Espectáculos
06.05.2010
El ordenamiento de la economía dio base al relanzamiento de un ambicioso plan nuclear
Sólo a partir del 2013 la extensión de la vida útil de la usina de Embalse pasará a contar con el soporte de un crédito por u$s240 M que aceptó otorgar la Corporación Andina de Fomento.
Por:
INFOnews
Por Ernesto de Paola
El ex titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) Aldo Ferrer afirmó que el relanzamiento del Plan Nuclear impulsó como muy pocos sectores “la recuperación del sentido de un proyecto nacional”.
Ese plan, advirtió el economista, se logró apalancar a partir del 2003 gracias al control de las principales variables macroeconómicas, como la estabilidad fiscal, la democratización de la sociedad y la prosecución de objetivos de inclusión social que facilitaron empezar a dejar atrás veinticinco años de desarticulación productiva, como fueron los soportados entre abril de 1976 y el 2001.
En ese lapso la Argentina llegó a a padecer porcentajes de pobreza y marginalidad social sin precedentes en su historia, males que Ferrer atribuyó al accionar de “minorías locales que no respondieron al interés nacional”.
También recordó que “la capacidad de gestionar el conocimiento (científico y tecnológico) bajo premisas de defensa de un espacio nacional” encontró en el sector nuclear condiciones propicias para ubicar a la Argentina entre los Estados con mayor liderazgo mundial en esa actividad.
Ferrer sintetizó ayer, en una jornada sobre la industria nuclear que se llevó a cabo en el Auditorio Arturo Jauretche, del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que la participación alcanzada por firmas locales en la construcción de Atucha I y Embalse obró como un sendero “civilizador que abrió paso a la creación de empresas como INVAP”, a la que juzgó “como una fábrica de talento y tecnología capaz de hacer las cosas más difíciles que se puedan imaginar”. Tal es el caso de satélites, radares o reactores de investigación como el que fuera entregado por el INVAP en el 2006 a la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear.
En ese seminario organizado por la CNEA y Nucleoeléctrica Argentina corrió por cuenta del secretario de Energía, Daniel Omar Cameron, reseñar que la actividad nuclear dio origen a la construcción de una docena de reactores de investigación (construidos por la CNEA?y el INVAP) de los que dos fueron vendidos a Perú y otros a Egipto, Argelia y Australia, mientras que otros siete funcionan en el ámbito nacional.
En las siete décadas que exhibe el historial nuclear nacional con inclusión del frustrado Proyecto Huemul de la isla Nahuel Huapi, la Argentina cuenta hoy en día en toda su “extensión territorial con muestras elocuentes de ese accionar científico y tecnológico”.
Como producto de esa labor científica y productiva, el titular de Energía mencionó la existencia de más de 330 centros de cobaltoterapia y dos centros de excelencia en el tratamiento de tumores como la Escuela de Medicina Nuclear de Mendoza y el Instituto de Oncología montado en el Hospital “Angel H. Roffo”, ubicado en Parque Centenario.
El ex titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) Aldo Ferrer afirmó que el relanzamiento del Plan Nuclear impulsó como muy pocos sectores “la recuperación del sentido de un proyecto nacional”.
Ese plan, advirtió el economista, se logró apalancar a partir del 2003 gracias al control de las principales variables macroeconómicas, como la estabilidad fiscal, la democratización de la sociedad y la prosecución de objetivos de inclusión social que facilitaron empezar a dejar atrás veinticinco años de desarticulación productiva, como fueron los soportados entre abril de 1976 y el 2001.
En ese lapso la Argentina llegó a a padecer porcentajes de pobreza y marginalidad social sin precedentes en su historia, males que Ferrer atribuyó al accionar de “minorías locales que no respondieron al interés nacional”.
También recordó que “la capacidad de gestionar el conocimiento (científico y tecnológico) bajo premisas de defensa de un espacio nacional” encontró en el sector nuclear condiciones propicias para ubicar a la Argentina entre los Estados con mayor liderazgo mundial en esa actividad.
Ferrer sintetizó ayer, en una jornada sobre la industria nuclear que se llevó a cabo en el Auditorio Arturo Jauretche, del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que la participación alcanzada por firmas locales en la construcción de Atucha I y Embalse obró como un sendero “civilizador que abrió paso a la creación de empresas como INVAP”, a la que juzgó “como una fábrica de talento y tecnología capaz de hacer las cosas más difíciles que se puedan imaginar”. Tal es el caso de satélites, radares o reactores de investigación como el que fuera entregado por el INVAP en el 2006 a la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nuclear.
En ese seminario organizado por la CNEA y Nucleoeléctrica Argentina corrió por cuenta del secretario de Energía, Daniel Omar Cameron, reseñar que la actividad nuclear dio origen a la construcción de una docena de reactores de investigación (construidos por la CNEA?y el INVAP) de los que dos fueron vendidos a Perú y otros a Egipto, Argelia y Australia, mientras que otros siete funcionan en el ámbito nacional.
En las siete décadas que exhibe el historial nuclear nacional con inclusión del frustrado Proyecto Huemul de la isla Nahuel Huapi, la Argentina cuenta hoy en día en toda su “extensión territorial con muestras elocuentes de ese accionar científico y tecnológico”.
Como producto de esa labor científica y productiva, el titular de Energía mencionó la existencia de más de 330 centros de cobaltoterapia y dos centros de excelencia en el tratamiento de tumores como la Escuela de Medicina Nuclear de Mendoza y el Instituto de Oncología montado en el Hospital “Angel H. Roffo”, ubicado en Parque Centenario.







