Espectáculos
03.12.2009
El Pacto de San Vicente
El peronista y el radical se unieron contra un enemigo común: los K. La apuesta: ser los referentes de un bipartidismo nacido del consenso. Quiénes son sus aliados y cómo ven el futuro. ¿Tras la réplica de La Moncloa?
Por:
INFOnews
Por Franco Mizrahi
Las parejas se unen por oposición o por afinidad. Además de por conveniencia, claro. Y no sólo por las filiaciones de sus protagonistas, esta nueva relación –la de Rodolfo Terragno y Eduardo Duhalde–, que lejos está de la pasión amorosa, puede ubicarse en el primero de los casilleros. Basta con una escueta descripción radiográfica para darse cuenta:
Terragno, radical, porteño, ex jefe de Gabinete del gobierno de la Alianza, siempre pensó la Argentina en términos estratégicos, tal como empezó a reflejarlo en sus columnas en el diario La Opinión, cuando ejercía el periodismo. Un cuadro político que nunca se consolidó como estadista influyente en el trajín de la política diaria.
Duhalde, peronista, bonaerense, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex presidente de la Nación, demostró su habilidad para moverse como pez en el agua en la arena política, dominando los tiempos de las negociaciones desde su quinta en San Vicente. Un gestor político todoterreno que no se caracterizó por delinear un proyecto de país a largo plazo.
Más claro, señor lector, podría echarle agua. Y si hoy estos opuestos se muestran unidos, en más de una ocasión se cruzaron acusaciones fuertes. Sucedió en 1997, cuando durante el lanzamiento de la campaña del radicalismo porteño, Terragno sentenció: “Duhalde es Menem, practica la misma ética y la misma política”. Pero, se sabe, a las palabras –y las denuncias– se las lleva el tiempo. Y, en este caso, la Argentina no es excepción. La primera década del siglo XXI encontrará a los dos referentes del PJ y la UCR como artífices de un consenso político que, dicen, necesita el país para superar los años que vendrán.
“Pero, ¿qué buscan estos buenos muchachos?”, podría preguntarse un ciudadano distraído. Como sucedió dos meses antes de que el entonces presidente Fernando de la Rúa abandonara la Casa Rosada en helicóptero, Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno aseguran en conjunto: “Un cambio de rumbo en el gobierno nacional”. El pedido, justamente, no incluye al kirchnerismo; lo empapa, en cambio, de críticas y lo define como enemigo común. Así quedó demostrado el pasado 1 de diciembre, durante la decimoquinta conferencia anual de la Unión Industrial Argentina, que tuvo lugar en el Sheraton de Pilar. Un evento que encontró a Duhalde y Terragno compartiendo el mismo panel –“Construyendo una visión de país a largo plazo. La búsquedas de consensos”– y el mismo público que los escuchó embelesado: la cúpula del empresariado nacional, tanto fabril como agropecuario.
Pero los encuentros entre Duhalde y Terragno comenzaron meses atrás, en el marco de la presentación del Plan 10/16 que ideó el radical y que presentó en sociedad en agosto de este año. Un programa basado en el Pacto de La Moncloa que apunta a un desarrollo integral que debería implementarse a partir del bicentenario de la Revolución de Mayo para lograr la modernización nacional (ver recuadro). Y que tuvo como plataforma de lanzamiento, entre otros, al Movimiento Productivo Argentino, la institución creada por Duhalde para “pensar la política” desde que se alejó de los cargos públicos.
“Lo que proponemos nunca se hizo en la historia argentina”, lanzó el caudillo de Lomas en el Sheraton. “El núcleo central del acuerdo deben ser los dos grandes partidos. El que no entiende que la Argentina es bipartidista, no entiende la historia. En el 2011 debe haber un gobierno patriótico de unidad nacional.”
Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria Argentina, acompañó la propuesta. “Este es un país muy complicado de gobernar –explicó–. El camino a transitar requiere un acuerdo fuerte y con consenso. El que suceda a este gobierno deberá tener una gran cuota de poder, si no, no podrá gobernar.”
Lejos del entusiasmo de Buzzi, el referente de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, calificó la alianza Duhalde-Terragno como “el Pacto de Olivos II”: un esquema donde las fuerzas emergentes sean domesticadas por los dos partidos tradicionales.
“Mi convicción –vaticina apocalíptico Terragno– es que si no se logra el consenso, el próximo gobierno, no importa de qué partido sea, fracasará. Y la democracia argentina no va a tolerar una nueva frustración.” En su cruzada, no está solo. Al plan de Terragno también suscribieron otros líderes de la oposición como el vicepresidente Julio Cobos, el senador Ernesto Sanz, el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, el gobernador santafesino Hermes Binner y la titular del GEN Margarita Stolbizer.
Mientras tanto, el oficialismo observa de reojo. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibió a Terragno pero no hablaron del pacto con Duhalde ni de su organización de 2000 “microagrupaciones” en los barrios bonaerenses destinadas a disputarle el poder a Kirchner en la Provincia. En este marco, los laderos de CK no desestiman los impactos de un acuerdo que, en su forma más ambiciosa, podría derivar en una fórmula presidencial de Duhalde con el radical porteño. Algo así como el agua y el aceite, con límites delineados pero convivencia amistosa.
Por ahora, resta esperar. El próximo auditorio de la pareja estará enclavado en Nueva York, cuando el próximo 8 de diciembre se reúna el Consejo de las Américas. En tierra de Obama, Duhalde y Terragno volverán a mostrarse unidos. Una imagen que la Rosada no dejará de mirar.
Las parejas se unen por oposición o por afinidad. Además de por conveniencia, claro. Y no sólo por las filiaciones de sus protagonistas, esta nueva relación –la de Rodolfo Terragno y Eduardo Duhalde–, que lejos está de la pasión amorosa, puede ubicarse en el primero de los casilleros. Basta con una escueta descripción radiográfica para darse cuenta:
Terragno, radical, porteño, ex jefe de Gabinete del gobierno de la Alianza, siempre pensó la Argentina en términos estratégicos, tal como empezó a reflejarlo en sus columnas en el diario La Opinión, cuando ejercía el periodismo. Un cuadro político que nunca se consolidó como estadista influyente en el trajín de la política diaria.
Duhalde, peronista, bonaerense, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex presidente de la Nación, demostró su habilidad para moverse como pez en el agua en la arena política, dominando los tiempos de las negociaciones desde su quinta en San Vicente. Un gestor político todoterreno que no se caracterizó por delinear un proyecto de país a largo plazo.
Más claro, señor lector, podría echarle agua. Y si hoy estos opuestos se muestran unidos, en más de una ocasión se cruzaron acusaciones fuertes. Sucedió en 1997, cuando durante el lanzamiento de la campaña del radicalismo porteño, Terragno sentenció: “Duhalde es Menem, practica la misma ética y la misma política”. Pero, se sabe, a las palabras –y las denuncias– se las lleva el tiempo. Y, en este caso, la Argentina no es excepción. La primera década del siglo XXI encontrará a los dos referentes del PJ y la UCR como artífices de un consenso político que, dicen, necesita el país para superar los años que vendrán.
“Pero, ¿qué buscan estos buenos muchachos?”, podría preguntarse un ciudadano distraído. Como sucedió dos meses antes de que el entonces presidente Fernando de la Rúa abandonara la Casa Rosada en helicóptero, Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno aseguran en conjunto: “Un cambio de rumbo en el gobierno nacional”. El pedido, justamente, no incluye al kirchnerismo; lo empapa, en cambio, de críticas y lo define como enemigo común. Así quedó demostrado el pasado 1 de diciembre, durante la decimoquinta conferencia anual de la Unión Industrial Argentina, que tuvo lugar en el Sheraton de Pilar. Un evento que encontró a Duhalde y Terragno compartiendo el mismo panel –“Construyendo una visión de país a largo plazo. La búsquedas de consensos”– y el mismo público que los escuchó embelesado: la cúpula del empresariado nacional, tanto fabril como agropecuario.
Pero los encuentros entre Duhalde y Terragno comenzaron meses atrás, en el marco de la presentación del Plan 10/16 que ideó el radical y que presentó en sociedad en agosto de este año. Un programa basado en el Pacto de La Moncloa que apunta a un desarrollo integral que debería implementarse a partir del bicentenario de la Revolución de Mayo para lograr la modernización nacional (ver recuadro). Y que tuvo como plataforma de lanzamiento, entre otros, al Movimiento Productivo Argentino, la institución creada por Duhalde para “pensar la política” desde que se alejó de los cargos públicos.
“Lo que proponemos nunca se hizo en la historia argentina”, lanzó el caudillo de Lomas en el Sheraton. “El núcleo central del acuerdo deben ser los dos grandes partidos. El que no entiende que la Argentina es bipartidista, no entiende la historia. En el 2011 debe haber un gobierno patriótico de unidad nacional.”
Eduardo Buzzi, titular de la Federación Agraria Argentina, acompañó la propuesta. “Este es un país muy complicado de gobernar –explicó–. El camino a transitar requiere un acuerdo fuerte y con consenso. El que suceda a este gobierno deberá tener una gran cuota de poder, si no, no podrá gobernar.”
Lejos del entusiasmo de Buzzi, el referente de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, calificó la alianza Duhalde-Terragno como “el Pacto de Olivos II”: un esquema donde las fuerzas emergentes sean domesticadas por los dos partidos tradicionales.
“Mi convicción –vaticina apocalíptico Terragno– es que si no se logra el consenso, el próximo gobierno, no importa de qué partido sea, fracasará. Y la democracia argentina no va a tolerar una nueva frustración.” En su cruzada, no está solo. Al plan de Terragno también suscribieron otros líderes de la oposición como el vicepresidente Julio Cobos, el senador Ernesto Sanz, el jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, el gobernador santafesino Hermes Binner y la titular del GEN Margarita Stolbizer.
Mientras tanto, el oficialismo observa de reojo. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibió a Terragno pero no hablaron del pacto con Duhalde ni de su organización de 2000 “microagrupaciones” en los barrios bonaerenses destinadas a disputarle el poder a Kirchner en la Provincia. En este marco, los laderos de CK no desestiman los impactos de un acuerdo que, en su forma más ambiciosa, podría derivar en una fórmula presidencial de Duhalde con el radical porteño. Algo así como el agua y el aceite, con límites delineados pero convivencia amistosa.
Por ahora, resta esperar. El próximo auditorio de la pareja estará enclavado en Nueva York, cuando el próximo 8 de diciembre se reúna el Consejo de las Américas. En tierra de Obama, Duhalde y Terragno volverán a mostrarse unidos. Una imagen que la Rosada no dejará de mirar.







