Espectáculos
19.02.2009
“Hay quienes creen que el rock es salir en MTV con una tetona”
El músico platense regresa a la ciudad y toca mañana en Pura Vida. Diego Billordo fue un pibe al que le gustaban los recitales y ahora es un tipo que quiere darlos. Tuvo su banda y luego le dio por el proyecto solista. Post Cromañón, la cosa se le puso difícil para tocar en Buenos Aires y decidió salir a rodar por ahí.
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INFOnews
A los 32 años y próximo a cumplir los ocho en solitario, el músico platense ya lleva siete giras por el país. Giras en las que, algunas veces, tuvo que dormir en las plazas de los pueblos visitados y, una noche, hasta en un pelotero. Este verano, además de recorrer el sur, comenzó a trabajar en un proyecto que terminará en 2010 con un disco en el que cada canción habrá sido grabada en una ciudad diferente.
Su gira arrancó en La Pampa, pasó por Río Negro, bajó hasta Chubut, volvió a Río Negro y pasó por Punta Alta, donde tocó en un club social habilitado por la municipalidad para festejar un cumpleaños en horario matiné. Después, volvió a Buenos Aires y viajó a La Plata para organizar el concierto que mañana dará en el boliche Pura Vida (8 y 61), junto a Tranquilo Enano y Trizeto Funkino Pepuza.
UNA HISTORIA. El proyecto solista de Billordo tuvo fecha de nacimiento: el show porteño del 8 de marzo de 2001. "Fue en un bar que se llamaba Fin del mundo. Esa noche me vino a ver el Mosca, de Dos minutos. Para mi fue un día muy importante", recordó.
A los pocos días, Billordo se presentó en La Plata y luego en Rosario, donde comenzaba a hacerse conocido. Sin embargo, a finales de 2001 iba a producirse la tragedia de Cromañón y tocar en vivo iba a convertirse en un imposible: los bares rockeros, imposibilitados de cumplir con las exigencias de seguridad, se convertían en heladerías.
"Los festivales están buenos, pero no puede ser que con 40 años de rock en la Argentina no haya más de 10 lugares para tocar en vivo. En Buenos Aires pueden ser Niceto, el ND Ateneo, La Trastienda, pero son muy caros. En La Plata sólo hay dos o tres. Y además los pibes prefieren juntar plata para ir a ver a Radiohead, y los entiendo. Entonces, me di cuenta que había gente en el interior que me escuchaba. Había gente que se conectaba conmigo y quería verme en vivo. Y supe que tenía que ir a tocar para ellos. Hoy tengo cuatro cuentas de messenger con más de mil contactos cada una", festejó.
Músico, manager y productor de sus propios trabajos, Billordo también produjo espectáculos para otras bandas que, en especial, les brindó la posibilidad de tocar en La Plata. "Hay bandas que creen que el rock es tocar de soporte en un estadio, salir en MTV o en la Rolling Stone y levantarse una tetona. Se olvidan que fueron público. Para ellos, ir a tocar a La Plata es como ir al Lejano Oeste", se quejó. Y agregó: "Hay rockeros que hacen un culto a la droga como si estuvieran en los '70 o los '80 ¿Qué es eso? Es re antiguo, caducó. ¡La droga ya fue!".
Billordo no se olvida de ese pibe que fue. Aquel que iba a Cemento y preguntaba todo. Y entonces se ideó un plan para salir de gira. Una vez establecido el contacto, manda 300 afiches, diez o doce discos y algunas instrucciones simples: hay que empapelar la ciudad, lograr que las radios de la ciudad –incluidas las que pasan cumbia– pongan algún tema de su disco y que el diario local haga una nota anunciando el evento. Hubo bares que abrieron un lunes, sólo porque él llegaba para tocar. Son cosas que le quedaron de su curiosidad adolescente y de su paso por la Facultad de Periodismo platense, a la que aún le adeuda –y le adeudará para siempre– tres o cuatro materias y la tesis.
INTERIOR VS CAPITAL. Billordo tiene tres certezas: cualquier esquina de Buenos Aires es como 7 y 50 los viernes a la tarde, pero todo el tiempo; grabar un disco es tensionante, y alquilar una sala resulta muy caro: "Para los discos anteriores alquilé entre una y dos semanas de sala. Pero los que grabaron mis primeros discos ahora salen caro. Y es difícil que un técnico que trabaja para un disco independiente se ponga la camiseta. Por eso me fui a Bariloche y voy a recorrer el país. Ya casi todos tienen los mismos equipos que tienen en un estudio de capital ¡Pero en Bariloche grabé a cien metros del lago Nahuel Huapi! Tranquilo, sin mala energía, sin envidia. Me tocaban la puerta para preguntarme si quería comer un pedazo de torta o para darme un mate", describió.
"Me dan bola en el interior. Entonces, voy al interior", reconoció. Y así es que gira con tres o cuatro acompañantes, con una banda que funciona como trío tradicional de guitarra, bajo y batería.
"Aunque en el disco hay teclados y también un cello y algunas máquinas, la base sigue siendo un trío rockero –contó–. En vivo somos eso. No podemos pagar más, hay que hacerse cargo del viaje, la comida y la estadía. A veces salimos en una combi y otras veces en micro de línea. Estar conmigo es poner corazón: debe ganar más el que le alcanza el agua al Indio Solari que el que toca la batería conmigo".







