Espectáculos
18.03.2010
Inflación S.A.
Economistas heterodoxos opositores y oficialistas debaten sobre las razones que estimulan la expectativa inflacionaria. Desafíos y diagnóstico.
Por:
INFOnews
Por Carlos Romero
Hace tiempo que en la Argentina la palabra “inflación” trae las peores rimas. En la sociedad criolla contemporánea el término es sinónimo de “híper”, de derrumbe del poder adquisitivo, de remarcación en espiral y, finalmente, de un raid de precios que suele coronarse en crisis económica.
Sin embargo, los economistas progresistas consultados por Veintitrés, en un arco que va desde el oficialismo hasta la oposición más dura, coincidieron en que el escenario de hoy poco tiene que ver con otros del pasado. Para estos expertos, la suba de precios que se viene agitando no responde a un cuadro fiscal o monetario, como en otras oportunidades, sino a la voracidad de una economía concentrada en pocas manos. Y, a un nivel más profundo y sin entrar en el pantano técnico de la polémica por los números del Indec, dan cuenta de una tradición preventiva y recesiva del empresariado local que, antes de aumentar la rentabilidad expandiendo las fronteras de su negocio, opta por profundizar en el bolsillo del consumidor. La lectura va a contramano de lo que se sostiene desde los sectores más ortodoxos del mercado, que encontraron en la inflación un tema desde donde friccionar al oficialismo. El establishment apunta a las subas salariales y al gasto público como los dos grandes motores inflacionarios, y propone como remedio una salida de corte bien “noventoso”: ajuste, suba de intereses y enfriamiento de la economía.
En este sentido, Alfredo García, economista jefe del Banco Credicoop y vicepresidente del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), señala que “si se tratase de una inflación por costos, eso no aumentaría la rentabilidad. Pero, en este caso, estamos ante una suba por puja distributiva”. Para García, como hoy hay demanda, el empresariado puede remarcar y seguir vendiendo. “Es una salida que no podían tomar en el período de 2002 a 2004, porque el poder adquisitivo estaba en recuperación. Pero ahora en lugar de incrementar su estructura para sostener la demanda, eligen un camino ‘rentístico’”, señala García, para quien si bien “en 2009 pudo haber ganancias menores a 2008, que marcó ingresos excepcionales, los márgenes fueron similares a los de 2006 y 2007, que también fueron muy buenos”.
* La nota completa, en la edición impresa de Veintitrés.
Hace tiempo que en la Argentina la palabra “inflación” trae las peores rimas. En la sociedad criolla contemporánea el término es sinónimo de “híper”, de derrumbe del poder adquisitivo, de remarcación en espiral y, finalmente, de un raid de precios que suele coronarse en crisis económica.
Sin embargo, los economistas progresistas consultados por Veintitrés, en un arco que va desde el oficialismo hasta la oposición más dura, coincidieron en que el escenario de hoy poco tiene que ver con otros del pasado. Para estos expertos, la suba de precios que se viene agitando no responde a un cuadro fiscal o monetario, como en otras oportunidades, sino a la voracidad de una economía concentrada en pocas manos. Y, a un nivel más profundo y sin entrar en el pantano técnico de la polémica por los números del Indec, dan cuenta de una tradición preventiva y recesiva del empresariado local que, antes de aumentar la rentabilidad expandiendo las fronteras de su negocio, opta por profundizar en el bolsillo del consumidor. La lectura va a contramano de lo que se sostiene desde los sectores más ortodoxos del mercado, que encontraron en la inflación un tema desde donde friccionar al oficialismo. El establishment apunta a las subas salariales y al gasto público como los dos grandes motores inflacionarios, y propone como remedio una salida de corte bien “noventoso”: ajuste, suba de intereses y enfriamiento de la economía.
En este sentido, Alfredo García, economista jefe del Banco Credicoop y vicepresidente del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), señala que “si se tratase de una inflación por costos, eso no aumentaría la rentabilidad. Pero, en este caso, estamos ante una suba por puja distributiva”. Para García, como hoy hay demanda, el empresariado puede remarcar y seguir vendiendo. “Es una salida que no podían tomar en el período de 2002 a 2004, porque el poder adquisitivo estaba en recuperación. Pero ahora en lugar de incrementar su estructura para sostener la demanda, eligen un camino ‘rentístico’”, señala García, para quien si bien “en 2009 pudo haber ganancias menores a 2008, que marcó ingresos excepcionales, los márgenes fueron similares a los de 2006 y 2007, que también fueron muy buenos”.
* La nota completa, en la edición impresa de Veintitrés.







