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08.07.2009

El último chiste de Peña

La disputa entre Telefé y la productora Endemol por la entrevista final de Soledad Silveyra al actor. Solita le hizo un reportaje en la habitación de Instituto Fleming a pocas horas de su muerte. Un documento periodístico duro, conmovedor y polémico, que la dirección del canal decidió no emitir  por “buen gusto”.

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Por Gustavo Cirelli

Se fue con humor. Dicen.

Que Peña, que todos los Peña que Fernando llevaba adentro, expiraron en paz. Eso dicen.
Pero que en el camino previo, durante esos pasos lentos rumbo a quién sabe dónde, en esas horas de internación en una habitación del Instituto Fleming, hubo dolor en el cuerpo de Peña por un maldito tumor en su hígado que lo acorraló muy rápido, que no le dio tiempo a pactar con la enfermedad; justo a él, que unas horas antes de silenciar sus vidas susurró: “Con la enfermedad no hay que luchar, hay que pactar siempre un poquito más de tiempo”.

No hubo tiempo. Lo que hubo fue una cámara de la productora Endemol registrando cada instante de ese diálogo final con Soledad Silveyra para el programa Un tiempo después, que conduce la actriz y que emite Telefé los jueves al terminar Los exitosos Pells.

En esa habitación del Fleming, Solita pregunta y Peña responde. Un camarógrafo, un productor y Javier De Nevares, novio de Fernando, son testigos.  Ahí, en esa habitación del Fleming, había un hombre muriendo. Con humor y dolor. Enfrentando la quimioterapia y la tevé. Consciente de su falta de tiempo para seguir pactando con la enfermedad. Hinchado por la expansión del tumor. Había un artista, un provocador, sirviéndose, una vez más, en el banquete del rating.

Peña se fue en paz, pero dejó una guerrita acá abajo entre Telefé y Endemol por los últimos instantes de las vidas de su vida. Todo por esas escenas captadas a conciencia en una habitación del Instituto Fleming.

Palabras más. Palabras menos:

–Abrí los ojitos, Fernando.

Dice Soledad y Peña los abre. Es ahí cuando arroja contra la cámara de Endemol su teoría de pactar con la enfermedad. Lo dice gimiendo. Con dolor. Y agrega: “A la muerte hay que abrazarla”. Pocas horas después cumplía su palabra: Fernando abrazaba la muerte; y en las oficinas de la productora asumían que tenían en su poder un documento periodístico de alto impacto, de repercusión asegurada, de morbo-rating que perforaría el promedio que ha venido haciendo en su segunda temporada Un tiempo después, de unos nueve puntos. Una merma de audiencia que la productora le atribuye al “ninguneo” del canal al ponerlo tan tarde, casi a la medianoche, cuando cae el encendido, cuando el rating ya no calienta la grilla general. Con Peña jugando su último papel mediático en una habitación del Fleming habría revancha. Pero en Telefé dijeron que no, que no lo pasarían. Que era violento. Muy duro. Que no.

El tape de la entrevista llegó al canal a media tarde del miércoles 17 de junio, 15 minutos antes de que la noticia que informaba que el actor acababa de morir se hiciera pública. Primero hubo entusiasmo: con Peña internado había nota. Con Peña muerto ese tape era sinónimo de éxito de audiencia. Valioso.

Después hubo rechazo: con Peña muerto no darían nota.

Medida que en Endemol cayó pésimo: en off, dicen que se trataría de una maniobra del canal, una especulación para darle mayor impacto a un último envío del ciclo de Silveyra. ¿Por qué guardarlo? ¿Por qué no darlo cuando la “Peñamanía”, después de su partida, inundó todo los medios?

En Telefé, dicen en off –así se dice, al parecer, en la televisión– que fue la propia dirección del canal la que tomó la determinación de no emitirlo: “No fue unánime; pero lo decidieron Claudio (Villarruel) y Bernarda (Llorente)”, mandamás de la emisora.

Silveyra no dice nada. Primero se entusiasmó con que saliera al aire. Luego no: verse en la pantalla dándole de comer en la boca al último Peña no es, quizás, una imagen que quiera que quede a perpetuidad en los archivos. El beso final, el piquito de despedida entre Soledad y el último Peña, dicen, acongoja cuando se cae en la cuenta que tan sólo unas horitas más tarde, la muerte, a Fernando, le clausuraba sus labios para siempre. Todo muy emotivo. O un soberano golpe bajo. Depende, siempre depende, del packaging televisivo que lo envuelva.

Pero Telefé, Endemol y Solita no dudan que esas imágenes de un Fernando doliente, caminando lento del baño a la cama, caminando lento quién sabe dónde, algún día se verán. Es televisión, al fin y al cabo. Morbo catódico.

Si Villarruel y Llorente mantienen su cruzada por el “buen gusto” resignando impacto periodístico, Endemol dispondrá de ese material cuando el contrato caduque, un tiempo después. Y recién ahí el último Peña cerrará sus ojos en televisión, en horario central y con sus inefables repeticiones vespertinas; morderá una rica y agridulce porción en la torta del rating. Habrá polémica. Y muchas voces. Será la última provocación de Peña.






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