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03.06.2010

Buscando a Tevez

Un año de persecución al futbolista culminó en Apache, libro que pinta de cuerpo entero “al Carlitos”. Pelota, cumbia, amigos, código, fútbol y familia en una crónica imperdible.

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Por Diego Rojas

Le dicen Apache. Luchador. Un pibe de barrio. Familiero. Humilde. Que no se olvida de dónde viene. Esa es la imagen que sus amigos, pretoriana guardia simbólica ante un personaje con una fama ya incontrolable, buscan preservar. Es la imagen que explotan los medios. Es la épica que probablemente se vea en la película, producida por Gastón Pauls y dirigida por Adrián Caetano, que se está por filmar sobre su vida. Es el mito, con su costado amarillista, que también ama cultivar la prensa inglesa.” Así presenta Sonia Budassi a Carlos Tevez en el libro Apache, que acaba de publicar Tamarisco. El texto describe las peripecias de una escritora que busca desesperadamente una entrevista con el jugador de fútbol. Que no es solamente un jugador de fútbol, sino un fenómeno de masas, un ídolo popular, una construcción cultural que excede los límites de una cancha verde, un estadio e, incluso, un mundial. Tevez es –valga el lugar común– una pasión de multitudes.

“Su manera de correr y luchar como un guerrero santiagueño con la pelota y, por otro lado, su manera de hablar me cautivaron muchísimo”, reconoce Budassi, que persiguió la entrevista, finalmente concedida, durante todo un año en los que usó los artilugios más literarios o detectivescos, según requiriera la situación. “Cuando hablo con mis amigos, les digo que el año pasado tuve una relación de amor odio con Tevez, en la que la parte negativa se producía por el nexo que había establecido con el manager: en ese vínculo rondaba el sadomasoquismo –explica–. Muy distinto al trato de Carlitos, que siempre es amable y simpático. Tal vez con Tevez había una relación histérica, cuando me decía que hacíamos la entrevista y después que no. Hasta que finalmente me la concedió.” Budassi conoció a sus amigos, recorrió Fuerte Apache, el barrio de la infancia del jugador (donde aprovechó la presencia de la Gendarmería para sacarse una foto elocuente), asistió a los recitales de Piola Vago y plasmó la aventura en su texto.

Durante las concentraciones de la selección argentina, la escritora se confundió con la multitud de periodistas deportivos y con las fans, que cuelgan banderas para que las vea Carlitos: “Tevez te amo”. “¿Qué le dirían si lo vieran?”, les preguntó Budassi a esas chicas: “Sos hermoso, te amo”, dijo una. “Que se case conmigo”, otra. Las fans la confundían con una más de ellas.

“Tiene mucho de ese magnetismo de las estrellas carismáticas –analiza la escritora–. Por otro lado, tiene una belleza muy interesante. A mí me parece lindo. Esa belleza no canónica también produce una identificación en hombres que no se creen muy lindos y subliman a partir del éxito que tiene Tevez con mujeres que son unas diosas. Y, entre las fans, su manera de ser genera la ilusión de lo alcanzable.”

Ser un jugador del pueblo no es sólo un mérito que se conquista a través del buen fútbol, sino que condensa una actitud y una percepción cultural en el imaginario social. “Tevez trabaja para ser el jugador del pueblo. Nada más fuerte que el poder del ídolo entre sus seguidores. Muchas veces, Carlitos invierte la relación y se pone en una posición sumisa ante sus fans, permite que lo agarren o manda un saludo a un sobrino del seguidor, que lo toma con una camarita. Pone un esfuerzo, una dedicación para ser ese ídolo popular.”

Si bien Borges renegaba del fútbol, señalaba que la amistad era una pasión argentina. Tevez reúne las dos virtudes. “Sus amigos lo protegen y franquean el acceso a su persona –cuenta Budassi–. También son sus amigos los que integran junto a él Piola Vago, la banda de cumbia, una de las patas que lo configuran como representante de cierto ser nacional: el asado, la pelota y la cumbia. Tevez tenía el sueño de tener una banda, entonces decidió comprar los instrumentos y darle para adelante. Tuvieron un debut muy gracioso, porque aunque reconocían que no estaban preparados, tuvieron la oportunidad de tocar en un cierre de campeonato y lo hicieron. Ya tienen cuatro discos.”

–Pero canta mal.

–(Ríe) ¿Carlitos? Sí. Pero eso es lo gracioso. No le importa nada, la pasa bien. De todos modos, estuvieron nominados a los premios Gardel, por la “Cumbia del triki triki”, que fue usada como fondo institucional de una campaña contra el sida.

–Borges estaba fascinado con la figura del compadrito. ¿Tevez integraría esa categoría?

–Sí. Es un guapo. Hay un problema y lo enfrenta. Cuida un territorio, cuida a los suyos. Definitivamente, podría ser un compadrito bien actual.


El destino de un compadrito bien podría delinearse desde su primera infancia. Jugador en las infantiles de All Boys, a Tevez le cambiaron el apellido paterno por el de su madre debido a un conflicto entre ese club y Boca Juniors, equipo con el que alcanzó el rótulo de “ídolo de masas” que le adjudicó el director técnico Marcelo Bielsa. Una vida dedicada al fútbol y a la conservación de ese ser barrial que lo caracteriza y que provoca una identificación íntima de las multitudes, que lo elevan a la categoría de “mito”.

“Esa postura de mito épico también produce que haya gente que esté esperando su caída –plantea Budassi–. Antes de que se fuera a Brasil, los programas de chimentos decían que estaba en la joda, que se estaba zarpando. Fue uno de los motivos de su partida, en el momento, además, en que Tevez se separó de su novia, empezó a salir con Natalia Fassi, una modelo, y luego se enteró de que su ex novia estaba embarazada, con todo el escándalo que eso implica.”

–En la entrevista del libro, Tevez dice que hay que cuidarse de las malas compañías. ¿A quién se refiere?

–En realidad, se refiere a todos los que se quieren aprovechar de su fama. Es un tópico que está presente en su entorno más cercano, también. Son muy paranoicos con los paparazzi, que circulen fotos de su vida privada. La cuestión de la lealtad, el “código”, está presente y refleja esa apreciación de que “Carlitos no cambió, sigue siendo el chico humilde y peleador”.

Lo que no entra en la categoría del aprovechamiento es la costumbre de prestarles autos hiperlujosos a sus amigos de Fuerte Apache, que Budassi cuenta en su libro. “Eso es amistad pura”, dice, categórica. No debería resultar extraño que Tevez provoque en una escritora el impulso por retratarlo. Bien podría ser que el jugador sea, además, un personaje en busca de un autor. ¿Qué características del jugador del pueblo seducen a una persona que trabaja con las palabras? “Tevez tiene una relación privilegiada con el significante: tiene una chispa que se aleja del guión del jugador políticamente correcto. Por ejemplo, cuando preguntan por la relación con un defensor alemán que había estado todo el tiempo molestándolo en la cancha, él responde: ‘No, está todo bien, él me habla, yo no lo entiendo, yo lo puteo, él no me entiende, pero está todo bien: ni él me comió la mujer a mí, ni yo le comí la mujer a él’. Y tiene facilidad para la chicana. Cuando estaba saliendo con una chica muy linda, Llamas de Madariaga lo entrevistó en un móvil. ‘¿No está con vos por la plata esa chica? Porque muy lindo no sos’, le dijo el conductor. ‘¿Vos qué sos, lindo, fiera?’, fue la respuesta inmediata”. En el libro, Budassi transcribe literalmente las respuestas de Tevez que, si fueran examinadas por expertos lingüistas, tratarían de modificarlas. “A mí me parece una sintaxis muy bella, me gustan sus reiteraciones. También ese tono cercano al melodrama. Pone un funcionamiento un mecanismo de ironía al discurso políticamente correcto del jugador de fútbol.”

La audacia es una de las características del jugador, que no dudó en pasar de un equipo inglés a su más cercano enemigo, del United al City, ambos de la misma ciudad de Manchester. “Fue como si se pasara de Independiente a Racing”, grafica Budassi. “Ahora se comenta que está en controversia con el técnico del City. Tevez tiene un espíritu bien plantado para enfrentar la polémica.”

El delantero vivía en Inglaterra con su familia, pero Vanesa, la mamá de sus hijas, volvió al país en febrero de este año para el nacimiento de su segunda hija, Katie. Poco después se supo que la pareja se había separado. Según la escritora, sus amigos van a Manchester y se quedan acompañándolo alguna temporada. Una combinación extraña: los amigos del barrio y la sofisticación inglesa. Pero Budassi considera que “Carlitos tiene esa habilidad para pasar sin problemas por distintos mundillos. De la fiesta de los hermanos Gallagher y saludarse con Susana Giménez en Roland Garros a seguir saliendo con sus amigos y comer un asado”.

–Lo siguió durante un año, conoció la intimidad de su círculo cercano y logró su objetivo de entrevistarlo. ¿Se asemeja en algo a una botinera?

–(Ríe) No. No creo. Muchos periodistas deportivos no podían entender que una mujer quisiera acercarse a Tevez y narrarlo y por eso, tal vez, me atribuían esa condición. Pero también me mezclaba con las fans que lo esperaban en la puerta de la concentración en las vallas y me contaban sus secretos para lograr un acercamiento a su ídolo.

–Convengamos, por lo menos, en que ofició como una botinera intelectual.

–Bueno, está bien. Acepto el título de botinera intelectual.






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