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28.04.2010

El desarrollo nuclear argentino y la inserción internacional del país

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La participación de la Argentina en la Cumbre sobre Seguridad Nuclear hace necesario recorrer el camino construido por nuestro país en los últimos sesenta años. Buena parte del exitoso desarrollo nuclear argentino se explica por las virtuosas relaciones que a lo largo del tiempo se fueron construyendo entre el Estado, las instituciones de investigación científica y tecnológica, los establecimientos educativos y el sector productivo. A continuación, un recorrido por las condiciones de posibilidad que generaron el estado actual de situación en esta materia.

Hacia finales de la década del cuarenta y principios de los cincuenta el Gobierno nacional lanzaba el Proyecto Huemul, que consistía en la construcción de un laboratorio de ensayos atómicos. La intención era dominar la generación de energía atómica a partir de la fisión nuclear. Si bien este objetivo inicial no fue alcanzado, dio lugar a un desarrollo progresivo de instituciones y recursos humanos que promovieron la acumulación de capacidades científico-tecnológicas diferenciales con las que cuenta hoy la Argentina en su territorio. Entre las instituciones más importantes que se desarrollaron se encuentran la Comisión Nacional de Energía Atómica –CNEA– (orientada a la realización de investigaciones y desarrollos nucleares) y el Instituto Balseiro (donde se forman físicos, ingenieros nucleares y mecánicos de excelencia).

A inicios de la década del setenta acontece la segunda etapa de desarrollo del sector creándose empresas de propiedad del Estado, como es el caso de INVAP, mediante un convenio entre la CNEA y el Gobierno de la Provincia de Río Negro. Esto ha tenido un impacto relevante en el desarrollo de prestación de servicios y productos en el área de la energía nuclear, al mismo tiempo que se ha logrado una diversificación hacia otros tipos de energía tales como la eólica y la hidráulica, y los siguientes campos: espacial, informática, simulación de procesos, electrónica, robótica, telecomunicaciones, tratamiento de residuos y médica.

Algunos resultados obtenidos han sido la venta de reactores nucleares de experimentación a Perú, Egipto (2), Cuba, Argelia, y el más resonante a Australia por 250 millones de dólares –ganándole en una licitación internacional abierta a competidores como Siemens de Alemania, AECL de Canadá y Tecnicatone de Francia. Este proyecto está considerado como la venta de tecnología más importante por parte de una empresa nacional. Asimismo, en el área de la Tecnología Espacial, INVAP es la única empresa argentina calificada por la NASA para la realización de proyectos espaciales habiendo participado en el diseño, construcción, ensayo y operación de satélites.

Estos resultados se han logrado en mercados de altísimo valor agregado, donde participan unas pocas empresas, con gran control de acceso por parte de los gobiernos y regulado a escala internacional por organismos del sistema de Naciones Unidas –como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

En definitiva, el desarrollo nuclear argentino constituye un excelente ejemplo de cómo una industria basada en el conocimiento puede ser sumamente competitiva en un segmento específico del mercado ofreciendo productos llave en mano y, al mismo tiempo, lograr diversificarse hacia nuevos campos sobre la base de aquellos conocimientos previamente desarrollados. Indudablemente, el apoyo sostenido por parte de las instituciones educativas y de investigación ha sido un factor determinante para alcanzar estos logros.

De este modo, se ha generado un conjunto de capacidades técnicas, tecnológicas, institucionales y empresariales que permiten que la Argentina cuente con una industria nuclear competitiva a escala internacional, competitividad fundada en el desarrollo y acumulación de conocimientos producidos de forma endógena por profesionales, científicos, funcionarios y empresarios argentinos.

Como expresión de la política interna en el escenario global, la estrategia de inserción internacional en materia nuclear puede considerarse una política de Estado, entendida como la conclusión de objetivos de largo plazo, apoyados e impulsados por instituciones a través del tiempo. En términos coloquiales, la política en el campo nuclear ha sido coherente con los objetivos nacionales de promover el desarrollo de capacidades tecnológicas endógenas del país.

Como dijimos anteriormente, la Argentina es competitiva en una industria que por sus particularidades y sensibilidad requiere de transparencia en los procesos e incorporación de las normas internacionales, como condiciones sine qua non para su normal desenvolvimiento. Aclaremos lo dicho: el desarrollo nuclear entra en la categoría de tecnologías de uso dual (como algunas ramas de la química o la biología), esto significa que los desarrollos pueden ser utilizados tanto para fines pacíficos como para la guerra.

MEMBRESÍA. El “Club Nuclear” tiene una membresía acotada (sólo forman parte los países que poseen armamento nuclear), y son menos aún los que dentro del mismo poseen poder de veto y la capacidad de ordenar una intervención armada en el marco del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El desarrollo nuclear es de uso dual en tanto pertenece al ámbito estratégico-militar y al económico-financiero. Es por esto que para exportar tecnología nuclear, la Argentina debe resguardar el fino equilibrio entre la independencia comercial (elegir a qué países venderle), la independencia científica (eliminando la posibilidad de veto internacional en nuestros programas de investigación) y el equilibrio regional (específicamente con Brasil como socio estratégico en el desarrollo de tecnologías para la defensa). Como dato de interés, recordemos que América latina es una zona libre de armas nucleares, en virtud del Tratado de Tlatelolco vigente desde 1969, en el cual los países se comprometieron a no adquirir ni desarrollar armas nucleares.

Argentina debe avanzar en mecanismos de cooperación e integración regional. Necesitamos considerar la posibilidad de que exista integración de cadenas productivas en el sector nuclear, tanto para la generación de energía como para el sector defensa o netamente de investigación. Naturalmente existen algunos condicionamientos al respecto, el principal está relacionado a la transferencia tecnológica, ya que en los procesos de integración es necesario delegar soberanía, perdiendo autonomía y confidencialidad, aunque la apuesta es que la integración y cooperación sean sinérgicas, obteniendo las partes un activo mayor que si trabajasen solas. En la región, la Argentina y Brasil son los únicos dos países con un nivel de desarrollo avanzado, que manejan el ciclo del combustible nuclear y que incluso han acercado posiciones para la construcción de un reactor nuclear de potencia para montar en un submarino. Si esto se materializara, sería una muestra de independencia tecnológica y soberanía política, basadas en las acreditadas capacidades y transparencia de ambos países.

Casos como el de Irak o Irán dan muestra de que es posible que un plan nuclear sospechado sea la causa de una intervención armada internacional. Y si bien nuestra región está lejos de la realidad de Medio Oriente, es importante tener en cuenta los escenarios y vincularlos. Esto forma parte de la estrategia, prever los objetivos propios, al mismo tiempo que establecer, desarrollar y fortalecer relaciones con los países extranjeros a los fines de garantizar la seguridad nuclear a escala internacional.

En este sentido, la Cumbre sobre Seguridad Nuclear arribó a tres grandes líneas de acuerdo: compromisos para reducir los stocks de uranio y plutonio de alto grado (acuerdo que afecta directamente a EE.UU. y Rusia), el ofrecimiento de Turquía y Brasil como mediadores en la delicada situación de Irán por su programa de desarrollo nuclear (que configura un escenario de conflicto) y alcanzar durante los próximos cuatro años el control total del material nuclear por parte de cada país y a escala internacional por parte del OIEA. Este último punto está directamente relacionado con la proliferación y la posibilidad de que grupos terroristas adquieran material nuclear.

En el marco de la Cumbre, y en lo que a la República Argentina respecta como actor de peso en este tema, vale la pena rescatar las declaraciones de la secretaria de Estado de EE.UU, Hillary Clinton. En una nota editorial publicada por el diario Clarín el día 12 de abril del corriente dice que “la Argentina es un líder global en el área de no proliferación. Asimismo, es un actor importante en el mercado internacional legítimo de tecnología nuclear pacífica y materiales nucleares, con una sólida trayectoria de trabajo dentro del sistema internacional. En vista de su historial y trayectoria, la Argentina puede legítimamente liderar el diálogo con los países que recién se asoman al campo de la energía nuclear y con aquellos países que han violado las salvaguardias nucleares internacionales”. Como podemos apreciar, nuestro país está en la agenda de la seguridad nuclear ocupando un lugar de prestigio y responsabilidad internacional.

También en la línea de la cooperación internacional, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió a su par ruso, Dimitri Medvedev. En la agenda común ha sido incluida la cooperación nuclear: Sergei Krienko (titular de la Agencia de Energía Atómica Rusa) formó parte de la reunión. Según se pudo saber, se prevé una participación rusa en la construcción de Atucha II.

En definitiva, el desarrollo nuclear interno en la Argentina se ha combinado con una estrategia transparente y respetuosa de las regulaciones internacionales en la materia, lo cual le ha permitido al país lograr un posicionamiento internacional de relevancia en los planos tecnológico, económico y político. 

De Paula es Director del Programa de Energía y Recursos Naturales del CAEI y miembro de la SID-Capítulo Buenos Aires. 
Parysow es Prosecretario y Coordinador del Departamento de Educación, C&T e Innovación de la SID; UVT UNTREF y ADIMRA.






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