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05.05.2010

La saga de los Martínez de Hoz y el banquero arrepentido

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No es necesario preguntar a los argentinos quién es y qué hizo José Alfredo Martínez de Hoz. Su política significó, como la invasión de Atila y los hunos en Europa, una devastación planeada de nuestro país, que incluyó delitos privados además de los públicos, los que ahora van a significar su procesamiento. Pero es bueno saber que no sólo tuvo respaldo entre los militares locales sino también en el exterior y que su figura llegó a causar la admiración de algunos poderosos personajes.

Declaraba así el banquero norteamericano David Rockefeller en 1978: “Recuerdo que cuando Martínez de Hoz viajó por primera vez a los Estados Unidos a refinanciar la deuda exterior argentina, pocos meses después de haber asumido su puesto como ministro de Economía, su programa ya había sido puesto en marcha aun antes de ser sometido al Fondo Monetario Internacional para solicitar un crédito de 300 millones de dólares. Era un programa brillante, sólido […] y sobre todo absolutamente realista. Tras analizarlo, recomendé inmediatamente considerar un crédito del Chase a la Argentina, y estimulé a otros bancos norteamericanos a hacer lo mismo, lo que contribuyó a que [ese país] pudiera hacerse de la cifra cercana a los 1.000 millones de dólares. […] Detrás de estos éxitos se levanta Martínez de Hoz como uno de los grandes ministros de Economía de la Argentina” (Revista Gente, 6-4-1978). El poderoso banquero venía de apoyar la “audaz experiencia económica” del dictador Pinochet en Chile, “que sirvió de modelo para las otras naciones del continente”" (Mémoires, París, 2006, p. 509). Experiencia de la que abrevó nuestro “aprendiz de brujo”, Martínez de Hoz.

Cierto que conocimientos económicos, al menos de su fortuna familiar, no le faltaban al nuevo ministro, que suprimió, a poco de asumir su cargo, el impuesto a la herencia establecido en 1923, antes de que su pago llegara a involucrar su propia economía. Es que si hay un núcleo familiar que muestra a través de su historia cómo se enlaza el poder económico con el Estado y los intereses externos es el de los Martínez de Hoz, una familia ya rica desde la época de colonia.

El primero de la saga conocido es un comerciante español acusado de tráfico de esclavos que llegó a estas tierras a fines del siglo XVIII. Su nombre era José Martínez de Hoz y se dedicó al comercio de exportación de sebo y cueros, diversificándose hacia las actividades rurales. Tuvo participación en la vida pública de la ciudad como alcalde de primer voto del Cabildo y Síndico del Consulado. Su accionar no favoreció demasiado a la futura República Argentina. En 1806 durante la invasiones ingleses fue nombrado administrador de aduanas por los ocupantes y en el Cabildo Abierto del 22 mayo de 1810 manifestó su lealtad a España apoyando al virrey Cisneros.

Como el comerciante español no tuvo descendencia, adoptó a uno de sus sobrinos, Narciso de Alonso Martínez, hijo de su hermana Doña María Antonia Martínez de Hoz, quien se hizo cargo de los negocios de José luego de su fallecimiento. Narciso dedicó su vida a las actividades comerciales, bancarias y agropecuarias y acrecentó la riqueza familiar adquiriendo grandes extensiones de tierras y deviniendo accionista del Banco Nacional.

Uno de sus once hijos, José Toribio Martínez de Hoz, se convirtió en fundador y primer presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en 1866. Llegó también a ser senador nacional y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires. No por azar la familia Martínez de Hoz resultó una de las principales “beneficiarias” de la Conquista del Desierto organizada por el general Julio A. Roca en 1879, ya que recibió, luego de la campaña, 2.500.000 hectáreas de tierras en la Patagonia.

Un miembro del clan, Federico Lorenzo Martínez de Hoz (1865-1935), administró e incrementó el patrimonio familiar. Presidió la SRA entre 1928-1931 y fue dirigente del Partido Conservador y de la organización paramilitar Liga Patriótica Argentina, que tuvo destacada participación en episodios antisemitas y contra trabajadores en la llamada “semana trágica”. Resultó elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1932, pero no llegó al final de su mandato porque debió dejar el cargo el 16 de marzo de 1935, luego de un juicio político por mal desempeño de sus funciones, un caso infrecuente en la historia argentina.

Por su parte, José Alfredo Martínez de Hoz (1895-1976), nieto de José Toribio, se destacó en el negocio de las carnes, llegando a ser también presidente de la SRA entre 1946 y 1950, así como de la Asociación de Criadores Argentinos de Shorthorn.

El menor, y más célebre, de sus vástagos llevará su mismo nombre, José Alfredo, pero se lo conocerá familiarmente como Joe. Nacido en 1925, abogado y profesor universitario, se convirtió en ministro de Economía de la provincia de Salta durante la Revolución Libertadora. En el gobierno de José María Guido, entre 1962 y 1963, fue nombrado secretario de Agricultura y Ganadería y ministro de Economía, cargo este último que renovaría con la dictadura militar entre 1976 y 1981.

Su actividad agropecuaria se desarrolló principalmente a través de las estancias y haras Comalal y Malal Hue, pero estuvo vinculado, como accionista y con cargos directivos, a diferentes empresas. Fue presidente de la petrolera Petrosur S.A., titular de Acindar Industria Argentina de Aceros S.A., director de la Buenos Aires Compañía de Seguros, director de la Edificadora S.A., director de la Compañía Italo Argentina de Electricidad S.A. (CIADE), presidente de la financiera Rosafín S.A., y miembro de los directorios de The Western Telegraph Co., Pan American Argentina, Constructora Columbus Argentina y Paraná S.A. de Seguros. También llegó a ser presidente del Centro Azucarero Regional del Norte Argentino. José Alfredo era también el presidente del Consejo Empresario Argentino cuando esta entidad, que aglutinaba a poderosos grupos económicos financieros, industriales y rurales, desempeñó un rol protagónico en la preparación del golpe cívico-militar de 1976.

Además de su nefasto plan económico su gestión durante la dictadura estuvo plagada de irregularidades como en el caso de la compra de Austral Líneas Aéreas, el de la Italo que nacionalizó por 394 millones de dólares cuando estaba quebrada, el de Papel Prensa, el juicio por administración fraudulenta (caso deuda externa) y el de instigación a la privación ilegítima de la libertad junto a Videla y Harguindeguy (caso Gutheim), por el que ahora se le anula el indulto.

Mr. Rockefeller reconocía en sus memorias, haciendo referencia sin duda también a su “admirado” ministro: “En mi la larga carrera de banquero y de financiero, yo no había visto jamás una situación comparable. Debo reconocer que bancos como el Chase tuvieron una gran parte de responsabilidad, ellos debieron ver lo que pasaba y cerrar la cadena de préstamos acordados a los gobiernos y empresas de América latina más temprano de lo que lo hicimos” ( Mémoires, 2006, p. 510). A confesión de partes relevo de pruebas.






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