Espectáculos
11.04.2010
El mito del Messias
Tras la victoria del Barcelona del "Pulga" sobre el Real Madrid se agudiza la polémica sobre el lugar que ocupa Messi en el fútbol mundial.
Por:
INFOnews
Por Cristian Rémoli
cremoli@miradasalsur.com
"Exiliarse es morir un poco", dice Rafael Bielsa. Es lo que sintió Lionel Messi en su viaje definitivo a Barcelona, cuando sabía que no había vuelta atrás. El pibe de sólo 13 años lloró sin parar en ese avión que lo depositó en el lugar que le cambiaría la vida a él y a su familia. Seguramente, esa anécdota la debe recordar con una mueca, con la misma imperturbabilidad que transmite en cada una de las notas que da, donde se lo ve incómodo, declarando “de cassette”, igual a lo que hace cualquier futbolista de 22 años.
Mi otra mitad. Messi es argentino, lo es de la cintura para abajo. Lleva la pelota como un argentino, frena como un argentino, gambetea como un argentino, calcado a los borregos habilidosos del conourbano y del interior, como lo hacía Maradona o, quizás, mejor. Pero de la cintura para arriba, Messi es catalán y su formación profesional es europea. Se hizo en la escuela del Barcelona, hecha a imagen y semejanza de la del Ajax de Holanda, donde todo debe funcionar y está programado para pulir y exprimir al máximo las condiciones de un futbolista, desde que pisa el club, hasta que se va.
Acá las cosas cambian. Las estructuras de la AFA son arcaicas como todo lo que rodea al seleccionado: la logística, la organización, la mayoría de los dirigentes, la manera en la que se eligen los técnicos. Que un barra brava de Chicago lo haya ido a esperar a Ezeiza es un ejemplo de cómo funciona la logística de la entidad de Grondona. Messi es un chico especial, con un talento que sobrevuela altamente la media, y su personalidad -como la de todo genio- requiere un trato funcional para que la cabeza piense y las piernas vuelen a la misma velocidad que lo hace en el Barcelona. Pasaba lo mismo con Maradona. Recién en México, 9 años después de su debut en el seleccionado se sintió importante, dueño del grupo y de la situación, con Passarella afuera y sin poder de fuego sobre sus compañeros, por los severos problemas gástricos del actual presidente de River.
El Mito. Dicen mayormente que la comparación con Maradona lo perjudica. ¿Por qué? Si Maradona llegó a Europa con 9 años más y no supo hacer pie en un Barcelona cargado de figuras, donde en el banco además estaba sentado su padre futbolístico, César Menotti; si Diego fue a los 21 años la estrella de Boca, pero no el jugador más importante de aquel equipo de 1981, que a ojos de todos el mundo fue Miguel Brindisi, y Messi es la estrella-superlativa-desterminante de uno de los clubes top del mundo casi con la misma edad; si de Maradona vemos editados que nos hacen pensar que jugó siempre igual que en México, cuestión que no es cierta, y de Messi vemos todos los partidos, en vivo, con 5 repes de cada jugada y hasta en HD, y observamos que en casi todos la deja así de chiquita.
Lo pienso así: Maradona fue rey en el 86 y en el Nápoli, un equipo de segundísima al que llevó a lo más alto. Pero la plenitud de su carrera tuvo grises que se omiten (todo lo contrario de lo que pasa con Messi, donde los pocos claroscuros van delante de los logros en nuestro país). En el Mundial 82, en parte de las Eliminatorias de México 86, en la Copa América 87, en el mismo torneo en el 89, por no hablar del mundial 90, donde sabemos que jugó con un tobillo hinchado, Maradona estuvo lejísimos del de México. Y desde el 92 para adelante, luego de su primera suspensión, fue un fantasma de aquel crack.
Ambos, además, son contemporáneos a la explosión de los medios. Maradona es sinómo del estallido de la televisación del fútbol de los años 80. Messi de la digitalización, de la multiplicación de contenidos e información en internet y de los juegos electrónicos caseros, es casi un símbolo de la generación Play Station. Aquellos medios ochentosos fogoneraron desde el arranque a el Maradona-mito, al ícono argentino. Diego, aún en vida, está en el altar de Gardel, Eva y el Che. De esta forma, a Messi, a quien todos vimos muy similar de movida, no se le pide que juegue como Maradona, sino que sea Maradona, que se transforme en ese mito, en eso vacío que quedó desde que Diego nos dejó huérfanos cuando sus piernas y su corazón dijeron basta. Sépanlo: a eso no puede llegar. Podrá superarlo en la cancha, redoblarlo en títulos, convertir 2 mil goles y salir campeón de Europa diez veces. Pero nunca podrá ser “Maradona”, porque no llena el formulario para ser mito.
El hombre. Nuestros mitos tienen algo de tragedia, carisma, desenfreno, locura, romanticismo, condimentos mayormente ausentes en el combo Messi hasta el momento. Además, debemos sentirlos propios y a él lo percibimos catalán, a pesar de que en ningún momento tuvo ese delirio que sufren algunos argentinos al copiar, por ejemplo, las pronunciaciones y modismos cuando se van al exterior. Puede parecer insignificante pero, si se le reprochó hasta que no canta el himno, ¿qué pasaría si hablara con acento catalán?
Causa. Aunque se exilió un año antes, Messi es un adolescente de la Argentina de 2001, un chico al que le negaron un tratamiento para crecer, es decir, es una consecuendia de la desaparición del estado en los necesidades primarias, y también de la decadencia de los clubes. El destrato que recibía en el Newell´s y el ningunéo que padeció el padre cuando lo probaron en River, terminó decidiendo a la familia por exilio. No hay lugar desde donde exigirle patriotismo. En esa línea, tampoco habría que omitir que, aun teniendo todo para hacerlo a los 17 años, le dijo no a la selección española para poder jugar con la celeste y blanca.
¿Su personalidad descolgada? No es diferente a la de los chicos de su generación. Muchos de ellos convivieron con padres desocupados o explotados en sus trabajos, lidiaron con los programas atrasados de la educación y padecieron una televisión invasiva y grosera. Les interesa poco todo. Messi parece descargar toda su líbido de veinteañero en lo que más sabe, el fútbol, y en el club que lo formó, el Barcelona. Y hasta ahí llega.
Desafío. De lo que sí seguramente es culpable es de que el periodismo, tan amigo de encajar en molde a los protagonistas, todavía no lo haya podido encontrar la vuelta. Maradona es “Dios”, Kempes “El Matador”, Passarella “El Gran Capitán”, Valdano “El Filósofo”, Caniggia “El Hijo del Viento”, pero Messi es, apenas, “La Pulga”, un chico que caminando por la calle no atraería la más mínima atención, de no ser porque es el 10 del Barça. Es Petiso, retacón, casi no abre la boca cuando habla, sonríe tímido, de costado, enloquece por la milanesa a la napolitana de su mama…es el típico ejemplo de que el fútbol es el juego más equitativo del mundo ¿o en que otro deporte de conjunto podría destacarse Messi con ese biotipo?
Tendrá en dos meses el reto más grande de su carrera, el Mundial. Estaremos todos pendientes, muchos con el puñal bajo el poncho, obvio. Desde el Mundial 94, la expectativa no está centrada en un jugador. No tuvimos una estrella capaz de eclipsar las personalidades de Passarella y de Bielsa. En Alemania, si bien Riquelme era lo más destacado, la esperanza no se apoyaba en su figura.
Así las cosas, a Sudáfrica irá el equipo de Maradona, el futbolista más popular de todos los tiempos, que en la cancha tendrá al mejor del momento. Ese chico del sur de Rosario que sufrió porque no podía crecer, padeció irse del país y ahora disfruta de estar en el camino del sueño, ese que recorre como lleva la pelota y como define cuando queda mano a mano con el arquero, con naturalidad, como si lo hubiera transitado miles de veces, gozando de estar destinado acaso a ser el mejor de todos los tiempos, pero no un mito argentino. Ojalá se lo podamos perdonar.







