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03.03.2010

Orcas en el mar, no en las piletas

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La fascinación que sentimos por las orcas es histórica y pasó por diferentes estadios, desde el terror profundo hasta la simpatía y la adoración. Pocas especies de mamíferos fueron tan temidas, y pocas cuentan hoy con la cantidad de fans que tienen las orcas. El nombre científico de esta especie es Orcinus orca que puede traducirse como “delfín demonio”. Los antiguos consideraban a las orcas como una especie de demonio del infierno, y el latino Plinio el Viejo las describió como “máquinas de matar muñidas de dientes salvajes, que se lanzan sobre sus presas como barcos de guerra al ataque”. En tiempos más recientes, un manual de la armada norteamericana describía a las orcas como “extremadamente feroces, atacan al ser humano a la primera oportunidad”. Hoy se sabe que las orcas no son “asesinas”, sino los predadores que están al tope de la cadena alimentaria marina, y su dieta incluye desde peces hasta grandes ballenas y tiburones, incluso el temido tiburón blanco, que no existen registros de ataques a humanos en su medio natural y que tampoco son ballenas sino delfines, los más grandes de la familia Delphinidae (delfínidos). El temor dio paso al asombro cuando  —a principios de los ‘70— se revelaron los primeros aspectos de su enorme inteligencia y efectivas técnicas de caza cooperativa. Finalmente, después de conocer la historia de Keiko, la estrella de “Liberen a Willy”, a la admiración se sumó la simpatía y el cariño.

Sin embargo hace pocos días ocurrió un hecho que volvió a reflotar la mala fama que injustamente sufrió esta especie: el mundo se conmocionó ante el ataque de una orca, Tilikum, a su entrenadora en el SeaWorld de Orlando, lo cual para los especialistas era una tragedia anunciada. Éste no es el primer ataque de una orca a su entrenador, ni será el último. Existen muchos registros de ataques: cuatro de ellos fatales y uno que ocasionó al entrenador lesiones irreversibles. Pero  ocurrieron muchos accidentes más que, como no tuvieron consecuencias lamentables, se ocultaron a la prensa y al público. Tilikum es un macho de 30 años, 7 metros y 6 toneladas de peso. Fue capturado en Islandia cuando tenía 2 ó 3 años, separado de su manada (con la que hubiera permanecido toda su vida) y mantenido en una pileta demasiado pequeña para sus requerimientos, teniendo en cuenta que las orcas en su medio natural nadan entre 100 y 200 kilómetros por día. Resulta imposible recrear un hábitat artificial para una orca. Se trata de una especie altamente inteligente, su estructura social es compleja, con lazos muy estrechos entre miembros de la manada, un dialecto particular a cada familia y estrategias de caza que se transmiten de generación en generación. 

Lejos de su medio natural sienten depresión y estrés, y éstas son las razones por las cuales las orcas en cautiverio no tienen la misma expectativa de vida que sus congéneres silvestres. En su medio natural, las hembras tienen una expectativa de vida máxima de 90 años y los machos de 60. En cautiverio, son pocas las orcas que alcanzaron la edad de Tilikum: normalmente mueren durante los 10 años posteriores a su captura.

Leí la cobertura del episodio en los medios, vi a supuestos especialistas hablando sobre temas que no conocen en profundidad, otros opinando para preservar su negocio y los posts de las personas que comentaron en los foros de noticias de EE. UU. Algunos preguntaban cómo era posible que haya matado a quien la cuidó durante tantos años, con la que supuestamente debería estar encariñado. Pero la orca no es un perro que se encariña con la gente, aunque lleven generaciones conviviendo con los humanos y estén acostumbradas a nosotros. Son animales salvajes que pueden sentir curiosidad y acercarse (son muy curiosos) o incluso reconocer la embarcación de los investigadores. No están acostumbrados a los humano, pero no hay registros de ataques de una orca a una persona en el medio silvestre. También se atribuyó este ataque a la “vejez” de Tilikum o al hecho que sea macho, lo cual tampoco es cierto. De hecho, a los 30 años una orca es aún joven, y hubo ataques a entrenadores  de parte de hembras y machos juveniles. Sin embargo, se sabe que la condición de cautiverio hace que, con el tiempo, algunos ejemplares se vuelvan neuróticos y agresivos.

A mi criterio y el de muchos especialistas, la única manera de evitar tragedias como ésta es no tener orcas en cautiverio. Aquí, en Punta Norte (Península Valdés, Chubut), podemos disfrutarlas en su hábitat y son conocidas y admiradas internacionalmente por su estrategia de caza única de varamiento intencional para capturar crías de lobo marino. En marzo y abril, documentalistas y turistas de todo el mundo llegan a la península para observar este fenómeno esperando tener la suerte de ver a Mel, un gran macho de 50 años. Existen 19 orcas identificadas en Punta Norte, de las cuales sólo siete son varadoras y están marcadas con un círculo amarillo en el catálogo de foto-identificación que puede consultarse online (www.pnor.org).

La cuestión sigue siendo si debemos permitir que se mantenga orcas en piletas sólo para entretenernos. El episodio de SeaWorld tiene que ser un llamado de atención que recuerde que deben estar en el mar y no realizando trucos que no harían en su medio natural, lo que opaca la verdadera naturaleza, belleza, inteligencia y poder del más asombroso depredador del océano.


* Bellazzi es presidente de la Fundación Tierra Salvaje (WEF) e integrante de Punta Norte Orca Research.






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