Espectáculos
29.04.2009
Peligro: Pandemia
El brote de gripe porcina puede ser sólo un trago amargo para México. O el inicio de una temible epidemia global.
Por:
INFOnews
La duda no es si puede ocurrir otra pandemia de influenza: la duda es cuándo se va a producir. Otra duda, relacionada con la primera, es si el brote epidémico de gripe porcina que estalló en México y hasta el anochecer del martes 28 se había extendido a otros seis países, desde Estados Unidos hasta Israel y Nueva Zelandia, satisface los requisitos para llamarla de esa forma. Y cuánto podría afectar en la Argentina. En cualquier caso, se trata de una amenaza global. “Tenemos que tener mucho respeto con el virus de la gripe, que puede evolucionar de forma impredecible”, alertó el director adjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Keiji Fukuda. Para la OMS, el nivel de “alerta pandémica” sigue en 4 en una escala de 6. Y según confió un experto argentino en influenza a Newsweek, la OMS está siendo “demasiada prudente, para mi gusto”.
La historia de las pandemias de influenza mostraba cierto patrón de reincidencia. La primera del siglo XX, la epidemia más devastadora en muertes en la historia de la humanidad, ocurrió en 1918: la llamaron “gripe española”, aunque sus orígenes más probables son China o Estados Unidos. La movilización de soldados durante la Primera Guerra Mundial favoreció su dispersión a EE. UU., Alemania, Rusia, Asia y África. La cifra total de muertes es imprecisa, pero algunos llegan a estimar 100 millones.
Luego hubo otras pandemias menos letales, en 1957 y 1968, también originadas en Asia, y una falsa alarma en 1976. En los años 2003 y 2005, sendos brotes de gripe aviar en Corea del Sur y Tailandia hicieron temer lo peor, pero la enfermedad quedó confinada a las aves y sus contactos humanos más cercanos, y el virus no logró adquirir la mutación que garantizara su temida transmisión de persona a persona.
Ahora la situación parece haber cambiado. Para mal. Anthony Komaroff, profesor de Medicina de la Universidad de Harvard, explica que la gripe es una enfermedad provocada por el virus influenza: una diminuta partícula esférica que mide una diezmilésima parte de un milímetro. Típicamente, los virus influenza sólo infectan a una especie, de modo tal que las gripes de humanos son distintas a las que afectan a cerdos, caballos o aves. Sin embargo, hay momentos en que un virus infecta a más de una especie. Y un cerdo, por ejemplo, puede pasar a albergar tanto el virus de la influenza porcina como el de la humana y la aviar. Este escenario de promiscuidad microbiana crea las condiciones para el intercambio viral de genes y la gestación de un “frankenstein”: un agente nuevo frente al cual la población no tiene memoria inmunológica. Y ante el cual queda inerme.
El nuevo virus, del tipo A/H1N1 por el nombre de sus antígenos, “fermentado” en un cerdo, era considerado la opción menos probable para disparar un brote. Presenta componentes de tres clases de virus gripales: de las aves, del hombre, y del cerdo mismo, dice Horacio López, director de la carrera de especialización de Infectología de la UBA. “El producto de esta combinación se transmitió por las secreciones respiratorias del cerdo a algún ser humano, luego de humano a humano, y así empezó esta historia”, destaca López. Una historia que tiene todavía un final abierto.
La primera víctima identificada en México podría haber sido una mujer de 39 años de Oaxaca, que falleció el 13 de abril, según consignó el diario El Universal. Pero otros especialistas discuten el lugar de origen. Como sea, la cifra de víctimas fatales en México ya llegaba este martes a 152, la mayoría en la capital. Había más de 1.600 enfermos posibles bajo estudio. Y ya se reportaban casos confirmados en Estados Unidos, España, el Reino Unido, Nueva Zelandia, Israel y Canadá.
Respecto a epidemias de décadas y siglos anteriores, “la velocidad de traslado de la gente se multiplicó por 20 o por 50”, lo que favorece la posibilidad de difusión de la enfermedad, señala Jorge Pickenhayn, director del programa de Geografía Médica de la Universidad Nacional de San Juan.
La preocupación y el temor se propagan aún más que la gripe. Walter Ledermann, infectólogo de la Universidad de Chile, cuenta en la Revista Chilena de Infectología que la primera reacción humana ante las terribles pandemias de la historia siempre fue el pánico. “Un miedo súbito, extraordinario, que oscurece la razón”, describe. La segunda reacción, ya en medio de la crisis, es la búsqueda de una causalidad: de un culpable, de un responsable de tamaño castigo. Por ahora, sin embargo, las autoridades en todo el mundo tratan de mantener el equilibrio entre infundir una alarma innecesaria y promover un alerta que ayude a contener los focos epidémicos.
En la capital mexicana, casi el total de la gente anda con barbijos, y, si no los llevan, no les permiten subir a los autobuses o los obligan a descender (los expertos señalan que el barbijo en realidad ofrece una protección relativa cuando hay aglomeraciones de personas, y puede dar una falsa sensación de seguridad). La policía los regala en las entradas de las estaciones del subte y del Metrobus. Estornudar o toser ya se ha vuelto sospechoso. Con el correr de los días, se observa cada vez menos cantidad de personas en las calles. Treinta y tres millones de estudiantes tienen las clases suspendidas. Las oficinas de gobierno dejaron de trabajar, y las empresas privadas disminuyeron las jornadas laborales. Algunos patrones instaron a sus empleados a trabajar vía Internet desde sus casas, a que no acudieran a las oficinas.
Los cines y teatros están suspendidos. Los partidos de fútbol se jugaron este fin de semana a puertas cerradas. También se cancelaron las misas y reuniones multitudinarias en templos. La Iglesia Católica de México, por vez primera en más de 100 años, sacó al Cristo de la Salud de la principal Catedral del D. F., para una procesión.
Barack Obama anunció que la situación es preocupante pero que no debe causar alarma. Y pidió “abundancia de cautela”. En la Argentina, una encuesta online de D’Alessio-Irol/Clarín mostraba al anochecer del martes 28 que un 37,5 por ciento de la gente declara estar “muy preocupada”, pero la proporción sube (a 43%) entre quienes dicen estar “medianamente preocupados”. En China, una encuesta similar del diario China Daily evidenciaba “preocupación” en el 82 por ciento de los participantes, y “pánico” sólo en 6,5 por ciento. Pero en la Argentina hay sólo tres pacientes en estudio y China no tiene casos confirmados: la inquietud en la población bien podría potenciarse si aparecieran enfermos concretos.
Después de las críticas recibidas por la tardía respuesta oficial al brote de dengue, las autoridades argentinas eligieron no volver a quemarse con leche. “Prefiero sobreactuar”, se había defendido el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin, al proponer tomarle la fiebre a todos los pasajeros que llegaran en avión desde México. Pecar por exceso, y no por defecto, también fue la orden que bajó la presidente Cristina Kirchner. En la noche de este martes, el Gobierno nacional anunció un paquete de medidas que incluye suspender por cinco días los vuelos hacia México. También, la instalación de “sensores termográficos” en los aeropuertos, con el fin de detectar posibles portadores de ese tipo de influenza (aunque la efectividad de ambas decisiones es controvertida).
Desde Europa, donde está participando de un encuentro científico sobre influenza, el jefe de Infectología del CEMIC admite que, por ahora, existen más dudas que certezas, aún entre los expertos. “No es que no sepan sobre la influenza, sino porque se requiere tiempo para poder establecer las características principales de este virus particular”, señala Pablo Bonvehí. Agrega que es difícil hacer predicciones sobre la evolución de este brote y su eventual transformación en una pandemia: “Debemos seguir muy de cerca la aparición de nuevos casos y, sobre todo, de la transmisión interhumana en otros países fuera de México. Estos nuevos casos deberán ser inicialmente confirmados ya que, sobre todo en esta época en nuestro hemisferio, podemos comenzar a ver casos de influenza estacional que es la que vemos todos los años”.
Pero si fuera un pandemia, el escenario podría ser ominoso. De acuerdo a la experiencia de pandemias anteriores, la OMS menciona como probable un escenario en el que mueran de 2 a 7,4 millones de personas, acota Bonvehí. Un funcionario del Ministerio de Salud agregó a Newsweek que en la simulación de planes de contingencia para enfrentar pandemias de influenza se vino manejando un escenario de mortalidad de un 2 por ciento de la población general, lo que implica que la infección podría llegar a matar a 500.000 o incluso 800.000 argentinos. Y agrega: “Todavía es prematuro aventurar cuál es la verdadera tasa de letalidad de este virus”. Nadie conoce su capacidad destructiva. Ni se sabe por qué algunos pacientes reaccionan de manera exagerada al virus y otros apenas tienen síntomas.
Por lo pronto, la OMS está concentrando sus esfuerzos en ofrecer apoyo para tratar a las personas enfermas y en elaborar una vacuna para la nueva variante. “Pero no creemos que esté lista sino después de unos cuatro o seis meses”, dijo la directora general del organismo, Margaret Chan. Las fórmulas hoy disponibles, contra la influenza estacional, brindan una protección nula o apenas limitada, en el mejor de los casos. Sí hay en cambio dos medicamentos antivirales que cortan la duración e intensidad de los cuadros, lo que hizo subir las acciones de los dos laboratorios que los producen, Roche y GlaxoSmithKline.
Pero salvo algunas pocas compañías farmacéuticas, y quizás fabricantes de barbijos, son pocos quienes van a poder sacar beneficios de una crisis sanitaria que llueve sobre la otra económica. En México, se calcula que las restricciones ya causaron pérdidas diarias de US$ 110 millones. Las bolsas del mundo cayeron. Y el FMI pronosticó en 2008 que una epidemia global habría de provocar una caída del 5 por ciento en el PBI global. Quizás no sean sólo los pacientes quienes tengan que sufrir la cuarentena.
Con A. Lelo de Larrea (en México).







