos?

- La fama. (Risas). No encuentro otra cosa en ellos que no sea el éxito, algo que a nadie le disgusta tener. En realidad, sí hay algo en común para destacar: la voluntad férrea de todos. Evita y Maradona la tenían para ir en contra de sus enfermedades. Lo mismo que el “Che”, arrastrando su asma por todos lados.

- ¿Y lo peor de cada uno?

- De Gardel, muy poco. Era frío e indiferente. En Evita, el fanatismo fue negativo, sobre todo en alguien que se define como demócrata. En el “Che”, la violencia, sin dudas. Y lo peor de Maradona es su fanfarronería.

- ¿Por qué los eligió?

- Son cuatro personajes de los que ya he escrito. Sobre Gardel lo hice en los ‘60 y fue un escándalo, pero hoy Gardel no escandaliza a nadie. Me equivoqué: lo puse en el lugar del lumpen y lo fue, pero sólo en una etapa inicial. Luego se movió siempre en círculos de clase alta y conservadores, en el país y en el exterior. Sobre Evita escribí un libro, en 1966, que también tenía aspectos equivocados: no era un análisis correcto del peronismo. Era más una mirada literaria y sociológica que política. Además, estaba mal el género. Hice un ensayo político y Evita es más interesante como mito. El personaje político fue Juan Perón y Evita sólo funcionaba como una ornamentación estética del líder, sin ninguna autonomía. Fue importante pero en otros aspectos. Con el “Che”, en su relación con Fidel Castro, pasó algo similar. Sobre Maradona también hablé en otro libro, “La era del fútbol”. También son los personajes argentinos que más aparecen en Internet. Siempre vuelvo a ellos.

- Entonces, también contribuye a la creación de esos mitos, aunque intente desacreditarlos…

- Sí, es cierto. Pero es inevitable que eso pase.

- ¿Y cómo se siente con esa situación? A nivel personal mucha simpatía no parece tenerles.

- Prefiero ocuparme de ellos antes que dejarlos de lado. No creo que Cristina Kirchner haya querido promocionar mi libro, y sin embargo eligió a esos cuatro íconos y terminó haciéndolo. Es parecido.

- Sebreli se refiera a la elección del Gobierno nacional de Gardel, Maradona, Evita y el “Che” como las figuras que serán la cara del país en la Feria del Libro de Frankfurt, que se realizará en octubre. La cercanía de la publicación del libro de Sebreli con la decisión de la administración “K” hace que el escritor sospeche. Y se ría por la “coincidencia”.  A decir verdad, se siente más que a gusto en el ojo de la tormenta y en la vereda de enfrente de las decisiones de la presidenta, aunque más no sea por la mera postulación de figuras para un afiche. “Puede ser que se hayan inspirado en el libro. Como una réplica”, presume. 

- ¿A quién tendrían que haber elegido?

- La Feria del Libro de Frankfurt es un evento literario, no una feria de productos regionales como cree Cristina. Es una feria de libros, nada más. Tendría que haber puesto a escritores vivos. O, en su defecto, a Sarmiento, Mansilla, Borges y Arlt, las grandes plumas locales de los siglos XIX y XX. Después, a las disparadas agregaron a Borges y Cortázar.

- Usted comienza su libro con una frase de Bertolt Brecht: “¡Pobres los pueblos que necesitan héroes!”. ¿Qué necesita un pueblo como el argentino?

- Acá tuvimos varios premios Nobel y casi nadie los conoce. Eso nos hace falta: reconocerlos. Y tener más científicos, investigadoras, artistas… y políticos. Pero no hay. Los únicos en este último rubro que yo reivindicaría, Juan B. Justo y Lisandro de la Torre, fueron fracasos políticos. De todos los políticos del siglo XX, no se salva ninguno. 

- ¿Hay algún rasgo que diferencia a la Argentina en el proceso de construcción de mitos populares?

- Es un fenómeno mundial, pero hay rasgos característicos en la Argentina. A comienzos del siglo XX surgió la necesidad de crear una idea de unión nacional en medio de la inmigración, para que el concepto de país no se disgregara en ese maremagnum de culturas. Se hizo un plan que llevó adelante José María Ramos Mejía, un gran sociólogo, y se creó una especie de religión cívica con base en la escuela primaria. Eso incluía algo que duraría hasta estos tiempos: el culto a los próceres de la patria. Luego, los medios de comunicación trastocaron esos próceres en los ídolos de la industria cultural. De ahí salen Gardel, Evita y, luego, Maradona.

- Entonces, ¿esa creación de mitos es una moda cultural?

- Sí, pero también es otras cosas. Cuenta con una base original y también tiene que ver con necesidades psicológicas de las sociedades frustradas de tener personajes con los que identificarse y proyectarse. Se trata de personas con infancias y juventudes con problemas y humillaciones. Eso las hace más identificables con el hombre común. Además, claro, terminan triunfando. Eso supera a la moda cultural. Cuando más frustrada es la sociedad, más cultos populares emergen. No hay íconos de este tipo en Europa. Sí hay algunos en EE. UU. Pero allí funciona el “star system” como parte de la maquinaria de consumo y no utilizado a nivel político, o por lo menos no tanto como acá.

- El rol de lo medios masivos es vital en este esquema.

- Sí. Gardel era un cantor de minorías hasta que aparecieron la radio y el cine, a cinco años de su muerte. Por eso filmaba muy rápido: se dio cuenta de que había llegado tarde a la difusión masiva. Evita es un producto de la radio y el cine, elementos que luego el peronismo utilizó todo el tiempo. El caso de Maradona es flagrante. Es un producto absoluto de la televisión. Pelé no tuvo su suerte. Todo eso evidencia que el verdadero fenómeno es el telefútbol. Las nuevas generaciones se aburren yendo a la cancha, prefieren ver los partidos por televisión.

- Usted dijo en España que el “Che” era un idiota político y provocó un gran revuelo...

- Fue una confusión. Yo caracterizo al “Che” como un aventurero romántico, no político. Lo de “idiota político” es con respecto a un episodio de su vida, donde sí actuó como un idiota. Fue en su primer viaje a URSS, donde dijo muchas estupideces. Actuó como un turista ingenuo. Fidel era el político. El “Che” fue ingenuo, delirante en muchos momentos. Castro se lo sacó de encima sin desaprovechar la tremenda fama del “Che”. Eso muestra el cinismo, la habilidad y el descarnado realismo de Castro. También se dieron las circunstancias, porque si el “Che” hubiera sido menos loco…

- Usted también hace foco en el fuerte rasgo belicista y sanguinario del “Che”. ¿Por qué es un aspecto poco destacado en él?

- Las mejores biografías del “Che” lo mencionan, pero es cierto que ese aspecto no trasciende. Será por el tamaño que alcanzó su figura. El “Che” escribía mucho y era muy sincero, más escritor que político. Su pasión por la guerra y la sangre está en sus cartas y en sus diarios. Pero el “Che” aún está por descubrirse, porque hoy leemos sólo lo que el gobierno de Cuba quiere. Sus “Cuadernos de Praga” nunca fueron publicados. Aunque lo poco que hay habla mucho de su personalidad. Yo lo encuentro parecido a Ernst Jünger y Pierre Drieu La Rochelle, fascistas de izquierda que amaban la violencia, aunque, claro, con ideologías distintas.

- Usted también destaca el peso del azar, sobre todo en las historias del “Che” y Evita.

- Sí, en ellos el azar fue fundamental. No tanto en Gardel y Maradona, que no tenían otra cosa que la voz y las piernas. Evita nunca soñó con convertirse en una líder política, ni le interesaba. Quería ser una estrella de cine, pero tampoco lo hubiera logrado. Era un personaje muy secundario en el mundo del espectáculo. Conoció a Perón de casualidad y cambió su historia. El “Che” no sabía qué hacer con su vida. Días antes de conocer a Fidel, su proyecto era conseguir una beca para ir a vivir a Francia.

- Ninguno de los cuatro se conoció. ¿Cómo cree que se hubieran llevado?

- Eran ególatras y los ególatras no soportan a otro similar cerca. Si hubieran tenido la oportunidad de hablar, se hubieran peleado. Entre Evita y el “Che” el diálogo jamás hubiera existido. Gardel por ahí sí, pero porque era más bonachón.

- Maradona tiene al “Che” tatuado en su brazo. Ahí parece haber una posible relación.

- Sí, pero Maradona utilizó al “Che”. Cuando llegó a Nápoles ni sabía quién era. Vio a los tifosi napolitanos con banderas del “Che”, preguntó quién era y adhirió. Igual que los jóvenes que se ponen la camiseta con la cara del “Che” y creen que es un cantante de rock.

- Usted define a Maradona como deleznable. ¿Es el peor de los cuatro desde su perspectiva?

- Sí, para mi gusto es el peor. El pobre Maradona no tiene nada. Carece por completo de todo glamour. Es inexplicable que pueda entusiasmar a alguien. Es el más desagradable, su fanfarronería, la manera de caminar. A los otros tres la estética los atenúa un poco. Si tuviera que elegir a alguno para sentarme en una mesa a hablar un ratito, lo haría con Gardel: un tipo incapaz de amar, pero también de odiar. El “Che” era el más peligroso, aunque hubiéramos podido hablar de alguna cosa, como Marx, y tiene ese aspecto estético, romántico, que lo acerca un poco.

- ¿No tomaría un café con Maradona? Es extraño que no quiera conocerlo...

- Sería imposible. Cuando publiqué “La era del fútbol”, en 1998, Mauro Viale quiso juntarnos. Pero no, hubiera sido un diálogo imposible. No es una persona mentalmente estructurada, hubiera empezado a gritar como un desaforado.

- Ahora es el DT de la Selección...

- Es un fracaso que produce dinero. Y mientras sigua así van a seguir llamándolo.

- Bueno, lo saco del fútbol. Tenemos mitos radiales, cinematográficos y televisivos. ¿Los próximos vendrán de Internet?

- Es un misterio saber qué pasará. La televisión seguirá jugando un rol importante y es muy posible que Internet también comience a hacerlo. Pero da la sensación de que de allí salen ídolos muy efímeros. El ritmo es muy vertiginoso: Gilda y Rodrigo son ídolos efímeros destinados a desaparecer. Lo mismo que la fama que emerge de los blogs y los flogs construidos por jóvenes que son vistos en todo el mundo, muchísimo más que el rostro de Gardel en toda la historia. Pero ¿cuánto va a durar toda esta construcción?

- ¿Hay algún otro argentino que podría haber estado en la tapa de su libro?

- Perón podría ser, pero es más político que mito. Salvo en la Argentina, a nadie en el mundo le interesa su figura. Después no se me ocurre ningún otro. Evita llama la atención y emerge porque tiene una  biografía fuera de serie. Una actriz fracasada que llega a la cima de la noche a la mañana. Hoy, Evita jamás podría convertirse en una heroína. Incluso sus aspectos negativos en su época también contribuyeron a su crecimiento como mito, como los escándalos por su supuesta vida sexual desenfrenada. Los amantes que pudo haber tenido Evita en medio de esa sociedad pacata son menos de los que tiene hoy una chica de clase media. Por entonces, era la única mujer con poder, pero tuvo la gran suerte de no tener que confrontar públicamente con nadie. Evita no tenía medios, nunca podría haber discutido en una mesa redonda en televisión con gente que supiera más que ella.

- ¿Qué ocurre cuando la creencia mítica se cruza con la política?

- Tiembla la democracia. El personaje mítico del siglo XX es Adolf Hitler. La revista Time postuló al hombre del siglo, en 1999, y en las encuestas ganaba Hitler. No lo publicaron, pero queda claro que los ídolos pueden ser personajes nefastos, diabólicos. 
 
- ¿Cómo vio el primer año de la gestión de Cristina Kirchner?

- Entramos al ocaso político del kirchnerismo. Eso no significa que no tengan poder, pero la idea de eternizarse ya no se va a dar. Este año es muy probable que pierdan las elecciones. Están muy deteriorados.

- ¿Por qué se da ese deterioro?

- Acá el tema siempre es económico. Si el modelo fracasa, la política fracasa. Y el plan de los Kirchner no funcionó. Les viene bien la crisis global, pero este año hubiera sido muy duro igual. El modelo económico que implementaron es de muy corto plazo. La sustitución de importaciones es igual al modelo de Perón del ‘45, que duró cuatro o cinco años. Perón fue inteligente e hizo un giro con el campo y otros sectores, aunque estaba desgastado y no pudo llevar a cabo las metas.

- La oposición ya habla del postkirchnerismo.

- Soy pesimista: la alternativa es un peronismo no kirchnerista. El problema no es Kirchner sino el modelo populista del peronismo. Y del otro lado está la Coalición Cívica, a la que de cierto modo apoyo, pero de la que no creo que llegue con posibilidades. El peronismo tiene figuras: Solá es mejor que Kirchner. El problema es que el modelo peronista ya se agotó. En Brasil nadie reivindicar a Getúlio Vargas. Eso es una sociedad madura. Acá seguimos en el ‘45.

- ¿Cree que Cristina imita a Evita?

- Sí, pero sin ningún resultado. Es una caricatura y no arrastra a nadie.  Al contrario, su estilo es chocante. Tiene esa cosa ríspida, agresiva. Y encima intelectualiza. Es parecido al estilo de su marido, pero Néstor no aparecía todos los días. Daba más la imagen de un muchacho de barrio. Cristina cae mal, está tensa. Evita era parecida, pero tenía un carisma que no tiene esta mujer.  






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