Espectáculos
18.11.2009
Los pecados del padre
Newsweek vio en Buenos Aires el documental en el que el hijo del narco Pablo Escobar se disculpa con los familiares de las víctimas de su progenitor.
Por:
INFOnews
Por Brian Byrnes
De entrada, impacta el parecido físico: un cuerpo robusto y mejillas regordetas, ojos negros y profundos y papada. De hecho, si Sebastián Marroquín se dejara el bigote, sería el vivo retrato del narcotraficante más famoso de la historia: su padre, Pablo Escobar. Marroquín, que renunció al nombre de Juan Pablo Escobar tras escapar de Colombia a raíz de la muerte de su padre, en 1993, vive en Buenos Aires y está a punto de presenciar una proyección privada de “Pecados de mi padre”, documental que relata su viaje de reconciliación con los hijos de algunas de las víctimas más famosas de Escobar. Fue la primera vez que alguien —incluidos Marroquín y el director, Nicolás Entel— vería la versión final de la película antes de su estreno, la semana pasada, en el Festival Internacional de Cine Mar del Plata. Marroquín está sentado en el teatro vacío y su inquietud es evidente: luego de 16 años tratando de distanciarse del brutal legado de su progenitor, está a punto de volver a exhibirlo a la luz pública. “Esta película me causa más incertidumbre que temor”, dice en la penumbra.
Y su historia es impresionante. Luego de que Pablo Escobar muriera en una lluvia de balas en Medellín, el joven Juan Pablo, entonces de 16 años, huyó con su madre y hermana a Ecuador, dando así inicio a una larga serie de reubicaciones que los llevaron por toda Sudamérica y África hasta terminar en la Argentina, donde Escobar cambió de nombre y se recibió de arquitecto. Ahora que dio comienzo el frenesí mediático internacional, Marroquín reconoce que terminó el anonimato de su vida.
El estreno de la cinta en Colombia, el 10 de diciembre, marcará un hito cultural: ya se solicitaron 30 copias, algo sin precedentes para un documental. “No creo que alguien esté nunca preparado para algo así”, continúa Marroquín. “Mi única finalidad es hacer de esta cinta un mensaje de paz”.
Docenas de cineastas abordaron al arquitecto, de 32 años, para que relatara su historia, pero él se negó pensando que sólo enaltecería y explotaría la imagen de su padre.
Luego, en 2005, conoció a Entel, quien sugirió un enfoque muy novedoso: reunir a Marroquín con los hijos del Secretario de Justicia colombiano Rodrigo Lara Bonilla y el del candidato presidencial Luis Carlos Galán, ambos asesinados por orden de Escobar cuando trataron de confrontar con su cártel de tráfico de cocaína.
“Mi intención era relatar la historia desde el punto de vista de los hijos, y a Sebastián le gustó el proyecto”, informa Entel, de 34 años. “Mi motivación fue que, él, Sebastián, los hijos de Lara y Galán, y yo tenemos más o menos la misma edad y me pareció que encontraríamos la manera de ‘conectarnos’ debido a nuestras semejanzas culturales, de valores y experiencias”.
Los 90 minutos de “Pecados de mi padre” son cautivadores. La cinta combina videos caseros y fotos inéditas de los Escobar con viejos cortos noticiosos y nuevos videos de Sebastián y su madre, María Isabel Santos. Hay instantáneas de tiernos momentos familiares (Pablo y su joven hijo en EE. UU., frente a la Casa Blanca y en Disney World) entreverados con imágenes de los Escobar durante retiros temporales en Panamá y Nicaragua, entonces devastada por la guerra, así como de la familia buscando asilo en EE. UU. y Alemania en 1993.
Todos estos elementos presentan una cruda narrativa de la violencia colombiana en las décadas de 1980 y 1990, además del conmovedor retrato de un joven en conflicto cuya existencia estaba regida por la implacable ley de su padre. Se escucha la espeluznante conversación telefónica (interceptada) entre padre e hijo que precipitó el sangriento tiroteo en que murió Escobar. “Llegué a pensar que no viviría para cumplir los 17 años”, recuerda Marroquín. “Desde que murió mi padre, cada hora fue una hora de vida extra para mí”.
La película pasa a cortos en penumbra de Marroquín con Rodrigo Lara Restrepo, hablando estoicamente de sus progenitores muertos.
Las dos escenas más conmovedoras ocurren cuando Marroquín se reúne con Lara y luego con los tres hijos de Galán, cuatro jóvenes que optaron por mantener viva la herencia de sus padres ingresando a la política colombiana.
Reunidos en secreto en una isla del Río de la Plata, Marroquín y Lara se sientan en un banco y sostienen una conversación franca aunque cordial.
Marroquín señala que ambos son huérfanos y Lara le agradece su “sincera” carta de disculpas.
“Los dos somos hombres de bien y pacíficos. Sigamos adelante”, invita Lara al momento de darse un abrazo.
El encuentro con los hijos de Galán es desgarrador. Congregados en un hotel de Bogotá, Marroquín pide nerviosamente que lo perdonen y aunque expresan su gratitud, los hermanos responden que no pueden perdonarle un pecado que él no cometió.
Al terminar la película, Marroquín se levanta del asiento y abraza a Entel. “Es muy emotiva”, dice. “Espero que el pueblo colombiano lo entienda así y que, entre todos, podamos acabar con la violencia de las drogas de una vez por todas”.
Espera, desea, que al menos esta película contribuya a relacionar el apellido Escobar con algo que no sea el narcotráfico.
- Newsweek: ¿Qué sintió al reunirse con los hijos de las víctimas de su padre?
- Marroquín: Pensé que nos sentaríamos a tomar un café y charlar antes de grabar las entrevistas, pero el director, Nicolás Entel, no lo permitió.
- Se reunió sólo con los hijos de las víctimas famosas de su padre. Pero otros miles murieron por su causa...
- Es difícil calcular cuántas personas sufrieron por culpa de mi padre. En la película, ofrezco disculpas a las familias Galán y Lara, y a toda Colombia, por los actos perpetrados por mi padre.
- Su padre fue un hombre violento y usted, físicamente, es su viva imagen. ¿Tiene la misma capacidad para la violencia?
- Creo que todos tenemos una especie de energía “nuclear”. Durante 15 años traté de aplicar mi energía para hacer el bien. Todos somos criminales en potencia, pero yo, simplemente, opté por no serlo.
- ¿Quiere tener hijos?
- Hasta ahora no había querido porque me negaba a permitir que un niño pasara por las mismas cosas que tuve que vivir a causa de mi padre. Mi intención es tener un hijo si recibimos esa bendición y espero que mi hijo pueda ir tranquilamente a la plaza, como yo no pude hacerlo.
De entrada, impacta el parecido físico: un cuerpo robusto y mejillas regordetas, ojos negros y profundos y papada. De hecho, si Sebastián Marroquín se dejara el bigote, sería el vivo retrato del narcotraficante más famoso de la historia: su padre, Pablo Escobar. Marroquín, que renunció al nombre de Juan Pablo Escobar tras escapar de Colombia a raíz de la muerte de su padre, en 1993, vive en Buenos Aires y está a punto de presenciar una proyección privada de “Pecados de mi padre”, documental que relata su viaje de reconciliación con los hijos de algunas de las víctimas más famosas de Escobar. Fue la primera vez que alguien —incluidos Marroquín y el director, Nicolás Entel— vería la versión final de la película antes de su estreno, la semana pasada, en el Festival Internacional de Cine Mar del Plata. Marroquín está sentado en el teatro vacío y su inquietud es evidente: luego de 16 años tratando de distanciarse del brutal legado de su progenitor, está a punto de volver a exhibirlo a la luz pública. “Esta película me causa más incertidumbre que temor”, dice en la penumbra.
Y su historia es impresionante. Luego de que Pablo Escobar muriera en una lluvia de balas en Medellín, el joven Juan Pablo, entonces de 16 años, huyó con su madre y hermana a Ecuador, dando así inicio a una larga serie de reubicaciones que los llevaron por toda Sudamérica y África hasta terminar en la Argentina, donde Escobar cambió de nombre y se recibió de arquitecto. Ahora que dio comienzo el frenesí mediático internacional, Marroquín reconoce que terminó el anonimato de su vida.
El estreno de la cinta en Colombia, el 10 de diciembre, marcará un hito cultural: ya se solicitaron 30 copias, algo sin precedentes para un documental. “No creo que alguien esté nunca preparado para algo así”, continúa Marroquín. “Mi única finalidad es hacer de esta cinta un mensaje de paz”.
Docenas de cineastas abordaron al arquitecto, de 32 años, para que relatara su historia, pero él se negó pensando que sólo enaltecería y explotaría la imagen de su padre.
Luego, en 2005, conoció a Entel, quien sugirió un enfoque muy novedoso: reunir a Marroquín con los hijos del Secretario de Justicia colombiano Rodrigo Lara Bonilla y el del candidato presidencial Luis Carlos Galán, ambos asesinados por orden de Escobar cuando trataron de confrontar con su cártel de tráfico de cocaína.
“Mi intención era relatar la historia desde el punto de vista de los hijos, y a Sebastián le gustó el proyecto”, informa Entel, de 34 años. “Mi motivación fue que, él, Sebastián, los hijos de Lara y Galán, y yo tenemos más o menos la misma edad y me pareció que encontraríamos la manera de ‘conectarnos’ debido a nuestras semejanzas culturales, de valores y experiencias”.
Los 90 minutos de “Pecados de mi padre” son cautivadores. La cinta combina videos caseros y fotos inéditas de los Escobar con viejos cortos noticiosos y nuevos videos de Sebastián y su madre, María Isabel Santos. Hay instantáneas de tiernos momentos familiares (Pablo y su joven hijo en EE. UU., frente a la Casa Blanca y en Disney World) entreverados con imágenes de los Escobar durante retiros temporales en Panamá y Nicaragua, entonces devastada por la guerra, así como de la familia buscando asilo en EE. UU. y Alemania en 1993.
Todos estos elementos presentan una cruda narrativa de la violencia colombiana en las décadas de 1980 y 1990, además del conmovedor retrato de un joven en conflicto cuya existencia estaba regida por la implacable ley de su padre. Se escucha la espeluznante conversación telefónica (interceptada) entre padre e hijo que precipitó el sangriento tiroteo en que murió Escobar. “Llegué a pensar que no viviría para cumplir los 17 años”, recuerda Marroquín. “Desde que murió mi padre, cada hora fue una hora de vida extra para mí”.
La película pasa a cortos en penumbra de Marroquín con Rodrigo Lara Restrepo, hablando estoicamente de sus progenitores muertos.
Las dos escenas más conmovedoras ocurren cuando Marroquín se reúne con Lara y luego con los tres hijos de Galán, cuatro jóvenes que optaron por mantener viva la herencia de sus padres ingresando a la política colombiana.
Reunidos en secreto en una isla del Río de la Plata, Marroquín y Lara se sientan en un banco y sostienen una conversación franca aunque cordial.
Marroquín señala que ambos son huérfanos y Lara le agradece su “sincera” carta de disculpas.
“Los dos somos hombres de bien y pacíficos. Sigamos adelante”, invita Lara al momento de darse un abrazo.
El encuentro con los hijos de Galán es desgarrador. Congregados en un hotel de Bogotá, Marroquín pide nerviosamente que lo perdonen y aunque expresan su gratitud, los hermanos responden que no pueden perdonarle un pecado que él no cometió.
Al terminar la película, Marroquín se levanta del asiento y abraza a Entel. “Es muy emotiva”, dice. “Espero que el pueblo colombiano lo entienda así y que, entre todos, podamos acabar con la violencia de las drogas de una vez por todas”.
Espera, desea, que al menos esta película contribuya a relacionar el apellido Escobar con algo que no sea el narcotráfico.
- Newsweek: ¿Qué sintió al reunirse con los hijos de las víctimas de su padre?
- Marroquín: Pensé que nos sentaríamos a tomar un café y charlar antes de grabar las entrevistas, pero el director, Nicolás Entel, no lo permitió.
- Se reunió sólo con los hijos de las víctimas famosas de su padre. Pero otros miles murieron por su causa...
- Es difícil calcular cuántas personas sufrieron por culpa de mi padre. En la película, ofrezco disculpas a las familias Galán y Lara, y a toda Colombia, por los actos perpetrados por mi padre.
- Su padre fue un hombre violento y usted, físicamente, es su viva imagen. ¿Tiene la misma capacidad para la violencia?
- Creo que todos tenemos una especie de energía “nuclear”. Durante 15 años traté de aplicar mi energía para hacer el bien. Todos somos criminales en potencia, pero yo, simplemente, opté por no serlo.
- ¿Quiere tener hijos?
- Hasta ahora no había querido porque me negaba a permitir que un niño pasara por las mismas cosas que tuve que vivir a causa de mi padre. Mi intención es tener un hijo si recibimos esa bendición y espero que mi hijo pueda ir tranquilamente a la plaza, como yo no pude hacerlo.







