Espectáculos
21.02.2009
De vuelta al aire
Desde mañana, DE 6 A 9, Liliana López Foresi vuelve al dial, luego de 19 años que Amalita Fortabat levantó su programa en radio El Mundo en donde Nelson Castro era su columnista.
Por:
INFOnews
Por Francisco Balázs
fbalazs@miradasalsur.com
- ¿Cómo estás pensando tu regreso a la radio y el programa que vas a hacer diariamente?
–Lo estoy viviendo con mucho disfrute, por todos los oyentes que siguen acompañándome. Yo hago vínculo personal con los oyentes, nos escribimos. He tenido amigos, una oyente de radio Mitre fue mi testigo de casamiento, otra fue la primera directora de teatro de Chuni, mi hijo. Yo hago vínculos personales. Recibí el llamado de compañeros que no conozco personalmente, pero con buena onda. Y otros que adoro, como Víctor Hugo Morales, Alejo Apo, Rodolfo Braseli, a quien amo. Es una especie de debilidad que tengo por ellos, son tipos con talento.
–¿A quiénes te vas a dirigir en el programa?
–A esa soledad que escucha en su casa, no a ese colectivo informe que se llama público, a esa categoría difusa que se llama pueblo. Yo no trabajo para el enemigo. Yo emito desde mi soledad no dramática, y me dirijo a ese ser humano que está ahí, atravesado por su propio deseo, que me va a escuchar, recortado de acuerdo con su propia historia, que un día se va a enojar, otro día no. El interés es que circulen las ideas.
–En el programa estarás junto a Carlos Polimeni y Orlando Barone.
–Sí, un equipo precioso, lo ví en una reunión de producción que tuvimos días atrás. Si el programa sale como la reunión de producción, será una maravilla. Ya me puse a hablar con los chicos, con los periodistas que están detrás, y me van dando ideas de cosas que son las que a mí me interesan, y que es construir desde el que está ahí escuchando. Que el oyente construya. Es otra manera de hacer política, porque yo no voy a dar las respuestas ni las soluciones. Ni tengo toda la verdad revelada ni es mi función ni debe serlo. Al contrario, quien está del otro lado es tan importante como yo. Y lo interesante del equipo de trabajo es que ahí somos distintos en un montón de cosas y tenemos historias diferentes, lo cual me parece enriquecedor. Entonces mi idea es ver si podemos salirnos del binarismo, que es en lo que creo profundamente, y pensar de otro modo la política.
–¿Evitar los discursos únicos?
–Claro, porque no puede haber dos caminos; hay millones de caminos y estamos en emergencia. Tengo una energía limitada, soy muy consciente de eso, nací vieja, soy de la generación que soy.
–Y así escaparle a la agenda de los grandes medios.
–Sí, sí, porque me aburre, y además porque es con lo que están jugando todos. Fui peronista cuando tenía 17, 18 años, pero cuando volvió a Ezeiza dejé de serlo. Me di cuenta, era sabia, después me distraje y me puse un poco tonta (risas) pero en ese momento…
–Lo viste con claridad...
–Sí, y se me fueron muchos compañeros, y hay gente que es muy respetable. Lo que quiero es que circule el pensamiento. No soy verticalista, no soy religiosa, no acepto dogmas, no soy católica, pero soy política e ideológicamente cristiana.
–Qué interesante, ¿cómo es eso?
–Adhiero al nuevo testamento, al espíritu liberador del nuevo testamento. No con la opción por la profecía, no por el sacerdocio, no por el poder vertical y monárquico que servía a los reyes. Las corporaciones no me van, qué sé yo. Lo que viene de arriba no me va. Si yo hubiera vivido en la época de Jesús, lo más seguro es que primero me hubiera enamorado (risas), y después que no lo siguiera. Yo me hubiera puesto a su lado y le hubiera dicho, “¿a ver Jesús, qué podemos hacer juntos?”, porque sola no me va. Esto no es una virtud, es absolutamente natural, no me cuesta esfuerzo, es lo que a veces irrita un poco, pero no es soberbia, pasa que yo creo que el poder es nuestro y que cada uno tiene poder.
–Y que debe tomar conciencia de ese poder.
–Y que debe construirlo y manifestarlo. Esa soy yo. Si les molesta, y creen que esto no es de periodista, o no es periodismo, pues no lo soy. Yo soy Liliana y la única que tiene que estar 24 horas conmigo soy yo.
–Sos la que te tiene que disfrutar y tolerar.
–Exacto. Y lo otro que dije fue que si yo hablara las 24 horas del día, y lo voy a decir al aire, sería
una tortura para mí y para quien me tuviera que escuchar (risas). Gracias a Dios tengo varias horas de silencio, me quedaría el 99 % de lo que pienso y siento sin decir. Y eso me pasa a mí, a vos y a todos. Entonces, jamás voy a decir al aire algo que no piense. Del resto siempre me va a quedar algo por decir, aunque me la pasara hablando. Yo me pago mi terapia, no uso la radio para descargar ni para hacer catarsis. Los drenajes de monstruitos que tenemos todos, pues que lo
deriven para otro lado.
–Que no se suelten a ese aire.
–No, no intoxiquemos. De la toxicidad y la contaminación, ésa es de las peores.
–Se te nota contenta con el recibimiento que te dieron en la radio, y finalmente García Bisio (Gerente de Programación) logró el objetivo de llevarte a Del Plata.
–Sí, estoy muy contenta y ayuda el recibimiento de los compañeros de la radio. Juan Carlos es un caballerazo. Yo lo adoro, es un tipo de radio, de los que ya casi no quedan. Hace quince años me quiso llevar a La Red (¡ahí quedó la única foto mía que me gusta!), pero no se dio. Pero sí, fue de él la idea de volver a llamarme. Mirá las vueltas de la vida. A los 17 años yo trabajé en una inmobiliaria, que le tenía que vender un departamento de la calle Charcas a Nito García, padre de Juan Carlos, y un famoso pianista. Y fue la primera vez que me rajaron, porque yo les explicaba que era muy lindo departamento pero que una vez que se mudaran tendrían que cambiar todo un tramo de la cañería. Y el tipo de la inmobiliaria me rajó, y ahí terminó mi aventura inmobiliaria, mientras estudiaba Derecho. Entonces bueno, hay una manera de ser, que es esto, para bien o para mal, y eso soy yo, punto.
–La profesión te ha vuelto a cruzar con Nelson Castro.
–Días atrás lo llamé a Nelson, que fue columnista mío hace 19 años, cuando Amalita (Fortabat) rescindió mi contrato en Radio El Mundo, y quedó conduciendo. En ese momento, él me dijo que no estaba contento que fuera de esa manera, y bueno, 19 años después lo llamé y le dije que tampoco estaba contenta con que sea de esta manera. Todo tendría que ser mejor, yo tendría que haber vuelto mucho antes, es decir, todo tendría que ser distinto, así que le deseé lo mejor; un beso, y con la mejor onda.
–Vas a estar en una de las franjas horarias más competitivas.
–Sí, lo del rating, las mediciones y todo eso. Yo entro al estudio y se cierra el universo. La radio es una burbuja. No estoy de acuerdo con que se vea el sol, no estoy de acuerdo con que sea una vidriera. El programa estará compitiendo, como todos, por eso que le dicen rating. Este país creyó que un dólar valía un peso durante años. A partir de ahí podés creer cualquier cosa. La creencia construye realidad, y bueno, quien quiera creer… Ahora, la que no puede depender de eso ni enajenarse soy yo.
–Sería riesgoso...
–Claro, y no puedo ni quiero negarlo, no soy una negadora. Uno no se puede autoengañar con un montón de temas. Soy una señora grande. Por eso yo algunas cosas las tengo muy escuchadas. Si me vas a mentir, mentime mejor, con un poco de creatividad.
–Que sea un engaño, pero virtuoso...
–Claro, que yo lo note, no importa que sea mentira. Pero que lo note, que haya un algo, un
esmerate un poco, no todo tan chato. Total, todos sufrimos en el vacío, y ésta es una gran ficción a la que le damos sentido. Se trata de sacar lo mejor de cada uno, y lo necesitamos todos, incluso los que nos detestan, pero ellos no lo saben. Hasta el día en que lo descubran... (Risas).
fbalazs@miradasalsur.com
- ¿Cómo estás pensando tu regreso a la radio y el programa que vas a hacer diariamente?
–Lo estoy viviendo con mucho disfrute, por todos los oyentes que siguen acompañándome. Yo hago vínculo personal con los oyentes, nos escribimos. He tenido amigos, una oyente de radio Mitre fue mi testigo de casamiento, otra fue la primera directora de teatro de Chuni, mi hijo. Yo hago vínculos personales. Recibí el llamado de compañeros que no conozco personalmente, pero con buena onda. Y otros que adoro, como Víctor Hugo Morales, Alejo Apo, Rodolfo Braseli, a quien amo. Es una especie de debilidad que tengo por ellos, son tipos con talento.
–¿A quiénes te vas a dirigir en el programa?
–A esa soledad que escucha en su casa, no a ese colectivo informe que se llama público, a esa categoría difusa que se llama pueblo. Yo no trabajo para el enemigo. Yo emito desde mi soledad no dramática, y me dirijo a ese ser humano que está ahí, atravesado por su propio deseo, que me va a escuchar, recortado de acuerdo con su propia historia, que un día se va a enojar, otro día no. El interés es que circulen las ideas.
–En el programa estarás junto a Carlos Polimeni y Orlando Barone.
–Sí, un equipo precioso, lo ví en una reunión de producción que tuvimos días atrás. Si el programa sale como la reunión de producción, será una maravilla. Ya me puse a hablar con los chicos, con los periodistas que están detrás, y me van dando ideas de cosas que son las que a mí me interesan, y que es construir desde el que está ahí escuchando. Que el oyente construya. Es otra manera de hacer política, porque yo no voy a dar las respuestas ni las soluciones. Ni tengo toda la verdad revelada ni es mi función ni debe serlo. Al contrario, quien está del otro lado es tan importante como yo. Y lo interesante del equipo de trabajo es que ahí somos distintos en un montón de cosas y tenemos historias diferentes, lo cual me parece enriquecedor. Entonces mi idea es ver si podemos salirnos del binarismo, que es en lo que creo profundamente, y pensar de otro modo la política.
–¿Evitar los discursos únicos?
–Claro, porque no puede haber dos caminos; hay millones de caminos y estamos en emergencia. Tengo una energía limitada, soy muy consciente de eso, nací vieja, soy de la generación que soy.
–Y así escaparle a la agenda de los grandes medios.
–Sí, sí, porque me aburre, y además porque es con lo que están jugando todos. Fui peronista cuando tenía 17, 18 años, pero cuando volvió a Ezeiza dejé de serlo. Me di cuenta, era sabia, después me distraje y me puse un poco tonta (risas) pero en ese momento…
–Lo viste con claridad...
–Sí, y se me fueron muchos compañeros, y hay gente que es muy respetable. Lo que quiero es que circule el pensamiento. No soy verticalista, no soy religiosa, no acepto dogmas, no soy católica, pero soy política e ideológicamente cristiana.
–Qué interesante, ¿cómo es eso?
–Adhiero al nuevo testamento, al espíritu liberador del nuevo testamento. No con la opción por la profecía, no por el sacerdocio, no por el poder vertical y monárquico que servía a los reyes. Las corporaciones no me van, qué sé yo. Lo que viene de arriba no me va. Si yo hubiera vivido en la época de Jesús, lo más seguro es que primero me hubiera enamorado (risas), y después que no lo siguiera. Yo me hubiera puesto a su lado y le hubiera dicho, “¿a ver Jesús, qué podemos hacer juntos?”, porque sola no me va. Esto no es una virtud, es absolutamente natural, no me cuesta esfuerzo, es lo que a veces irrita un poco, pero no es soberbia, pasa que yo creo que el poder es nuestro y que cada uno tiene poder.
–Y que debe tomar conciencia de ese poder.
–Y que debe construirlo y manifestarlo. Esa soy yo. Si les molesta, y creen que esto no es de periodista, o no es periodismo, pues no lo soy. Yo soy Liliana y la única que tiene que estar 24 horas conmigo soy yo.
–Sos la que te tiene que disfrutar y tolerar.
–Exacto. Y lo otro que dije fue que si yo hablara las 24 horas del día, y lo voy a decir al aire, sería
una tortura para mí y para quien me tuviera que escuchar (risas). Gracias a Dios tengo varias horas de silencio, me quedaría el 99 % de lo que pienso y siento sin decir. Y eso me pasa a mí, a vos y a todos. Entonces, jamás voy a decir al aire algo que no piense. Del resto siempre me va a quedar algo por decir, aunque me la pasara hablando. Yo me pago mi terapia, no uso la radio para descargar ni para hacer catarsis. Los drenajes de monstruitos que tenemos todos, pues que lo
deriven para otro lado.
–Que no se suelten a ese aire.
–No, no intoxiquemos. De la toxicidad y la contaminación, ésa es de las peores.
–Se te nota contenta con el recibimiento que te dieron en la radio, y finalmente García Bisio (Gerente de Programación) logró el objetivo de llevarte a Del Plata.
–Sí, estoy muy contenta y ayuda el recibimiento de los compañeros de la radio. Juan Carlos es un caballerazo. Yo lo adoro, es un tipo de radio, de los que ya casi no quedan. Hace quince años me quiso llevar a La Red (¡ahí quedó la única foto mía que me gusta!), pero no se dio. Pero sí, fue de él la idea de volver a llamarme. Mirá las vueltas de la vida. A los 17 años yo trabajé en una inmobiliaria, que le tenía que vender un departamento de la calle Charcas a Nito García, padre de Juan Carlos, y un famoso pianista. Y fue la primera vez que me rajaron, porque yo les explicaba que era muy lindo departamento pero que una vez que se mudaran tendrían que cambiar todo un tramo de la cañería. Y el tipo de la inmobiliaria me rajó, y ahí terminó mi aventura inmobiliaria, mientras estudiaba Derecho. Entonces bueno, hay una manera de ser, que es esto, para bien o para mal, y eso soy yo, punto.
–La profesión te ha vuelto a cruzar con Nelson Castro.
–Días atrás lo llamé a Nelson, que fue columnista mío hace 19 años, cuando Amalita (Fortabat) rescindió mi contrato en Radio El Mundo, y quedó conduciendo. En ese momento, él me dijo que no estaba contento que fuera de esa manera, y bueno, 19 años después lo llamé y le dije que tampoco estaba contenta con que sea de esta manera. Todo tendría que ser mejor, yo tendría que haber vuelto mucho antes, es decir, todo tendría que ser distinto, así que le deseé lo mejor; un beso, y con la mejor onda.
–Vas a estar en una de las franjas horarias más competitivas.
–Sí, lo del rating, las mediciones y todo eso. Yo entro al estudio y se cierra el universo. La radio es una burbuja. No estoy de acuerdo con que se vea el sol, no estoy de acuerdo con que sea una vidriera. El programa estará compitiendo, como todos, por eso que le dicen rating. Este país creyó que un dólar valía un peso durante años. A partir de ahí podés creer cualquier cosa. La creencia construye realidad, y bueno, quien quiera creer… Ahora, la que no puede depender de eso ni enajenarse soy yo.
–Sería riesgoso...
–Claro, y no puedo ni quiero negarlo, no soy una negadora. Uno no se puede autoengañar con un montón de temas. Soy una señora grande. Por eso yo algunas cosas las tengo muy escuchadas. Si me vas a mentir, mentime mejor, con un poco de creatividad.
–Que sea un engaño, pero virtuoso...
–Claro, que yo lo note, no importa que sea mentira. Pero que lo note, que haya un algo, un
esmerate un poco, no todo tan chato. Total, todos sufrimos en el vacío, y ésta es una gran ficción a la que le damos sentido. Se trata de sacar lo mejor de cada uno, y lo necesitamos todos, incluso los que nos detestan, pero ellos no lo saben. Hasta el día en que lo descubran... (Risas).







