Espectáculos
23.03.2010
La tragedia de Lucas
Antonio Grimau y Leonor Manso se presentaron como querellantes por la confusa muerte de su hijo. Hablan sus ex compañeros del Colegio Nacional Buenos Aires y dos forenses que aseguran: “fue una muerte evitable”.
Por:
INFOnews
Por Sebastián Hacher
(Para 7 DÍAS)
La historia de la muerte de Lucas Antonio Rebolini Manso comienza a reconstruirse a pesar de los puntos oscuros que todavía tiene el caso. Ahora se sabe que el 6 de febrero, poco antes de la una de la mañana, Lucas ingresó al Hospital Fernández con un cuadro de “excitación psicomotriz”. Según los registros del SAME, a las 0.17 el Comando Radioeléctrico de la Policía Federal pidió auxilio “para un paciente con dolor torácico”. Pocos minutos después, ya internado, Lucas se arrancó el pilotín hospitalario y escapó por una de las puertas principales del hospital.
Aquella noche la ciudad era azotada por una tormenta. Lucas corrió bajo la lluvia desnudo hasta la esquina de Salguero y Castex. Allí se golpeó contra un auto y cayó sobre un charco de agua. Un testigo dijo que “tenía sangre en el brazo, como si le hubiesen sacado mal el suero. Por momentos estaba exaltado, y de a ratos se desvanecía”.
El testigo, Osvaldo (su verdadero nombre no se revela por temor a las represalias), le preguntó qué le había pasado. Lucas respondió: “Me escapé del Fernández. Me tomé una bolsa de 50 pesos de cocaína. Me quisieron robar y me pincharon”. Osvaldo y algunos vecinos lo ayudaron a levantarse del charco, lo arroparon con una manta y lo sentaron contra una pared. Lucas les dijo su nombre y dirección. A los pocos minutos, el policía que estaba de consigna en la esquina les avisó que estaba por llegar un patrullero de la Comisaría 53. “Ya se pueden retirar”, les dijo.
Pero la calma que habían logrado los vecinos se esfumó con la llegada de los móviles de la Federal. Los cinco policías que bajaron del patrullero se pusieron guantes. Uno de los oficiales le pisó la cabeza y otro lo tomó de las manos.
Lucas se exaltó, intentó zafar. “El pibe –contó Osvaldo– intentaba defenderse. Parecía que se iba a desmayar, y hasta se defecó encima. Después no aguantó más y cayó al piso, sobre su excremento”.
Según el SAME, la policía volvió a pedir una ambulancia a la 1.41. Esa vez por un cuadro de “crisis nerviosa y excitación psicomotriz”. Seis minutos después, un transeúnte tomó la foto que, una vez publicada por la revista “Veintitrés”, comenzó develar el misterio de su muerte. Pocos segundos después de esa imagen, Lucas fue rodeado por seis policías que volvieron a tirarlo al piso, le pisaron la cabeza y lo agarraron de las manos y las piernas. Allí, un médico del SAME lo sedó y entre todos lo cargaron en una camilla.
En el hospital, el nuevo diagnóstico fue de neumopatía bilateral cocainómana: una afección a los pulmones potenciada por el uso de drogas y la exposición al frío. El 10 de febrero a las 9.15 sus pulmones colapsaron. 48 horas más tarde fue trasladado como “NN” a la Morgue Judicial.
BÚSQUEDA. El cuerpo fue identificado recién 32 días después, gracias a la búsqueda de su familia. Miles de usuarios de Facebook, toda la comunidad artística y los medios de comunicación habían comenzado una intensa campaña para ubicarlo. Pero con el hallazgo de su cuerpo se abrieron interrogantes tanto o más dolorosos que los anteriores.
La primera versión oficial señaló que Lucas corría desnudo por las calles en medio de un delirio místico, y que había sido asistido por una ambulancia. La policía adujo que el cadáver de Lucas no fue ubicado antes porque “tenía las huellas digitales adulteradas por tocar la guitarra”. Eloy Torales, uno de los principales peritos en Papiloscopia del país, explicó a 7 DÍAS que el argumento es falso. “Los únicos que pueden tener problemas para ser identificados por las huellas son los ancianos y los albañiles. Pero si un albañil no trabaja durante una semana, la impresión se le vuelve a generar. Un guitarrista puede tener una callosidad, pero eso no significa que se adulteren las huellas”.
El escándalo terminó de desatarse con el testimonio gráfico y el relato de los testigos que hablaron con la revista “Veintitrés”. A partir de esa publicación se supo que Lucas había estado no una sino dos veces en el Fernández. Con la revista en la calle, la subdirectora del Hospital rompió el silencio que rodeaba a la causa. reconoció que Lucas se había fugado desnudo del hospital.
Pocas horas después de esas declaraciones, la familia de Lucas se presentó como querellante en la causa. La Justicia allanó el Hospital en busca de pruebas, y ordenó revistar la autopsia que se realizó el 12 de febrero. El segundo estudio ratificó que Lucas “murió debido a una neumopatía y que no fue golpeado antes de su deceso”.
Sin embargo, Enio Linares, médico y uno de los decanos de la criminología argentina, opina que la revisión de la autopsia y la situación de Lucas como “NN” son aspectos secundarios. “La causa de la muerte –explicó Linares– estaba clara. Pero lo central del caso es que era una muerte evitable. Cuando en el hospital dicen que no tienen estructura para retener a un paciente, no se puede hablar en general. Este paciente no fue por su cuenta a atenderse, estaba en un estado lamentable. Cuando él llega, el Fernández tendría que habar dado aviso a la Justicia. En algún punto, todo su organismo estaba afectado, es una persona desamparada desde el punto de vista de su salud. Si no hubiese estado en la calle, expuesto al frío, quizá se hubiese salvado. En este caso, el hospital tiene responsabilidad penal”.
EGRESADOS. Lucas le temía a la muerte. La obsesión salía a la luz cada vez que se cruzaba con sus ex compañeros de colegio.
“Tenemos una maldición –solía decirles–. Cada siete años, uno de nosotros muere de forma trágica”.
Los demás egresados del Nacional Buenos Aires lo escuchaban con incredulidad. Pero también sabían que en esa fijación había algo de verdad estadística. “A los 15 años –recuerda uno de los que compartieron aulas con él– nuestro compañero, Pablo Elías, murió electrocutado mientras arreglaba el auto de los papás. Después de cumplir los veintiuno, se ahogó en un río del sur Sebastian Fulugonio, también de nuestra división. Pasados los 27 falleció de un paro cardíaco Andrés Righeti, que se había recibido de biólogo. Lucas estaba preocupado por esas muertes: pensaba que todos éramos parte de una cadena trágica”.
Antes, cuando todavía era un adolescente y no pensaba en esas cosas, Lucas era un pibe feliz. Tocaba la guitarra y cantaba en su banda a la que habían bautizado Hermano Diu. Además de los covers de rigor –Fito, Spinetta– coreaban temas propios. Uno de los más recordados preguntaba en su estribillo. “¿Que hace Marta Minujin en el 60?”. En el colegio era popular. “Parecía –cuenta una de sus compañeras– un chico pleno. Era del grupo de los que tenían conciencia social. Se llevaba materias, pero las daba en diciembre. Era todo lo rebelde que se podía ser en un colegio como el nuestro”.
Pasados los 21, dejó de frecuentar a sus amigos de la adolescencia. “Los últimos años nos lo cruzábamos por Corrientes. Seguía siendo un tipo lúcido, pero se lo veía descuidado. Con los años se volvió cada vez más retraído, hasta que se tornaba difícil mantener una conversación con él. En algún momento estuvo internado en una granja de rehabilitación”. Con los años, Lucas se convirtió en un artista callejero: tocaba la guitarra y pasaba la gorra en el colectivo para poder sobrevivir.







