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02.07.2009

La penetración estratégica en América Latina

“El presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad debe amar el trópico”, comentó irónicamente The Miami Herald. “Ha pasado, en América latina, más tiempo que el presidente Bush.” Desde su asunción (2005), el foco de la política exterior de Irán se desplazó de África hacia América latina con el fin de, como lo expresara Ahmadinejad, “enlazar” a Estados Unidos.

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Por Ely Karmon*

“El presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad debe amar el trópico”, comentó irónicamente The Miami Herald. “Ha pasado, en América latina, más tiempo que el presidente Bush.” Desde su asunción (2005), el foco de la política exterior de Irán se desplazó de África hacia América latina con el fin de, como lo expresara Ahmadinejad, “enlazar” a Estados Unidos.

Farideh Farhi sostiene que, mientras es un acontecimiento relativamente nuevo la atención de Irán hacia América latina como región, sus lazos bilaterales, con algunas naciones latinoamericanas, son de larga data y relativamente sólidos. Irán compartió, desde fines de la Guerra Irán-Irak, una relación ideológica con Cuba y un vínculo político con Venezuela desde la cofundación de la OPEP en los años ’60 del siglo XX. El impulso –detrás de estas relaciones bilaterales de larga data– es por partida triple. En política exterior, la posición no-alineada de Irán lo forzó a buscar países con puntos de vista ideológicos similares; los esfuerzos –por parte de Estados Unidos– de mantener a Irán aislado, desde el punto de vista diplomático y económico, lo obligaron a llevar a cabo una política exterior activa y, finalmente, la elección de un presidente reformista (1997) hizo posible que países como Brasil se unieran a Irán con suficiente confianza como para resistir las presiones de Estados Unidos.

En la primera década del nuevo milenio, el desplazamiento hacia la izquierda de muchos e importantes países latinoamericanos permitió a Irán tener más éxito en su intento de mejorar sus relaciones. Desde el punto de vista de Ahmadinejad, “en lugar de responder pasivamente hacia el intento de Estados Unidos de aislar a Irán –política y económicamente– y convertirse en el jugador dominante en la región de Medio Oriente, Irán debería movilizarse, agresivamente, en el propio terreno de Estados Unidos como medio para ponerlo nervioso o, al menos, proponérselo”.

¿Qué busca Ahmadinejad en América Latina? En primer lugar, busca el apoyo de América latina para contrarrestar las presiones de Estados Unidos y Europa y evitar que Irán desarrolle capacidades nucleares. Venezuela y Cuba fueron, junto con Siria, los tres únicos países que apoyaron el programa nuclear iraní en la votación de febrero de 2006 en la Agencia Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas.

En segundo lugar, Ahmadinejad quiere contraatacar a Estados Unidos en su propio hemisferio y, tal vez, desestabilizar a los gobiernos amigos de Estados Unidos a fin de negociar, con Washington, desde una posición de mayor fortaleza.

En tercer lugar, la popularidad en su propio país de Ahmadinejad está cayendo y quiere mostrar a su pueblo que, en el exterior, es recibido como un héroe.

Desde el ascenso al poder Ahmadinejad realizó tres visitas diplomáticas a América latina en busca de una alianza con los “países revolucionarios”. Llegó a Venezuela (julio, 2006); Venezuela, Nicaragua y Ecuador (enero, 2007); Venezuela y Bolivia (septiembre, 2007). Ahmadinejad recibió a los presidentes Chávez (Venezuela), Ortega (Nicaragua), Morales (Bolivia) y Correa (Ecuador), y está esperando a Lula da Silva (Brasil) en el 2009.

La piedra angular de la política de Ahmadinejad en América latina es la formación de un eje antiamericano con Venezuela. Durante una visita a Teherán (julio, 2006), Chávez dijo frente al público de la Universidad de Teherán: “Debemos salvar la especie humana y poner fin al imperio de Estados Unidos”. Cuando, un año después, Chávez llegó otra vez a Teherán, Ahmadinejad y Chávez usaron ese encuentro para declarar un “Eje de Unidad” contra Estados Unidos. Los esfuerzos para desestabilizar la zona indican la búsqueda de una presencia iraní permanente en el umbral de Estados Unidos.

Ambos líderes aprovechan su abrazo para superar el aislamiento y las sanciones internacionales. Tanto Teherán como Caracas utilizaron el beneficio de su petrodólar para alentar a Estados de América latina a emprender políticas de confrontación hacia Estados Unidos.

Al manejar la ayuda y asistencia de millones de dólares iraníes, y un programa, de Irán y Venezuela, de 2 billones de dólares de financiamiento destinados a proyectos sociales en América latina, Ahmadinejad trabajó para crear un bloque antiamericano integrado por Venezuela, Bolivia y Nicaragua. 
 

La creciente presencia de Irán en América Latina. Durante la Conferencia Internacional sobre América Latina, llevada a cabo en Teherán (febrero, 2007), el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Mehdi Mostafavi, anunció la apertura de embajadas (Chile, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Uruguay), una oficina representativa en Bolivia y que una serie de países latinoamericanos abrirán sus embajadas en Irán. La penetración iraní, política y económica, en el continente, en un corto período de 2-3 años es impactante.

Según Elodie Brun, Venezuela e Irán utilizan el petróleo como instrumento político para insertarse de modo internacional a pesar de que ambos se caracterizan como revolucionarios. El presidente venezolano Hugo Chávez y el presidente iraní Ahmadinejad adoptan una retórica que enfatiza la autonomía e independencia de las grandes potencias, principalmente de Estados Unidos y, también, de Europa, citando unidad en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo. La hostilidad hacia Estados Unidos y, en particular, hacia la administración de George W. Bush, es lo que más une las políticas exteriores de ambos países.

“Aquí están dos países hermanos, unidos como en un solo puño”, dijo Hugo Chávez, líder venezolano, en Teherán. “Irán es un ejemplo de lucha, resistencia, dignidad, revolución y fe firme”, dijo Chávez a Al Jazeera. “Somos dos países poderosos. Irán es una potencia y Venezuela se está convirtiendo en otra. Queremos crear un mundo bipolar; no queremos un único poder (es decir, Estados Unidos)”. “A pesar de la voluntad de la arrogancia mundial (de Estados Unidos), nosotros (Irán y Venezuela) estaremos junto a las naciones oprimidas y carenciadas del mundo”, dijo Ahmadinejad. Thérese Delpech, analista francesa, observó que el “estilo exuberante” de Ahmadinejad recuerda a su colega venezolano.

Algunos observadores evalúan que la disposición de América latina de adoptar a Irán indica cuán lejos cayó, en la región, el prestigio de Estados Unidos. Chávez surgió como “padrino y administrador de la relación”, esforzándose por arrastrar a otros aliados como Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Venezuela brinda a Irán una entrada hacia América latina, prometiendo “unir el Golfo Pérsico y el Caribe” y, recientemente, le otorgó a Irán el estatus de observador en su grupo de pacto de comercio izquierdista conocido como “Alternativa Bolivariana para las Américas”. Irán pasó a ser el segundo inversor en Venezuela, después de Estados Unidos.

Los primeros “vehículos antiimperialistas” de un emprendimiento conjunto (Venirauto) llegaron a las rutas venezolanas con la primera tanda destinada a oficiales del ejército. Los 4.000 tractores, producidos anualmente en Ciudad Bolívar, tienen un valor simbólico como agentes del cambio revolucionario. En Venezuela, la mayoría son otorgados, o arrendados con descuento, a cooperativas socialistas que cuentan con tierras aprobadas por el gobierno. Las universidades están enseñando farsi.

Irán ayudará, en un proyecto de 4 billones de dólares, a construir plataformas de depósitos de petróleo en el delta del Orinoco, a cambio de inversiones venezolanas. Una compañía iraní está construyendo, para los pobres de Venezuela, miles de departamentos. Hasta el momento, el impacto más visible fue la llegada de negocios iraníes. El proyecto público de viviendas solo trajo más de 400 ingenieros y especialistas iraníes hacia Venezuela, donde muchos aprendieron español básico.

Venezuela podría proporcionar a Irán un respiro mientras intenta erosionar la presión financiera de las sanciones de Naciones Unidas y Estados Unidos, relativas a su programa nuclear. Venezuela podría terminar siendo una salida de movilización de dinero iraní, para obtener equipamiento de alta tecnología y acceder al sistema financiero mundial.

Venezuela ya se convirtió en la puerta de entrada de viajes de Irán hacia la región. Actualmente existe –entre Caracas y Teherán– un vuelo semanal, con escala en Damasco, operado por la aerolínea venezolana del Estado (Conviasa) y la compañía aérea nacional de Irán (Iran Air). Los vuelos se llenan con funcionarios y empresarios amigos del gobierno. La aerolínea estatal de Venezuela compró un jet Airbus especialmente para cubrir esa ruta aérea.

La Argentina cuenta con una embajada en Teherán e Irán tiene una embajada en Buenos Aires. Desde 1994 las relaciones se dañaron por la participación iraní en el atentado a la AMIA. Los esfuerzos por resolver el caso corren paralelos a la mayor expansión de las relaciones con Irán en el continente y, varios de los aliados regionales de Argentina prometen su apoyo al gobierno de Ahmadinejad.

Según fuentes iraníes, durante la reunión cumbre de G-15 (2004), a pesar del interés del presidente argentino Néstor Kirchner en tratar lazos económicos bilaterales, Khatami se rehusó a reunirse hasta que “Buenos Aires pida disculpas formales a Teherán por acusar falsamente a diplomáticos iraníes por la participación en el atentado al centro comunitario judío de AMIA, en 1994”.
Aunque la Argentina mantiene relaciones amistosas con cada uno de los líderes aliados de Irán (como Chávez, Ortega y Correa), la agenda interna de Kirchner lo está llevando hacia una dirección diferente. Por ejemplo, canceló planes para concurrir a la ceremonia de asunción del presidente Correa luego que Ahmadinejad anunciara su presencia. El continuo conflicto de Estados Unidos con Irán complica aún más las cuestiones.

En la Asamblea General de Naciones Unidas (2007), el presidente argentino usó su discurso para instar a Irán a ayudar con la investigación sobre el atentado terrorista. Esto no cayó bien al gobierno de Teherán que respondió con ira. El caso provocó, también, tensión con Chávez, aliado del entonces presidente Kirchner. El embajador venezolano en Buenos Aires, Roger Capella, fue reemplazado por criticar al sistema de justicia argentino y pedir la captura de funcionarios iraníes, provocando disgusto en el gobierno argentino. Pero esto no fue suficiente para debilitar los lazos entre la Argentina y Venezuela.

El gobierno iraní organizó la Primera Conferencia Internacional sobre América Latina en el Instituto de Estudios Políticos Internacionales, en el Ministerio de Relaciones Exteriores (febrero, 2007). El título fue “Desarrollo en América Latina: Su rol y estatus en el futuro sistema internacional”. Según las notas de prensa, entre los participantes hubo miembros del Parlamento argentino. 
 

Irán y el terrorismo en América Latina. Irán aún es el “Estado más activo auspiciante del terrorismo” en el mundo, según un estudio reciente, realizado en el Departamento de Estado de Estados Unidos. Es un rótulo que se ganó el régimen iraní y que lo ostenta, con orgullo, desde que el gobierno de Estados Unidos comenzara, hace más de una década y media, a llevar la cuenta de las tendencias terroristas.

El alcance de ese apoyo es enorme. Según funcionarios del gobierno, Irán “cuenta con una partida presupuestaria de nueve dígitos para financiar a las organizaciones terroristas”. Se estima que esa cifra incluye 10 millones de dólares, o más, mensuales para su representante terrorista principal, Hezbollah; 20 a 30 millones de dólares anuales para el Movimiento Islámico Palestino Hamas; 2 millones de dólares al año para Jihad Islámica Palestina, y –hasta hace poco tiempo– más de 30 millones de dólares anuales para insurrectos iraquíes.

En 2006, el subsecretario de Estado Thomas A. Shannon expresó preocupación sobre el tipo de relación que, en el aspecto de inteligencia, Chávez quiere establecer con Irán. “Una de nuestras mayores preocupaciones es qué está haciendo Irán en otras partes del hemisferio y qué podría llegar a hacer si nos halláramos en algún tipo de confrontación con Irán”, dijo. Shannon declaró (junio, 2008) que Irán “tiene una historia de terrorismo en este hemisferio, y sus vínculos con los atentados en Buenos Aires están bastante bien comprobados”.

El atentado suicida de la Embajada de Israel en Buenos Aires (1992) podría decirse que fue el primer ataque terrorista islámico en el hemisferio occidental. Aunque aún debe ser oficialmente esclarecido, la mayor parte de la evidencia apunta a Hezbollah. Un auto, conducido por un suicida y cargado de explosivos, impactó contra el frente de la embajada y mató a 29 personas e hirió a otras 242. El 18 de julio de 1994, el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) fue atacado, dejando 85 muertos y 300 heridos. Ese atentado terrorista fue el de mayor número de víctimas en la historia de la Argentina, y resultó ser el de mayor número de víctimas judías, a causa del terrorismo, fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo al reporte de investigación del fiscal general Alberto Nisman y el fiscal de distrito Marcelo Martínez Burgos, numerosas pruebas demuestran que la Argentina, a mediados de 1980, fue infiltrada por el servicio de inteligencia iraní y que comenzó a establecer una amplia red de espionaje, que luego se convirtió en un completo “servicio de inteligencia” que comprendía la embajada iraní y su agregado cultural en Buenos Aires; elementos extremistas asociados con las mezquitas chiitas At-Tauhid en Floresta, Al Imán en Cañuelas y El Mártir en San Miguel de Tucumán; las empresas referidas como “pantallas” G.T.C. e Imanco; así como otros miembros radicales de la comunidad islámica, quienes se hallaban en la Argentina con el único propósito de reunir información y hacer los arreglos que allanasen el camino para la realización del atentado contra la AMIA en la mañana del 18 de julio de 1994.

Ahora, la situación parece repetirse en Venezuela y Bolivia con el apoyo activo o pasivo de sus gobiernos, quienes son conscientes de la pasada actividad de inteligencia iraní en el continente.
A nivel de inteligencia, funcionarios de Estados Unidos afirman estar preocupados sobre la posibilidad de la llegada de terroristas y agentes de inteligencia iraní en el vuelo semanal entre Caracas y Teherán. En un reporte, el Departamento de Estado acusó como terroristas ya que “los pasajeros en esos vuelos no están sujetos a controles de migraciones y aduana”.

El presidente boliviano Morales ordenó a su ministro de Relaciones Exteriores levantar las restricciones de visa para ciudadanos iraníes. El problema es el viaje de iraníes, sin necesidad de visados, y la creación potencial de una base de operaciones terroristas en el patio trasero de Estados Unidos. Si cualquier persona con pasaporte iraní puede entrar a Bolivia sin visa o cualquier otra documentación, el país estará abierto a encubrir a funcionarios del Ministerio de Inteligencia y Seguridad iraní, su Guardia Islámica Revolucionaria; estructuras que el Departamento de Estado declaró como organización terrorista, y las Fuerzas Quds, grupo militar iraní cuyo mandato es la propagación de la revolución islámica en el mundo.

Otro peligro será si otros países latinoamericanos siguen el ejemplo boliviano y levantan las restricciones de visa. Irán demostró qué puede hacer en América latina con restricciones de visa.
La presencia y actividad vil de Hezbollah en Sudamérica está documentada. Estuvo detrás de los dos atentados terroristas más mortíferos en la historia del continente: la Embajada de Israel y el Centro de la Comunidad Judía en Buenos Aires, que tuvieron lugar a principios de los ’90. Hezbollah estableció presencia significativa en el “área de la Triple Frontera” (donde convergen Argentina, Brasil y Paraguay) utilizando empresas locales, tráfico de drogas y redes de contrabando para blanquear fondos destinados a operaciones terroristas en el mundo.

A partir del 11 de septiembre, bajo la presión de Estados Unidos, los gobiernos locales en el área de la Triple Frontera y otros países (como Chile y Colombia), monitorearon y descubrieron parte activa de la amplia red de Hezbollah en el continente.

A pesar de algunos arrestos de importantes activistas (Paraguay, Brasil y Chile) por crímenes económicos o tráfico de drogas, esa gran red de Hezbollah continúa activa en el continente, focalizando la atención sobre la Triple Frontera –luego de la conexión de Hezbollah con los atentados en Buenos Aires– y, otra vez, después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, produciendo un creciente acuerdo en las operaciones de recaudación de fondos de Hezbollah, y llevándola a cambiar sus operativos de recaudación hacia otros países latinoamericanos, cuya ubicación, naturaleza, y extensión son, en gran parte, desconocidos.
Venezuela. Según Los Ángeles Times, una fuente confiable de inteligencia afirmó que Hezbollah y la Guardia Revolucionaria de Irán formaron células terroristas para secuestrar judíos en Sudamérica y hacerlos entrar, de contrabando, al Líbano. La fuente afirmó que se reclutaron –en el aeropuerto de Caracas– a venezolanos que proporcionaron información acerca de viajeros judíos.

En junio de 2008, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos congeló los activos de dos venezolanos luego de haber sido designados partidarios de Hezbollah y recaudar fondos para la organización. Ghazi Nasr al Din, diplomático venezolano de ascendencia libanesa, está acusado de utilizar su cargo en embajadas de Medio Oriente para recaudar fondos para Hezbollah, y “tratar asuntos operativos con funcionarios” de la milicia. A fines de enero de 2006, Nasr al Din facilitó el viaje hacia Caracas de dos representantes de Hezbollah en el Parlamento libanés, con el objetivo de solicitar donaciones para Hezbollah y anunciar la apertura –financiado por Hezbollah– de un centro y oficina comunitarios en Venezuela. Actualmente tiene un cargo en la embajada de Venezuela en Líbano.

El segundo venezolano señalado por el Departamento del Tesoro es Fawzi Kanan, agente de viajes con base en Caracas, quien está acusado de facilitar los viajes de miembros de Hezbollah y haber hablado sobre “posibles secuestros y atentados terroristas” con altos funcionarios de Hezbollah en Líbano.

En lugar de abrir una investigación Chávez dijo que el mundo utilizaba la acusación para “tomar la iniciativa” en su contra. El ministro de Relaciones Exteriores venezolano Nicolás Maduro arremetió contra Estados Unidos: “Si quieren buscar terroristas, búsquenlos en la Casa Blanca”.

Un periódico kuwaití reportó que Hezbollah entrenaba a jóvenes venezolanos en campos militares al sur del Líbano con el fin de prepararlos para atacar objetivos americanos. Tayek al-Ayssami, el ministro del Interior venezolano, estaba trabajando con Ghazi Nasr al-Din para reclutar jóvenes venezolanos de ascendencia árabe, que apoyaran el régimen de Chávez, con la misión de ser entrenados en Líbano con Hezbollah. Según se informa, el propósito era prepararlos para una guerra asimétrica, en caso de confrontación, contra Estados Unidos. De acuerdo a ese reporte, Hezbollah estableció campos de entrenamiento en Venezuela, con municiones y explosivos, cortesía de al-Ayssami.

Mientras tanto, Chávez es, quizás, el apologista más abierto de Hezbollah en el hemisferio. Durante la guerra entre Israel- Hezbollah (2006), retiró al embajador venezolano en Israel. Más tarde acusó a Israel de llevar a cabo su guerra defensiva a “la manera fascista de Hitler”. Luego de esos comentarios en la televisión de Al-Jazeera, Chávez regresó a su tierra y continuó difamando a Israel en su programa televisivo semanal, Aló Presidente.

No resulta sorprendente que el director de Relaciones Internacionales de Hezbollah, Nawaf Musawi, asistiera (abril, 2008) a la ceremonia en la embajada de Venezuela en Beirut, en conmemoración del 6° aniversario de la derrota del levantamiento anti-Chávez en Venezuela. Como orador invitado, Musawi elogió la supervivencia de la Revolución Bolivariana del presidente Chávez y denunció a Estados Unidos y “otras potencias que intentan derrotar la soberanía y voluntad de los pueblos combativos del mundo”.

Conclusión. Este extenso escrito permite vislumbrar la amplia presencia de Irán y Hezbollah y la actividad en América latina. El problema de esta presencia y actividad es que va más allá de los niveles normales políticos, económicos, sociales y culturales y trepa hacia una zona peligrosa de terrorismo y subversión, amenazando no sólo intereses de actores externos, sino posiblemente la misma estabilidad de los países anfitriones.

Es evidente que la posición política y estratégica de Irán en América latina fortalece al régimen de Teherán y disminuye la posibilidad de que Naciones Unidas –apoyada por presiones internacionales diplomáticas y económicas– lo convenza de renunciar al proyecto nuclear.

Así, al menos indirectamente, aumenta la amenaza de la proyección hegemónica nuclear de Irán frente a los Estados árabes moderados con todo lo que significa para la estabilidad de Medio Oriente; la firmeza de los precios del petróleo y la proliferación nuclear hacia otros estados de la región. La decisión boliviana de mudar su embajada de El Cairo a Teherán es un pequeño movimiento en esa dirección.

La probada relación –en los peores ataques terroristas del continente en Buenos Aires (Argentina)– de Irán y Hezbollah es un mal augurio para el futuro. En el caso de que los intereses vitales de Irán, como la sobrevivencia del proyecto nuclear, fueran amenazados por la comunidad internacional, sólo por Estados Unidos o por Israel, América latina sería un terreno preferido para la represalia, directamente o con el apoyo de Hezbollah.

El líder de Hezbollah podrá decidir, basado en la inmunidad práctica del pasado, que una venganza por la muerte del architerrorista Imad Mughniyeh o algún serio incidente en la frontera con Israel, el territorio de América latina, una matriz propicia, bien podría servir a las necesidades operativas. Recientemente se dio a conocer que esos intentos fueron frustrados en Azerbaiján y en un país europeo no identificado.

A largo plazo, la exportación de la enseñanza ideológica chiita radical y religiosa puede alcanzar y ejercer influencia a sectores más amplios de la estructura social, especialmente a los más pobres y carenciados y, de esta manera, agregar otro elemento de inestabilidad y radicalización en un continente plagado de penurias socioeconómicas.

El creciente antisemitismo, como se presenció últimamente en Venezuela, puede sumar a la confusión sectaria existente en algunos países.

¿Y qué pasaría si Irán, a pedido del presidente Chávez, decidiera desplegar sus misiles de largo alcance en Venezuela, si se sintiera amenazado? Es el trasfondo de la invitación de Chávez a visitar Rusia en aviones militares rusos. Ese escenario de pesadilla parece posible.

*El Dr. Ely Karmon es Investigador Académico Senior en el Instituto Internacional de Contraterrorismo (ICT) y en el Instituto de Política y Estrategia (IPS) del Centro Interdisciplinario (IDC), Herzlyia, Israel.







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