CN23
En vivo

info news

JUE 24.05.2012  |  Buenos Aires + T 18° H 73%

Infonews

03.09.2009

“No tengo de qué avergonzarme”

El regreso del ex secretario de Medios delarruista. Habla por primera vez desde que fracasó la Alianza. Es el cerebro detrás de la campaña del marketing de García. Luego de siete años de autoexilio madrileño jura que se alejó para siempre de la función pública. Amor y negocios.

Info News
Info News

Por:
INFOnews

Por Florencia Canale

Dicen que es el artífice de la vuelta de Charly García. Que si no hubiera sido por él, las cosas no hubieran salido bien. El regreso de Darío Lopérfido al escenario local, sin embargo, no queda estigmatizado con la organización de la vuelta del rocker a Vélez. El ex secretario de Medios de De la Rúa, miembro del extinto “grupo Sushi”, desembarcó en Buenos Aires en 2008 luego de una temporada en el exterior, por asuntos personales. Se enamoró de la actriz Esmeralda Mitre y dejó su vida extramuros por amor. Habla de todo, no sólo de García. El trabajo, la política, la reinserción, Antonio y Aíto de la Rúa, aciertos y arrepentimientos.

–¿Cómo armó la vuelta  de Charly?

–En realidad es una situación laboral más allá de que lo conozca a Charly desde hace muchos años. Fénix es la compañía productora de sus shows y trabajo con ellos. Y por eso me propusieron que coordinara acciones de publicidad y marketing del lanzamiento. Por otro lado, soy gran fan de Charly. Dije que me encantaba el proyecto, en tanto y en cuanto pudiera hablar con él un par de veces. Quería articular lo que él deseaba. Lo fuimos viendo y salió muy bien. Estoy muy contento, mi parte ya terminó; ahora lo único que hago es mi contacto más por amistad.

–¿Cuál es su actividad en la productora?

–Dirijo una división de Fénix, una productora que se llama Odisea. Es una subsidiaria que se creó a mi medida. Cuando volví al país el año pasado, que fue más por una situación personal que otra cosa, rápidamente Marcelo (Fígoli) me llamó y me propuso que hagamos una productora con un perfil de entretenimiento pero vinculado a lo cultural.

–¿Supone que la vuelta de Charly representa algo en la sociedad?

–Creo que la vida de cada uno es la vida de cada uno. Él pasó por circunstancias en su vida y es un tema de su vida privada. En el mundo del rock siempre hubo tipos que pasaron por estas cosas. El marco general del lanzamiento era “celebremos que vuelve la música de Charly”. Él le dio mucho a la música de este país, de hecho, el primer afiche decía “que vuelve el más grande”, que era una campaña como de incógnita, era una foto de Charly de espaldas tocando el piano. Esto va a salir fantástico y eso es bueno, porque en un país que destruye en general, es positivo. La Argentina tiene un canibalismo exacerbado. En ese sentido me gusta lo que Charly va a hacer, no con su vida, sino en el show, que va a ser increíble.

–En cuanto al canibalismo, ¿siente que es algo que usted vivió?

–Bueno, es la historia de la Argentina. A mi no me gusta victimizarme, pero si uno piensa lo que ha sido la historia de este país, desde unitarios y federales pasando por peronistas y antiperonistas, lo que les pasó a los próceres... Todavía hay gente que discute a Sarmiento. Eso no pasa en el mundo. Hay como más tranquilidad con el pasado. Este es un país extrañamente destructivo. Con respecto a lo que me pasó a mí, me cabía en las generales de la ley. Nunca evalué que no me podía pasar. Seguramente tenía un arrojo juvenil.

–¿No lo volvería a hacer?

–No, de ninguna manera. El otro día veía de vuelta un concepto de William Butler Yeats: él decía que los hombres buenos tienen mucha indefinición ideológica; y los hombres malos tienen una gran definición ideológica y un gran fanatismo ideológico porque están muy preocupados en articular las vidas de la sociedad; y los hombres buenos están preocupados en articular su vida.

–¿Cuál hombre es usted?

–Estoy muy preocupado en articular mi propia vida, esa etapa pasó y pasó. Está bien, estoy orgulloso y fue parte de mi vida. Creo que hice las cosas lo mejor que pude.

–¿Siente que usted fue un chivo expiatorio del gobierno de De la Rúa?

–No distinto de mucha otra gente. No me interesaba mucho lo que dijeran de mí. Estaba muy conforme con lo que había hecho y con mi accionar. Siento que hay cosas que se iniciaron en mi gestión y que siguen siendo puntales en Buenos Aires: el Bafici que hoy es el festival de cine más importante; el Festival de Tango, el Festival de Teatro, y otras cosas que la gente sigue recordando como Buenos Aires no Duerme. Creo, con humildad, que fue una gestión que dejó huella. Soy una persona que no tengo nada de qué avergonzarme. Siempre fui por la calle, en aquel momento, tranquilo.

–Se los culpaba a los “Sushi” de casi todo...

–Sí, pero era algo que iba a pasar si integraste un gobierno que fracasó. Fue un gobierno que pudo haber cometido algunos errores, pero en una circunstancia histórica muy desgraciada. No hubo escenario peor que ese. Un escenario desventajoso en materia económica, desventajoso en materia internacional, con un nivel de canibalización de la política argentina, altísimo. Cometió errores, pero por cierto no fue causante de todos los problemas del país. El otro día hablaba de esto con unos amigos y decía que en los veintipico de años de democracia, Alfonsín lo gobernó seis, Menem diez, el kirchnerismo lleva seis, y De la Rúa dos. En términos estadísticos es evidente. No me arrepiento ni me siento chivo expiatorio ni me gusta victimizarme, pero no lo repetiría. Hice un proceso en todos estos años, intelectual y moral muy intenso, que me arroja a la conclusión de que estoy muy preocupado, muy divertido y entretenido en articular mi vida. No tengo ninguna pretensión sobre la vida de los otros.

–¿En otro momento podría llegar a tenerla?

–No lo creo, de ninguna manera. Además, hay que entender que nunca tuve una vocación política muy exacerbada. Hice un cursus honoris muy bueno. Trabajé en el Rojas y después fui el director, fui secretario de Cultura de la ciudad, fue como un proceso natural llegar a donde llegué. No fue producto de una vocación política, aunque la tenía un poco más que ahora. No considero cuestionable hacer política, la política es necesaria. Yo me lo cuestionaría a mí mismo, sólo eso. La única pretensión que he tenido siempre en la vida es que la imagen que dé de mí mismo me guste. Y en este momento, dedicándome a la política, sería una imagen mía que no querría ver. Hay algunas reflexiones o postulados del budismo, como concepto filosófico, que me interesan mucho, como el desapego. Soy una persona con un desapego muy grande. La otra cosa que me gusta del budismo es que lo interesante es sólo el presente. En ese sentido no hago planes. Y la sola idea de imaginarme de vuelta en la política no me gusta. Mi visión humanista de la vida se llevaría mal con hacer política. Tengo una mirada muy crítica, y además, en cierto modo, la política embrutece.

–¿Sentiría que se traiciona a sí mismo?

–Exactamente. Y requiere de determinadas prácticas o razonamientos que no estoy dispuesto a hacer. No es que me arrepiento de lo que hice. En el momento lo hice, era lo que pensaba, pero pasaron muchos años y mi razonamiento cambió. Soy una persona fuertemente humanista, y no se puede ser un humanista convencido y meterse en la práctica política cotidiana y diaria. Y no hablo de actos de corrupción. Hablo de la violencia verbal que requiere muchas veces la política, o cierto maniqueísmo, o de manipulaciones. Esto está en las antípodas de un pensamiento humanista. Me siento cómodo en este papel de los hombres buenos.

–¿Cómo fueron los ocho años en el exterior? ¿Cómo decidió el éxodo?

–Me fui por necesidad y por pensamiento práctico. Necesitaba trabajar y tenía dos problemas: no era una persona de dinero antes de la política, ni soy de una familia de dinero, y no lo había hecho con la política. En esa circunstancia, imaginate, año 2001... no imaginaba una hipótesis, más allá de la buena voluntad de algunos amigos, de que me pudieran dar una mano. Estaba muy connotado. Recuerdo que tenía tres meses de reservas y justo en ese momento había una gente de Prisa acá, intentando hacer un proyecto de entretenimientos en Buenos Aires. Estaban viendo la posibilidad de comprar una compañía y empecé a hablar con ellos. Empezamos a armar el proyecto, me fui a España y estuve quince días, pero al final me dijeron que iban a esperar por la inestabilidad. Pero les había gustado cómo había trabajado y me ofrecieron quedarme a trabajar con ellos en Madrid. Firmamos un contrato por un año. Me pareció estupendo, me encanta Madrid. Y al final me quedé casi siete años.

–¿Siempre trabajando para el grupo Prisa?

–Sí, cinco y medio con ellos. Después seguí vinculado al grupo pero como externo porque empecé a trabajar mucho en consultoría de comunicación. Luego estuve una temporada, también por trabajo de comunicación, en Nueva York, y lo estiré un poco. Adoro Nueva York y era la oportunidad de vivir allí. Estuve como un año y después volví.

–¿Por qué?

–Porque me enamoré. Esmeralda (Mitre) viajó a Nueva York a estudiar actuación con David Mamett. Nos conocíamos de antes, pero nuestra relación comenzó allí. Ella tenía que volver y dije vamos. Llegué, y a los pocos días estaba hablando con Marcelo (Fígoli).

–¿Cuál es su opinión del nuevo proyecto de ley de Radiodifusión?

–No leí el proyecto, lo que leí es lo que salió en los diarios. Lo único que tendría para decir, crítico, es la idea que me molesta un poco, que es la fundación permanente de la historia de la Argentina. En el discurso se dijo que era la primera vez que un gobierno presentaba un proyecto de ley de radiodifusión nuevo. Yo mismo había enviado la ley en el gobierno de la Alianza (risas); no pretendo nada, pero esa misma ceremonia que se hizo en el Salón Blanco se hizo durante el gobierno nuestro. Yo hablé, di un discurso, estaba la Asociación Argentina de Actores, la Asociación de Radiodifusores, universidades, APTRA. No es verdad que esta es la primera vez que se envía. Incluso, el interventor del Comfer en ese momento durante nuestra administración era Gustavo López, que es funcionario actual del Gobierno. Hay un solo tema que vi, que en principio no me interesa, que es la regulación de los contenidos. Yo no le concedo al Estado que regule ningún contenido. Pero repito, no es una crítica al proyecto. Lo ideal sería que una ley así tuviera un consenso lo más amplio posible. Hoy tengo una posición en ese sentido mucho más liberal. Y además, con esa cosa tan nacionalista, que dicen que debe haber “tanto argentino”, tanto porcentaje de música argentina, ¿frente a qué? ¿Tanto porcentaje de bailanta frente a John Lennon?, definitivamente no. No le hace mejor a la gente escuchar bailanta porque es argentina. Pero entiendo que justamente por eso no me tengo que dedicar a la política. Entiendo que la buena política debe ser una cosa de ponerse de acuerdo. Y al no estar en la política, mis ideas no se las quiero imponer a nadie. Yo en mi casa no tengo ganas de que me digan qué tengo que escuchar o lo que tengo que ver. No me volví dogmático, me volví laissez faire. Digo lo que quiero pero no se lo impongo a nadie.

–¿Y qué opina de la concentración de medios?

–Ese es un problema del mundo. Yo viví en España todos estos años y no te cuento lo que era la discusión en torno a eso. El otro día estaba viendo la batalla en torno al fútbol. En España fue como el choque de dos barcos. Con todo el cariño al fútbol argentino, no es lo mismo una liga donde juegan Kaka, Cristiano Ronaldo, Messi, que en términos de valor económico es bestial. Hay que encontrar en estas cosas un equilibrio entre la atenuación de los monopolios y el respeto a la libertad jurídica. Pero los monopolios en sí mismos no son buenos. Lo que no es bueno tampoco es cambiar un monopolio por otro, o los monopolios privados por los estatales.

–¿Tiene contacto con Antonio y Aíto de la Rúa?

–Sí, son mis amigos, queridos amigos. Tengo mucho contacto. No vivimos en el mismo país, pero cuando vienen aquí, los veo. Los quiero mucho.

–¿No trabajan juntos?

–No, aunque siempre estamos hablando o proyectando cosas, pero no. Lo que pasa es que trabajamos en cosas vinculadas, pero no tenemos una actividad laboral o económica que nos vincule.

–Podrían trabajar juntos con Shakira...

–No, estoy muy enfocado en otras cosas más pequeñas, no tan macro.

–¿Quiere tener un hijo? ¿Se va a casar?

–Me encantaría. He hecho tantas cosas en mi vida, he andado tanto que lo de tener un hijo es un proyecto que me entusiasma. El otro día hablábamos con unos amigos que tuvieron hijos después de los 40. Después de los 40 hay dos opciones: o decidís no tenerlos y es una decisión muy respetable, o decís quiero tener hijos porque tengo ganas. Todavía no lo llevé a la práctica, pero me parece una idea entusiasmante. Y ojalá siga todo bien con Esme porque quiero tener un hijo con ella.






INFOnews EN FACEBOOK



INFOnews EN TWITTER