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15.07.2009

El señor conspiración

El “Titiritero” de la logia italiana P2 habla de Perón, Cristina y los militares. Cree que matarán a Obama.

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Por Damián Nabot

Un ángel sostiene una fuente de piedra y unas pocas hojas de otoño descansan sobre el pedregullo. “Lo van a eliminar”, dice el anfitrión de la mansión bajo el dintel de una robusta puerta de madera y con la mirada hacia el parque. Licio Gelli, gran maestre de la logia masónica Propaganda Due, sujeto de innumerables teorías conspirativas y acusado de formar parte de un complot para asesinar al papa Juan Pablo I, acaba de pronosticar el magnicidio del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Pero Gelli se mantiene impávido, como si hubiera anticipado que mañana lloverá. Como ningún otro personaje de la historia contemporánea, Gelli se convirtió en un ícono de los poderes ocultos detrás de los gobiernos, las finanzas y la Iglesia e incluso sirvió de inspiración para el enigmático personaje de Licio Lucchesi en El Padrino III, de Francis Ford Coppola.

A los 90 años, Gelli vive en la mansión conocida como Villa Wanda, en Arezzo, Italia, donde transita el otoño de su vida como consejero político y espiritual de hombres poderosos cuya identidad prefiere preservar en el anonimato.

Tras dos horas de entrevista, durante las cuales se mantuvo imperturbable, lúcido y atento, Gelli me acompañó a la puerta superior de Villa Wanda, en la ladera de colina Santa Maria Delle Grazie.

Allí, sin rasgos de cansancio, enfundado en un traje oscuro con suaves rayas grises, chaleco y reloj con cadena de oro, Gelli aceptó unas últimas preguntas sobre la actualidad.

- ¿Qué piensa de Barack Obama?

- El señor nos dividió: los negros por un lado y los blancos por otro —contesta sin sonrojarse por el sesgo racista de su respuesta—. Creo, es mi pensamiento, que lo van a eliminar. Si lo tuvieran que reelegir ahora no sería reelecto, porque incluso muchos jóvenes estadounidenses, en ese primer entusiasmo, se dejaron llevar de la mano. Tampoco él puede hacer milagros. Prometió muchos, pero hace dos mil años que no se hacen milagros.

- ¿Y de la presidenta Cristina Fernández?

- Creo que no va a terminar el gobierno. Habrá un cambio. De todas formas, todos los países andan mal. Hay que estar atentos a Rusia, China, India, y esos dos kamikazes que son Corea del Norte y Corea del Sur. También Japón. Y los países árabes, que están todos unidos.

- ¿Todos unidos?

- Sí, todos unidos contra Estados Unidos.


Saluda con un apretón de manos, sonríe y vuelve a sumergirse en el hermetismo.

Sus temerarias opiniones sobre la política internacional habían sido el epílogo de una extensa entrevista sobre su relación con Juan Domingo Perón, José López Rega y la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983.

En 1981, la Justicia italiana allanó las oficinas de Gelli en la localidad de Castiglion Fibocchi, a pocos kilómetros de Arezzo, y descubrió una lista con 963 miembros de la logia secreta Propaganda Due. La nómina incluía a la cúpula de los servicios de inteligencia italianos, parlamentarios, empresarios como Silvio Berlusconi, represores como Emilio Massera y Guillermo Suárez Mason y poderosos banqueros. El mundo comprendió entonces hasta qué punto la red de la P2 se había extendido detrás de Gobiernos y Estados. Pero Gelli era, sobre todo, un emergente de la Guerra Fría que había servido como vaso comunicante entre Europa y los servicios secretos de Estados Unidos. Su nexo más estrecho con la derecha norteamericana fue Phil Guarino, quien integró los equipos de campaña republicanos y permitió que Gelli participara de la ceremonia de asunción de Richard Nixon y Ronald Reagan.

Actualmente, el Gran Maestre de la logia P2 goza de su libertad entre las apacibles colinas de la Toscana, aunque enfrentó procesos judiciales por la defraudación del Banco Ambrosiano, el brazo financiero del Vaticano; la muerte del banquero Roberto Calvi, quien apareció colgado del puente Blackfriars de Londres; e incluso por un atentado terrorista contra la estación de Bologna que terminó con la vida de 85 personas y dejó con heridas a otras 200.

Las nueve décadas de vida no mellaron la mente del “Gran Titiritero”, como se lo bautizó por su astucia para manejar los hilos del poder, y a lo largo del reportaje acepta todas las preguntas pero se detiene en el punto justo donde una respuesta lo puede incriminar. La edad sólo se trasluce cuando la falta de aire lo obliga a tomarse un respiro en la conversación o las palabras se empecinan en enredarse. Dos veces estuvo en prisión y una escapó, sin que fueran un obstáculo las condiciones de máxima seguridad de la cárcel suiza de Champ-Dollon. En su momento de mayor ascendente, cuando el mundo de las finanzas y la política estaba al alcance de sus manos, Licio Gelli transformó a la Argentina en un apéndice estratégico de su poder.

- ¿Cómo conoció a Juan Perón y cómo fue el acuerdo entre su Gobierno y la masonería?

- A Perón lo conocí en el ‘52, cuando era un delegado militar de la embajada argentina en Italia. Lo conocí en una cena, así, rápidamente. Después no lo vi más y luego, en el ‘72, lo encontré de nuevo en Madrid, estaba en Puerta de Hierro y allí empezamos a hablar de su retorno a la Argentina. Me contaba que había sido obstaculizado por la masonería argentina de la sede de la calle Cangallo. Así que quedamos en que yo me iba ocupar. Entonces fui a Buenos Aires, donde me recibieron algunas personas que dirigían la revista “Las bases” y la hija de José López Rega. Hablé con el Gran Maestre, que era César de la Vega. Estuvimos toda una noche en Cangallo, es más, la sede estaba en pésimas condiciones porque habían empezado una obra y no tenían el dinero para terminarla. Y les hice entender, que si volviera Perón también la masonería se levantaría, porque daríamos cargos a los mejores “elementos”. Pero los militares eran hostiles, entonces empecé a hablar con ellos: con (Guillermo) Suárez Mason, (Osvaldo) Cacciatore, con muchos otros, con Emilio Massera. Logré catequizarlos para que asintieran al retorno de Perón.

- En aquel entorno de Perón, ¿José López Rega tenía realmente poder?

- Sí, tenía poder. Era un hombre de confianza, y podía ser realmente de confianza porque era, en realidad, internamente peronista. Cuando se hablaba en Puerta de Hierro, en Madrid, era quien dirigía la batuta de todo. Isabelita era una figura secundaria. No se la tenía muy en consideración, era una segunda esposa. No tenía el carisma que había tenido Evita.

- López Rega tenía afinidad por lo esotérico. ¿Usted le enseñó los secretos de la masonería?

- Conocía poco la doctrina, es decir, la esencia filosófica de la masonería. La conocía a través de lecturas, pero el hecho esotérico había que vivirlo en las reuniones que se realizaban. López Rega en masonería no era muy experto. Pero no era un estúpido, conocía muy bien... era un hombre de mucha confianza de Perón.

- Se dijo que López Rega hacía prácticas esotéricas con el cuerpo de Evita.

- Si hacía eventualmente estas prácticas, no lo sé. Por otro lado, yo lo veía rezar, en todo caso, la oración cristiana. Eso lo he visto. Cuando estuvo Perón, muchas veces iba (a donde se encontraba el cuerpo). Había un sacerdote de Madrid que iba para la Santa Misa, y un par de veces estuve yo también, participé, y ahí sí estaban López Rega e Isabelita. Y suministraba los sacramentos este párroco, que creo era de la zona de Puerta de Hierro.

- Usted ha dicho que firmó un pacto de cooperación entre la masonería y la dictadura militar, de dos o tres páginas. ¿En qué consistía este pacto?

- Con (el general Roberto) Viola hicimos un pacto, eventualmente, escrito, secreto, del que conservo una copia pero la deposité en el Archivo de Estado. Por entonces Viola era el jefe del Ejército. En él se habrían hecho concesiones especiales a los prisioneros atrapados, además de una política de apertura hacia una democracia.

- Se dijo que usted había colaborado para adquirir armas para la Argentina en la guerra de Malvinas.

- No, yo no. Había militares argentinos que compraban armas en Francia, en París. Compraban especialmente misiles.

- ¿Cómo fue la iniciación de Perón en la masonería?

- Cuando encontré a Perón en Madrid, la primera vez, le hablé de la masonería y vi que era favorable, que estaba muy interesado. Yo se lo propuse y él aceptó. Luego me preguntó si le daríamos una ayuda para su retorno y entonces, bajo el nombre de Operación Gianoglio, lo trajimos de nuevo.

- ¿Cómo recuerda el golpe que derribó a Isabel Perón?

- Isabel no era una mujer de Estado, lo era sólo porque era la mujer de Perón. Y, por otro lado, sabíamos que no se iba a quedar por mucho tiempo, porque se oían rumores de que ya no estaban satisfechos. Ella no tenía la capacidad/cultura para dirigir. Era una buena mujer, óptima desde todo punto de vista, por lo que se refiere a las relaciones públicas, pero terminaba allí. Después, le faltaba esa parte sustancial. Una noche estaba con ella en la Casa Rosada y yo le dije: “Mire, Presidenta, esté atenta porque los militares no están muy satisfechos”. Ella me dijo: “¡Pero no, están satisfechos!, si cuando entran se hacen anunciar, golpean a la puerta”. Yo le respondí: “Sí, pero cuando ‘llegan’ no golpean a la puerta; entran sin pedir permiso, y usted, de todos modos, no podrá escapar, la atraparán”. Se realizó, entonces, una reunión con los militares. El trabajo de Isabelita, el trabajo de transición había terminado. Hubiera sido mejor que ella se retirara. En ese entonces estaba (el almirante Armando) Lambruschini, estaba también Viola, que podían andar. De hecho, para mí, Viola fue un gran hombre.

- Usted contó que se realizó en la Casa Rosada una reunión de todos los jefes de la masonería de América Latina.

- Se realizó una reunión de todos los Grandes Maestres de América Latina. Que, además, eran todos almirantes, generales, todas personalidades. Y se realizó para tratar de trazar una línea única, una doctrina, una ley de colaboración, para poder ver si todos los países podían unirse, hacer una especie de “globalización”.

- Usted trabó relación con Perón, Massera, el presidente de Liberia, William Tolbert; de Egipto, Anwar El Sadat, con los principales miembros de los servicios secretos de Italia. ¿A qué apuntaba la P2 con estas relaciones?

- ¡Pero estas eran relaciones de amistad! Porque recuerde bien que la masonería está en todos lo países. En la sede de la masonería, en Liberia, el edificio se encuentra al lado del palacio presidencial, con la diferencia de que en el techo tiene unos símbolos de dos metros de altura. Si va a Washington, en cambio, hay una catedral, un templo “supergaláctico”. Si va a Suecia también.

- ¿Usted dice “templos” masones?

- Sí, en Washington hay uno tan grande como la Casa Blanca. En Suecia, el Gran Maestre es el Rey, por la Constitución, así como en Inglaterra ahora es el duque de Kent porque hay una mujer en el trono. Si asumiera un hombre, automáticamente sería el Gran Maestre.

- Usted escapó de la cárcel en 1983. ¿Dónde estuvo después?

- No me acuerdo.

- ¿No se acuerda?

- No me acuerdo en serio dónde estuve. Me acuerdo de que una noche salí porque todas las puertas se abrieron. Si yo hubiera tenido que abofetear a alguien, no hubiera salido, si hubiera tenido que romper un vidrio para salir, no hubiera salido. El destino quiso que esa noche milagrosa encontrara todas las puertas abiertas y salí.

La historia es recontada a su manera, los feroces dictadores son descritos como caballeros honorables y las acusaciones que lo vincularon a crímenes y conspiraciones son negadas como fábulas. Gelli se siente intocable y avisa con sus silencios que aquellos secretos comprometedores jamás serán revelados. De la Operación Cóndor, como se conoció el plan de coordinación de las dictaduras latinoamericanas, contesta que “es una leyenda”, de sus contactos con la CIA responde que conoció “a algún jefe y basta” y justifica a los desaparecidos con el argumento de que “había una guerra”.

Emerge de la oscuridad y disfruta de su fama. Logró premios literarios con sus poesías y ensayos, que considera escalones hacia una reivindicación histórica. Por ello, Gelli sonríe cuando se le pregunta sobre el proyecto cinematográfico que da vueltas por Hollywood.

- Se escribió que Sony prepara una película sobre su vida y que su papel sería interpretado por George Clooney.

- Sí, Sony me pidió hacer una película. Y yo le dije que, por el amor de Dios, no tengo ningún problema. Entonces intervinieron los abogados, para los contratos. Después de tres meses se pusieron de acuerdo. Luego me llegó el contrato de la Sony con un cheque en dólares, pequeño, que aún conservo, porque no lo gasto. Van a rodar en Roma, en Florencia, también harán un salto a Madrid y en noviembre de 2009 debería estar lista.

- Afuera, sólo se escucha el murmullo de los olivares que cubren las colinas de la Toscana. Gelli, cancerbero de la oscuridad, acompaña hasta la puerta y saluda sonriente.

- Pero antes del último apretón de manos lanza la profecía: “Lo van a eliminar”, dice sobre Obama. Y luego cierra una gran puerta de madera y camina, ya sin el peso de las miradas sobre su figura, de regreso hacia sus secretos.                                                         







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