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19.06.2009

"Fue fantástico dejar las drogas"

La dama del pop cuenta que desde que superó su adicción produjo “más que nunca” y ganó más plata. Por qué se considera “genia total”, su miedo al deterioro de la vejez, los 40 años de matrimonio y las ganas de vivir en un hotel.

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Por Susana Parejas
sparejas@revista7dias.com

Hola, sí…, ¿quién es?... A la mañana estoy muy ocupada, por la tarde tiene que ser.
“Todo el tiempo es así”, dice Marta, colgando el teléfono. No es una disculpa ni un lamento. Vuelve a su asiento y sigue la charla adrenalínica. Todo el tiempo es así. Un nuevo llamado. “Son Los Fabulosos Cadillacs, quieren que me saque una foto con ellos, que vaya a un estudio”. Pero ella está muy ocupada, tendrán que venir a su taller en el barrio de San Cristóbal, en la calle Humberto Primo. Tendrán que entrar a los 900 metros cuadrados plagados de obras, las mismas que se vieron en tantas exposiciones y que marcan, ya, un espacio que bien podría ser la antesala del parque temático que sueña construir alguna vez: “Minujilandia”. Sus colchones intervenidos con telas de colores vibrantes, los vitraux, el Citroën cubierto de venecitas, las famosas esculturas griegas fragmentadas. Es arte en un caótico orden. “Todo tiene un sentido”, dice la “dama del pop” mientras levanta una máscara de Mickey caída de una de las instalaciones.

Y en un momento una palabra descubre el valor de ese enorme atelier, más allá del trabajo, más allá de la exposición permanente de sus creaciones, de su imaginación llevada al metal, al yeso, a la goma espuma. “Aquí nací, en el primer piso”, dice señalando una de las habitaciones que dan al patio cerrado. Sí, nació allí el 30 de enero de 1943. La casa natal ahora es su taller. Su taller es su vida. “Me muero si no trabajo, me siento mal si no vengo al taller. Y sacrifico muchísimas cosas, nunca voy a comprarme nada, nunca voy al supermercado, pido todo por teléfono, no me compro ropa, hago canje. He ganado plata, pero la gasto en mis esculturas”, comenta, Marta, mientras oficia de guía por las diferentes salas.

Flower power. Acaba de llegar del Festival de Arte Subversivo, en Stuttgart, Alemania; el arte, una vez más, la llevó a ese país para cumplir el sueño del artista Gabor Altorjay que quería hacer, desde hace 42 años, junto a ella un happenning,  “un acontecer, un suceder de algo inesperado con una intensidad muy increíble de tiempo y espacio”. Así, durante 20 minutos, salió de adentro de una caja con una bandera argentina, regaló choclos firmados, fue filmada y proyectada en vientres de mujeres embarazadas, hizo una lluvia de pochoclos de cierre, y volvió a la caja. El último que hizo en la Argentina fue “Rayuelarte”, en homenaje a Julio Cortázar, donde más de 3.000 personas jugaron en las 120 rayuelas que la artista pintó sobre la 9 de Julio. 

–¿Cómo vive la cultura pop hoy?

–Siempre fui pop, es la única manera de despegarme del mundo que es triste. Es la única manera de divertirse. Hay que reírse de uno mismo, la cultura del papelón, de la pavada, y no tomarse todo tan en serio. Cuando me convertí en pop en la década del ’60, me hice hippie y fue la época más feliz de mi vida, en que creí en otra posible sociedad, en el “flower power”. Creer totalmente en la fuerza de la belleza. Entonces, si vos vas por el camino de la belleza y de la imaginación nada te frena.

–¿A usted nada la frenó?

–Abandoné en cuarto año de Bellas Artes, pero toda mi vida estudié el arte, siempre con el ojo híper funcionando. Y aparte creo muchísimo en mí misma. Creo que soy genia, genia, genia, genia, genia de verdad. Genia total.

–Esto lo dice siempre, ¿es un buen plan de marketing, o un convencimiento personal?

–Estoy totalmente convencida, desde los 14 años. Yo he logrado mucho, pero creo que después de muerta se me va a reconocer muchísimo más. No hay mujeres en el mundo que hayan hecho un Obelisco de pan dulce, un Partenón de libros, una torre de pan lactal, un Carlos Gardel de fuego, estructuras cortadas, esculturas de bronce, vidrios, neón. Entonces, esa variedad muestran un ser totalmente artista. Pero artista de verdad, como fue Leonardo Da Vinci, o Picasso. A mí me tocó como destino ser eso.

–¿Qué siente cuando la critican, o le dicen que está “chapita”?

–No me molesta. Lo que me interesa es escuchar los conceptos de la gente joven, los de 30 o 40 años. Ver qué opinan de mi posición en el mundo. De “ver”, porque yo voy a seguir igual, porque sigo a muerte con todo lo que hago. No me interesa nada, no me importa que digan: “es viejo, ya pasó”.

–¿Y qué sentido tiene la política para usted?

–A mí me parece tremendo todo lo de la política, el tiempo que se pierde. Me parece un desastre todo lo que está pasando, todo, todo. Soy apolítica, mi política es el arte. Si yo haría política lo haría a través del arte. Haría monumentos para reflexión y después los haría estudiar a todos los diputados, los haría estudiar ciencias políticas. Estudiar todas las políticas, que sepan y que se tomen entre ellos exámenes.

–¿Va ir a votar el 28 de junio?

–Sí, voy a votar, pero no sé a quién, no hay nadie que me encandile.

Mujer fragmentada. Es difícil intentar una definición de esta mujer de cabello platinado y eternos anteojos, que se dice a sí misma “genia” y “anticonsumista”, pero que adora el “maquillaje y las cremas”;  hiperkinética, enérgica, que habla a una velocidad desmedida. Pero ella misma arriesga una: “Soy una persona hipersofisticada en los gustos, que me gusta la belleza en sí  misma, pero que veo la sofisticación en la cosa más simple. Mi ojo sabe distinguir; de pronto un gaucho me parece la persona más elegante del mundo.” 

Con su forma desenfadada de encarar el arte, podría pensarse en una forma desordenada de vivir la vida. Muchos matrimonios, hijos fuera de control. Pero el cóctel “minujezco”, se completa con una familia tipo. Está casada desde hace cuarenta años, tiene dos hijos profesionales, y varios nietos.

–Su hijo Facundo contó hace poco que dentro de su casa no se vivía una vida de arte, que el arte era para afuera. ¿Cómo logró esa separación de mundos?

–Lo hago de la misma manera que soy una persona fragmentada yo también. Viste que estoy casada con el mismo marido, un economista, tengo un hijo banquero y una hija que estudia economía también. Lo logro porque me desdoblo. Tengo muchas personalidades.

–¿Puede entrar en su casa y dejar todo el arte afuera?

–Sí puedo, como si estuviese en la pieza de un hotel. Yo, por empezar, prefiero vivir en un hotel más que en mi casa. No tengo en mi casa nada personal, ni nada de arte, ni nada. Voy y miro televisión y me acuesto y pido comida delivery. A mí me gusta lo impersonal, me gusta vivir en hoteles, pero igual sigo con mi marido desde que me casé a los 16 años. Él tiene su vida y yo la mía.

 –¿Piensa en la muerte?

–Sí, me gustaría morirme joven.

–¿Por qué?, ¿le asusta la vejez?

–Me asusta el deterioro. Porque me interesa tener toda la energía del mundo, que no me vaya deteriorando poco a poco, no sufrir de cansancio. Cuando conocí a Dalí, él tenía 70 y yo 20, pero él tenía una energía total; se movía como un joven. Después murió de una manera atroz. Y yo siento que tengo la energía de Dalí, y no quisiera llegar a esa muerte horrible. Aparte, no voy jamás a un médico, no quiero nada de análisis y eso.

–¿No se cuida con las comidas tampoco?

–No, como pésimo. Es una barbaridad. Durante todo el día no como nada, y después voy a la noche y como en la cama cincuenta yogures, noventa tarros de dulce de leche. No engordo nunca, pero no como durante el día nada sólido.

–¿Cómo es un día en su vida?

–Me levantó y hago gimnasia, pongo un video en la tele y hago unos 40 minutos todos los días de aeróbica. Si no me siento mal. Luego tomo un café con amigos, allá en Plaza Vicente López donde vivo, y después vengo acá y me quedó todo el día.

–¿Tiene muchos amigos?

–Tengo amigos de todas las partes del mundo, son todos artistas locos, pero no toman drogas. Son tan locos que no pueden tomar droga. La droga es matadora, te quema las neuronas y te arruina para siempre.

–¿Pudo usted dejar la droga?

–Sí, fue fantástico haber dejado la droga. En un momento me agarró muy fuerte, porque yo era adicta total, pero el susto que tuve al pasar la aduana con droga y quedar detenida, hizo que nunca jamás en la vida volviera a tomar. Yo pienso que fue el mismo susto que se pegó Charly ahora. Hay gente mala que te agarra y te contagia, la gente mala me hizo meter en ese lío. Gente que no tiene nada que hacer, que no tiene una vocación, porque en realidad mi adicción es el arte. Soy adicta al arte, y a trabajar. Me muero si no trabajo. Me muero.

–Entonces, el susto cuando la detuvieron en 2004 fue algo bueno…

–Fue lo mejor que me pasó en la vida, todo eso sirvió y fue positivo. Maradona, Charly, Elton John…, mucha gente paró. Y tampoco tomo alcohol, ni fumo, ni nada.

–¿Jamás volvería a tomar droga?

–En mi vida tomaría droga jamás. Me parece lo peor de lo peor, la cosa más horrible que hay. Pegotean a la gente con la droga, y dejan de producir, y yo en estos cuatro años en que jamás probé, he producido más que nunca, he viajado más que nunca, he ganado más plata, me ha ido extraordinario, me fue genial.

Fotos: Nacho Sánchez.







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