Espectáculos
22.09.2008
“De la tele al souvenir hay un paso”
Hoy a las 23 arranca la cuarta temporada de Peter Capusotto y sus videos, por Canal 7. Pase y vea una entrevista con el hombre que le da vida a personajes de culto como Bombita Rodríguez, Pomelo y Micky Vainilla.
Por:
INFOnews
Ni bizarro, como imaginan algunos, ni delirante a tiempo completo, como esperan otros. Capusotto (Diego) parece más un tipo interesado en ser claro en lo que dice: piensa, elige las palabras, vuelve sobre una idea. También se ríe, claro, como cuando se le pregunta si sabe que, hoy por hoy, una red social permite mandar “capusotittos”. No, no sabe. Tampoco qué es Facebook. Pero la definción le causa gracia:
–Sos un souvenir en Facebook...
–Eso es lo que se deriva de la televisión, de la tele al souvenir estás a un paso. Son las consecuencias de estar presente en un medio y estas son las cosas que a uno lo exceden. Lo que le puede pasar a un pibe con los personajes le pertenece a ese pibe, yo me hago cargo de lo que hacemos, pero llego hasta que el programa sale al aire.
–Los personajes tienen mucho de guiño generacional. ¿Por dónde creés que viene el enganche de los más jóvenes?
–No sé qué le pasa a alguien de 20 con el programa, pero supongo que siempre opera cierta identificación con el rock, ligado a un grito de cierto desacomode, rebeldía y anti buenos modales. Por más que el rock se haya adocenado, se haya vuelto como un shopping donde uno pasa, elige lo que le gusta y sigue, el rock siempre tiene una mirada como de alguien que se instala frente a la vida un poco de reojo, de desconfizanza a lo que te ofrece el establishment. Por más que haya quedado como una especie de pose y hoy exista el rock Disney.
–¿Hacer este programa es un privilegio?
–Sí, pero tiene mucho de elección también: elegimos estar donde estamos, en lugar de en un medio mucho más masivo, donde tal vez existiría la posibilidad de que el programa empiece a desmejorarse. Es una elección nuestra quedarnos en un lugar donde se nos bancó el programa tal como sale, sin ninguna negociación previa más que las rutinarias. Hacerlo en este canal es parte de querer irnos de vacaciones al lugar que nosotros elegimos.
–¿Qué personaje te sorprendió, por su evolución o repercusión?
–Creo que Bombita tuvo una trascendencia que yo no esperaba, porque también es muy generacional, tanto las lecturas como lo que provoca el personaje en el debate, en el afuera. Es interesante esto de estar en el límite, de plantearse si hay que tocar cosas vinculadas a esa época desde un lenguaje paródico. Porque esto que antes de la dictadura estaba en lo cotidiano y era signo de los tiempos, después se demonizó y en la democracia se transformó en la teoría de los dos demonios, que yo no comparto.
–Hay parodia pero también una toma de posición...
–Sí, no es una postura políticamente correcta, que hacemos sátira con las dos cosas y son lo mismo, para mí no son lo mismo, para nada. Si hay un demonio hay uno solo, después, sí, hay matices y errores para profundizar. Esta parodia es casi como reírse de la propia tragedia pero sin minimizarla, del devenir de la historia por más tragica que sea en un punto. Es como cuando uno tiene necesidad de reírse de la guerra o de la muerte.
–De chico te probaste en varios clubes de fútbol y también tocabas la batería. ¿Con cuál de las dos cosas te quedó una asignatura pendiente?
–Me hubiera gustado ser jugador profesional. La batería era un instrumento al que tenía acceso de oído, no me enamoré lo suficente. Hoy me vinculo con el fútbol como espectador, como hincha (de Racing) y de juntarme a jugar con amigos, pero cada tanto cuando veo a un tipo que elude a cuatro tipos y la pone contra un palo me gustaría ser ése. Prefiero ser Maradona y no Bill Bradford.
–Sos un souvenir en Facebook...
–Eso es lo que se deriva de la televisión, de la tele al souvenir estás a un paso. Son las consecuencias de estar presente en un medio y estas son las cosas que a uno lo exceden. Lo que le puede pasar a un pibe con los personajes le pertenece a ese pibe, yo me hago cargo de lo que hacemos, pero llego hasta que el programa sale al aire.
–Los personajes tienen mucho de guiño generacional. ¿Por dónde creés que viene el enganche de los más jóvenes?
–No sé qué le pasa a alguien de 20 con el programa, pero supongo que siempre opera cierta identificación con el rock, ligado a un grito de cierto desacomode, rebeldía y anti buenos modales. Por más que el rock se haya adocenado, se haya vuelto como un shopping donde uno pasa, elige lo que le gusta y sigue, el rock siempre tiene una mirada como de alguien que se instala frente a la vida un poco de reojo, de desconfizanza a lo que te ofrece el establishment. Por más que haya quedado como una especie de pose y hoy exista el rock Disney.
–¿Hacer este programa es un privilegio?
–Sí, pero tiene mucho de elección también: elegimos estar donde estamos, en lugar de en un medio mucho más masivo, donde tal vez existiría la posibilidad de que el programa empiece a desmejorarse. Es una elección nuestra quedarnos en un lugar donde se nos bancó el programa tal como sale, sin ninguna negociación previa más que las rutinarias. Hacerlo en este canal es parte de querer irnos de vacaciones al lugar que nosotros elegimos.
–¿Qué personaje te sorprendió, por su evolución o repercusión?
–Creo que Bombita tuvo una trascendencia que yo no esperaba, porque también es muy generacional, tanto las lecturas como lo que provoca el personaje en el debate, en el afuera. Es interesante esto de estar en el límite, de plantearse si hay que tocar cosas vinculadas a esa época desde un lenguaje paródico. Porque esto que antes de la dictadura estaba en lo cotidiano y era signo de los tiempos, después se demonizó y en la democracia se transformó en la teoría de los dos demonios, que yo no comparto.
–Hay parodia pero también una toma de posición...
–Sí, no es una postura políticamente correcta, que hacemos sátira con las dos cosas y son lo mismo, para mí no son lo mismo, para nada. Si hay un demonio hay uno solo, después, sí, hay matices y errores para profundizar. Esta parodia es casi como reírse de la propia tragedia pero sin minimizarla, del devenir de la historia por más tragica que sea en un punto. Es como cuando uno tiene necesidad de reírse de la guerra o de la muerte.
–De chico te probaste en varios clubes de fútbol y también tocabas la batería. ¿Con cuál de las dos cosas te quedó una asignatura pendiente?
–Me hubiera gustado ser jugador profesional. La batería era un instrumento al que tenía acceso de oído, no me enamoré lo suficente. Hoy me vinculo con el fútbol como espectador, como hincha (de Racing) y de juntarme a jugar con amigos, pero cada tanto cuando veo a un tipo que elude a cuatro tipos y la pone contra un palo me gustaría ser ése. Prefiero ser Maradona y no Bill Bradford.







