Espectáculos
28.06.2009
Alerta de manipulación
Los especialistas Gabriel Puricelli, Adriana Amado Suárez y Gonzalo Barciela reflexionan sobre las violaciones a la veda electoral.
Por:
INFOnews
La responsabilidad social de los medios
Por Adriana Amado Suárez
Directora de Periodismo de la Uces
Es paradójico que, después de 25 años de democracia, todavía haya que recordar la disposición legal que pide a los medios y a los políticos terminar la campaña electoral 48 horas antes de los comicios. La norma busca aportar serenidad a la reflexión ciudadana luego de la intensidad de la campaña. De hecho, es el momento en que se mantiene una estricta igualdad de oportunidades para todos los candidatos: mientras la comunicación depende de recursos técnicos y financieros que evidencian fuertes diferencias entre los candidatos, el silencio equipara a todos en un respeto común hacia aquellos que están decidiendo su voto.
Es obvio que la veda no es censura, sino que se pide asumir una actitud responsable ante la
decisión de la ciudadanía, tanto en el momento en que ésta se está gestando, como en las
horas en que se procede a su escrutinio. Salir a ofrecer resultados provisorios en las horas
posteriores al cierre, provengan de encuestas a boca de urna o de estimaciones oficiales, implica
un desprecio por la cifra real que aguarda a ser verificada en cada una de las mesas.
Las experiencias anteriores confirman que la veda no es tenida en cuenta por los medios. De
acuerdo con un estudio de Poder Ciudadano, el 4% del total de las noticias de la campaña 2007, se publicaron el sábado y domingo de la veda. Clarín, por ejemplo, publicó más de 40 noticias
sobre la campaña el día de los comicios.
En el caso de los informativos televisivos, muchos suponen que las 18 horas los habilitan para dar falsas primicias sobre el ganador. Y algunos candidatos creen que se deben a la ansiedad de los móviles apostados en lo que una metáfora infausta designa como “bunkers”.
Sin contar las situaciones donde algunos festejaron irresponsablemente y otros consagraron
ganadores a los vencidos. En esos momentos, fue la ciudadanía quien demostró más conciencia
cívica que los periodistas y los políticos, porque no se dejó llevar por el falso festejo y supo
esperar los resultados definitivos.
Si bien el Comfer ha salido a recordar la disposición que prohíbe la difusión de noticias de la
campaña durante estos días, la realidad es que la prensa gráfica está por fuera de esta autoridad,
con lo que más allá del temor a una posible sanción, deberíamos esperar que un comportamiento
cívico de todos los medios que se encargan de cubrir el acontecimiento.
Aún en la circunstancia de que muchos son empresas que buscan maximizar su audiencia con efectismos de anuncios y primicias, sería interesante que en las elecciones, tan centrales para
el fortalecimiento democrático, los medios asumieran que la información es su primera responsabilidad social empresaria. Y es, indiscutiblemente, su principal deber cívico.
La profecía de los objetivos propios
Por Gabriel Puricelli
Licenciado en Sociología (UBA) y analista poilítico
Cuando un medio de comunicación reitera el uso de una aserción en títulos, volantas y textos, cuando decide hacerla el centro de sucesivas tapas y lo hace bajo la forma de la profecía, no está haciendo otra cosa que poner en práctica aquello que se llama “línea editorial”. Se entiende por línea “editorial” aquello que, sin derrapar hacia el eufemismo, se denomina línea “política” en los demás actores de un sistema político democrático.
Hay una decidida operación de enmascaramiento cuando se usan distintos adjetivos para definir la línea (lo que es decir el “programa” o, por lo menos, la intención) de una empresa editora o audiovisual y la de un partido u otro tipo de asociación explícitamente política.
Es la misma operación que oculta tras la apariencia de profecía aquello que es, en realidad, un objetivo buscado. En cualquier caso, la admisión, a menudo hecha a regañadientes de que existe tal cosa como una “línea”, aun si se la embellece con la connotación a priori poco amenazante de “editorial”, significa que se ha aceptado el hecho inocultable de que no existe objetividad posible en el ejercicio del periodismo o de la industria de la edición o audiovisual.
La admisión de esa imposibilidad de verdad objetiva es la que funda en definitiva la política democrática, aquella en que se pautan unas reglas para competir para lograr que se tengan predominantemente en cuenta unos ciertos intereses.
La noción de objetividad valorativa (en el caso que nos ocupa o en las áreas del conocimiento) va de la mano con una idea de que existe también un bien común objetivo y determinable consensualmente. En las sociedades divididas que son propias del capitalismo, hay inevitablemente intereses encontrados que encuentran un modo de ser negociados en la política democrática y ésta no tiene en los partidos o en las organizaciones de clase, actores excluyentes. Las medios gráficos y audiovisuales participan (a veces con todas las de ganar) en la disputa por hacer aparecer como “bien común” aquello que es lo mejor sólo para algunos.
Novedades y reacciones
Por Gonzalo Barciela
Abogado (UBA). Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo
"La mayoría piensa que son el único sujeto, y se representan la clase antagónica como un mecanismo objetivo de opresión dirigido por un puñado de aprovechadores".
Alain Badiou
En las elecciones de este domingo 28 de junio, el kirchnerismo medirá verdaderamente fuerzas tras la disputa en torno de la Resolución 125. Este nuevo escenario no se presenta como una simple contraposición entre dos modelos o proyectos, sino que, antes bien, dirime las posibilidades para que el sujeto oscuro que comenzó a delinearse en los pliegues de la reacción pastoril, adquiera consistencia política.
En este orden de ideas, la acción destituyente desplegada por el Partido de los Medios, y su efecto diferido en el tiempo, pretende horadar la iniciativa política del gobierno, situando a priori los marcos de inteligibilidad de la escena a transcurrir tras el acto eleccionario. Nos referimos al mentado “Nuevo Congreso”, cuya anatomía pretende desplegar el Grupo Clarín desde las 18.01 del domingo, mediante el bombardeo de guarismos “a boca de urna”.Aquel sintagma, antes que abrirse a la lectura de una supuesta novedad, clausura todo marco de interpretación dentro de un férreo universo de sentido, el que decreta la derrota del kirchnerismo.
Es sabido que el kirchnerismo se constituye como un agregado heterogéneo, hoy replegado sobre dos anclajes de lo popular: el territorial y el sindical.
Hoy se encuentra en abierta disputa la iniciativa estratégica, la posibilidad de que aquél se consolide como una voluntad política y, por lo tanto, que en su densa trama de actores, se comience a constituir un verdadero sujeto político. Ello requerirá que se advierta el capital político perdido y se recompongan acciones, fidelidades y lenguajes.
El desenvolvimiento mismo de la correlación de fuerzas ha colocado al Gobierno frente a la difícil tarea de renovar su vocación movimientista. Ningún ciclo carga sobre su frente el destino que ha de asignarle el Tribunal de la historia, pero es sabido que el 29 de junio por la mañana no bastará con colocarse a resguardo de la reacción, sino que comenzará una verdadera lucha de posiciones, de afirmación antes que de defensa residual de lo hasta aquí conseguido.
Por Adriana Amado Suárez
Directora de Periodismo de la Uces
Es paradójico que, después de 25 años de democracia, todavía haya que recordar la disposición legal que pide a los medios y a los políticos terminar la campaña electoral 48 horas antes de los comicios. La norma busca aportar serenidad a la reflexión ciudadana luego de la intensidad de la campaña. De hecho, es el momento en que se mantiene una estricta igualdad de oportunidades para todos los candidatos: mientras la comunicación depende de recursos técnicos y financieros que evidencian fuertes diferencias entre los candidatos, el silencio equipara a todos en un respeto común hacia aquellos que están decidiendo su voto.
Es obvio que la veda no es censura, sino que se pide asumir una actitud responsable ante la
decisión de la ciudadanía, tanto en el momento en que ésta se está gestando, como en las
horas en que se procede a su escrutinio. Salir a ofrecer resultados provisorios en las horas
posteriores al cierre, provengan de encuestas a boca de urna o de estimaciones oficiales, implica
un desprecio por la cifra real que aguarda a ser verificada en cada una de las mesas.
Las experiencias anteriores confirman que la veda no es tenida en cuenta por los medios. De
acuerdo con un estudio de Poder Ciudadano, el 4% del total de las noticias de la campaña 2007, se publicaron el sábado y domingo de la veda. Clarín, por ejemplo, publicó más de 40 noticias
sobre la campaña el día de los comicios.
En el caso de los informativos televisivos, muchos suponen que las 18 horas los habilitan para dar falsas primicias sobre el ganador. Y algunos candidatos creen que se deben a la ansiedad de los móviles apostados en lo que una metáfora infausta designa como “bunkers”.
Sin contar las situaciones donde algunos festejaron irresponsablemente y otros consagraron
ganadores a los vencidos. En esos momentos, fue la ciudadanía quien demostró más conciencia
cívica que los periodistas y los políticos, porque no se dejó llevar por el falso festejo y supo
esperar los resultados definitivos.
Si bien el Comfer ha salido a recordar la disposición que prohíbe la difusión de noticias de la
campaña durante estos días, la realidad es que la prensa gráfica está por fuera de esta autoridad,
con lo que más allá del temor a una posible sanción, deberíamos esperar que un comportamiento
cívico de todos los medios que se encargan de cubrir el acontecimiento.
Aún en la circunstancia de que muchos son empresas que buscan maximizar su audiencia con efectismos de anuncios y primicias, sería interesante que en las elecciones, tan centrales para
el fortalecimiento democrático, los medios asumieran que la información es su primera responsabilidad social empresaria. Y es, indiscutiblemente, su principal deber cívico.
La profecía de los objetivos propios
Por Gabriel Puricelli
Licenciado en Sociología (UBA) y analista poilítico
Cuando un medio de comunicación reitera el uso de una aserción en títulos, volantas y textos, cuando decide hacerla el centro de sucesivas tapas y lo hace bajo la forma de la profecía, no está haciendo otra cosa que poner en práctica aquello que se llama “línea editorial”. Se entiende por línea “editorial” aquello que, sin derrapar hacia el eufemismo, se denomina línea “política” en los demás actores de un sistema político democrático.
Hay una decidida operación de enmascaramiento cuando se usan distintos adjetivos para definir la línea (lo que es decir el “programa” o, por lo menos, la intención) de una empresa editora o audiovisual y la de un partido u otro tipo de asociación explícitamente política.
Es la misma operación que oculta tras la apariencia de profecía aquello que es, en realidad, un objetivo buscado. En cualquier caso, la admisión, a menudo hecha a regañadientes de que existe tal cosa como una “línea”, aun si se la embellece con la connotación a priori poco amenazante de “editorial”, significa que se ha aceptado el hecho inocultable de que no existe objetividad posible en el ejercicio del periodismo o de la industria de la edición o audiovisual.
La admisión de esa imposibilidad de verdad objetiva es la que funda en definitiva la política democrática, aquella en que se pautan unas reglas para competir para lograr que se tengan predominantemente en cuenta unos ciertos intereses.
La noción de objetividad valorativa (en el caso que nos ocupa o en las áreas del conocimiento) va de la mano con una idea de que existe también un bien común objetivo y determinable consensualmente. En las sociedades divididas que son propias del capitalismo, hay inevitablemente intereses encontrados que encuentran un modo de ser negociados en la política democrática y ésta no tiene en los partidos o en las organizaciones de clase, actores excluyentes. Las medios gráficos y audiovisuales participan (a veces con todas las de ganar) en la disputa por hacer aparecer como “bien común” aquello que es lo mejor sólo para algunos.
Novedades y reacciones
Por Gonzalo Barciela
Abogado (UBA). Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo
"La mayoría piensa que son el único sujeto, y se representan la clase antagónica como un mecanismo objetivo de opresión dirigido por un puñado de aprovechadores".
Alain Badiou
En las elecciones de este domingo 28 de junio, el kirchnerismo medirá verdaderamente fuerzas tras la disputa en torno de la Resolución 125. Este nuevo escenario no se presenta como una simple contraposición entre dos modelos o proyectos, sino que, antes bien, dirime las posibilidades para que el sujeto oscuro que comenzó a delinearse en los pliegues de la reacción pastoril, adquiera consistencia política.
En este orden de ideas, la acción destituyente desplegada por el Partido de los Medios, y su efecto diferido en el tiempo, pretende horadar la iniciativa política del gobierno, situando a priori los marcos de inteligibilidad de la escena a transcurrir tras el acto eleccionario. Nos referimos al mentado “Nuevo Congreso”, cuya anatomía pretende desplegar el Grupo Clarín desde las 18.01 del domingo, mediante el bombardeo de guarismos “a boca de urna”.Aquel sintagma, antes que abrirse a la lectura de una supuesta novedad, clausura todo marco de interpretación dentro de un férreo universo de sentido, el que decreta la derrota del kirchnerismo.
Es sabido que el kirchnerismo se constituye como un agregado heterogéneo, hoy replegado sobre dos anclajes de lo popular: el territorial y el sindical.
Hoy se encuentra en abierta disputa la iniciativa estratégica, la posibilidad de que aquél se consolide como una voluntad política y, por lo tanto, que en su densa trama de actores, se comience a constituir un verdadero sujeto político. Ello requerirá que se advierta el capital político perdido y se recompongan acciones, fidelidades y lenguajes.
El desenvolvimiento mismo de la correlación de fuerzas ha colocado al Gobierno frente a la difícil tarea de renovar su vocación movimientista. Ningún ciclo carga sobre su frente el destino que ha de asignarle el Tribunal de la historia, pero es sabido que el 29 de junio por la mañana no bastará con colocarse a resguardo de la reacción, sino que comenzará una verdadera lucha de posiciones, de afirmación antes que de defensa residual de lo hasta aquí conseguido.







