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13.03.2010

De cara a los desafíos

Kirchner reasumió en el PJ con la mirada en 2011.

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Por Walter Goobar
wgoobar@miradasalsur.com

Con el acto del miércoles en Chaco, que marcó su reasunción en la conducción del PJ,  y con la movilización del jueves en Ferro, que demostró un nivel de organización y capacidad movilizadora que evocó los años de la Jotapé, Néstor Kirchner comenzó a preparar el terreno para su posible candidatura presidencial para 2011. En ambos escenarios, Kirchner esbozó los lineamientos de un nuevo discurso que enarbola los valores históricos y simbólicos del camporismo, pero aggiornados a los tiempos que corren en el país y en el continente.
No es azaroso que Kirchner haya elegido reaparecer en el escenario político-partidario una semana después de la asunción presidencial del pragmático ex guerrillero Pepe Mujica en Uruguay, y el mismo día que un abanderado del neopinochetismo, el magnate Sebastián Piñera, hacía lo propio en Chile.
Aunque durante su mandato en la Casa Rosada  no demostró un interés por los temas internacionales comparable al de Cristina, las tendencias en los países vecinos, sumadas a su instinto de curtido animal político, parecen haber llevado a Kirchner a  reflexionar sobre los desafíos de la próxima década. 
“Convocamos a los empresarios, universitarios, jóvenes y a los periodistas independientes a que nos ayuden. La próxima década será la de la distribución del ingreso, que inició Cristina”, dijo en Chaco y luego repitió casi textualmente ante la multitud que se concentró en Ferro.
Kirchner parece haber percibido que el año próximo comienza una nueva etapa completamente distinta a la década  actual. Si la del 90 estuvo signada por la hegemonía neoliberal y la primera de este siglo de hegemonía progresista, ahora en la segunda década habrá una revisión de lo que se hizo o se dejó de hacer en la primera.
La Argentina, al igual que el resto del continente, transita de un momento en donde había dos hegemonías muy consolidadas al presente, donde habrá enfrentamientos más claros. En ese sentido, las elecciones en Brasil y Argentina van a ser momentos en que se van a expresar más abiertamente estos enfrentamientos.
El escenario que se le presenta a Kirchner –o a quien finalmente sea el candidato del kirchnerismo–  es el de una recomposición local y regional de la derecha de la cual forman parte la derrota de Manuel Zelaya, en Honduras, y la victoria de Sebastián Piñera, en Chile. 
Tras la histórica derrota de la Concertación chilena, Kirchner seguramente debe haber recordado que fue justamente el antecesor de Michelle Bachelet, Ricardo Lagos, una de las voces que más pesaron en su decisión de no presentarse a la reelección en 2008 para evitar el desgaste que trae aparejado cualquier segundo mandato.
“Estamos decididos a gobernar la Patria hasta el 2020 porque tenemos toda la fuerza. Este proyecto político no está basado en individualidades”, fraseó el ex presidente anticipando una resurrección de la transversalidad y propuso imitar el ejemplo frentista de aquel Frente Justicialista de Liberación de 1973. Lo definió como “un peronismo abierto, frentista, que incorpore a otros sectores del espacio nacional y popular”.
“Mi misión es que estemos todos juntos en un espacio nacional, popular y progresista, que no estén sólo peronistas para construir un proyecto de pluralidad absoluta, sin hegemonías”, dijo en el Club Sarmiento de Chaco.
Cuando le preguntaron si ese acto era el lanzamiento de su candidatura, Kirchner meneó la cabeza y dijo: “No, mi responsabilidad hoy es generar la consolidación del espacio nacional popular y progresista en la Argentina”. La aclaración no bastó para impedir que al día siguiente la maquinaria periodística de la oposición taladrara con la idea de que el “Cuco Kirchner aspira a otros dos mandatos y –si le es posible– eternizarse en el poder”.
En Ferro, Kirchner aclaró qué quiso decir cuándo habló de gobernar hasta 2020: “No hay destinos individuales, la política es construcción colectiva”.
El mensaje de Kirchner estuvo cargado de señales sobre el rumbo que piensa imprimirle a la acción política.
Una pata de ese programa se apoya en la necesidad de reducir la brecha social. Kirchner repasó las políticas sociales de la Presidenta, desde las reestatizaciones de las AFJP, y defendió el uso de las reservas para “profundizar el desendeudamiento”.
“Las reservas del Central no están allí para ser adoradas por los grupos económicos concentrados”, bramó y luego exhortó a desarrollar un proyecto estratégico que permita llevar la participación de los trabajadores al 50 por ciento del PBI.
Por otra parte, el ex presidente está convencido que “la máquina de impedir de la oposición” se juega a torpedear todo plan que apunte a achicar la brecha social y a reducir el endeudamiento externo como parte central de una estratégia para hacer fracasar la política del actual Gobierno e impedir que el próximo sea del mismo signo político.
“El plan de obras públicas del Gobierno es el más ambicioso desde 1945. La oposición, mientras tanto, es una máquina de impedir para intentar llegar al gobierno. Hay que recuperar la iniciativa en todos los órdenes para que los argentinos no paguen la irresponsabilidad de algunos”, argumentó.
Con la masiva movilización de Ferro, que fue mérito principal  de Emilio Pérsico, Kirchner demostró que cuenta con un respaldo callejero que ni siquiera los intendentes o el gremio de camioneros tiene.
Tal vez los camioneros lo igualen en masividad y recursos económicos, pero no pueden ni competir en convicción ideológica. “Néstor va a volver con la Jotapé” fue la consigna más coreada.
Desde ambas tribunas, el ex presidente confrontó con el rol de la oposición en el Congreso, les dedicó un párrafo “a aquellos que se escaparon en el 2001 e hicieron la devaluación asimétrica en 2002” y se comprometió a discutir una nueva Ley de Coparticipación. Hacia el final de su mensaje convocó a todos los sectores a “dar los debates” con un tono bastante contemporizador. “Les pedimos que reflexionen, que demos todos los debates que haya que dar, porque de los debates salen las síntesis renovadoras. Tenemos que tender puentes de plata que permitan una mayor convivencia”, dijo. “Les pedimos que no se enojen tanto, que no se pongan nerviosos”, agregó apelando a su ya clásico latiguillo.






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