Espectáculos
30.09.2008
La crisis se inició con la burbuja de las puntocom
La crisis financiera se inició hace tiempo por especulación individual y mucho capital de riesgo.
Por:
INFOnews
En estos días leemos páginas y páginas sobre la crisis mundial, anteayer (28/9), sin ir más lejos, cayó un banco en Inglaterra con deudas por u$s73.000 millones y una mutual en los EE.UU. con activos por u$s300.000 millones. En EE.UU. rechazaron un salvataje por u$s700.000 millones y entre la plata que ya se puso y la que habría que poner por encima de ese salvataje, se estiman necesarios por lo menos u$s1.500.000.000.000 ¿Pero es ésta la crisis?
El Banco Mundial calcula que en el mundo hay 1.500 millones de pobres (los que disponen de menos de u$s1,25 diarios), algunos piensan que esta es una cifra optimista. Pero, en cualquier caso, los millones de dólares que están volcando para salvar al sistema financiero, permitirían sacar de la pobreza, durante más de cuatro años, a todas estas personas. Entonces, ¿cuál es la crisis?
Los pocos datos que existen sobre la distribución de la riqueza en el mundo indican que el 1% de la población mundial concentra el 40% de la riqueza y el 10%, el 85 por ciento. En el otro extremo, la mitad más pobre sólo posee el 1% de la riqueza. La distribución de la riqueza hoy es más desigual que en la época de la Revolución Francesa y a partir de la globalización el deterioro se ha profundizado.
La prensa trata de hacernos creer que la crisis es el cierre de bancos, pero la crisis es otra y se soluciona con mucha menos plata que la necesaria para salvar al sistema financiero.
Muchos se preguntan si habrá salvataje, si será exitoso, pocos se preguntan quién pagará. Exitoso o no, pagarán los mismos. El Banco Mundial lo anticipa: “la escalada de precios de los alimentos y del combustible, así como la crisis financiera mundial, amenazan con hundir a millones de personas en la pobreza” faltaría agregar “aún más”.
¿Por qué en los EE.UU.? En 1995 el Nasdaq (el mercado de valores donde cotizan principalmente las puntocom) tenía un valor de 1.000 puntos, luego de cinco años después los 5.000 y dos años después había bajado a 1.300. Los que habían apostado a esas acciones perdieron en dos años 75% de su capital, lo que habían ganado durante los cinco años previos.
Se dijo entonces que esta burbuja era consecuencia de los aventureros que desarrollaban proyectos puntocom y engañaban inversores. Pero simultáneamente caía Enron (empresa principalmente de energía) y en BBC.com, el 6 de febrero de 2002, decían: “Para algunos economistas como Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, la fecha marcó un momento tan decisivo para el mundo de los negocios y para la sociedad estadounidense como fueron, en otro terreno, los atentados del 11 de septiembre.
El hecho de que una de las empresas más admiradas podría haber incurrido en una serie de engaños y delitos, con perjuicios a miles de trabajadores y accionistas, así como sus presuntas conexiones con la política, abrieron uno de los escándalos más grandes de la historia de los EE.UU. con derivaciones aún imprevistas.”
A esto habría que agregarle que el fraude fue posible, también, gracias a los señores serios que hacían la auditoría (Arthur Andersen). Pero, nuevamente, esta crisis fue adjudicada a la deslealtad y al fraude.
Desde 1996 los precios de las viviendas en los EE.UU. no paraban de crecer, hasta que llegó marzo de este año. Ahora la crisis se le atribuye a los déficits de la regulación que permitieron tamaño desastre con las hipotecas.
Estas crisis que la prensa y hasta economistas “progresistas” de los EE.UU., como Paul Krugman, las tratan como originadas en hechos aislados, parecen tener otras causas y la primera pista la da, no un manual de economía, sino Wikipedia, cuando refiriéndose a la burbuja de las puntocom dice:
“Una combinación de un veloz aumento de precios de las acciones, la especulación individual y la gran disponibilidad de capital de riesgo crearon un ambiente exuberante. El estallido de la burbuja puntocom marcó el principio de una relativamente suave, pero larga recesión en las naciones occidentales”.
ESPECULACIÓN. De una manera simple da dos claves: “Especulación individual” y “gran disponibilidad de capital de riesgo”. Yo agregaría una tercera: incapacidad de crear (producir) un valor similar al de sus consumos (en todos los casos referido a la sociedad estadounidense, aunque los dos últimos también podrían aplicarse a los europeos).
“Especulación individual”: J. Rifkin en El sueño europeo (2004) dice: “En la actualidad los jóvenes estadounidenses que rompen con la ética del trabajo son cada vez más. Para ellos, el sueño americano no tiene tanto que ver con la fe y la perseverancia como con la suerte y la temeridad”. Más adelante dice: “Mi propia sospecha es que muchos jóvenes piensan simplemente que van a tener suerte. De un modo u otro ocurrirá, sin que tengan que trabajar para ello”, y luego agrega que “…una juventud mediática que vendía la idea de la gratificación inmediata de los propios deseos. El resultado era que cada nueva generación de estadounidenses estaba menos dispuesta e incluso menos capacitada para trabajar y posponer la gratificación en beneficio de ulteriores recompensas”. A esta descripción se la podría titular “Patinando por un sueño”.
Capital de Riesgo: Cuando el 10% de la población mundial (una gran cantidad vive en los EE.UU.) acumula el 85% de la riqueza, algo hay que hacer con esa riqueza que no se podrá gastar jamás y paradójicamente se elige especular para obtener, aún más, ganancias rápidas.
Pero, finalmente, llegan las consecuencias de la tercer clave “la incapacidad de crear un valor similar al de sus consumos” y entonces, cuando ocurre esto, hay algunas formas de solucionarlo: apropiándose violentamente de la riqueza de otros (guerra de Irak); apropiándose financiera, tecnológica o comercialmente de lo que producen otros (obligando a los países emergentes/subdesarrollados a mantener reservas importantes en dólares en sus bancos centrales, cobrando patentes injustificadas, obteniendo ventajas comerciales –pactos de protección de inversiones– basadas en su poder) y si ninguna de estas cuestiones es suficiente, esterilizando los ahorros de sus propios ciudadanos en crisis financieras.
Pero, ¿de dónde surge la incapacidad de crear un valor similar al de sus consumos? Cuando se miran los balances de pagos de los EE.UU., España y Gran Bretaña surge la pista: acumulan, durante los últimos años, déficits de gran magnitud.
El Banco Mundial calcula que en el mundo hay 1.500 millones de pobres (los que disponen de menos de u$s1,25 diarios), algunos piensan que esta es una cifra optimista. Pero, en cualquier caso, los millones de dólares que están volcando para salvar al sistema financiero, permitirían sacar de la pobreza, durante más de cuatro años, a todas estas personas. Entonces, ¿cuál es la crisis?
Los pocos datos que existen sobre la distribución de la riqueza en el mundo indican que el 1% de la población mundial concentra el 40% de la riqueza y el 10%, el 85 por ciento. En el otro extremo, la mitad más pobre sólo posee el 1% de la riqueza. La distribución de la riqueza hoy es más desigual que en la época de la Revolución Francesa y a partir de la globalización el deterioro se ha profundizado.
La prensa trata de hacernos creer que la crisis es el cierre de bancos, pero la crisis es otra y se soluciona con mucha menos plata que la necesaria para salvar al sistema financiero.
Muchos se preguntan si habrá salvataje, si será exitoso, pocos se preguntan quién pagará. Exitoso o no, pagarán los mismos. El Banco Mundial lo anticipa: “la escalada de precios de los alimentos y del combustible, así como la crisis financiera mundial, amenazan con hundir a millones de personas en la pobreza” faltaría agregar “aún más”.
¿Por qué en los EE.UU.? En 1995 el Nasdaq (el mercado de valores donde cotizan principalmente las puntocom) tenía un valor de 1.000 puntos, luego de cinco años después los 5.000 y dos años después había bajado a 1.300. Los que habían apostado a esas acciones perdieron en dos años 75% de su capital, lo que habían ganado durante los cinco años previos.
Se dijo entonces que esta burbuja era consecuencia de los aventureros que desarrollaban proyectos puntocom y engañaban inversores. Pero simultáneamente caía Enron (empresa principalmente de energía) y en BBC.com, el 6 de febrero de 2002, decían: “Para algunos economistas como Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, la fecha marcó un momento tan decisivo para el mundo de los negocios y para la sociedad estadounidense como fueron, en otro terreno, los atentados del 11 de septiembre.
El hecho de que una de las empresas más admiradas podría haber incurrido en una serie de engaños y delitos, con perjuicios a miles de trabajadores y accionistas, así como sus presuntas conexiones con la política, abrieron uno de los escándalos más grandes de la historia de los EE.UU. con derivaciones aún imprevistas.”
A esto habría que agregarle que el fraude fue posible, también, gracias a los señores serios que hacían la auditoría (Arthur Andersen). Pero, nuevamente, esta crisis fue adjudicada a la deslealtad y al fraude.
Desde 1996 los precios de las viviendas en los EE.UU. no paraban de crecer, hasta que llegó marzo de este año. Ahora la crisis se le atribuye a los déficits de la regulación que permitieron tamaño desastre con las hipotecas.
Estas crisis que la prensa y hasta economistas “progresistas” de los EE.UU., como Paul Krugman, las tratan como originadas en hechos aislados, parecen tener otras causas y la primera pista la da, no un manual de economía, sino Wikipedia, cuando refiriéndose a la burbuja de las puntocom dice:
“Una combinación de un veloz aumento de precios de las acciones, la especulación individual y la gran disponibilidad de capital de riesgo crearon un ambiente exuberante. El estallido de la burbuja puntocom marcó el principio de una relativamente suave, pero larga recesión en las naciones occidentales”.
ESPECULACIÓN. De una manera simple da dos claves: “Especulación individual” y “gran disponibilidad de capital de riesgo”. Yo agregaría una tercera: incapacidad de crear (producir) un valor similar al de sus consumos (en todos los casos referido a la sociedad estadounidense, aunque los dos últimos también podrían aplicarse a los europeos).
“Especulación individual”: J. Rifkin en El sueño europeo (2004) dice: “En la actualidad los jóvenes estadounidenses que rompen con la ética del trabajo son cada vez más. Para ellos, el sueño americano no tiene tanto que ver con la fe y la perseverancia como con la suerte y la temeridad”. Más adelante dice: “Mi propia sospecha es que muchos jóvenes piensan simplemente que van a tener suerte. De un modo u otro ocurrirá, sin que tengan que trabajar para ello”, y luego agrega que “…una juventud mediática que vendía la idea de la gratificación inmediata de los propios deseos. El resultado era que cada nueva generación de estadounidenses estaba menos dispuesta e incluso menos capacitada para trabajar y posponer la gratificación en beneficio de ulteriores recompensas”. A esta descripción se la podría titular “Patinando por un sueño”.
Capital de Riesgo: Cuando el 10% de la población mundial (una gran cantidad vive en los EE.UU.) acumula el 85% de la riqueza, algo hay que hacer con esa riqueza que no se podrá gastar jamás y paradójicamente se elige especular para obtener, aún más, ganancias rápidas.
Pero, finalmente, llegan las consecuencias de la tercer clave “la incapacidad de crear un valor similar al de sus consumos” y entonces, cuando ocurre esto, hay algunas formas de solucionarlo: apropiándose violentamente de la riqueza de otros (guerra de Irak); apropiándose financiera, tecnológica o comercialmente de lo que producen otros (obligando a los países emergentes/subdesarrollados a mantener reservas importantes en dólares en sus bancos centrales, cobrando patentes injustificadas, obteniendo ventajas comerciales –pactos de protección de inversiones– basadas en su poder) y si ninguna de estas cuestiones es suficiente, esterilizando los ahorros de sus propios ciudadanos en crisis financieras.
Pero, ¿de dónde surge la incapacidad de crear un valor similar al de sus consumos? Cuando se miran los balances de pagos de los EE.UU., España y Gran Bretaña surge la pista: acumulan, durante los últimos años, déficits de gran magnitud.







